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ArribaAbajoLibro II


289 Querémosvos un otro          libriello comenzar,
e de los sus miraglos          algunos regunzar,
los que Dios en su vida          quiso por él mostrar;
cuyos joglares somos,          él nos deñe guiar.

290 Una mujier de Castro,          el que dicen Cisneros,
María habié nomne          de los días primeros,
vistió sus buenos paños,          aguisó sus dineros,
ixió pora mercado          con otros compañeros.

291 Alegre e bien sana          metiose en carrera,
no lo sé bien si iba          de pie o caballera,
enfermó adesoras          de tan fiera manera
que se fizo tan dura          como una madera.

292 Perdió ambos los piedes,          non se podié mover,
los dedos de las manos          no los podié tender,
los ojos tan turbados          que non podié veer,
ningunos de los miembros          non habién su poder.

293 habié de su estado          demudada la boca,
fablaba de la lengua          mucha palabra loca;
nin mandado nin parte          non sabié de su toca,
habién los compañeros          grand rencura, non poca.

294 Com habié ojos feos,          la boca habié tuerta,
cualquiere de los brazos          tal como verga tuerta,
non podrié del fogar          exir fasta la puerta,
todos sus bienquerientes          querriénla veer muerta.

295 habién cueita e duelo          todos sus conoscientes,
non sabién quel ficiesen          amigos nin parientes;
metió en esa cosa          uno cual que fo mientes,
que non guarrié la dueña          por emplastos calientes.

296 Asmó que la levasen          al sancto confesor,
al natural de Cañas,          de Silos morador,
elli cuand la vidiese          habrié d'ella dolor,
ganarli yé salud          de Dios nuestro Señor.

297 Semejolis a todos          que buen consejo era,
prisiéronla en hombros,          entraron en carrera;
oras tornaba verde,          oras tal como cera,
ca eran los dolores          non de una manera.

298 Leváronla a Silos          la enferma lazrada,
fo delante la puerta          del confesor echada;
non semejaba viva          mas que era pasada,
era de la su vida          la gent desfeüzada.

299 El confesor precioso          de los fechos cabdales,
ligero e alegre          por en cosas atales,
ixió luego a ellos          fuera por los corrales,
mandolis que entrasen          dentro a los hostales.

300 Mandó los hostaleros          de los homnes pensar,
comieron queque era,          o cena o yantar;
entró él a la glesia          al Criador rogar,
por a la paralítica          salut li acabdar.

301 Cató al crucifijo,          dijo: «Aÿ, Señor,
que de cielo e tierra          eres emperador,
que a Adam casesti          con Eva su ujor,
a esta buena femna          quítala d'est dolor.

302 Deque a esta casa          viva es aplegada,
Señor, mercet te clamo          que torne mejorada;
que esta su compaña          que anda tan lazrada
al torno d'est embargo          sea desembargada.

303 Estos sus compañeros          que andan tan lazrados,
que sieden desmarridos,          dolientes e cansados,
entiendan la tu gracia,          ond sean confortados,
e lauden el tu nomne,          alegres e pagados.»

304 Por confortar los homnes          el anviso varón
abrevïó, non quiso          fer luenga oración,
exió luego a ellos,          diolis la refectión,
diolis pronunciamiento          de gran consolación.

305 «Amigos, -diz- roguemos          todos de corazón
a Dios por esta dueña          que yaz en tal presón,
que li tome su seso,          deli su visïón,
que pierda esta cueta,          finque sin lesïón.»

306 El clamor fo devoto          a todo su poder,
fo de Dios exaudido,          hobo d'ello placer;
abrió ella los ojos          e pidió a beber,
plogo mucho a todos          más que con grand haber.

307 Mandó el sancto padre          que trasquiesen del vino,
mandó que calentasen          d'ello en un catino;
bendíjolo él mismo          puesto en un copino,
diógelo a beber          en el nomne divino.

308 Así como lo hobo          de la boca pasado,
la dueña fo guarida,          el dolor amansado;
salió fuera del lecho,          enfestose privado,
diciendo: «¡Tan buen día,          Dios, tú seas laudado!».

