1
En la biografía de Teodoro Andreu, al que veremos más adelante, se cuenta cómo con el fin de librarse del servicio militar que le correspondía hacer en Cuba, se dedicó a pintar y vender apuntes de flores y frutas. La pertenencia a la plantilla de ilustradores de revistas fue para muchos, sin duda, una grata manera de subsistir.
2
Javier Serrano en su estudio sobre los cuentos de Valle-Inclán especifica: «será en el periodo 1891-1897 cuando, esencialmente, Valle-Inclán se convierte en escritor profesional, con sus primeras publicaciones en Madrid»
(Serrano 15).
3
En un «Palique» aparecido en Madrid Cómico (25 de septiembre de 1897), tras una dura crítica a la colección de relatos Epitalamio, no deja por eso de admitir que «el autor tiene imaginación, es capaz de llegar a tener estilo, no es un cualquiera» y remata el artículo calificándolo de «muchacho extraviado pero franco, decidor, de fantasía». Valle responde (tras una carta suya y subsiguiente respuesta de Alas desde El Heraldo, el 18 de octubre): «un poco de justicia administrada por usted, puede ser más agradable que el bombo anónimo de los periódicos o los elogios de Burell» (Hormigón 474).
4
Ángel Díaz Huertas (Córdoba 1866-Dos Hermanas (Sevilla) 1937). Estudió en la escuela Superior de Bellas Artes de Madrid. Asistió también a las clases de dibujo del Círculo de Bellas Artes. Sus primeros trabajos fueron para La Ilustración Española y Americana, La Esfera, La Ilustración Ibérica. Su nombre está unido al del semanario madrileño Blanco y Negro desde el nacimiento de este, puesto que él dibuja la primera portada, el 10 de mayo de 1891. Siguió colaborando con él hasta 1935. Se caracterizó por los retratos costumbristas de gran naturalidad y colorido. Nunca abandonó la pintura, pero su prestigio se consolidó gracias a su labor como ilustrador. «Dibujante "por la gracia de Dios", sus estampas viven, palpitan en verdad exacta, realizada por un arte suelto, de síntesis lineal, sin arbitrariedad»
(Francés 17).
5
Teodoro Andreu Sentemans (Alcira 1870-Valencia 1935). Pintor y artista gráfico. Discípulo de Joaquín Sorolla desde 1889, fue fiel seguidor del luminismo impresionista de su maestro y reconocido por su dominio de esta técnica. Estudió en Madrid, primero en la escuela El Fomento de las Artes y luego en la Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Vivió en diversas partes de España: Bilbao, Cádiz, Santiago. Pasó también temporadas en París y en Londres. En 1925 fue nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Valencia. Su última exposición la celebró en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes en 1933. Como ilustrador fue uno de los más asiduos en la revista Apuntes, donde colaboró en prácticamente los 50 números que la publicación alcanzó.
6
Lilí reaparece en una nueva versión de «La feria de Sancti Spíritus», aparecida en La Nación de Buenos Aires en 1899 con el título «Lilí». También en 1901, en La Correspondencia de España, se titulará «Tierra Caliente (Lilí)».
7
Salvo la correspondiente al número 41, de 27 de diciembre, firmada por Emilia Pardo Bazán. Se trata de un relato de título «Episodio», el único de la escritora localizado en Cuba. He rescatado este relato olvidado en el volumen LXXXVI del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo.
8
Félix de la Torre, propietario y director artístico de Apuntes publica en 1898 un folleto titulado: «Apuntes acerca de la guerra de Estados Unidos de América con España», cuya impresión efectuada en Buenos Aires, firmada con un seudónimo, ERROT ALEDXILEF, que no es otro que el nombre invertido y una nota final que incita a su difusión «entre las personas de recto criterio», hacen pensar en un interés por el tema cubano que supera el mero de la actualidad, así como una posición ante el conflicto que diverge de la mantenida por las autoridades.
9
«... se da por hecho que residió en la provincia de Matanzas, más concretamente, en el ingenio San Nicolás, propiedad de la familia González de Mendoza [...], posiblemente en la primavera de 1893, [...], el periodo de permanencia en Matanzas habría que situarlo entre mediados de marzo y mediados de abril, y difícilmente excedería de un mes»
(Santos, Valle-Inclán y la prensa... 220-21).
10
En su pormenorizado estudio sobre este cuento, Margarita Santos Zas, además de rastrear huellas cubanas en esta y otras obras valleinclanianas, califica este relato de «precoz esbozo del mencionado sincretismo americano que se reconoce distintivo del Valle-Inclán posterior»
(Santos, Valle y Cuba... 528), ya que, a lo largo del relato «combina elementos inequívocamente cubanos con otros mexicanos, además de aquellos que cabe calificar de ambivalentes»
(Santos, Valle y Cuba... 530), por lo que concluye afirmando que «La feria de Sancti Spíritus» «permite vislumbrar la idea sintetizadora de los hispanoamericano, y de este modo quizá haya que considerar este relato el antecedente más lejano de Tirano Banderas»
(Santos, Valle y Cuba... 534).