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La idea de las dos almas, una buena y otra mala, en el pecho del hombre que provoca la lucha del Yo sensual con el Yo moral; todas las hipótesis, interpretaciones, declaraciones angustiosas en orden a un desdoblamiento probado o inminente de la personalidad fueron ampliamente consideradas por el Romanticismo y examinadas a la luz de los nuevos descubrimientos científicos (Frenzel, 1980: 100).

 

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El viaje iniciático ha sido estudiado en profundidad por dos teóricos: Joseph Campbell, en su aún vigente estudio El héroe de las mil caras, y Juan Villegas que recoge el esquema de este y lo aplica a la literatura actual en su obra La estructura mítica del héroe en las novelas del siglo XX.

 

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Existe una palpable diferencia, dentro del propio género, entre unas y otras novelas. La crítica, por ello, ha sometido las mismas a continuas clasificaciones (Molina Foix, Maurice Heine o Maggie, Kilgour). En el siglo racionalista por excelencia, la aparición de todo elemento sobrenatural tendría dos posibles explicaciones, la que, por una parte, decanta el fenómeno del lado de la razón, negando su existencia y la que, por otra, reconoce y admite, trasgrediendo los límites de esta razón imperante, la existencia de determinados fenómenos inexplicables. Por eso, preferimos hablar de novela gótica racional, para el primer supuesto y novela gótica irracional para el segundo.

 

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Bajtin define cronotopo como «la unión de los elementos espaciales y temporales en un todo inteligible y concreto. El tiempo se condensa aquí, se comprime, se convierte en visible desde el punto de vista artístico; y el espacio, a su vez, se intensifica, penetra en el movimiento del tiempo, del argumento, de la historia. Los elementos del tiempo se revelan en el espacio y el espacio es entendido y medido a través del tiempo.» (Bajtin, 1978: 237-238).

 

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En el ensayo titulado The Supernatural in Poetry, Ann Radcliffe, enumeró también con bastante detalle los lugares o paisajes que debieran convertirse en motivo literario dentro de la novela gótica, apoyándose en figuras de la talla de Shakespeare y Milton, que aprovecharon al máximo los recursos que este les ofrecía.

 

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En la escenografía gótica se percibe, con claridad, la influencia de los grabados del pintor Giovanni Battista Piranesi. Nos encontramos con el mismo mundo arquitectónico carente de puntos de referencia del castillo gótico. Praz llega a afirmar, incluso, que habría sido la visión de una de sus cárceles lo que inspiró a Walpole el sueño que concibió su novela (Praz 1970: 17).

 

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El mismo iniciador del género Horace Walpole, habiendo soñado su propio castillo medieval, se retiró al área de Strawberry Hill, con el fin de convertirlo en realidad; y de su castillo soñado nació toda la escenografía que ya nunca habría de abandonar el género: estancias oscuras y claustrofóbicas, chimeneas inspiradas en las tumbas de las grandes catedrales, ventanas en forma de rosetas, paredes de seda de damasco plagadas de nichos, techos tapizados en terciopelo escarlata, pequeñas criptas donde reposaban estatuas o armaduras de caballeros andantes.

 

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Simbolizaba la opulencia y la hegemonía de un poder feudal venido a menos, así como la opresión con que se sujetaba al súbdito, especialmente a la mujer y a los considerados inferiores.

 

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Destacan estos títulos, sobre todo, si se establece una contraposición con el resto de obras calificadas como «novelas» que ya empezaban a forjarse en diversos estados del viejo continente.

 

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En general puede afirmarse que la conciencia del tiempo no se da en la literatura hasta el siglo XVIII.