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J. M. BLÁZQUEZ, R. CONTRERAS, Anexo II. «Esculturas, relieves e inscripciones de Castulo», J. M. BLÁZQUEZ, R. CONTRERAS, J. J. URRUELA, Castulo IV passim. A. DE LA TORRE (Castulo y la Puente Quebrada, Revista Linares, t. I, 12, 1952, p. 4), refiriéndose a la construcción del denominado Puente Quebrada aporta datos acerca del amplio espectro reutilizador de materiales de Castulo: «López Pinto en su Historia Apologética de la muy antiquísima ciudad de Castulo, dice:
| «Levantose un gran puente sobre el Tajo Parnaso (Guadalimar), por Nicolás Nivanio, architecto afamado, digno de memoria; sus obras le fian. Es puente principal, cinco ojos tiene, hermosura demuestra, todo de piedras mayores, labradas a gran costa, traídas de Castulo. Aquí hay inscripciones de cifra romana en forma latina, con grandes follages, cornisas, molduras, figuras superiores, si ya a lo corintho no menos en jónico. Aquí halló Ambrosio de Morales aquella piedra acabada de Uncinus Severus, con título Calcedonensis Fari, que tuvo plaza mayor en medio de Castulo» |
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Excavada por quien firma, desde 1996 a 2000. M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, «El asentamiento romano de Catarroja. Aproximación a su estudio», Espacio, Tiempo y Forma. Área Historia Antigua. Serie II. 10, 1997, pp. 351-374. Id., «La villa romana de Catarroja», Arqueología 205, 1998, pp. 50-55. M. P. GARCÍA-GELABERT, «La villa rústica de Catarroja, Valencia. Planteamiento de su funcionalidad», Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló n.º 20, 1999, pp. 253-265. Id., «La villa rustica romana de Catarroja, Valencia, España. Interconexiones con el Norte de Africa», L'Africa Romana, XIV Convegno Internazionale di Studi «Lo spazio marittimo del Mediterraneo Occidentale: Geografa Storica ed Economia», Sassari 2002. Id., «Alrededor de los alfares de la villa romana de Catarroja», Hispania Antiqva. Scripta Antiqva in Honorem A. Montenegro Duque et J. M.ª Blázquez Martínez, Valladolid 2002, pp. 5 49-559.
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Una breve panorámica de la historia del municipio en M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», pp. 465-475.
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Datos cedidos por D. Pedro García Gómez.
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P. MADOZ, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, VI, Madrid, 1845-50, p. 326.
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M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», p. 568.
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No es propósito de este corto ensayo abordar el complejo problema del origen y el proceso de la posterior anexión por el cristianismo de las decoraciones alegórico-simbólicas, procedentes de otras religiones, de otras culturas, pues sería una faena ardua, que además y sobre todo no tiene cabida en los límites que he marcado. Véase un sólo ejemplo y muy simplificado, que ilustra hacia qué caminos y desviaciones podríamos derivar y no terminar la marcha: las rosáceas, que trato reiteradamente en texto, según F. SENEN (A rosacea: arqueoloxia e simboloxia dunha figura xeometrica, Brigantium 2, 1981, pp. 87-88) tienen un origen primitivo oriental. Opino que la fuente inicial es más complicada que la que indica el autor. Mas tomemos como argumento hipotético dicha procedencia. Con el devenir del tiempo y a través de interrelaciones y préstamos culturales, potenciados por acontecimientos bélicos, políticos y/o por el comercio, o sencillamente por principios intuitivos, etc., las rosáceas se hallarían en las culturas griega, romana, etc. Con respecto a Roma también jugaron su papel, por el camino del sincretismo, las rosáceas de las estelas de las tribus indoeuropeas que sojuzgaron. La andadura de las rosáceas para llegar a las estelas hispanas indoeuropeas es distinto y se significa ligeramente en texto. Este constituiría el inicio de la hipótesis, a continuación sería necesario argumentar todos y cada uno de los puntos, y más y más. Y pudiera ser que no llegáramos a ninguna conclusión válida, porque acaso la plasmación de alguna grafía, como es esta de las rosáceas, no digo que de todas, es más inconsciente que pensada, es más un motivo decorativo inmerso en la estética que en el simbolismo. Realmente se sabe muy poco de las ideas que generaron numerosas formas de expresión, si es que hubo tales ideas, -no lo afirmo tajantemente, ni con respecto a las rosáceas ni con respecto a otros motivos, sino a manera de ejemplo de como se desarrolla una argumentación hipotética-. Siguiendo con las rosáceas, y por mor de elementos decorativos, en el occidente asturiano es muy común la utilización en muebles de rosetas, no sólo hexapétalas, sino de mayor número de pétalos. Y si se pregunta a los carpinteros, artesanos antiguos, no industrializados, contestan que las aplican porque resultan apropiadas para tal o cual mueble, -por lo común arcas, y camas-, que siempre las emplearon. ¿Pervivencias arcaicas con finalidad determinada?, seguro, porque especialmente en las arcas las generaciones que nos precedieron guardaban o bien los objetos más valiosos del ajuar doméstico o bien los alimentos que constituían la dieta ordinaria, sobre todo el pan y la carne. E igualmente es habitual verlas, grabadas, pintadas, en las puertas de las paneras o de los hórreos (que suelen además estar dotados de una cruz en una parte bien visible, como indico más abajo), es decir ambientes donde se almacena parte de la cosecha del año (grano, avellanas, patatas, matanza). En uno u otro caso podría ser que constituyeran signos apotropaicos, tratándose del norte casi por obligación de ascendencia celta, signos que confraternizan con la cruz. Pero también cabe la posibilidad de que signifiquen la promesa del fruto que aporta una flor abierta, la alegría del renacer, de la primavera, o simplemente, sin más, están ahí por el valor estético de las flores.
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Probablemente el complejo religioso de San Juan no tiene nada que ver con la ermita del mismo nombre, salvo que en ésta se utilizaron elementos de obra de aquél, y de que se halla emplazada limítrofe (para información sobre la ermita y su ampliación cf. nota 36, en M. E GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», pp. 572-574). Pero el complejo religioso tiene un alcance intenso y extenso que trasciende el de la ermita, y que en el estado actual de los datos sobre él queda muy oscuro. Se necesitaría una exploración completa sobre el terreno para aclarar su problemática; actualmente, por las perspectivas en superficie, se escapa al conocimiento investigador.
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Casa y aldea en Cantabria. Un estudio sobre la arquitectura del territorio en los valles del Saja-Nansa, Santander, 1991, p. 197.
20
Casa y aldea en Cantabria. Un estudio sobre la arquitectura del territorio en los valles del Saja-Nansa, p. 197.