309 Cayoli a los piedes          al confesor honrado,
«Señor -dijo- e padre,          en buen punto fust nado;
entiendo bien que eres          del Criador amado,
ca de los tus servicios          mucho es El pagado.

310 Entiendo e conosco          que por ti só guarida,
por ti cobré los miembros,          el seso e la vida;
esta merced de Dios          te sea gradecida,
ca sé que por tu gracia          só del lecho exida.»

311 Recudió el buen padre,          quísola castigar,
«Amiga -diz- non fablas          como debiés fablar;
a Dios señero debes          bendecir e laudar
porque de tan grand cueta          te deñó delibrar.

312 La su virtud preciosa          que te deñó guarir,
a ésa sola debes          laudar e bendecir;
tú contra mí tal cosa          no la debes decir,
nin quiero que lo digas          ni la quiero odir.

313 Fija, ve benedicta,          torna a tu logar,
exist pora mercado,          tiempo has de tornar;
mas en cuanto podieres,          guárdate de pecar,
debe est majamiento          por siempre te membrar.»

314 Fincó el padre sancto          entro en su mongía,
al Criador sirviendo          e a sancta María;
bien sana e alegre          fo la dueña su vía,
la vecindad con ella          hobo grand alegría.

315 Señores, sim quisiésedes          un poquiello sofrir,
non querría con esto          de vos me expedir;
de un otro miraglo          vos querría decir,
por amor del buen padre          debédeslo odir.

316 Una manceba era          que habié nomne Oria,
niña era de días          como diz la historia;
facer a Dios servicio,          ésa era su gloria,
en nula otra cosa          non tenié su memoria.

317 Era esta manceba          de Dios enamorada,
por otras vanidades          non daba ella nada;
niña era de días,          de seso acabada,
más querrié seer ciega          que veerse casada.

318 Querié oír las oras          más que otros cantares,
lo que dicién los clérigos          más que otros joglares;
yazrié si la dejasen          cerca de los altares
o andarié descalza          por los sanctos logares.

319 De la soror de Lázaro          era muy envidiosa,
que sedié a los piedes          de Cristo specïosa,
udiendo qué dicié          la su boca preciosa,
ond Marta su hermana          andaba querellosa.

320 Cuando vío la niña          la sazón aguisada,
desamparó la casa          en que fuera criada;
fo al confesor sancto,          romeruela lazrada,
cayoli a los piedes          luego que fue plegada.

321 «Señor, -dijo- e padre,          yo a ti só venida,
quiero con tu consejo          prender forma de vida;
de la vida del sieglo          vengo bien expedida,
si más a ella torno          téngome por perdida.

322 Señor, si Dios lo quiere,          tal es mi voluntad,
prender orden e velo,          vevir en castidad,
en un rencón cerrado          yacer en pobredad,
vevir de lo quem diere          por Dios la cristiandad.»

323 Dijo el padre sancto:          «Amiga, Dios lo quiera
que puedas mantenerla,          esa vida tan fiera;
si bien no lo cumplieres,          mucho más te valiera
vevir en atal ley          com tu madre toviera.»

324 «Padre, -dijo la niña-          en merced te lo pido,
esto que te demando          luego sea complido;
por Dios que no lo tardes,          padre de buen sentido,
non quieras esti pleito          que caya en oblido.»

325 Entendió el confesor          que era aspirada,
fízola con su mano          soror toca-negrada;
fo end a pocos días          fecha emparedada,
hobo grand alegría          cuando fo encerrada.

326 Ixió de bona vida          e de grand abstinencia,
humild e verdadera,          de bona pacïencia,
orador e alegre,          de limpia continencia,
en fer a Dios servicio          metié toda femencia.

327 El mortal enemigo,          pleno de travesura,
que suso en los cielos          buscó mala ventura,
por espantar la dueña          que hobiese pavura,
facieli malos gestos,          mucha mala figura.

328 Prendié forma de sierpe          el traïdor probado,
poniéseli delante          el pescuezo alzado;
oras se facié chico,          oras grand desguisado,
a las veces bien grueso,          a las veces delgado.

329 Guerreábala mucho          aquel que Dios maldiga,
por espantar a ella          facié mucha nemiga;
la beneíta niña,          del Criador amiga,
vivié en grand lacerio,          quiquier que ál vos diga.

