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71

Ibídem, pág. 35.

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72

José Prats Sariol, «Capítulo VIII: erotismos», en Paradiso ed. crítica de Cintio Vitier, cit., pág.662.

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En el capítulo X, con polaridad de opciones: Fronesis-Lucía, Foción-El Pelirrojo.

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Esto puede no ser incompatible con la opinión de Eloísa Lezama Lima, según la cual ya en el capítulo II Cemí «quiere salir al mundo y al sexo», pero acaba volviendo a su vida placentaria: la tiza sería un símbolo fálico, y Cemí «escribe en el paredón porque necesita a otros niños (...), quiere conocerlos, en el sentido bíblico» pero «prefiere escribir porque para hablarles hace falta un desparpajo que el niño Cemí no tiene, ni Lezama Lima logró tener nunca» (véase su «Introducción» a Paradiso cit., págs. 79-80). Sin embargo, creo que José Cemí responde siempre al destino poético que le ha sido asignado por el autor y que a ello obedece la configuración del personaje, aunque en determinados aspectos la huella autobiográfica sea innegable.

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Tal vez Lezama quiere explotar aquí el primero de los componentes de la idea neoplatónica que asigna al amor «tanto las condiciones y maquinaciones de la materia física, madre suya, necesitada y perecedera, variable e imperfecta, como las condiciones intelectuales y perfectas del entendimiento afluyente, su padre», para luego desarrollar el segundo. La cita pertenece a León Hebreo, Diálogos de amor (Tercer Diálogo), trad. de David Romano, Madrid, Tecnos, 1986, pág. 353.

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Algunos intérpretes tempranos de Paradiso, tal vez para calmar a los censores escandalizados, trataron de ver en las escenas sexuales del capítulo VIII una intención edificante que se serviría de la exageración como mecanismo de denuncia. Véase por ejemplo Reynaldo González, «El diablo al servicio de Dios» (1969), en su libro José Lezama Lima: el ingenuo culpable, ed. cit., págs. 36-47.

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Interrogando a Lezama Lima, cit., pág. 15.

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Según testimonio del autor. Cfr. «Asedio a Lezama Lima» entrevista cit., pág. 37.

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Según Lezama, «el comienzo de la infinita posibilidad histórica de lo cubano en lo que va de siglo» había sido aquella Revolución frustrada. Cfr. Interrogando a Lezama Lima, cit., pág. 10.

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80

Cemí «intuía que se iba adentrando en un túnel, en una situación en extremo peligrosa, donde por primera vez sentiría la ausencia de la mano de su padre» (377). La mano de Fronesis sustituye la mano del padre, y en ese gesto simbólico se resume la transición de un «mundo» al otro.

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