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Teoría lingüística y antropología en las obras de Lorenzo Hervás y Panduro

Gerda Hassler






ArribaAbajoLa imagen de Hervás en la historiografía de las teorías lingüísticas

Un trabajo de 1994 sobre Hervás y Panduro, escrito por Marisa González Montero de Espinosa y titulado de manera significativa Lorenzo Hervás y Panduro: el gran olvidado de la Ilustración española, empieza con las palabras siguientes: «¿Para qué engañarnos? Para el lector no especializado en la Ilustración española, aun curioso, inquieto y de amplia formación cultural, la figura de un jesuita español del siglo XVIII puede despertar en principio reticencias en más de un sentido. Adjetivos como plúmbeo, desfasado, arcaico o incluso reaccionario rondarán muy probablemente por su cabeza» (González Montero de Espinosa, 1994: 15). Prejuicios de este género han contribuido significativamente a la formación de la imagen de Hervás en la historia de la lingüística aunque sus obras en este área estén un poco menos olvidadas que en otras.

Lorenzo Hervás y Panduro era un autor representativo del siglo XVIII en cuanto que deseaba recoger en una obra enciclopédica el progreso de las ciencias de un siglo. Ya en 1868 dice Fermín Caballero, el biógrafo del jesuita, que de la obra de Hervás es la parte lingüística «la más interesante, la que más ha extendido la fama del autor, la que sobrevivirá [...]. Aquí se halla concentrado el genio de Hervás, mostrándose hombre de grandes concepciones, de voluntad y fuerza para ejecutarlas, de talento industrioso [...]» (Caballero, 1868: 87). El biógrafo de Hervás no explica por qué la parte lingüística es la más interesante, pero sí afirma que es la que más fama le ha dado.

En la historia de las teorías lingüísticas Hervás es uno de esos personajes a los que no se conoce tanto por la complejidad y el volumen de sus obras sino gracias a leyendas y prejuicios. El error más importante que circulaba sobre Hervás era la idea de que este jesuita español había viajado como misionero por América recogiendo informaciones sobre las lenguas amerindias. Esta suposición errónea se encuentra por primera vez en un texto de 1801 de Friedrich Adelung, un sobrino del famoso autor del Mithridates Johann Christoph Adelung. Se confirmaba este mito por repetición, entre otras en las primeras historias de la lingüística escritas por Theodor Benfey (1869), Wilhelm Thomsen (1927) y Manuel Mourelle-Lema (1968). Es sorprendente que todos estos autores parecen no haber conocido la biografía de Hervás escrita por Caballero.

En un artículo publicado ya hace más de veinte años Eugenio Coseriu (1978a) desechó la leyenda de las venturas de Hervás en América y de sus consecuencias para las teorías lingüísticas. Pero es todavía muy común la opinión de que el mérito principal de la recopilación de las lenguas del mundo de Hervás consistía en haber contribuido a la preparación de la base material de la lingüística histórico-comparativa. Otra opinión en circulación sobre Hervás es que su enfoque en la estructura gramatical, el artificio gramatical, había supuesto un cambio en la comparación de las lenguas. Según Max Müller la contribución de Hervás a la lingüística había consistido en descubrir que la comparación de las lenguas tenía que apoyarse en la similitud de los procedimientos gramaticales, mucho más que en relaciones léxicas. Esta valoración de las ideas lingüísticas de Hervás se repite incluso en Menéndez y Pelayo (1933: I, 45), y ha determinado la imagen de Hervás en la historiografía hasta tiempos recientes.1




ArribaAbajoVida y obra

Lorenzo Hervás y Panduro nació en 1735 en Horcajo de Santiago, un pueblo de la provincia de Cuenca. Entró en la orden de los Jesuitas a los 14 años y empezó en ella una carrera típica: pasó su noviciado en el Colegio de la Corte, estudió teología y filosofía en la Universidad de Alcalá de Henares. De vuelta a Madrid estudió matemáticas y astronomía con el padre Tomás Cerdá y recibió la ordenación sacerdotal en 1760. Después de enseñar en el colegio de Cáceres, en el Seminario de los Nobles de Madrid y en el Monasterio de la Anunciación de Murcia, la expulsión de los jesuitas de España terminó este período de su vida en 1767, cuando tenía 32 años. Al ser expulsado de España se dirigió a Italia: primero a Forli y, más tarde, a Cesena y a Roma. Este destierro condicionó no sólo su existencia sino también su obra, significó en el aspecto cultural un reto decisivo que propició en última instancia una formación intelectual más amplia y sólida de lo que era habitual en la intelectualidad española de su tiempo (cf. González Montero de Espinosa, 1994: 15).

En Italia empezó una gran enciclopedia del género humano publicada en italiano con el título Idea dell'Universo desde 1778 hasta 1787. Esta primera versión de la antropología de Hervás se desarrollaba en 21 volúmenes divididos en tres grupos: Storia de la vida dell'uomo (vols. I-VIII), Elementi cosmografici (vols. IX-XVI) y Storia delle lingue (vol. XVII: Catalogo delle lingue conosciute (1784); vol. XVIII: Origine, formazione, meccanismo, ed armonia degl'idiome (1785); vol. XIX: Aritmetica delle nazioni e divisione del tempo fra gli orientale (1787); vol. XX: Vocabulario polígloto, con prolegomeni sopra più di CL lingue (1787); vol. XXI: Saggio pratico delle lingue, con prolegomeni e una racolta di orazioni dominicali in più di CCC lingue e dialetti (1787).

