71
Véase supra, carta 3, nota 7.
72
El camino o calle de Toledo arranca de la explanada situada ante la fachada principal del Palacio.
73
Según el
diccionario de la Academia, gilito «dícese del fraile franciscano descalzo
del convento de San Gil, que existió en Madrid»
,
que estaba situado cerca del Real Alcázar y que
desapareció en tiempos de José Bonaparte (mucho
antes, por cierto, y no sin paradoja, de que la palabra en
cuestión ingresara en el léxico académico,
cosa que no ocurrió hasta 1925). Puesto que no había
en Aranjuez ninguna iglesia consagrada a San Gil, esta «de
los Gilitos» no puede ser otra que la del convento de San
Pascual Bailón, construido en la villa durante el reinado de
Carlos III por iniciativa de este y encomendado a la misma orden,
la de los franciscanos de San Pedro de Alcántara, que lo
estaba desde 1606 aquel convento madrileño (cf. Álvarez de Quindós,
p. 258, y J. A. Álvarez y
Baena, Compendio histórico de las grandezas de la
coronada villa de Madrid, Madrid, 1786, p. 139). Coetanfao extiende, pues, la jocosa
denominación, gilitos, a cualesquiera frailes de la
orden.
74
«contra los rayos de los pesados», en latín macarrónico.
75
El texto de esta
receta jocosa, escrita en el latín oficinal de los
boticarios, puede traducirse así: «Tómese: Polvo finísimo de
estiércol de cerdo, 1 libra; agua fuerte concentrada, 2
libras y media; piedra infernal y cáustica, 7 onzas de cada
una; mercurio sublimado corrosivo, media libra. Hágase un
enema según prescribe el arte, y dáselo a Parada, que
se lo ponga por el ano, y se convertirá de inmediato en el
más ligero de los hombres»
. Todos los ingredientes
mencionados figuran como usuales en una farmacopea de la
época, la Palestra farmacéutica
chímico-galénica de Félix Palacios
(Madrid, 1778; vid. pp.
123a, 556a, 623b y 631; de esta misma
obra, cuya primera edición se remonta a 1706, me he servido
para la interpretación de las abreviaturas, p. 180); pero, obviamente, su
combinación en un enema era disparatada, por explosiva.
76
En el texto, «natioralista».
77
En un muy documentado trabajo, «Antiguas salinas de la comarca de Aranjuez», Estudios geográficos, XLIV, 172-3 (1983), pp. 339-370, A. López Gómez y F. Arroyo Ilera han rastreado la existencia de hasta una docena de salinas en la comarca del Real Sitio. Las margas yesíferas del mioceno castellano abundan en sales sódicas, de las cuales se cargan con frecuencia las aguas de los manantiales; depositadas esas aguas en balsas, se obtiene la sal por cristalización. De las salinas más cercanas a la localidad de Aranjuez, las dos más importantes eran la de Alpajés y la de Peralejos, esta última todavía activa (no así la primera) en 1804, cuando escribe Álvarez de Quindós (p. 126).
78
En el texto, «color».
79
Se evoca aquí un pasaje de Il pastor fido, tragicomedia pastoril de Battista Guarini que fue reiteradamente impresa y representada en toda Europa desde su primera edición (1590) y estreno (1595). Se trata de la escena VI del acto II: la malvada Corisca discute y pelea con un sátiro que la pretende -al que se refiere, en efecto, como «mezz' uomo e mezzo capra, e tutto bestia» (ed. Florencia, 1866, p. 119)-, que la tiene agarrada por la cabeza; cuando Corisca consigue zafarse, el sátiro cree que se ha quedado con la cabeza en la mano y que el resto del cuerpo ha salido corriendo, y empieza a llamar a gritos a las ninfas y pastores para que vean el prodigio; pero pronto se da cuenta de que lo que tiene entre las manos es solo una cabellera falsa, una peluca.
80
«del Tajo»; en el texto, «tujunas».