1
Este trabajo se incluye en el proyecto de investigación «Edición y estudios críticos de la obra literaria de Benito Pérez Galdós» (FFI2010-15995) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, del que soy investigadora responsable.
2
Lucía Megías analiza en 1998 nada menos que cuatro aportaciones sobre este campo: las de A. Blecua (1983), E. Ruiz (1989), J. M. Fradejas Rueda (1992) y M. A. Pérez Priego (1997).
3
Véase De Biasi (2000).
4
Con éxito indiscutible la retomó Gianfranco Contini («La filologia culmina nella critica testuale», 1990: 14) en los años 49 y 50 del siglo pasado y otros estudiosos italianos.
5
Lo señalaba F. Rico en referencia a los textos antiguos: «No es lo mismo editar un texto transmitido por manuscritos que otro transmitido por impresos»
(2004: 13).
6
No obstante, a veces, se hace necesario acudir al manuscrito para resolver alguna perplejidad. Así, Caudet (2004: 579) detecta en el capítulo VII, parte IV de Fortunata y Jacinta la falta de una réplica de Juan Pablo Rubín a su hermano Nicolás en el diálogo que mantienen. Gracias a Whiston que consultó un facsímil del manuscrito de la novela pudo restaurar las líneas, correspondientes a dos respuestas, que desaparecieron en la primera edición por un doble lapsus: el del tipógrafo que compuso mal la página y del propio Galdós que no detectó esta ausencia en las galeradas y no lo subsanó cuando las corrigió.
7
Señala A. Blecua: «raro es el escritor que no introduce alteraciones en esta fase del proceso editorial»
(1983: 228).
8
Así escribe a su editor restando importancia a su caligrafía «muy mala»: «aunque vengan muchas erratas no importa, pues yo al corregir las pruebas haré lo que ahora no puedo porque me distraigo del trabajo»
(Blanquat y Botrel, 1981: 30), y se ratifica en su confianza de subsanar cualquier error: «todo se arreglará al corregir yo las pruebas»
(Idem: 33).
9
Y. Arencibia (1995: 68) trae muy oportunamente a colación la siguiente anécdota: M. Tolosa Latour escribe al autor relatándole que María Guerrero le había preguntado qué hacía en Santander retrasando su regreso a Madrid. A lo que él había respondido: «Usted no sabe cómo es D. B. cuando está con galeradas en la mano».
10
La utilización del término, propio del mundo de los manuscritos, no tiene aquí sus implicaciones.