El volumen XVII de esta enciclopedia ya es un catálogo de las lenguas del mundo. Además Hervás trataba diversos sujetos lingüísticos en esta época. Su obra enciclopédica escrita en italiano contiene un tratado sobre el origen, la formación, el mecanismo y la armonía de las lenguas, una aritmética de las naciones, un vocabulario polígloto, y un tratado práctico de las lenguas con discursos religiosos en más de 300 lenguas.

En el volumen XIX, Hervás describe el sistema de los numerales de las lenguas americanas, las europeas, las asiáticas y las africanas. Observa que muchas lenguas tienen sistemas de base diez, cien y mil; es decir, para formar números son éstas las cifras que más se suelen repetir. El contenido de la Aritmética de Hervás constituye en realidad una tipología lingüística de los numerales en las lenguas conocidas a finales del siglo XVIII (cf. Breva Claramonte, 1993: 499). En el volumen XX Hervás maneja unos 150 idiomas para buscar las relaciones existentes entre ellos. Recoge 63 palabras, las más usuales del vocabulario básico, con el propósito de encontrar un parentesco entre ellas. Se trata de denominaciones de conceptos primarios como casa, pájaro, piedra y pez, términos que se refieren a partes del cuerpo, y algunas palabras abstractas (Vocabulario polígloto, vol. XX, pp. 161-219) que fueron incluidas por razones religiosas. Por experiencia y reflexión, Hervás «pensó que los nombres de las cosas corrientes podrían aportar la luz necesaria para el conocimiento de la verdadera afinidad y diversidad de los idiomas» (Breva Claramonte, 1993: 500).

La mayor recopilación de datos de las lenguas del mundo que se había obtenido hasta entonces ya se encuentra en estos últimos cinco tomos. Desafortunadamente estos tomos han tenido poca difusión (cf. Breva Claramonte, 1993: 499). Más tarde Hervás publicó en español un catálogo de las lenguas mucho más extenso: Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, y numeración, división, y clases de estas, según la diversidad de sus idiomas y dialectos (1800-1805). Este trabajo tiene que ser estudiado en relación con sus obras sobre antropología escritas en castellano, es decir la Historia de la vida del hombre (7 vols., Madrid, 1789-1799) y El hombre físico, ó Anatomía Humana físico-filosófica (2 vols., Madrid, 1800). A pesar de la situación de los jesuitas, que pudieron regresar a España en 1799 para ser expulsados de nuevo dos años más tarde, Hervás había decidido publicar su catálogo en castellano, siguiendo un consejo de su tío Antonio Panduro. En general, los 6 volúmenes del catálogo español han sido la única razón por la que los historiadores de las teorías lingüísticas han mencionado a Hervás y Panduro. Eso se debe, sin duda, al predominio de la perspectiva histórico-comparativa que parece haberse iniciado en obras como el catálogo de Hervás.

Hervás recibió ya en vida los honores de academias y diversas personalidades. Fue socio de la Royal Academy de Dublín y de la Academia Etrusca de Cortona, teólogo del cardenal Albani, bibliotecario del papa Pío VII, y, por último, miembro de la Sociedad Económica Vasca. Todos estos honores se debieron a su reputación general de personaje docto en muchas áreas del saber, pero especialmente a su capacidad de combinar métodos nuevos con tradiciones todavía válidas.




ArribaAbajoFuentes y objetivos del pensamiento lingüístico de Hervás

El material clasificado por Hervás había sido recopilado por sus hermanos jesuitas, quienes realmente habían pasado gran parte de su vida trabajando como misioneros en países extranjeros. Expulsados como el mismo Hervás, se fueron a Roma llevándose en el equipaje descripciones de lenguas y traducciones de textos religiosos y catecismos. El material recogido de esta manera era mucho más extenso y rico de lo que un solo hombre con su experiencia lingüística hubiera podido alcanzar.

Se puede afirmar con razón que el enfoque en el artificio gramatical ayudó a Hervás a descubrir la relación existente entre las lenguas semíticas y a demostrar que la lengua euskera no es un dialecto celta. Además había descubierto antes que Humboldt que existe un grupo de lenguas malayo-polinesias y había propuesto una clasificación de las lenguas amerindias. Lo más original de la obra de Hervás es sin duda su clasificación de las lenguas americanas. En una comunicación reciente, leída en el Segundo Congreso de la Sociedad Española de Historiografía Lingüística, Feliciano Delgado León explicó las dificultades que se encuentran en el estudio de las fuentes de Hervás. Al estudiar la catalogación de las lenguas amerindias de Hervás se nos presentan cuatro problemas fundamentales: (1) el origen de la población americana; (2) de dónde parte su conocimiento de esas lenguas; (3) la elaboración de la clasificación de las mismas; (4) la cuestión de la autoría de las gramáticas de lenguas amerindias. Un problema complejo consiste en determinar cuáles fueron las gramáticas elegidas por Hervás, porque los testimonios son contradictorios. Delgado León subraya la ausencia de datos sobre estas gramáticas en una autobiografía inédita que se conserva en el Archivo S. J. de Loyola; por otra parte, las gramáticas que, según los testimonios de Humboldt, permanecieron entre los papeles de Hervás en el Archivo Romano S. J., no son otra cosa que gramáticas publicadas o enviadas por algunos misioneros.

