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Como es sabido, la invención del globo aerostático por los hermanos Montgolfier en 1783 marca el inicio de la incesante sucesión de experiencias de navegación aérea que desde entonces tuvieron lugar por toda Europa, con enorme expectación de las gentes. Aranjuez fue, precisamente, escenario de algunas de las que más tempranamente se celebraron en España, y en concreto de la que varios autores consideran la primera de un globo tripulado en nuestro país: tuvo lugar el 6 de junio (otras fuentes indican el 5) de 1784, en el Real Sitio, y estuvo a punto de costarle la vida al aeronauta, un francés llamado Charles Bouche; vid. I. Vallès i Rovira, La màgia del vol. Primeres proves aerostàtiques a Catalunya, València i Castella al final del segle XVIII, Barcelona, Alta Fulla, 1985, y p. Demerson, «L'Espagne et les premières «machines aérostatiques» (1783-1787)», Mélanges offerts à Paul Guinard, París, Éditions Hispaniques, 1991, II, pp. 55-67. En el Museo del Prado puede verse un famoso cuadro de Antonio Carnicero que plasma, probablemente, esa ascensión, aunque durante bastante tiempo se creyó que la que representaba era la bien conocida del italiano Vicente Lunardi, en el Retiro, el 12 de agosto de 1792 (cf. Museo del Prado. Catálogo de pinturas, Madrid, 1985, p. 124). Vallès (p. 84) afirma que entre el intento de Bouche en 1784 y la llegada de Lunardi a Madrid en 1792 no hay noticias de la actuación de nuevos aeronautas en España; podría matizarse esa afirmación con el recuerdo de un curioso festejo en Plasencia (4 de noviembre de 1787) que incluyó la elevación de un globo no tripulado (Demerson, p. 65), y sobre todo con la noticia que nos suministra esta carta de Coetanfao: un aeronauta llamado Bartelli (de nuevo un extranjero, como se ve) se disponía, por mayo-junio de 1791, a «echar» un globo en Aranjuez, con él en su interior sin duda (nótese lo de «areonautae»); lo que no sabemos es si el «echamiento» llegó a producirse. Aún podemos añadir a la historia de estos balbuceos de la aerostación en España otro dato desconocido: el 16 de junio de 1792 un globo «se entregó a los vientos en el Real Sitio de Aranjuez»; así lo expresa el sargento de inválidos don José del Villar, al pedir licencia para imprimir un romance que ha compuesto con tal motivo (AHN, Consejos 50686).

 

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El 30 de mayo. San Fernando era el «Santo titular» el Real Sitio (vid. E. Tormo y Monzó, Aranjuez, Madrid, Patronato Nacional del Turismo, s. a., p. 15).

 

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Palabra de lectura dudosa.

 

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culón: según la Academia, «soldado inválido»; F. Ruiz Morcuende (Vocabulario de D. Leandro Fernández de Moratín, Madrid, 1945, s. v.) define «soldado veterano que prestaba servicios públicos de vigilancia y policía», y cita tres textos: uno de Moratín, otro de González del Castillo y un tercero de la Guía de Madrid (1876) de Ángel Fernández de los Ríos, que confirma esa definición: «Desde el año 8 en que, como dice Galiano, quedaron disueltos los veteranos, a quienes el público puso el apodo de culones, ha habido los celadores de policía del antiguo régimen».

 

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Continúa el juego con los nombres caballerescos: Felixmarte (o Florismarte) de Hircania aparece varias veces en el Quijote (I, 6, 13, 32, etc.). Lo de Carambolibinche será invento de Coetanfao, pero recuerda algo al gigante Caraculiambro (I, 1, p. 39) y a Brandabarbarán de Boliche (I, 18, p. 177).

 

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El día de la Ascensión de 1791 fue el 2 de junio.

 

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Salmos 94 (95), 6: Venite, adoremus, et procidamus, «venid, adoremos y prosternémonos».

 

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Comedia de Aristófanes, que más adelante (1794) traduciría al español Estala.

 

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«Venid, bebamos juntos».

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