131
Debería ser «Davos, Davos sum, non Oedipus». La frase pertenece a Terencio, aunque se atribuye en el texto a Descartes, posiblemente porque Lezama la cita indirectamente a través de este autor.
132
Enrico Mario Santí, dentro de su interpretación global de la obra de Lezama a partir de la idea de la escritura como parricidio, explica la repetición de la cita de Terencio por parte de Licario como una afirmación del amor filial (Davo) contra el parricidio de Edipo: «Demuestra un suerte de combate a muerte entre su propio remordimiento de parricida y los recursos heroicos de esa misma repetición». La herencia que Licario deje a Cemí será que «citar mal, escribir mal (...), no es un crimen. El parricidio lo perpetuamos a cada instante. Somos siempre ya parricidas». En «Párridiso», recogido en Lezama Lima cit. págs. 160-161.
133
En «Apuntes para una lectura de Paradiso de Lezama Lima», Revista Chilena de Literatura nº 22 (1983); págs. 139-142.
134
Ibídem, pág. 139.
135
Cfr. Cartas, cit., pág. 94.
136
Véase Cintio Vitier, notas finales al capítulo XIII en su ed. crítica de Paradiso cit., págs.523- 524.
137
Pedro Barreda, «Hesicástica de Lezama y tradición clásica: la ética de la creación en Paradiso», en Annali dell' Istituto Universitario Orientale, nº 29, II, Napoli, 1987; pág. 287.
138
«Asedio a Lezama Lima», entrevista cit., pág. 44.
139
Cfr. El nacimiento de la tragedia, ed. cit., págs. 230-237.
140
Emir Rodríguez Monegal, «Paradiso: una silogística del sobresalto», en Revista Iberoamericana, nº 92-93 (1975); págs. 523 y 532.