11
G. Mora, art. citado en la nota precedente.
12
Véase al respecto Mª C. Bobes, «Lengua y literatura en el texto dramático y en el texto narrativo» en Estudios de semiología del teatro, Aceña-Librería La Avispa, Valladolid-Madrid, 1988.
13
Véase J. Urrutia, «De la posible imposibilidad de la crítica teatral y de la reivindicación del texto teatral», en Diez Borque (ed.), Semiología del teatro. Planeta, Barcelona, 1975.
14
El punto de inflexión lo marcaría Oficio de tinieblas, escrita en 1962; antes de esa fecha estarían las obras escritas «al modo tradicional» como Escuadra hacia la muerte, La mordaza, La cornada. Muerte en el barrio, Guillermo Tell tiene los ojos tristes, En la red, etc.; después, aquellas en que su escritura «se libera» y emprende una serie de propuestas escénicas revolucionarias: La sangre y la ceniza, Crónicas romanas, El camarada oscuro, Tragedia fantástica de la gitana Celestina, etc. No obstante, no puede hablarse de una división radical, puesto que obras como Ana Kleiber (1955) o Asalto nocturno (1959) podrían considerarse perfectamente incluibles en la segunda etapa mientras que La taberna fantástica (1966) responde a un planteamiento mucho más tradicional. La bibliografía más completa de Alfonso Sastre, que recoge las 41 obras escritas hasta el momento, es la publicada en el n° 38 de Cuadernos El Público, Centro de Documentación Teatral, Madrid, 1988.
15
Véase el prólogo titulado «Escritura fantástica» que M. Pérez Coterillo, pone al frente de la edición de Los últimos días de Enmanuel Kant contados por Ernesto Teodoro Amadeo Hoffmann, Cuadernos El Público, Madrid, 1989.
16
Véase J. Villegas, «La Celestina de Alfonso Sastre: niveles de intertextualidad y lector potencial» en Estreno XII, 1, primavera 1986.
17
Por ej. en el cuadro XXII de El camarada
oscuro: Pedradas a las lunas de un
banco que se desploman ruidosamente. Arrojan un cóctel
molotov y un automóvil comienza a arder. O en el cuadro
XIV de la misma obra: Se tira al mar. Ruperto lo mira como
atontado, sin hacer nada por socorrerle, respetando su voluntad de
morir. Pero Tomás no se ha hundido. Nada hasta la orilla y
alza un brazo. Ruperto le ayuda a subir.