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Su nombre completo y real era Luis José Zaccharia Velázquez Arra, según consta en su certificado de bautismo. La concesión del marquesado, que se debió al rey Carlos III, la obtuvo y cedió en favor de su padre, por lo que fue segundo marqués. El señorío de Valdeflores era más antiguo, él ocupó el número duodécimo, en 1755. Estos datos, como otros varios que citaré más adelante, proceden de un pequeño librito sobre su vida: J. MATHIAS, El marqués de Valdeflores. Su vida, su obra, su tiempo, Madrid, 1959.

 

2

Un extracto de las primeras actividades de la Academia en este sentido en Memorias de la Real Academia de la Historia, vol. I, Madrid, 1796. Lo referente a las actividades de Velázquez, muy resumido, en pp. XXXVII ss.

 

3

Sobre su figura en general, v. por ej. J. SEMPERE Y GUARINOS, Ensayos de una biblioteca española de los mejores escritores del reynado de Carlos III, Madrid, 1785, t. I, 233 ss.; A. de GÓNGORA, El P. Andrés Marcos Burriel, polígrafo del siglo XVIII, Jerez, 1906; A. MILLARES CARLO, «El siglo XVIII español y los intentos de formación de un corpus diplomático», con información interesante también sobre el P. Flórez, Pérez Bàyer y otros investigadores de la época. Cf. para estos trabajos en general, J. SARRAILH, La España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, México, 1958 (trad. de L'Espagne éclairée de la seconde moitié du XVIII e siècle, París, 1954), espec. 576 ss. Cf. también aquí nuestra nota siguiente y, últimamente, A. ECHÁNOVE, La preparación intelectual del P. Andrés Marcos Burriel, S. J. (1731-1750), Madrid, 1971.

 

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A raíz de la llegada a España, con el mensaje del Papa Benedicto XIV, del Cardenal Portocarrero. Cf.Cf. F. AGUILAR PIÑAL, «La cultura en el reinado de Fernando VI», La época de Fernando VI (Ponencias leídas en el Coloquio conmemorativo de los 25 años de la fundación de la cátedra Feijoo), Oviedo, 1981, 297 ss., espec. 308. Este autor refiere algunos de los investigadores que fueron enviados con tal motivo a distintas ciudades españolas, singularmente Toledo, en donde trabajaron Pérez Bàyer y el propio Burriel. Con más detalle, en J. SIMÓN DÍAZ, «Un erudito español: el P. Andrés Marcos Burriel», Revista Bibliográfica y Documental, 3, 1949, 5 ss. y «El reconocimiento de los archivos españoles en 1750-56», ibid. 4, 1950, 131 ss.

 

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El mismo nombre recupera D. Manuel Abellà y Fuertes cuando, casi 50 años después, en 1795, propone a Godoy la formación, por fin, de la colección diplomática de España. En su plan de trabajo hacía, a modo de introducción, una breve historia de los sucesivos intentos para coronar este empeño: M. ABELLÁ, Noticia y plan de un viaje literario para recorrer los archivos y formar una colección diplomática de España, Madrid, 1795, 23 ss. Sobre el marqués de Valdeflores, 25 ss.

 

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Para una panorámica general de estos aspectos de su reinado, cf., por ejemplo, G. STIFFONI et al., La época de los primeros Borbones II: La cultura española entre el Barroco y la Ilustración (circa 1680-1759), en Historia de España de Menéndez Pidal, Madrid, 1985.

 

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L. GIL, Campomanes, un helenista en el poder, Madrid, 1976 (p. 23: «... había llegado el momento de hacer el inventario de nuestros archivos y bibliotecas, de reeditar las obras de nuestros humanistas, de dar a la imprenta los escritos -como el del marqués de Mondéjar- que permanecían inéditos...»).

 

8

De las décadas anteriores puede servir como ejemplo la correspondencia de G. Mayans y Siscar, quejándose, entre otras causas de pobreza intelectual, de los «estragos pedagógicos», como les llama L. Gil, de los jesuitas. Cf. la edición de A. MESTRE: Gregorio Mayans y Siscar. Epistolario. III: Mayans y Martí, Valencia, 1973 y L. Gil, op. cit., 17 ss., recordando excepciones tan demoledoras como las del editor de Malpighi al hablar de los grandes progresos de las ciencias en Europa: «... praeter Hispanos, Lusitanos et Moscovitas, qui adhuc in tenebris versantur...». Para Mayans, según L. Gil, la envidia y la ignorancia eran (¿son? ) las dos mayores plagas de España.

 

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Sólo recordaré, de esta primera etapa de Campomanes, sus obras Disertaciones históricas de la Orden y Caballería de los Templarios (Madrid, 1747) y la que más impacto causó en su época, Antigüedad marítima de la República de Cartago, con el periplo de su general Hannón, Madrid, 1756.

 

10

L. GIL, op. cit., 36 y 37, quien sugiere que la relación pudo venir a través del también académico J. Carbonell, contertulio de Valdeflores en la «Asamblea Literaria» de Jorge Juan, en Cádiz. Por otra parte, de entre 1751 y 1755 datan las tres estancias de Campomanes en El Escorial, para el estudio de códices, con destino a una cronología de España. La primera le valió, según L. Gil, su ascenso a académico supernumerario (ibid., 40).

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