Puede revelarse como un mito más que Hervás sea el autor de gramáticas amerindias; de todas maneras es difícil comprobarlo. Las fuentes de su saber fueron, según el mismo Hervás, los antiguos misioneros americanos que encontró en el exilio de Roma. Lo importante es que elaboró esta información de una forma crítica. Ya en el Catalogo delle lingue dijo que había puesto el mayor empeño en conocer la opinión de los misioneros prácticos, doctos y críticos. Había que tener en cuenta la finalidad práctica de las descripciones aportadas por los misioneros, que no se movían por criterios lingüísticos. Se sabe poco de la utilización de estas fuentes; solamente que Hervás estuvo en contacto con un misionero llamado Juan Camaño cuya documentación se encuentra en el Archivo Romano S. J. (Lat. 9802). Otras fuentes son descripciones de viajes, sobre todo para las lenguas de Canadá (Lafiteau, Moeurs des Sauvages Amériquains, 1746; Charlevoix, Histoire et description générale de la Nouvelle-France, 1746; y las noticias contenidas en las Lettres édifiantes et curieuses, 1738). Las gramáticas de lenguas amerindias que podía conocer se pueden deducir de las citas en su Catálogo y de la bibliografía crítica de la historiografía americana que aparece en su Historia de la Vida del Hombre (1789). También conocía, por una carta conservada en el Archivo Romano y ya mencionada por Delgado León, la lista de gramáticas de lenguas centroamericanas que aparece en Clavigero, Storia Antica del Mexico (1780). En lo que realiza Clavigero se apoya también la clasificación del material; además Hervás utiliza el Saggio d'Historia Americana (1780) de Salvatore Gilij y los documentos inéditos de Juan Camaño y de otros misioneros.

A pesar de la contribución innegable de Hervás a la historia de la lingüística, en mi opinión no está justificado clasificar a este jesuita español como precursor de la lingüística histórico-comparativa. Hervás perseguía otro objetivo al escribir su catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, y como consecuencia de este objetivo, el resultado es diferente lo que se conoce del método comparativo del siglo XIX.

Como ya ha demostrado Breva Claramonte (1993) en el caso de la enciclopedia italiana de Hervás, el interés del jesuita por las lenguas rebasaba el simple campo lingüístico. Quiso confirmar con sus hallazgos las ideas expuestas en la Biblia. Hervás aseguró que una interpretación del Génesis según la cual Dios había inspirado una lengua a los primeros hombres de la cual procederían todas las demás, se podía comprobar experimentalmente en algunas palabras cuyas raíces y sonidos eran comunes a naciones que no se habían tratado desde la dispersión de los pueblos. Así, los vocablos seis y siete procederían de un radical que era común a más de setenta lenguas (Saggio pratico delle lingue, 1787: 9-11; cf. Breva Claramonte, 1993: 500). Con la destrucción de la Torre de Babel tuvo lugar la confusión de lenguas de la que nacieron las setenta y dos lenguas matrices de los descendientes de Sem, Cam y Jafet, de las cuales derivarían a su vez los idiomas conocidos. La confusión de lenguas, que se reconoce expresamente en la Revelación, se podría demostrar experimentalmente en la diversidad que existía en el mundo. Hervás también mantuvo que las lenguas nos ayudan a reconstruir y a perfeccionar nuestros conocimientos de la historia profana. Esta historia de las naciones se suele estudiar a partir de las noticias que nos han transmitido los antiguos autores sobre las tradiciones, la religión y las costumbres; pero, según Hervás, el examen y la observación de las lenguas constituían documentos nuevos y sólidos para interpretar bajo una nueva luz los acontecimientos más antiguos. Las palabras, la sintaxis y la pronunciación de las lenguas eran un medio no menos seguro y cierto que el que nos ofrecían sus costumbres, su religión y sus características particulares. A pesar de la luz aportada por la tradición, las lenguas servían para corregir errores históricos (Saggio pratico delle lingue, 1787: 24-27; cf. Breva Claramonte, 1993: 501/2).

Los estudios ulteriores de Hervás sobre el lenguaje están subordinados a la tentativa de crear una síntesis del dogma religioso y de una cultura y filosofía nuevas que habían aparecido en el Siglo de las Luces. Hervás rechazó la Ilustración, como se habría de llamar, que pretendía traer la luz a un mundo en tinieblas. Llamó al siglo que se acababa tenebroso siglo (Hervás, 1789-99: II, 35). Hervás exigió una clara división jurisdiccional entre la teología y la filosofía, según la cual la primera tendría que estudiar la Revelación y la segunda la naturaleza humana. En este contexto Hervás aceptó los métodos empiristas de la cognición, las ideas de Locke, Gassendi, Hobbes, Condillac o Genovesi entre otros:

[...] Renato Des-Cartes, el cual al renovarse o restablecerse la filosofía, promovió la opinión de las ideas innatas en un sentido diferente del que para defenderlas entendieron y supusieron Platon y los seqüaces de su escuela. [...] Leibniz, que juzgó criarse la mente humana con la idea de todo el universo, debe contrarse entre los seqüaces cartesianos. Silvano Regis, en la parte primera del libro de su obra sobre el uso de la razon !y! de la fe, dice que el alma al unirse con el cuerpo !se excitan las ideas de si misma, de su cuerpo! y de Dios, y á estas da el nombre de innatas. La existencia de estas en el sentido en que las defienden los platónicos y los cartesianos, la desprobaron é impugnaron Pedro Gasendo, Tomás Hobbes, Francissco Malebranche, Juan Lock, Andres Rudrigero, Antonio Genovesi, y casi todos los modernos.


