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1

La estancia de Coetanfao en Aranjuez se produjo dentro del período en que la Corte estaba de «jornada» en el Real Sitio, lo que sucedía todos los años por primavera, con permanencias particularmente largas en el caso de Carlos IV y María Luisa, muy aficionados al lugar (véase Á. Ortiz Córdoba, Aldea, Sitio, Pueblo. Aranjuez, 1750-1841, Aranjuez, Doce Calles, 1992, pp. 29-34). En el año de 1791, en concreto, la Corte se había trasladado a Aranjuez el sábado 2 de abril, y estuvo allí hasta el lunes 4 de julio; así consta en Gazeta de Madrid, martes 5 de abril de 1791, p. 239, y martes 5 de julio, p. 455.

 

2

Cita sincopada de tractant fabrilia fabri (Horacio, Epístolas 2, 1, 116), «de la artesanía se ocupan los artesanos». (Como, en español, zapatero, a tus zapatos.)

 

3

La Botica Real de Aranjuez existía desde 1614, y su titular era, desde 1788, el conocido botánico y farmacéutico D. Casimiro Gómez Ortega, notable acaparador de cargos y prebendas: Catedrático del Jardín Botánico, Director del Colegio de Boticarios, Boticario Mayor, propietario de una botica en Madrid, etc. No es de extrañar que, en esas circunstancias, Gómez Ortega solicitase no servir la Botica de Aranjuez personalmente, sino por medio de un regente, lo que se le concedió. No podemos saber, por tanto, si en mayo de 1791 se encontraría o no D. Casimiro en Aranjuez con la Corte, ni si sería el «amigo» al que Coetanfao se refiere, pero no lo considero muy probable, pues, tratándose de personaje tan conocido, hubiera sido más lógico que lo mencionase ante Cienfuegos por su nombre. Véase, sobre Gómez Ortega, el fundamental estudio de F. J. Puerto Sarmiento Ciencia de cámara. Casimiro Gómez Ortega (1741-1818), el científico cortesano, Madrid, CSIC, 1992, especialmente pp. 120-131; y sobre la Botica del Rey en Aranjuez J. L. Valverde, M.ª C. Sánchez Téllez y M.ª A. González Gómez La Botica del Real Sitio de Aranjuez, Granada, Universidad de Granada, 1979, y M.ª E. Alegre Pérez, «Historia de la Botica del Palacio Real de Aranjuez», Reales Sitios, n.º 75 (1983), pp. 11-16.

 

4

guyarme: guiarme.

 

5

«Carece el Sitio de aguas dulces y blandas para beber...», escribe Juan Antonio Álvarez de Quindós en su Descripción histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez, Madrid, 1804, p. 244.

 

6

El uso de sulfate en vez de sulfato no es galicismo exclusivo de Coetanfao; a la hora de adoptar la nueva nomenclatura química, vaciló la lengua española entre las formas afrancesadas en -e, propuestas por Pedro Gutiérrez Bueno en 1788, y las formas con «la terminación en O», que, como con buen sentido idiomático razona en el mismo año otro científico, Trino Antonio Porcel y Aguirre, «conviene más con el índole [sic] de nuestra lengua»; vid. R. Gago y J. L. Carrillo, La introducción de la nueva nomenclatura química y el rechazo de la teoría de la acidez de Lavoisier en España. Edición facsímil de las Reflexiones sobre la nueva nomenclatura química (Madrid, 1788) de Juan Manuel de Aréjula, Málaga, Universidad de Málaga, 1979, págs. 25 y 34 de la «Introducción».

 

7

calezín: calesín, variedad de calesa.

 

8

girable: endosable, como lo son las letras de cambio; no tengo constancia del uso de este adjetivo en el léxico dieciochesco del comercio (no figura en J. Gómez de Enterría, Voces de la economía y el comercio en el español del siglo XVIII, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 1996), pero téngase en cuenta que girar era, «entre los hombres de negocios», «remitir las letras de unas partes a otras, poniéndolas las contentas y ajustando sus cambios» ( Autoridades), y que en italiano es corriente girabile aplicado a las letras o títulos de crédito. Coetanfao subraya la palabra, consciente de su novedad o rareza.

 

9

Mariano Luis de Urquijo (1768-1817), traductor por estas fechas de Voltaire (La muerte de César, 1791, que le acarreó problemas con la Inquisición) y, poco después, gracias a la protección de Aranda, político de carrera ascendente: llegó a ocupar la primera Secretaría de Estado entre 1798 y 1800.

 

10

Palabra de lectura dudosa: ¿«turuti»?, ¿«turuli»?, ¿«turuh»?; no sé, en cualquier caso, cómo interpretarla.

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