330 En esa misma forma,          cosa es verdadera,
acometió a Eva,          de Adam compañera,
cuando mordieron ambos          la devedada pera;
sentímosla los nietos          aún esa dentera.

331 La reclusa con cueta          non sopo ál qué fer,
envïó al buen padre          férgelo entender;
entendiolo él luego          lo que podié seer,
metiose en carrera,          vínola a veer.

332 Cuando plegó a ella          fízola confesar,
de la agua bendita          echó por el casar;
cantó él mismo misa,          mandola comulgar;
fuyó el vezín malo          a todo su pesar.

333 Tornó a su eglesia          el sancto confesor,
fincó en paz la dueña,          sierva del Criador;
fue mal escarmentado          el draco traïdor,
depués nuncua paresco          en esi derredor.

334 Oímos esto misme          de señor san Millán,
que fizo tal miraglo          yo lo leí de plan;
de casa de Onorio          segudó un satán,
que facié continencias          más sucias que un can.

335 Un otro bel miraglo          vos querría decir
que fizo est confesor,          sabroso de oír;
maguer vos enogedes          debédesvos sofrir,
vos dizredes que era          bueno de escribir.

336 En comarca de Silos,          el logar non sabemos,
habié un homne ciego,          d'élli vos fablaremos;
de cuál guisa cegara          esto no lo leemos,
lo que non es escripto          no lo afirmaremos.

337 Johán habié por nomne,          si saberlo queredes,
vivié en grand tristicia          cual entender podedes;
habié sin esta coita          que oído habedes
tal mal a las orejas          que royé las paredes.

338 Si era de linaje          o era labrador
no lo diz la leyenda          non só yo sabidor;
mas dejémoslo eso,          digamos lo mejor,
lo que cae en precio          del sancto confesor.

339 Fízose aducir          esti ciego lazrado
a la casa del monje          de suso ementado,
ca creyé bien afirmes,          estaba feüzado
que serié d'esta coita          por elli terminado.

340 Cuando fue a la puerta          de San Sebastïán,
non quiso el mezquino          pedir vino nin pan,
mas dicié: «Aÿ, padre,          por señor san Millán,
que te prenda cordojo          de esti mi afán.

341 Padre, allá do yaces,          yo a ti vin buscar,
o exi tú o manda          a mí allá entrar;
señor, yo non podría          partirme d'est logar
fasta que tú me mandes          o seer o tornar.

342 Padre de los lazrados,          déñame visitar,
pon sobre mí tu mano,          sígname del polgar;
solo que yo podiese          la tu mano besar
de toda esta coita          cuidaría sanar.»

343 El padre beneíto,          bien entro do estaba,
oyó los apellidos          que esti ciego daba;
ixió e preguntoli          cuál cosa demandaba,
dijo elli que lumne,          ca ál non cobdiciaba.

344 Señor sancto Domingo          por en tales liviano,
guïolo elli misme,          prísolo por la mano;
metiolo a la casa          el perfecto cristiano,
diéronli lo que daban          a los otros cutiano.

345 Oró toda la noche          el sancto confesor,
al Reÿ de los Cielos,          cabdal emperador,
que li diese su lumne          a est mesellador,
e de las sus orejas          tolliese la dolor.

346 Entró enna mañana          a la misa decir,
vínola de buen grado          el ciego a oír;
non sabié el mezquino          otra cosa pedir
fueras que li deñase          Dios los ojos abrir.

347 Cuando hobo el debdo          de la misa complido,
el abad con sus fraires,          conviento bien nodrido,
mandó venir el ciego,          luego fue él venido,
cayoli a los piedes          en tierra abatido.

348 Echol con el hisopo          de la agua salada,
consignoli los ojos          con la cruz consagrada;
la dolor e la coita          fue luego amansada,
la lumne que perdiera          fue toda recombrada.

349 Entenderlo podedes,          amigos e señores,
que habié mucho males          de diversas colores,
uno de ceguedad,          ál de graves dolores,
mas de todo bien sano          rendié a Dios lodores.

350 Dijo el padre sancto:          «Amigo, ve tu vía,
gradécilo a Dios          que vas con mejoría;
cúriate que non peques          e non fagas follía,
ca será por tu tidio          si faces recadía.»