(Hervás, El hombre físico, 1800: II, 271/2).                


La experiencia de los sentimientos era suficiente como origen y fundamento del saber, no se permitía a las pasiones construir sistemas fantásticos. Estos últimos sólo podía evitarlos un juicio crítico e independiente de los sentidos. Este juicio es innato a todos los hombres y constituye lo propio del género humano.

La experiencia es guía en todo aquello de que el espíritu informan los sentidos, y la razon no llega á conocer clara y distintamente. La geometría en este caso no tiene lugar: lo ocupa casi todo la ciencia, que llamamos física, en la que por faltar demostración, el entusiasmo se cree impunemente libre para inventar y proponer sistemas fantásticos. La buena crítica, última guia de nuestros discursos, nos dirige alejándonos de los peligrosos precipicios.


(Hervás, El hombre físico, 1800: I, 4).                


En la antropología de Hervás la distinción entre el espíritu humano y la mera naturaleza sensual de los animales es una tesis fundamental:

Infiero tambien, que por el camino de la pura razon se acercó mucho à la verdad el filósofo platónico, que conjecturó ser el espíritu humano una centella de la divinidad, y que por lo contrario erró totalmente descaminado de la razón natural el filósofo epicureo que, confundiendo el espíritu humano con el alma sensual de las bestias, les dió un mismo principio y fin, y los hizo sustancialmente semejantes.


(Hervás y Panduro, 1800: II, 169).                


El espíritu humano nunca habría sido una tabula rasa, ni siquiera aunque todas las ideas hubieran sido adquiridas. Previa a la adquisición de las ideas, que Hervás explicó utilizando argumentos de las teorías sensualistas, había que suponer la existencia de una razón humana que no era el saber en sí mismo, sino una fuerza importante que controlaba todas las acciones del hombre.

¿Cómo se podía conjugar esta posición meramente racionalista con la explicación del desarrollo del pensamiento a través de signos lingüísticos? ¿Y qué tenía que ver con este tipo de antropología un catálogo de las lenguas del mundo?

Discutiendo aspectos tales como el origen del lenguaje, las relaciones entre las lenguas, el pensar, y la historia de los pueblos, Hervás admitió que había contradicciones entre su posición fundamental y los argumentos extraídos de las teorías al uso. En un tratado sobre el origen del lenguaje publicado como una parte de su enciclopedia italiana Idea dell'Universo (vol. XVIII: Origine, formazione, meccanismo, ed armonia degl'idiomi, 1785[b]) Hervás repitió la hipótesis de Condillac de que dos niños creciendo fuera de la sociedad inventarían un lenguaje para comunicarse mutuamente sus necesidades. No había duda de que se podía utilizar esta hipótesis para explicar el lenguaje como invención humana a partir de los gritos y las acciones que el hombre tenía en común con los animales. Es por ello que Hervás tuvo que buscar una solución para relacionar esta explicación con la narración bíblica sobre el origen y la creación del lenguaje.

En la búsqueda de esta solución le ayudó mucho el enfoque que hacía de la arbitrariedad del signo lingüístico (Hervás, 1785b, 153/4, 169). La afirmación de la arbitrariedad del signo tenía ya una historia larga y controvertida en la tradición española del pensamiento lingüístico del siglo XVIII. Este problema se había discutido, entre otros, en trabajos de Martín Sarmiento y Gregorio Mayans y Siscar, quienes habían separado los lenguajes hablados con sus formas históricas y arbitrarias por una parte, y el lenguaje humano de inspiración divina por otra. Después de haber discutido las teorías sensualistas, Hervás tomó una postura directamente opuesta a sus predecesores españoles. Sobre la base de la diversidad de las lenguas, era la arbitrariedad del signo lingüístico la que demostraba la intervención divina en la evolución de las lenguas. Si los hombres hubieran inventado el lenguaje ellos mismos, no habría lenguas diferentes. Los mismos sentidos y órganos de percepción habrían producido los mismos resultados en todos los países del mundo. De este modo, Hervás partió de la validez incontestable de las teorías sensualistas del lenguaje, pero las incluyó en una argumentación de signo inverso. Eran instrumentos que explicaban el funcionamiento del lenguaje y su relación con las capacidades cognitivas del ser humano, no obstante el origen divino del lenguaje.

Un catálogo de todas las lenguas de las naciones conocidas venía a ser, en consecuencia, una recopilación que demostraba empíricamente el papel jugado por Dios en la creación del lenguaje, y, por otra parte, una prueba del dualismo del lenguaje y del pensamiento, que eran fenómenos distintos por naturaleza.

La búsqueda de una base empírica para la explicación del origen y de la naturaleza del lenguaje era un procedimiento muy habitual en el siglo XVIII. En muchos casos este empirismo era meramente hipotético. El experimento de dejar crecer a dos niños fuera de toda sociedad y comunidad lingüística para poder observar el desarrollo de sus capacidades intelectuales y la invención de medios de comunicación entre ellos era un experimento hipotético y no real. De la misma manera la noción de «genio de la lengua» (génie de la langue, genio della lingua, genius of the language), que ya estaba muy difundida por entonces, no se había deducido de comparaciones reales, sino de reflexiones sobre diferencias posibles entre las lenguas. A finales de siglo se fue intentando paulatinamente sustituir este empirismo hipotético por verdadera evidencia empírica.




