21
El argumento es este: Milord Duque, importante personaje de la corte de Enrique VIII, quiere seducir a Adela, alumna del colegio de Tonnington. Para que salga del colegio decide casarla (ayudado por la tutora de Adela) con un joven protegido suyo, sir Love. El seductor consigue que asciendan a coronel a sir Love y que reciba la orden de partir inmediatamente después de la ceremonia nupcial, antes de que pueda consumarse el matrimonio. El malvado fuerza a la recién casada. Un amigo informa al marido de su deshonra; este regresa y encuentra a Adela en estado de locura, recluida en su antiguo colegio. Reconoce a su esposo en un momento de lucidez y muere en sus brazos.
22
Apud Sánchez Estevan. 259-261.
23
Cf., Sánchez Esteban, 261-263.
24
En cuanto a las relaciones de Larra con Grimaldi, director artístico de la nueva empresa, nuevamente salieron a relucir dos años más tarde, en octubre de 1836, en circunstancias muy críticas que a F. C. Tarr le parecían semejantes a las del verano de 1934 (art. cit., 106). Véase del mismo autor «Reconstruction of a decisive period in Larra’s life (May-November, 1836)», (HR, 5, 1937, 1-24). En una carta dirigida al editor del Castellano explica Larra, retrospectivamente, sus relaciones con el empresario: «Como parece que al llamarme amigo del señor Grimaldi en un artículo en que a éste se le denigra se me quiere hacer agravios, hago presente a usted que mis relaciones con el señor Grimaldi han sido siempre puramente teatrales, al teatro debieron su origen; como director de escena le he debido no pocas atenciones: a él le debí que mis primeros ensayos, buenos o malos, viesen la luz, y que el drama titulado Macías, al que yo daba toda la importancia que un autor da a sus obras, fuese representado y ensayado con esmero singular. De estas atenciones nació esa amistad, amistad que nada tiene que ver con la política, en la cual me considero harto poco importante para mezclar en ella mis intereses o los actos de mi vida. La política sincera no impedirá ser agradecido» (apud C. 45 BURGOS, op. cit., p. 191). Cuando Larra escribió estas líneas hacía poco que, a consecuencia del levantamiento de la Granja, había visto anulada su acta de diputado por Ávila, antes de tomar posesión. Se había presentado a las elecciones como candidato gubernamental del ministerio moderado de Istúriz y, ahora, con los progresistas en el poder, se ve obligado a defender su liberalismo al reconocer su amistad con Grimaldi.
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Así resume el crítico norteamericano (art. cit., p. 103) las condiciones personales (profesionales, familiares, amorosas) y públicas (políticas y sociales) en que se desenvuelve la vida de Larra en aquel fatídico verano: «In the summer of 1834 there begins a series of complications which lead directly to the crisis of the winter of 1834-35 and the fuga of the following spring. Although the concrete details are in many instances lacking, the general picture seems clear enough. The high hopes which he, in common with many Liberals, had placed in María Cristina and in Martínez de la Rosa changed to bitter disappointment and open hostility. The liberal cause seemed seriously menaced not only by the victorious Carlists in the North, but by the government at home. An epidemic of cholera ravaged the capital, all social life was suspended, and even the theatres came within an ace of being closed. He is separated from his wife, Dolores has fled Madrid, and the only bright spot to relieve the gloom and the boredom was the opera singer Giuditta Grisi». Sigue fragmento cit. supra, nota 8.
26
Véase P. L. ULLMAN, op. cit. Por ejemplo, en el último artículo dedicado a la Grisi, el 20 de septiembre, sobre la representación de la ópera de Bellini, La Straniera, el párrafo inicial se refería tanto a la cantante como a la política de Martínez de la Rosa: «El saber dejar el campo oportunamente es hacer eterna e inviolable para siempre la fama adquirida; el querer consolidarla cuando no puede ir más allá en guerra, en política, en literatura, en artes, es el cuento del que estando bueno se murió por querer estar mejor» (I, 440a).
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«Teatros» (II, 157-160) y «Teatros y algo más» (II, 201-203). En el segundo artículo, Larra considera que «si en punto a decoraciones y comedias [la empresa] supo oportunamente abrir la mano, la cerró en cuanto a actores, y a cambio de economías casi insignificantes, no vaciló en deshacerse de algunos utilísimos». Se refiere, entre otros, a Antera Baus, Samaniego y Bravo, Noren, Montaño y Valero (201b-202a).
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Sobre las dificultades de la empresa en el verano de 1834, causadas por el cólera morbo y la falta de protección por parte del Gobierno, véase el artículo «Teatros» en RE, núm. 286, 1º de agosto de 1834.
29
Parte de este trabajo se basa en investigaciones que pude llevar a cabo en la Biblioteca Nacional y en la Hemeroteca Municipal de Madrid, gracias a la generosa ayuda económica del Canada Council al que expreso aquí mi agradecimiento.