IBN JALLIKAN, art. Ibn al-Farabi. (N. del A.)
AL-KARTAS, ed. Tornberg, pág.: 147. (N. del A.)
RODER. TOLET., De rebus hispanicis, lib. IV, cap. XIII. (N. del A.)
Armas y triunfos del reino de Galicia, pág.: 648. (N. del A.)
MORALES, Crónica general de España, lib. IX, cap. VII, sección 4ª. (N. del A.)
IBN JALDUN, I, 391. (N. del A.)
RAYNOUARD, IV, 85. (N. del A.)
Esto lo decimos de acuerdo con Díez, que supone que la composición se escribió para la cruzada de 1195. Pero, según Fauriel (Histoire de la poesie provençale, 11, 156), la composición se escribió en 1212, y entonces el poeta profetizó bien, porque la cruzada de aquel año fue coronada, en las Navas de Tolosa, por una brillante victoria de los cristianos.
Soy enemigo de mostrar un celo patriótico intransigente, pero aquí no me es lícito pasar en silencio que tampoco el trovador profetizó bien, aun suponiendo que sus versos se escribieron para la cruzada que hubo antes de las Navas de Tolosa. Los extranjeros cruzados no hicieron más que regalarse en Toledo, donde levantaron además un alboroto para robar y matar a los judíos; lo que hicieran si, como dice Mariana, no resistiesen los nobles a la canalla, y amparasen con las armas y autoridad a aquella miserable gente. Asimismo estuvieron los extranjeros en la toma de Calatrava, que se entregó casi sin resistencia; después de lo cual, faltando a lo pactado, querían degollar a todos los rendidos; y apenas, añade el ya citado historiador, se pudo alcanzar que se amansasen por intercesión de los nuestros, que decían cuán justo era y razonable se guardase la fe y seguridad dada a aquella gente, bien que infiel. Por último, satisfechos ya los extranjeros del botín que se les repartió en Calatrava, y pretextando que hacía mucho calor, se volvieron todos a sus tierras, salvo el Obispo de Narbona y Raimundo de Poitiers con sus compañías, dejando la empresa y la gloria de la gran batalla de las Navas a sólo los españoles. Conformes están en esto todas las historias fidedignas.
Eran tan populares el sentimiento y la idea de que España se había creado ella misma, de que su ser era independiente y autónomo, de que poco o nada debía a los extranjeros en el glorioso trabajo de la reconquista, que hasta los antiguos romances le expresan enérgicamente, como, por ejemplo, aquel en que el Cid dice al Rey de Castilla que no debe reconocer, aunque el Papa lo mande, la supremacía del Imperio.
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Otro aserto, que suena algo como censura contra nosotros en el libro de Schack, y que está en una nota que no me atreví a traducir en el lugar que debía, es el de que los moros eran más humanos que nosotros en la guerra, y más apacibles en todo.
Dozy (Histoire, III, 31) dice que los cristianos no perdonaban, por lo común, en la guerra, a niños ni a mujeres, y que los moros sí. Schack añade que León de Rosimital, en su Viaje de España por los años de 1465 a 1467, afirma que los paganos le trataron con gran distinción y cortesía, y que estaba más seguro entre ellos que en tierra de cristianos. «Por último, prosigue, volvimos de la tierra de los moros a la del viejo rey y sus malos cristianos». Aunque creamos que los moros eran entonces más suaves de condición y más civilizados que nosotros, todavía hemos de creer también que esto no redunda en exclusiva mengua de los españoles cristianos de aquella época. Fácil sería probar, con otros muchos casos como el ya citado de los cruzados que vinieron a España en 1212, que si los mahometanos españoles valían más moralmente que los cristianos españoles por su civilización durante la Edad Media, los cristianos españoles valían más, a su vez, que los cristianos de allende los Pirineos. (N. del T.)
AL-KARTAS, I, 150. (N. del A.)
AL-KARTAS, I, 215. (N. del A.)