ArribaAbajoTemas relacionados a la búsqueda empírica del primer lenguaje


ArribaAbajoOrigen y parentesco de las lenguas

Algunos estudiosos intentaban reconstruir una lengua madre de todos los idiomas; Hervás les replicó valiéndose de la tradición, la historia y la experiencia. Los autores religiosos y los etimólogos se solían preguntar si el primer lenguaje se habría conservado después de la confusión de las lenguas y, en caso afirmativo, cuál sería esa lengua. Según Hervás era imposible saberlo, aunque había muchos estudiosos que se inclinaban por el hebreo o el caldeo. La opinión de los que defendían el hebreo como lengua madre habría sido excusable en el siglo anterior, pero los conocimientos alcanzados por los descubrimientos geográficos fuera de Europa restaban credibilidad a esta teoría. Hervás mantuvo que resultaba más fecundo establecer relaciones comerciales entre las naciones que hablan lenguas diferentes y hallar relaciones de parentesco a través de palabras y radicales.

Ya en sus trabajos italianos trató de demostrar empíricamente que todas las lenguas no podían proceder de un tronco común. Así como de un caballo no nacía un perro, tampoco era verosímil que de un idioma procediera otro sustancialmente distinto. Citó una frase del cochimí, una lengua hablada en California, poco conocida en el siglo XVIII y de la cual se tiene noticia sólo a través de Hervás. La frase Creo en Dios porque no se puede engañar tenía en esta lengua una expresión que, traducida literalmente, sería Dios en creo engañarse no puede porque:

Creo en Dios porque no se puede engañar.
Diò -juò noogosò praedèbat kaenambal muguibi.
Dios en creo engañarse no puede porque.



En otro ejemplo sacado del japonés la frase «pasaré delante del hombre» se traduciría literalmente sea hombre del delante pasaré:

Pasaré delante del hombre.
fito no maie uo-touore.
sea hombre del delante pasaré.



El japonés es una lengua del tipo Sujeto -Objeto- Verbo, de ahí que, al no haber un sujeto explícito en el ejemplo, Hervás haya conseguido una frase con un orden de palabras totalmente contrario al español. Lenguas afines podían diferir en cuestiones de uso, como el canadiense que para expresar «te saludo» dice te unjo (te-rong-joñion). Tales modismos o usos pragmáticos, como diríamos hoy, se introducían fácilmente en las lenguas, pero estos intercambios no se daban en los aspectos sustanciales del lenguaje como eran los distintos órdenes sintácticos (Hervás, Saggio pratico delle lingue, 1787: 15-16; cf. Breva Claramonte, 1993: 503/4) o la morfosintaxis. Así, por ejemplo, la obra titulada Arte y gramática muy copiosa de la lengua aimará, publicada en 1603 por el padre Ludovico Bertoni, le ofreció argumentos para sostener que sería casi imposible que del latín procediera una lengua como el aimará, que utilizaba partículas interpuestas para indicar varias significaciones (cf. Breva Claramonte, 1993: 504). En el aimará la palabra apatha equivalía a «llevar», en tanto que apacatha quería decir «llevar súbitamente». Si el verbo no era de movimiento, la partícula ca indicaba la acción actual del verbo. Ikitha significaba «duerme» mientras ikicatha equivalía a una acción actual o progresiva, es decir «duerme actualmente» o «está durmiendo» (Hervás, Saggio pratico delle lingue, 1787: 60).

aimará
apatha «llevar» - apacatha «llevar súbitamente»
ikitha «duerme» - ikicatha «duerme actualmente»



De datos como los mencionados Hervás dedujo que sería difícil que las lenguas en cuestión provinieran del latín o de otra lengua semejante.




ArribaAbajoLa comunicación de los sordomudos

Uno de los tópicos relacionados con la búsqueda empírica tan habitual a finales del siglo XVIII era el lenguaje de los sordomudos. Hervás escribió sobre esta cuestión «ideológica» en un tratado publicado en 1795. Utilizó una imagen según la cual el mundo físico representaba una prisión para el hombre, cuyos sentidos funcionaban a modo de «ventanillas» hacia el exterior. Los sordomudos no podían haber recibido informaciones a través de los signos de la lengua hablada porque su ventana acústica estaba cerrada, pero tenían ciertas ideas generales, especialmente nociones religiosas y morales. Estas ideas no estaban relacionadas con signos, lo que permitió a Hervás constatar el valor relativo de signos y símbolos religiosos:

Los templos en la opinion de los Sordomudos niños y jóvenes son teatro de sosiego y de juicio, á los que por costumbre se asiste. La figura de la santa cruz es un enigma para ellos, y la vista del divino Salvador crucificado, y de las estatuas, y pinturas de Santos los induce á juzgar, que son símbolos para conservar la memoria de algunos hombres buenos.


(Hervás y Panduro, 1795: I, 60/61).                


