21
Tenemos un ejemplo de ello en La nueva literatura, t. II, pp. 291-297, al ocuparse de la obra narrativo-costumbrista de José Muñoz San Román: ni la amistad ni el paisanaje han impedido a Cansinos apuntar y explanar debidamente varios reproches de alguna consistencia.
22
La nueva literatura, t. III, p. 229.
23
La nueva literatura, t. I, p. 269.
24
La nueva literatura, t. I, pp. 54-55.
25
Buen ejemplo de retórica modernista es este largo párrafo escrito para definir la manera peculiar de Federico García Sanchiz, a la sazón joven escritor (lo leemos en La nueva literatura, t. I, pp. 238-239): «Sanchiz es nuestra gracia saltante y viviente, nuestro inquieto rayo de sol, nuestra alondra de alborada. Durante unos años ha cantado y saltado esta alondra sobre los surcos del libro y del periódico; durante muchos años ha brillado este rayo de sol con claro fuego de mañana, y aún sigue brillando con llama matinal. En la selva de su prosa enmarañada, toda llena de solares fulgores y de espejuelos cristalinos, de bien y de mal, este joven pastor de las letras, con una audacia que pone admiración en nuestro éxtasis y nos infunde un sacro pánico, prosigue, incansable creador de ligeras gracias, enviando, hacia los cielos vanos que vieron la fuga de Pan, inagotables ramos de rojas cerezas, de margaritas y de rosas...».
26
Guillermo de Torre (Las metamorfosis de Proteo, Buenos Aires, Losada, 1956, p. 125) afirma que «el estilo de Cansinos Asséns se simplifica muy visible y felizmente» en alguno de sus libros últimos (como Mahoma y el Corán, publicado en 1955).
27
Ejemplo harto evidente, reconocido por el propio Cansinos, es el que encontramos en su comentario a El esfuerzo, libro de poemas de Mauricio Bacarisse: en un artículo de nueve páginas dedica casi cinco (La nueva literatura, t. III, pp. 143 a 147) a una divagación, no pertinente, sobre la que denomina «literatura de esfuerzo», una especie de arte barroco; en la p. 149, tratando ahora de Julio Herrera y Reissig, declara: «Allí [en el aludido comentario] toda la atención fue para la tendencia de esta literatura de esfuerzo; y el libro mismo que motiva esas divagaciones quedó en segundo término, así como la técnica particular del poeta».
28
Así procede respecto de algunas novelas de Pedro Mata (en La nueva literatura, t. IV) y de Concha Espina (en el libro consagrado a esta escritora).
29
Verde y dorado..., p. 348.
30
Sevilla en la literatura. Las novelas sevillanas de José Más (Madrid, 1922) y Literaturas del Norte. La obra de Concha Espina (Madrid, 1924).