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31

«Roberto Arlt: la ficción del dinero», Hispam, 1974, núm. 7, p. 25.

 

32

Hay tal vez en este pasaje alguna huella de tas fórmulas sobre fabricación de bombas que solían acompañar los folletos o periódicos anarquistas de finales del siglo XIX y principios del XX (en el período que se conoce como «propaganda por la acción»), en los que también se podían «leer exhortaciones de este género: "¡La dinamita! El mejor de los inventos"» (cf. James Joll, Los anarquistas, Grijalbo, Barcelona, 1968, p. 129).

 

33

Es cierto que en «Los ladrones» el joven Astier se entusiasma también con su cañón, «mi pequeño monstruo» lo llama, y que fantasea con el poder que le da su invento: «[...] nos parecía que en aquel momento habíamos descubierto un nuevo continente, o que por magia nos encontrábamos convertidos en dueños de la tierra» (El juguete rabioso, pp. 93 y 94). En Los lanzallamas se identifica a Erdosain como un «práctico en explosivos» en la visita que hacen el Astrólogo y Erdosain a la imprenta clandestina de los anarquistas (Los siete locos y Los lanzallamas, p. 450).

 

34

Cf. Walter Benjamin, «El París del Segundo Imperio en Baudelaire», en Iluminaciones II, pról. y trad. J. Aguirre, Taurus, Madrid, 1999, p. 26. En este estudio, Benjamin retoma y comenta las ideas de Marx sobre los conspiradores profesionales que vienen al caso para los personajes de Arlt: «se lanzan a invenciones que han de lograr milagros revolucionarios; bombas incendiaras, máquinas destructivas de mágica eficacia» (p. 25). Poco después. Benjamin cita de nuevo a Marx y su descripción de los conspiradores: «Son los alquimistas de la revolución y comparten por entero el desconcierto de ideas y las orejeras y tas ideas fijas de los alquimistas antiguos» (p. 30). En nuestro estudio sobre la sociedad secreta destacamos el papel central de los procedimientos mágicos en los delirios de sus integrantes (cf. «La sociedad secreta y la revolución simulada», en El obsesivo circular de la ficción. Asedios a «Los siete locos» y «Los lanzallamas» de Roberto Arlt, FCE-El Colegio de México, México, 1992, pp. 49-67).

 

35

Dice el Astrólogo en su «discurso»: «Estos locoides que no encuentran rumbos en la sociedad son las fuerzas perdidas» (Los siete locos y Los lanzallamas, p. 151).

 

36

La relación entre anarquismo y literatura finisecular, apuntada en la novela, ha sido bastante estudiada en el Modernismo, y es precisamente un tema que retoma Josefina Ludmer en su estudio sobre el delito en la literatura argentina, tratando de mostrar la genealogía entre el anarquismo literario de un Juan José de Soiza Reilly, a principios del siglo XX, y los cuentos de «iniciación» de Arlt, «iniciación» primero en el ocultismo, y después en El juguete rabioso en el delito y en la literatura («Historia de un best-seller: del anarquismo al peronismo», en El cuerpo del delito. Un manual, Perfil Libros, Buenos Aires, 1999, pp. 301-351).

 

37

Cf. G. S. Close, op. cit., p. 132. Close dedica un capítulo entero a Arlt («Arlt: el ficticio cuerpo revolucionario») y son las novelas de la conspiración (Los siete locos y Los lanzallamas) las que lo ocupan mayormente.

 

38

Cf. Larra, op. cit., p. 24.

 

39

Véase M. Arlt y O. Borré, op. cit., pp. 221-224. En otra autobiografía y en un lenguaje claramente anarquista. Arlt expresa en 1929 el dilema interior del escritor, escindido entre «escribir deshechos de pena» o «salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos» (pp. 217-218). Como reportero de El Mundo, Arlt presencia en Buenos Aires la ejecución del anarquista Di Giovanni y escribe una crónica («He visto morir», 2 de febrero de 1931) sobre este suceso. Di Giovanni aparece furtivamente en una nota a pie de página del comentador en Los lanzallamas (publicada el mismo año de su ejecución) y es difícil olvidar, en las páginas finales de la novela, la actitud del «padre del jefe Político del distrito» ante el cadáver de Erdosain: «se acercó a la angarilla donde reposaba el muerto y escupiéndole al semblante, exclamó: -Anarquista, hijo de puta, tanto coraje mal empleado» (op. cit., p. 598).

 

40

Véase «Los siete locos» [El Mundo, 27 de noviembre de 1929], en M. Arlt y O. Borré, op. cit., p. 154.