1
Poesías del Solitario, dadas a luz por don Serafín E[stébanez] Calderón, abogado de los Reales Consejos, Madrid, Imprenta Aguado, 1831. Años más tarde Cánovas del Castillo reúne todo este material poético y le añade nuevas aportaciones líricas publicadas en la prensa periódica. Dicho trabajo se titula Poesías de don Serafín Estébanez Calderón, Madrid, Pérez Dubrull, «Colección de Escritores Castellanos», 1883. Jorge Campos en su edición Vida y obra de D. Serafín Estébanez Calderón «El Solitario», Madrid, Ediciones Atlas, Biblioteca de Autores Españoles, 1955, incluye un apéndice en el que figuran diversas composiciones poéticas incluidas en el libro editado por Cánovas y otras publicadas en la prensa periódica del momento. Campos tiene en cuenta las variantes existentes entre los borradores que manejó Cánovas y lo hallado por él en los periódicos La América, Boletín de Comercio, Cartas Españolas, Correo Literario y Mercantil, El Correo Nacional, El Corresponsal, El Diario de la Administración, Diario Español, Político y Liberal, El Eco del Comercio, Escenas Contemporáneas, El Español, El Heraldo, La Ilustración, El Laberinto, Liceo Artístico y Literario, La Lira Andaluza, Mundo Pintoresco, No me olvides, Nosotros, El Panorama, El Pensamiento, Revista Española, Revista de Teatros, Revista Militar, Semanario Pintoresco Español, El Siglo Pintoresco y El Tiempo. A esta relación de periódicos puede unirse los citados más detalladamente en ediciones de las obras de Espronceda (Madrid, BAE, 1954) y Gil y Carrasco [Madrid, BAE, 1945] llevadas a cabo por el propio J. Campos: El Artista, El Castellano, La Crónica, El Espectador, El Huracán, El Iris, La Legalidad, Museo Artístico y Literario, Ocio de españoles emigrados, El Piloto, La Revista Nacional, El Siglo y El Sol.
2
José Escobar y Joaquín Álvarez Barrientos (eds.), Ramón de Mesonero Romanos, Memorias de un setentón, Madrid, Castalia-Comunidad de Madrid, 1994. Mesonero Romanos tras analizar las colaboraciones de Estébanez Calderón en Cartas Españolas se refiere a su «lenguaje macareno y de germanía», propio y característico de los escritores clásicos, pues su obra está escrita con «una gracia y desenfado tales, que pudieran adoptar y firmar como suyos un Cervantes o un Quevedo -si bien el extremado sabor clásico y anticuado que pudo dar a sus preciosos bocetos el erudito Solitario, perjudicaba a éstos para adquirir popularidad, por no poder ser apreciado en lo que valía por la masa comúnquevedescos, ora el plácido y grave de los de Góngora y Meléndez. Conservan, sin embargo, estas imitaciones, como huellas de un pecado de origen, la falta de carácter personal y la dureza de la forma», en Literatura Española en el Siglo XIX, Madrid, Sáenz de Jubera Hermanos Editores, 1910, II, pp. 139-140.
3
J. Campos, op. cit., p. 87. En una posterior ocasión El Solitario volverá de nuevo a satirizar a Gallardo, en el no menos célebre soneto Al mismo: «Traga-infolios, engulle-librerías, / desvalija-papeles, mariscante, / pescador, ratonzuelo, marenate, / Barbarroja y Dragut de nuestros días. / Más vejete que el viejo Matatías, / Murcia-murciando va el mundo adelante, / de bibliotecas es el coco andante, /capeador, incansable en correrías. / Harto de hormiguear a troche y moche / y de hundir lo que birla desde mozo / en su cueva, insondable cual abismo, / en sueños se levanta a media noche, / coge sus libros y los echa al pozo, / por garfiar, garfiña hasta a sí mismo»
, ibíd., p. 87. Dicha composición aparece inserta por Castro en uno de los folletos satíricos contra Gallardo, Aventuras del iracundo Biblio-pirata don Bartolomé-mico Gallardete. Piratería libresca que ya fue señalada por Cánovas del Castillo, protagonizada en esta ocasión por Serafín Estébanez Calderón, pues tal como apunta el propio Cánovas ni su propio sobrino tan adinerado y pudiente, se libró de esta acusación. Cfr. Antonio Cánovas del Castillo, El Solitario y su tiempo, Madrid, Colección Escritores Castellanos, 1883. Con razón señala Andrenio que «Gallardo no monopolizaba esta fama. La acusación de esta especie de piratería libresca fue general entre los eruditos de la época. Gallardo mismo acusa a Durán de haber salteado la Biblioteca Nacional, jugando del vocablo con el apellido de aquel benemérito literato, a quien llama reiteradamente con sorna "el Bibliotecario Gato-Durán". Estébanez Calderón [...] no se libró de sátiras semejantes»
, en De Gallardo a Unamuno, Madrid, Editorial Mundo Latino, 1926, pp. 50-51.