Existía, sin embargo, cierto conjunto de nociones, como por ejemplo el odio a la guerra o a la integración en una nación, que los sordomudos compartían con el resto de la humanidad. Eran capaces de combinar estas nociones como los oyentes eran capaces de ordenar los signos de una lengua en frases. Hervás denominó la base de esta comunicación gramática mental. A diferencia de las lenguas habladas, que eran a la vez naturales y artificiales, la gramática mental de los sordomudos era completamente natural. Gracias a esta gramática los sordomudos entenderían fácilmente la categoría del número en lenguas habladas, pero tendrían dificultades con los casos porque esta categoría era una invención artificial que servía para marcar las relaciones entre las palabras. En una lengua natural y mental estas relaciones se expresarían por el orden de las palabras:

Un Sordomudo que da, por exemplo, dos manzanas á Pedro, en su mente tiene idea practica de si mismo, de la accion de dar, y de las manzanas, del número dos de ellas, y de Pedro: por lo que mentalmente forma esta oracion yo doy manzanas dos á Pedro.


(Hervás y Panduro, 1795: I, 96).                





ArribaAbajoLengua natural y gramática mental

El orden natural de las palabras correspondería al orden de los gestos utilizados en la comunicación de los sordomudos. Como Hervás ya había mencionado en un tratado teológico escrito en 1792, la diferencia entre esta gramática mental y natural y las lenguas artificiales utilizadas normalmente en la comunicación humana era enorme. Como el lenguaje natural era común a toda la humanidad y -en cierta medida- incluso a los animales, la diversidad de las lenguas arbitrarias mostraba que estos medios de comunicación no podían haber aparecido de manera natural. Eran resultado de una intervención divina, y su recopilación en un catálogo ayudaría a reconciliar los datos empíricos y la divina doctrina de la confusión de las lenguas:

[...] todos los idiomas del mundo se hablan no por efecto ó inspiracion de la naturaleza, sino por instruccion, en la que comprehendo la milagrosa confusion de los idiomas en Babel).


(Hervás y Panduro, 1795: I, 140).                


También al inicio de su Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas Hervás relacionó de manera inequívoca esta recopilación monumental con el problema del origen de las lenguas:

En la presente obra me propongo observar todas las lenguas del mundo conocidas, y consiguientemente las naciones que las hablan: y la observacion de estas me hace retroceder hasta tocar y descubrir su orígen, por lo que esta obra, que intitulo de las lenguas conocidas, es histórico-genealógica de las naciones del mundo hasta ahora conocidas.


(Hervás y Panduro, 1800-1805: I, 1).                


Una obra que sigue siendo considerada en nuestros días como precursora de la lingüística histórico-comparativa, fue, en realidad, motivada por convicciones religiosas y objetivos antropológicos. Este contexto influyó la argumentación de Hervás y su manera de servirse de citas de otros autores.

Estudiando las diferencias entre las lenguas y sus relaciones con el pensamiento, Hervás no podía seguir manteniendo la hipótesis de que dos niños apartados de la sociedad inventarían una lengua propia para su comunicación mutua. Como hemos visto, en su explicación del origen del lenguaje Hervás había utilizado este experimento hipotético y muy frecuente en los escritos del siglo XVIII desde el Tratado sobre el origen de los conocimientos de Condillac (1746). En sus trabajos posteriores, escritos en español, Hervás abandonó la explicación histórico-genética del lenguaje y del pensamiento que se desarrollarían en un proceso de interdependencia. La capacidad racional del ser humano no se explicaba como una consecuencia del uso del lenguaje, y la relación mutua entre el lenguaje y el pensamiento se limitaba a la elaboración de algunas particularidades mentales y lingüísticas. En la descripción y explicación de estas particularidades y de su base en el lenguaje, Hervás seguía repitiendo las conclusiones sensualistas, citando ejemplos de estas teorías.

En un tratado sobre la naturaleza física del hombre, publicado en el mismo año que el primer volumen del catálogo español (El hombre físico, 1800), Hervás mantuvo que cada hombre pensaría y ordenaría sus ideas según la sintaxis del idioma que hablase:

[...] cada hombre piensa y ordena sus ideas con órden correspondiente á la sintaxis del idioma que habla.


(Hervás, 1800: II, 278).                


Concluyó que el comercio y las ciencias aumentarían la cantidad de palabras en ciertas áreas, y que las nuevas palabras solamente podrían mantenerse si estuviesen relacionadas con ideas nuevas. En consecuencia, las naciones que hablaban lenguas de léxico abundante eran privilegiadas:

Si para una nueva idea útil no se inventa un nombre derivado que la exprese; la idea perece. Nuestro pensar es pediseqüo del hablar: no solemos tener ideas, sino de las palabras que sabemos; por lo que quien habla bien una lengua abundantísima de palabras, tiene más ideas que el que habla una lengua escasa de aquellas.


(Hervás, 1800: II, 282).                


En esta descripción funcional de las relaciones entre la lengua y el pensamiento sus objetivos religiosos no le impidieron a Hervás citar a Locke y a Condillac, cuyas teorías había refutado en el contexto de la explicación del origen y de la historia del lenguaje.

La relación entre las diferentes lenguas y mentalidades ofrece la posibilidad de considerar el Catálogo como una continuación de sus trabajos antropológicos, continuación que tiene su acento en la diversidad empírica de las lenguas. Siguiendo este objetivo antropológico del Catálogo, Hervás afirmó que las lenguas constituían el mejor criterio para una clasificación de las naciones.