351 Muchos son los miraglos          que d'est padre sabemos,
los unos que oímos,          los otros que leemos;
en dubda nos paramos          en cuál empezaremos,
mas a cual part que sea          a devïar habremos.

352 D'esta sazón los otros          quiérolos fer esquivos,
decir uno e miémbrevos          mientre fuéredes vivos,
cómo ganó la gracia          que saca los cativos,
por ond de luengas tierras          li envían bodivos.

353 Eran en esi tiempo          los moros muy vecinos,
non osaban los homnes          andar por los caminos,
daban las cosas malas          salto a los matinos,
levavan cruamientre          en soga los mezquinos.

354 Dieron por aventura          salto una vegada,
alliñaron a Soto          esa gent renegada,
prisieron un mancebo          en esa cavalgada,
Domingo habié nomne,          non fallesco en nada.

355 Metiéronlo en fierros          e en dura cadena,
de lazrar e de famne          dábanli fiera pena;
dábanli yantar mala          e non buena la cena,
combrié si gelo diesen          de grado pan d'avena.

356 Aquel es bien mezquino          que cae en tal mano,
en cosiment de canes          cuando yaz el cristiano;
en dicho e en fecho          afóntanlo cutiano,
anda mal en ivierno,          non mejor en verano.

357 Parientes del cativo          habién muy grand pesar,
hobieron por cient cientos          sueldos a pleitear;
mas non habién consejo          que podiesen pagar,
ca non podién por nada          los dineros ganar.

358 De toda la ganancia,          con toda su misión,
apenas aplegaron          la media redemption;
estaban en desarro          e en comeditión,
tenién que a fincar          habrié en la presón.

359 Asmaron un consejo,          de Dios fo envïado,
que fuesen a pedir          al confesor honrado;
homne que li pidiese          nuncua fo repoyado,
si él no lis valiese          todo era librado.

360 Cuales que foron d'ellos,          o primos o hermanos,
fueron al padre sancto          por besarli las manos;
dijieron: «Aÿ, padre,          de enfermos e sanos.
udi nuestra rencura,          algún consejo danos.

361 Es un nuestro pariente          de moros cativado,
enna presón yaciendo          es fierament lazrado;
habemos con los moros          el precio destajado,
mas non cumple lo nuestro          nin lo que nos han dado.

362 Señor bueno, ayuda          te viniemos pedir,
ya por nuestra ventura          nos sabemos dó ir;
tú sabes en qué cae          cativos redimir,
Dios cómo lo gradece          al qui lo pued complir.»

363 El padre pïadoso          empezó de plorar,
«Amigos -diz- daría          si toviese qué dar,
non podría en cosa          mejor lo emplear,
lo que meter podiese          en cativos sacar.

364 Non habemos dineros,          nin oro nin argent,
un caballo tenemos          en casa solament;
nos esi vos daremos          de grado en present,
cumpla lo que falliere          el Rey omnipotent.

365 Levad agora eso          lo que darvos podemos,
mientre eso guïades          por ál vos cataremos,
lo que catar podiéremos          envïárvoslo hemos,
como en Dios fiamos          el preso cobraremos.

366 Fueron ellos su vía          su cosa aguisar,
por vender el caballo,          en haber lo tornar;
el padre cordojoso          entró a su altar,
como era usado,          al Criador rogar.

367 La noche escorrida,          luego a los albores,
cantó la sancta misa          elli con los señores;
tovieron por el preso          oración e clamores,
que Dios lo delibrase          de tales guardadores.

368 La oración del padre          de la grand sanctidad
levola a los cielos          la sancta caridad;
plegó a las orejas          del Rey de majestad,
escapó el captivo          de la captividad.

369 Abriéronse los fierros          en que yacié travado,
el corral nol retovo,          que era bien cerrado;
tornó a sus parientes          de los fierros cargado,
faciese elli mismo          d'ello maravillado.

370 Lo que lis prometiera          el padre verdadero,
tardar non gelo quiso          pora'l día tercero;
desembargó al moro          que era carcelero,
de guisa que non hobo          d'élli un mal dinero.

