111
Lezama, «Preludio a las eras imaginarias» en Las eras imaginarias ed. cit., pág. 20.
112
Esto nos remite al Lezama de las «Señales» publicadas en Orígenes, breves ensayos en los que condenaba la «desintegración» nacional, «la falta de imaginación estatal» y el exceso de «contumaces letargíricos» en los estamentos oficiales de la cultura. Pueden verse en José Lezama Lima, Imagen y posibilidad ed. cit., págs. 171-179 y 192-197.
113
Véase Lezama, «Confluencias» en Confluencias cit., págs. 415-429.
114
«La sobrenaturaleza engendra la Orplid, la ciudad tibetana al final del paraíso, donde lo real y lo irreal, lo cercano y lo lejano se confunden en una ideal lontananza», en «Apuntes para una conferencia sobre Paradiso» cit., pág. 710. La idea parece que surge de la «lectura creadora» de Karl Vossler; en otras ocasiones Lezama llama a esa ciudad tibetana «ciudad de las estalactitas», adoptando un juicio-imagen de Albert Thibaudet sobre Mallarmé, pero en todos los casos la Orplid lezamiana constituye la región de la poesía (y la patria imaginaria de Oppiano Licario en el último capítulo de Paradiso).
115
Cfr. Poesía completa, cit., vol. I, págs. 163-167.
116
Véase Luz Aurora Pimentel, «El árbol en Paradiso: la metáfora y su doble», en Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima cit., vol. II, págs. 91-102.
117
En «Apuntes para una conferencia sobre Paradiso», cit., pág. 713.
118
Ibídem.
119
«No bien ha realizado Cemí los descubrimientos del capítulo anterior relativos al tiempo, la imagen y el poder de la palabra como configuradora de una diversidad de realidades posibles, cuando ocurre este capítulo, en el que hay una ficcionalización de esos mismos temas». Olga Karman Mendell, «Cuatro ficciones y una ficción: estudio del capítulo XII de Paradiso», en Revista Iberoamericana, nº 123-124 (1983), pág. 279.
120
El Eros del conocimiento en la concepción de Oppiano Licario es también el Eros de la lejanía, porque tiene la facultad de acercar lo lejano y alejar lo cercano para lograr «la omnicomprensión poética», y porque se sitúa en la Orplid o «ciudad tibetana».