Una interpretación crítica
Ricardo Gullón
Maurice-Edgar Coindreau, el traductor francés de William Faulkner, ha escrito para su versión de Las palmeras salvajes un prólogo sagaz, en el que propone una aceptable interpretación de los problemas planteados por la reunión en esta obra de dos narraciones totalmente independientes. Como es sabido, se reúnen en ella dos novelas sin nexo aparente: Las palmeras salvajes y El viejo, los capítulos de las cuales se insertaron mezclados, alternando uno de la primera historia con otro de la segunda. La lectura hacíase así más complicada. En ediciones recientes -como, por ejemplo, en los populares Signet Books- las narraciones imprimiéronse ya por separado, como si el autor quisiera dar a entender que las consideraba del todo autónomas, pero Coindreau nos previene contra esta sugerencia.
Malcom Cowley, antólogo de Faulkner, no veía en la reunión de las dos narraciones más que un efecto de contraste, pues el protagonista de Las palmeras sacrifica todo a la libertad y al amor y pierde una y otro, mientras que el de El viejo lo sacrifica todo también para escapar al amor y a la libertad, y encuentra en el presidio la paz sin ellos que buscaba. Irving Howe, también especialista faulkneriano, ha subrayado estas coincidencias: cada historia parte de una evasión para acabar en una prisión; en los dos casos lo libertad es imposible. Y ahora Coindreau señala, entre otras, las siguientes: el aire y el agua forman parte integrante de ambos relatos, y los elementos aparecen desencadenados, participando activamente en la acción; en los dos ésta se encadena en torno a una mujer embarazada, y aquí el moralismo de Faulkner destaca con toda transparencia: la que se esfuerza en suprimir la vida en embrión, aun asistida por todos los recursos de la ciencia, pagará con la vida, mientras que el parto de la otra, realizado en las peores condiciones imaginables, no ocasiona ninguna complicación. El escritor francés concluye dando unas explicaciones muy agudas respecto al valor simbólico que la inundación tiene en el segundo de los entrecruzados relatos.