Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


 

361

Nocturno europeo, p. 94; La torre, pp. 86, 383; Rubén Darío, «El reino interior», Antología Poética (Berkeley and Los Ángeles: University of California Press, 1949), p. 65.

 

362

Todo verdor perecerá, p. 91; Cuentos para una inglesa desesperada, p. 36; Francisco de Quevedo, «El mundo por de dentro» and «La hora de todos y la fortuna con seso», Los sueños (3d ed.; Madrid: Espasa-Calpe, 1943), II, 53, 89. Cf. «algo tartamudo de movimientos», Diego de Torres Villarroel, Vida (Madrid: Espasa Calpe, 1954), p. 65.

 

363

Chaves, pp. 51-52; Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Madrid: «La Lectura», 1911), I, 54 (Part I, chap. i). In La bahía de silencio, pp. 206-207, Ira Borescu's discourse to his landlady on the art and glories of cooking is reminiscent of some of the discourses of Don Quixote.

 

364

Blaise Pascal, Pensées (Paris: Hachette, 1904), II, 127 (Sec. III, no. 206); Historia de una pasión argentina, p. 130.

 

365

Historia de una pasión argentina, p. 14; Meditación en la costa, pp. 140-141. Also borrowed from Unamuno are such words as «agonista» and «hombría» (in its broader sense).

 

366

See, for example, Meditación en la costa, p. 87: «... desgraciado el que comience y acabe en uno mismo: no tardará en verse paseado de gusanos», or the opening pages of Todo verdor perecerá, descriptive of the drought.

 

367

La bahía de silencio, pp. 476-477; «To his Coy Mistress», The Poems and Letters of Andrew Marvell (Oxford: Clarendon Press, 1927), I, 26.

 

368

El retorno, p. 11; La bahía de silencio, p. 17; La torre, p. 256; Notas de un novelista, p. 9.

 

369

La bahía de silencio, p. 540.

 

370

Los enemigos del alma, p. 324. Cf. El sayal y la púrpura, p. 105: «El Kafka enfermo no interrumpe sino transitoriamente el viaje del Kafka eterno»; La torre, p. 20: «... la señora que por aparentar poderlo todo no reparó en todo perderlo»; La bahía de silencio, p. 130: «Un conserje altísimo alejaba del pórtico de un hotel adyacente... a los intrusos y a los pordioseros. Dios no tenía nada que hacer en aquel sitio de dinero gastado y vanidades copiosamente almorzantes y cenantes».

Indice