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«Ilmo. Sr.: La obra que lleva por título
Toledo: guía
artístico-práctica, y respecto de cuyo valor
histórico desea esa Dirección de su digno cargo que
emita dictamen esta Real Academia, es un trabajo de verdadera
utilidad, no solo para los viajeros en sus excursiones por la
ciudad famosa cuyos monumentos despiertan cada día mayor
interés entre los hombres cultos, nacionales y extranjeros,
sino también para las bibliotecas, á que acuden los
estudiosos en busca de datos, ya históricos, ya
artísticos, acerca de esos mismos monumentos.
Muchas son en
verdad las obras que sobre Toledo se han escrito, pues desde los
Caimo, Bourgoing y Laborde hasta D. Antonio Pons, y desde Amador de los
Ríos hasta la última edición del Handbook for Travellers in
Spain de Richard Ford, cuenta el vizconde de Palazuelos
más de veinte predecesores; pero ninguno de estos se ofrece
al lector con tantas condiciones de guía práctico y
seguro como el libro que estamos examinando. Pecan unos autores de
demasiado difusos y farraginosos; otros de harto crédulos y
aficionados á patrañas; el viajero Pons, dominado por
su exclusivismo seudo-clásico, se hace antipático
á los amantes del arte de la Edad Media y de los atrevidos
alardes borrominescos; de los escritores anteriores á
nuestro siglo, poco ó ningún provecho pueden
prometerse hoy los que, sobre trabajar con la premura que los
actuales tiempos imponen, llevan á las bibliotecas
públicas la esperanza, en breve desvanecida, de encontrar
repertorios —260→
y manuales bien ordenados que les sirvan de hilo de Ariadna
en sus investigaciones.
Desde el
año 1845, en que D. José Amador de los Ríos
publicó su Toledo
Pintoresca, la crítica en materias de arte y de
historia apareció menos deficiente: consignó en su
libro aquel laborioso ó inteligente escritor observaciones
de respetables autoridades, nunca hasta entonces dadas á la
estampa en obras formales, aunque sí recogidas en revistas y
publicaciones de vida efímera, donde se llamaba la
atención de los hombres pensadores hacia el mérito
menospreciado de muchas preseas literarias y artísticas de
la Edad Media toledana. D. Manuel de Assas, por su lado, aplicaba su
reflexiva contemplación de arqueólogo
escudriñador á los escasos y oscurecidos vestigios de
un arte intermedio entre el clásico latino y el llamado
entonces bizantino, de los
siglos IX y X hasta el XII, y llegó á demostrar en su
Álbum artístico de
Toledo la existencia en la ciudad de los concilios de una
arquitectura visigoda de que no había la menor sospecha, y
de la cual venía á ser desemblantado trasunto la
supuesta arquitectura
asturiana de que hablaron Jovellanos é Inclán
Valdés. Román y Carbonero y Sol, fijándose en
otro aspecto de la cultura de los siglos impropiamente calificados
de bárbaros, ponían de relieve en su Toledo Religiosa la importancia de los
monumentos epigráficos y de los preciosos códices de
la Biblioteca Capitular. Don Sixto Ramón Parro, con mayor
copia de datos, aunque en más limitada órbita, hizo
alarde en su Toledo en la
mano de una grande erudición histórica, pero
en punto á monumentos artísticos nada nuevo dijo. Era
necesario que un hombre de vasta y general lectura y de elegante
estilo tomase á su cargo la tarea de reunir en un libro,
bajo nueva forma, á lo mucho bueno que de Toledo se
había escrito, lo mucho que aún faltaba escribir,
eliminando con sagaz crítica y recto juicio lo
erróneo é insignificante, y trazando el vasto cuadro
de las dominaciones visigodas, musulmana y castellana de la
reconquista, á la luz de las memorias documentales y
epigráficas, y acusando la fisonomía
característica de esos testigos mudos y elocuentes de las
pasadas civilizaciones, que llamamos edificios religiosos y
civiles, iglesias, sinagogas, mezquitas, alcázares,
palacios, institutos, etc. Y esa tarea la llevó
—261→
á cabo con singular maestría en los
Recuerdos y Bellezas de
España el Sr. D. José María Quadrado,
doctísimo escritor balear, correspondiente de nuestra Real
Academia.
