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Desde la época de San Ambrosio se extendió una nueva forma de cantar los salmos y los cánticos, el canto antifónico, en el que tomaban parte dos coros de forma alterna. En cuanto al alleluia, a comienzos de la Edad Media se cantaba así: un solista cantaba primero el alleluia, el coro lo repetía pero añadiendo una larga melodía sobre la -a final (iubilus), el solista continuaba cantando un versus alleluiaticus extraído generalmente del Psalterio y finalmente el coro respondía de nuevo con el alleluia + el iubilus (D. Norberg, op. cit., p. 163). Pero el alleluia no era el único canto litúrgico que recibía un tratamiento especial. Los textos oficiales de los cantos de la liturgia del rito romano fueron escritos en prosa de forma que la melodía les aportaba su forma rítmica. Esta melodía permitió establecer tres categorías estilísticas de canto: la silábica, la neumática y la melismática. La silábica se caracteriza porque a cada sílaba del texto le corresponde un o dos notas (así en los Salmos, la Pasión, las lecturas, los himnos, el Gloria y el Credo, las antífonas). El estilo neumático es un poco más artificioso porque las notas de cada sílaba del texto están representadas por un neuma o grupo de notas (Introito, sanctus, Agnus y comunión). El tercer estilo, el melismático es el más elaborado de todos y se caracteriza por hacer grandes desarrollos melódicos sobre algunas sílabas tal como ocurría con el alleluia solemne.

 

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Suelen estar recogidos en un libro denominado cantatorium, no inserto en los demás libros litúrgicos (vid. B. Stäblein, artículo «Alleluia» en Die Musik in Geschichte und Gegenwart, ed. E. Blume, Kasel, 1949-1968, t. I, p. 346).

 

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En los manuscritos conservados, la terminología referente a tropos y prosas no es uniforme y ha sido objeto de análisis por parte de los estudiosos. Una exposición de la terminología más usual y de bibliografía al respecto se puede hallar en E. Costa, Tropes et sequences dans le cadre de la vie liturgique au moyen âge, Roma, 1979, pp. 11-14.

 

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El texto variaba de acuerdo con la festividad que se celebraba. Los cantos del ordinarium, de incorporación más reciente, permanecían inalterables.

 

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E. Castro, Tropos y troparios, p. 27.

 

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Dos clasificaciones útiles para describir los diferentes tipos de tropos son la de J. Chailley, L'École musicale de Saint-Martial de Limoges, París, 1960, donde se analiza tipológicamente la producción de la escuela lemosina y la de P. Evans, The early trope repertory of Saint Martial de Limoges, Princeton, 1970, en la que la cronología es el criterio aplicado, siendo además extensible a los troparios de otras zonas.

 

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Dronke, op. cit., p. 47.

 

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Para más detalles en torno al origen de las prosas, vid. P. Dronke, «The beginnings of the sequence», Beiträge zur Geschichte der Deutschen Sprache und Literatur, 87 (1965), pp. 43-73.

 

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P. M. Gy, «Les tropes dans l'histoire de la liturgie et de la théologie», en Research on Tropes. Proceedings of a symposium organized by the royal Academy of Literature, History and Antiquities and the Corpus Troporum, Stockholm, june 1-3, 1981, ed. G. Iversen, Stockholm, 1983.

 

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Para un estado de la cuestión en torno a los tropos, su caracterización literaria y función litúrgica así como el panorama español en relación a la conservación de troparios y otras fuentes medievales vid. E. Castro Caridad, Tropos y troparios hispánicos, Santiago de Compostela, 1991, pp. 17-40.

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