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M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, Rasines, p. 487.

 

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Fue restaurada recientemente, con motivo de lo cual la ventana carece ya de la argamasa que la cubría. E igual, con anterioridad a la restauración estaba al menos la fachada principal y partes de las restantes encaladas, ahora tienen la piedra vista.

 

23

M. P GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», pp. 488-489.

 

24

M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», p. 488.

 

25

En la actualidad ha sido adaptada para Museo de la Cantería.

 

26

M. P. GARCÍA-GELABERT, M. GARCÍA DÍEZ, P. GARCÍA GÓMEZ, «Rasines», p. 511.

 

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En las estelas de factura romana, que se hallaban empotradas en la ermita de San Sebastián de Gastiain en el Valle de Lana, Navarra, hoy desaparecidas, es un tema recurrente el de los pámpanos y racimos de vid, que son acompañados, en menor número, de esvásticas, rosáceas, creciente lunar e incluso de dos aves picoteando un racimo (J. M. LOIZAGA, F. RELLOSO, Las estelas desaparecidas de época romana documentadas en Navarra, C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internacional de Estelas Funerarias. Actas, vol. 1, (Soria, 1993), Soria, 1994, pp. 239-243, nos. 1-6).

 

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Las espigas se significan en las estelas funerarias, como en una de Clunia, datada entre los siglos I-II, en la que según la descripción de sus investigadores: «el tema ornamental aparece distribuido dentro del semicírculo terminal fragmentado en su parte superior- de la parte alta de la estela y enmarcado por un motivo de espiga. Tiene en el centro una flor de seis pétalos...» (P. DE PALOL, J. VILELLA, «Clunia II. La epigrafía de Clunia», EAE 150, 1987, p. 72, n. 85). También en la estela de Ano Medutino, Torre de San Miguel, San Esteban de Gormaz, con rueda de radios curvos orlada en espiga y discos solares (F. GARCÍA PALOMAR, «Decoración funeraria en la epigrafía celtíbero-romana de San Esteban de Gormaz» (Soria), C. DE LA CASA (ed.), V Congreso Internacional de Estelas Funerarias. Actas, vol. I, p. 326, 4).

 

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Según J. A. PÉREZ RIOJA (Diccionario de símbolos y mitos, Madrid, 1971, pp. 333-334) es emblema de victoria por su resistencia y elasticidad. F MARCO («Las estelas decoradas de los Conventos Caesaraugustano y Cluniense», Caesaraugusta 43-44, 1978, p. 56) es de la opinión que figurada en civilizaciones antiguas con un claro sentido de inmortalidad y triunfo sobre la muerte, formará parte después de la simbología de la religión cristiana.

 

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Esta planta trepadora es tomada por los celtas como alusiva a la inmortalidad, al renacimiento, al conocimiento, por no ser caducifolia, y extenderse hacia todos los lados y hacia arriba. La hiedra es tradición en pueblos del occidente asturiano, por ejemplo en el de Riocastiello en el Concejo de Tineo, que compusiera las coronas que acompañaban al féretro del difunto al ser transportado hacia el cementerio, coronas que luego de celebrarse la inhumación se depositaban sobre la sepultura.

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