Hervás distinguía cuatro grupos de autores que ya habían comparado lenguas. El primer tipo de autores había buscado universalidades detrás de las diferencias de las lenguas; otros habían intentado reducir todas las lenguas a una lengua original o por lo menos a una de las lenguas madres de un territorio determinado. Según Hervás se habían escrito muy pocos tratados sobre la historia de las naciones a la luz de sus lenguas. Esta manera de estudiar la historia humana le parecía muy útil. Pero el trabajo más importante y útil que se había llevado a cabo en el estudio de las lenguas llegaría a gramáticas que describirían el genio de las lenguas.

En este contexto mencionó la base material de sus propios estudios: las descripciones de lenguas extranjeras recopiladas por los misioneros. Tampoco olvidó remitir al catálogo ya existente de Pallas, escrito por orden de Catalina de Rusia (cf. Pallas, 1786-1789). Pallas, por su parte, conocía el catálogo de Hervás publicado en italiano (cf. Habler, 1998). En la introducción del Catálogo el mismo Hervás describió su papel en la difusión de los trabajos de los jesuitas:

El señor Santini, agente imperial de la corte de Petersburgo en esta ciudad, tuvo órden de su corte para enviar á ella todas las obras que los jesuitas habian publicado en Italia sobre las naciones americanas y asiáticas, y principalmente sobre sus lenguas. Estas obras, que por carga del dicho agente yo recogi, debian servir de materiales al señor Pallas, famoso literato y viajador por todo el imperio rusiano, para que hiciera una confrontacion ó cotejo de todas las lenguas conocidas. No he visto aun esta obra, que sé haberse empezado á publicar ántes del año 1789, pues el esclarecido literato señor Francisco Alter me ha escrito desde Viena, que en su segunda parte impresa el año 1789 se cita con poca exâctitud uno de mis tomos italianos sobre las lenguas.


(Hervás y Panduro, 1800-1805: I, 64).                


Existían, según la teoría de Hervás, tres áreas en las cuales las lenguas se distinguían unas de otras: las palabras, el artificio gramatical, y la pronunciación (Hervás, 1800-1801: I, 11). Cada una de ellas podía ser de utilidad en la comparación de las lenguas y la clasificación de las naciones, pero el criterio más fiel era el artificio gramatical. Las palabras se podían tomar prestadas de otras lenguas y la pronunciación dependía de muchos factores individuales, y no podía ser justificada por caracteres y mentalidades nacionales.

Al contrario de lo que han repetido autores como Benfey, Thomsen y Mourelle-Lema, Hervás no fue el primero en poner el enfoque en la estructura gramatical. Lo que entendía Hervás por artificio gramatical, es decir la manera de formar y ordenar las ideas, había sido discutido durante el siglo XVIII en términos de genio de la lengua (génie de la langue, genio della lingua). Sobre esta base Gabriel Girard había elaborado incluso una tipología de las lenguas.

Lo verdaderamente nuevo en el Catálogo de Hervás fue el enfoque en la estabilidad de la estructura gramatical. Gracias a esta estabilidad el artificio gramatical se convertía en un criterio apropiado para la clasificación de las naciones, ya que las mentalidades siempre se pondrían en evidencia en la manera de ordenar y expresar las ideas, incluso si los hablantes intentaban disfrazarlas y utilizaban medios de comunicación más cultos:

El artificio particular con que en cada lengua se ordenan las palabras, no depende de la invencion humana, y menos del capricho: Él es propio de cada lengua, de la que forma el fondo. Las naciones con la civilidad y con las ciencias salen del estado de barbarie, y se hacen mas ó menos civiles y sabias: mas nunca mudan el fondo del artificio gramatical de sus respectivas lenguas.


(Hervás y Panduro, 1800-1805: I, 23).                


Según Hervás, la comparación de las lenguas fundada en el artificio gramatical podía mostrar las relaciones existentes entre las diferentes naciones independientemente de su distancia geográfica. Así, por ejemplo, la lengua malaya se reconocía como lengua matriz de muchos dialectos hablados en islas dispersas a más de 200 grados de longitud. Tales comparaciones de las lenguas podían ayudar también a descubrir relaciones históricas ya olvidadas. Hervás no elaboró una metodología coherente de tal comparación de lenguas, sino que trató de desarrollar una historia filosófica del lenguaje que debía tener en cuenta la historia cultural y natural, la historia de las religiones así como la evolución del lenguaje.

Pero el objetivo de clasificar naciones a partir de las lenguas habladas por ellas resultó muy difícil de poner en práctica, incluso dentro de las lenguas europeas. En el proceso de latinización de los países conquistados por los romanos había un momento clave: no era el uso de palabras latinas sino la adopción de la gramática de la lengua latina lo que las había convertido en naciones romanizadas (Hervás, 1800-1801: I, 11). Sin embargo Hervás no incluyó todas las naciones románicas en la misma familia. Atribuyó, en consecuencia, un papel importante a las lenguas habladas antes de la latinización. Consideraba, por ejemplo, el francés y el castellano como dialectos del latín, pero subrayó las numerosas diferencias que tenían estas lenguas en su artificio gramatical, que se explicaban por los orígenes celtas o vascos:

El francés, que antiguamente hablaba el céltico, y el español, que antiguamente hablaba el cántabro o bascongado, actualmente hablan lenguas que son dialectos de la latina; mas quien atentamente las analice y coteje con la céltica y con la cántabra, fácilmente observará que el francés en su dialecto usa no pocos idiotismos célticos y que del mismo modo el español en su dialecto latino usa muchos idiotismos cántabros: que tanto el francés como el español, conservan muchas palabras de sus antiguos y respectivos lenguages; y que según el genio gramatical de estos, han dado terminaciones á muchas palabras latinas


(Hervás y Panduro, 1800-1805: I, 17).                


