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De este alegato (IV, 6: 73-74) destacan los siguientes versos: «[...] Ya, sediento / de sangre y de venganza, / el corazón dañado / mi brazo armase de traidora lanza, / o ya de mi razón el desvarío / al crimen me arrastrase mal mi grado, / ese crimen horrible es todo mío / [...] / ¡Mano de maldición, mano execrable! / Sola tú sin horror y sin afrenta / y con golpe más hondo y más seguro / puedes herir mi corazón impuro. / ¡Reina! ¡Zamora! ¡Rey! Ya os he vengado».