1
Eduardo Gómez de Baquero situaba atinadamente el libro de Azaña en esa categoría, tras señalar que «la literatura de confesiones es una parte de la literatura de memorias. Son las confesiones las memorias de la vida interior»
(«Aspectos. Un libro de razón», La Voz, 7-VII-1927).
2
Así las denomina Juan Chabás al dar noticia de su publicación en la colección «Nova Novorum». Cf. «Resumen literario», La Libertad (5-II-1926). Gómez de Baquero prefería para las creaciones de Jarnés el marbete de «poemas novelescos»
. Cf. «Impresiones literarias. Pen Club. Los poemas novelescos de Jarnés», El Sol (29-IX-1926).
3
Sobre la recepción de la obra de Marcel Proust y de André Gide puede verse la tesis doctoral (que he dirigido) de Virginia Trueba, La literatura francesa a la luz de la crítica española (Barcelona, Universidad de Barcelona, 1997, 2 tomos). En lo que se refiere a James Joyce hay que remitirse a Carlos G. Santa Cecilia, La recepción de James Joyce en la prensa española (1921-1976), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1997, pp. 15-98. Llama la atención que obra tan prolija y bien documentada no haya atendido a un extraño e importante artículo sobre Joyce y el Ulysses del desconcertante Cristóbal de Castro (La Esfera, 23-I-1926), que ya había anotado Luis Fernández Cifuentes en su imprescindible Teoría y mercado de la novela en España: del 98 a la República (Madrid, Gredos, 1982). De otro lado, es conveniente recordar que los artículos de Pérez de Ayala sobre Joyce que Santa Cecilia da en la bibliografía de su libro como los aparecidos en ABC en 1956, recogidos, por cierto, en el volumen de Pérez de Ayala, Principios y finales de novela (Madrid, Taurus, 1958), son refundiciones de la serie de artículos que Pérez de Ayala publicó en La Prensa de Buenos Aires en 1926, y que el libro de Santa Cecilia ignora.
4
Cf. Henri Mitterand, Zola. L'histoire et la fiction, Paris, PUF, 1990. Y Colette Becker, Lire le Réalisme et le Naturalisme, Paris, Dunod, 1992.
5
Cf. Carlos Ruiz Silva, «Introducción y apéndices» a Gabriel Miró, El Obispo leproso, Madrid, Ediciones de la Torre, 1984. Y Vicente Ramos, Vida de Gabriel Miró, Alicante, Diputación Provincial, 1996.
6
Eduardo Gómez de Baquero «Andrenio», El Renacimiento de la novela española en el siglo XIX, Madrid, Mundo Latino, 1924. Tomo del que sólo poco más de una tercera parte está dedicada a la novela.
7
Me ha facilitado este dato -como otros que proceden de La Vanguardia- Juanjo Sotelo Vázquez, quien está ultimando su Tesis Doctoral sobre Eduardo Gómez de Baquero y la crítica literaria en «La Vanguardia» (1909-1929) (dirigida por la profesora Rosa Navarro). Para otros datos he tenido en cuenta el muy documentado volumen de José Manuel Pérez Carrera, Andrenio. Gómez de Baquero y la crítica literaria de la época, Madrid, Turner-Ayuntamiento de Madrid, 1991.
8
Escribía Andrenio de Las cerezas del cementerio: «Aunque cultive la novela, don Gabriel Miró sigue siendo cuentista, por la preferencia hacia los asuntos reducidos, el cuidado del pormenor y hasta cierta dificultad de composición total cuando abarca un escenario relativamente extenso»
(El Imparcial, 11-IX-1911). Estas afirmaciones apenas variarían con el paso de los años.
9
Esta dimensión más contemplativa del arte mironiano fue apuntada, para los pasajes de El Obispo leproso en que se ofrece la vida de un colegio. En la reseña que Andrenio escribió sobre El jardín de los frailes. Define allí la forma de la novela de Miró como «más lírica e íntima»
(«Aspectos. Un libro de razón», La Voz, 7-VII-1927).
10
Vicente Cacho Viu, «109 cartas de Eugenio D'Ors», Revisión de Eugenio D'Ors (1902-1930), Barcelona, Quaderns Crema-Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 1997, p. 361.