Según Hervás, el orden diferente de las palabras latinas en francés y en español se descubría por la comparación de estas lenguas con dialectos celtas y vascongados de un lado, y con dialectos italianos del otro. Este orden diferente era la razón principal por la cual las naciones francesa y española no se podían considerar como pertenecientes a la misma familia.

Enfocando de nuevo los procedimientos gramaticales utilizados por las lenguas para integrar palabras nuevas, Hervás distinguió dos trayectos de perfección: una perfección material que consistía en meros préstamos de palabras de lenguajes en situaciones de contacto; por ejemplo, el español había tomado prestadas palabras como maíz, tomate, tabaco, cacao, chocolate de las lenguas amerindias. Otro tipo de perfección, mucho más importante y llamada perfección formal, permitía crear nuevos elementos utilizando procedimientos gramaticales (Hervás, 1800: II, 282). Esta distinción entre un enriquecimiento material y uno formal de las lenguas no hacía más que continuar la oposición aristotélica de materia y forma, en la cual la forma era un principio activo y organizador, y la materia una substancia pasiva. Esta bipolaridad volvería a ponerse de manifiesto, como ya sabemos, en otras teorías lingüísticas al inicio del siglo XIX, en las obras de Guillermo de Humboldt.

En un solo momento le resultó difícil a Hervás combinar las teorías lingüísticas del siglo XVIII y las tentativas de probar el dualismo del cuerpo y del espíritu, de los signos arbitrarios y de las ideas mentales. Según Hervás, los filósofos del XVIII, junto con los masones y, sobre todo, los jansenistas, eran responsables del estallido de la Revolución francesa (Hervás y Panduro, 1807: 117). Pero la desaprobación de la filosofía sensualista en las obras de Hervás fue muy selectiva. Condenó las proposiciones del abate De Prades, a quien -según él- no habían juzgado con rigor suficiente (Hervás y Panduro, 1807: 327-336), pero no mencionó, en este contexto, la teoría de Condillac, que le había servido para tomar prestadas ideas sobre el origen y la evolución del lenguaje.

La exigencia de estabilidad del orden religioso y social que se encuentra en los escritos de Hervás se prestaba mucho más a ser utilizada en los primeros años del XIX que sus ideas antropológicas y lingüísticas, que llegaron demasiado tarde para ser originales y que no tenían la coherencia metodológica que cambiaría el trayecto de las teorías lingüísticas poco después.








ArribaAbajoBibliografía


ArribaAbajoObras de Hervás

    Idea dell'Universo (1770-1787)

  • Storia della vita dell'uomo. Opera dell'Abbate Don Lorenzo Hervás [...], Cesena, Gregorio Biasini 1785[a] (vols. I-VIII).
  • Elementi cosmografici (vols. IX-XVI).
  • Storia delle lingue (vols. XVII-XXI),
    • Vol. XVII: Catalogo delle lingue conosciute e notizia della loro affinità, e diversità, Cesena, Gregorio Biasini all'Insegna di Pallade 1784.
    • Vol. XVIII: Origine, formazione, meccanismo, ed armonia degl'idiomi, Cesena, Gregorio Biasini 1785[b].
    • Vol. XIX: Aritmetica delle nazioni e divisione del tempo fra gli orientali, Cesena, Biasini 1787[a].
    • Vol. XX: Vocabulario polígloto, con prolegomeni sopra più di CL lingue. Dove sono scoperte nuove, ed utili all'Antica storia dell'uman genere, ed alla cognizione del meccanismo delle parole, Cesena, Biasini, 1787[b].
    • Vol. XXI: Saggio pratico delle lingue, con prolegomeni e una racolta di orazioni dominicali in più di CCC lingue e dialetti, Cesena, Biasini, 1787 c.
    Obras en español

  • Escuela española de sordomudos, o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español, Madrid, Imprenta Real, 1795.
  • Catecismo de doctrina cristiana para la instrucción de los sordomudos, Madrid, Villalpando, 1796.
  • Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas, y numeración, división, y clases de éstas, según la diversidad de sus idiomas y dialectos, Madrid, Administración del Real Arbitrio de la Beneficencia, 1800-1805, 6 vols.
  • Historia de la vida del hombre o Idea del universo, Madrid, Imprenta Aznar, 1789-99, 7 vols.
  • El hombre físico, ó Anatomía Humana físico-filosófica, Madrid, Imprenta de la Administración del Real Arbitrio de Beneficencia, 1800, 2 vols.
  • Causas de la revolución de Francia en el año de 1789, y medios de que se han valido para efectuarla los enemigos de la religión y del Estado, Madrid, 1807, 2 vols.



ArribaEstudios

  • ADELUNG, Friedrich (1801), «Nachricht von den Werken des spanischen Exjesuiten Don Lorenzo Hervás über die Sprachen», Allgemeine Geographische Ephemeriden, Weimar, VIII, pp. 543-554.
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  • MOURELLE-LEMA, Manuel (1968), La teoría lingüística en la España del siglo XIX, Madrid.
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