¿Se ha
propuesto el vizconde de Palazuelos mejorar ó corregir obra
de este concienzudo y esclarecido escritor? No en verdad: su
intento no ha sido añadir un libro sobre la historia y los
monumentos de Toledo, á la ya copiosa biblioteca de la
localidad; ha querido solamente aprovechar los tesoros repartidos
por los volúmenes que forman aquella, para componer un
vade-mecum de
fácil manejo, en el cual, prescindiendo de profundas
disquisiciones, sólo propias de trabajos extensos, se
ofreciese al lector limpio y hermoso el fruto de cada huerto, sin
entreverse en él las fatigas y sudores del hortelano.
Aun limitada
á este loable propósito, no era fácil la tarea
que se imponía el autor; y en la manera como la ha
desempeñado está el mérito relevante y la
originalidad de su libro. Nadie podría explicar mejor que el
autor mismo los escollos de que ha tenido que huir al emprender la
ordenación y enlace de los numerosos artículos de que
consta. "Dos caminos trillados (dice en su prólogo al
lector), empleados de antemano por los escritores de las cosas
toledanas, se me ofrecían ante la vista, á saber: el
orden cronológico de la erección de los monumentos
ó edificios, y el que estriba en su carácter é
índole especial. Aunque ambos sistemas son, considerados en
sí mismos, lógicos y recomendables, no me parecieron
por completo compatibles con el espíritu que intentaba yo
imprimir á mi obra, espíritu esencialmente
práctico, como por
su mero título puede observarse; en efecto, el viajero que
maneja un libro ordenado conforme á cualquiera de aquellos
sistemas, tiene por necesidad que perder un tiempo precioso,
torturando á la vez su imaginación para arreglarse
á sí mismo un plan que regularice cada una de sus
excursiones; á no ser que para obviar tales inconvenientes
se eche en brazos de los guías y ciceroni, siempre enfadosos, caros y
fantaseadores, remedio que suele ser peor que la enfermedad. En
definitiva, opté por el orden topográfico como el
más práctico (bien que el meros científico) de
todos, y el que más se amoldaba, á mis
propósitos. Dividí mi trabajo en ocho itinerarios ó excursiones,
dispuestas de tal modo, —262→
que el visitante es conducido como por la mano en la visita
de los lugares y monumentos enlazados entre sí y eslabonados
sucesivamente conforme á su situación y emplazamiento
respectivo. El viajero que disponga de tiempo suficiente
podrá permanecer ocho días en nuestra ciudad, al cabo
de los cuales, y realizando á itinerario por día,
habrá podido formarse exacta idea de cuanta más
notable encierra Toledo... El que disponga tan solo de una ó
de dos días, hallará en el índice general
alfabético, marcados con un asterisco, los nombres de los
edificios ó departamentos de edificios que por su
excepcional importancia debe en todo caso visitar."
No se crea por lo
dicho que es un trabajo de mera compilación el libro del
vizconde de Palazuelos y que toda su originalidad y mérito
se reducen á la ordenación que se acaba de exponer.
No es sólo al viajero ó al artista que distrae
algunos días ó algunas horas de sus ocupaciones para
recorrer la imperial ciudad, á quien sus notas
históricas y sus interpretaciones epigráficas se
dirigen. Aspiran estas, ó deben aspirar, á distinta
jerarquía de lectores, á los cuales reportarán
seguramente no poca utilidad. El sedentario estudioso
hallará en ellas el jugo que en vano pretendería
sacar el acelerado viajero.
La
epigrafía romana y cristiana se halla representada en este
libro mucho más abundantemente que en los demás que
sobre Toledo se han escrito: la hebrea y la árabe, ramas de
la arqueología española que sólo cultivan muy
contados eruditos, no podían tener cabida en él. El
diligente Palomares, en el siglo pasado, prestó á la
epigrafía toledana señalados servicios, pero no tuvo
imitadores; al promediar nuestro siglo, Amador de los Ríos,
San Román, Quadrado y Parro publicaron no pocas
inscripciones y leyendas de Toledo; pero sobre no haberlas
publicado todas, ó al menos las que por su fecha ó
por su contenido eran realmente importantes, á veces al
leerlas ó interpretarlas incurrieron en errores. El autor de
la presente Guía,
por el contrario, ha concentrado sus esfuerzos y su atención
en la transcripción de las lápidas toledanas, y la
fidelidad con que las ha publicado avalora singularmente su
obra.
Reune esta por lo
tanto, á juicio de la Academia, las dotes que
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exige la legislación vigente de subvenciones por el
Estado para aspirar á que ese Ministerio la proteja,
adquiriendo de ella los ejemplares que estime oportuno.»
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