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Pastoril

Miguel Hernández

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Pastoril

   Junto al río transparente

que el astro rubio colora

y riza el aura naciente,

llora Leda la pastora.

   De amarga hiel es su llanto.

¿Qué llora la pastorcilla?

¿Qué pena, qué gran quebranto

puso blanca su mejilla?

   ¡Su pastor la ha abandonado!

A la ciudad se marchó

y solita la dejó

a la vera del ganado.

   ¡Ya no comparte su choza

ni amamanta su cordero!

¡Ya no le dice: «te quiero»

y llora y llora la moza!...

   Decía que me quería

tu boca de fuego llena.

¡Mentira! -dice con pena-

¡ay! ¿por qué me lo decía?

   Yo que ciega te creí;

yo que abandoné mi tierra

para seguirte a tu sierra

¡me veo dejada por ti!...

   Junto al río transparente

que la noche va sombreando

y riza el aura de Oriente,

sigue la infeliz llorando.

   Ya la tierna y blanca flor

no camina hacia la choza

cuando el sol la sierra roza

al lado de su pastor.

   Ahora va sola al barranco

y al llano y regresa sola,

marcha y vuelve triste y bola

tras de su rebaño blanco.

   ¿Por qué, pastor descastado,

abandonas tu pastora

que sin ti llora y más llora

a la vera del ganado?

   La noche viene corriendo

el azul cielo enlutando:

el río sigue pasando

y la pastora gimiendo.

   Mas cobra su antiguo brío

y hermosamente serena

sepulta su negra pena

entre las aguas del río.

   Reina un silencio sagrado…

¡Ya no llora la pastora!

¡Después parece que llora

llamándola, su ganado!


Miguel Hernández

En la huerta a 30 de Diciembre 1929