371 Sopieron del cativo          cuál ora escapó,
vidieron que fo ésa          que la misa cantó;
entendién que el padre          sancto lo basteció,
ésta fo la ayuda          que lis él prometió.

372 Las compañas del preso,          amigos e parientes,
e avueltas con ellos          todas las otras yentes,
todos por ond estaban          metién en esto mientes,
que facié est confesor          milagros muy valientes.

373 Señor sancto Domingo,          complido de bondad,
porque fo tan devoto          e de tal caridad,
por sacar el cativo          de la captividad
dioli Dios bona gracia          como por heredad.

374 Diéronli alta gracia          estos merecimientos,
que face ennos moros          grandes escarnimientos;
quebrántalis las cárceres,          tórnalos sonolientos,
sácalis los cativos          a los fadamalientos,
de guisa que non haben          nin oro nin argientos.

375 Est confesor tan sancto,          de tan alta facienda,
que fizo más de bienes          que non diz la leyenda,
él nos guarde las almas,          los cuerpos nos defienda,
como en paz vivamos,          excusemos contienda.

376 Fizo otra vegada          una grand cortesía,
si oírme quisiésedes          bien vos la contaría;
así como yo creo poco vos deterría,
non combredes por ello          vuestra yantar más fría.

377 habié un huerto bueno          el varón acabado,
era de buenos puerros          el huerto bien poblado;
ladrones de la tierra,          movielos el Pecado,
vinieron a furtarlos          el pueblo aquedado.

378 En toda una noche          fasta vino el día,
cavaron en el huerto          de la sancta mongía,
mas rancar non podieron          puerro nin chirivía,
fuera que barbecharon          lo que yacié ería.

379 El señor grand mañana          demandó los claveros,
«Fraires -dijo- sepades          que habemos obreros;
cavado han el huerto,          d'esto seet certeros,
aguisad como coman          e lieven sus dineros.»

380 Fo a ellos al huerto,          el sancto confesor,
«Amigos -diz- habedes          fecha bona labor;
téngavoslo en grado          Dios el nuestro Señor,
venid e yantaredes          al nuestro refitor.»

381 Hobieron grand vergüenza          en esto los peones,
cayéronli a piedes,          echaron los legones;
«Mercet, señor, -dijieron-          por Dios que nos perdones,
yacemos en grand culpa          por muchas de razones.»

382 Dijo el padre sancto:          «Amigos, non dubdedes,
aún esta vegada          buen perdón ganaredes,
d'esti vuestro lacerio          vuestro loguer habredes,
mas tales trasnochadas          mucho no las usedes.»

383 Fartáronlos e fuéronse          allá onde vinieron,
nuncua lo oblidaron          el miedo que hobieron;
tenienlo por fazaña          cuantos que lo oyeron,
homne de tal mesura          dicién que non vidieron.

384 Todos los sus miraglos          ¿quí los podrié contar?
Non lis dariemos cabo          nin habriemos vagar;
ennos que son contados          lo podedes asmar
de cuál mérito era          el barón de prestar.

385 Si de oír miraglos          habedes grand sabor,
corred al monesterio          del sancto confesor;
por ojo los veredes,          sabervos han mejor,
ca cutiano los face,          gracias a Criador.

386 Y fallaredes muchos          que son end sabidores,
siquiere de mancebos,          siquiere de mayores;
decirvos han mil pares          de tales o mejores,
qui sacarlos quisiere          busque escribidores.

387 Aún non me semeja          con esto me alzar,
unos pocos miraclos          quiero aún contar;
non quiero por tan poco          las gracias acabdar,
non me quiero en cabo          del río enfogar.

388 Un conde de Galicia          que fuera valïado,
Pelayo habié nomne,          homne fo esforzado;
perdió la visïón,          andaba embargado,
ca homne que non vede          non debié seer nado.

389 Yendo de sant en sancto          faciendo romerías,
contendiendo con menges,          comprando las mengías,
habié mucho espeso          en vanas maestrías,
tanto que serié pobre          ante de pocos días.

390 Entendió d'est confesor          que era tan complido,
que era en sus cosas          de Dios tanto querido,
pero hóbolo elli          bien ante conocido,
credié bien que por elli          podrié seer guarido.

391 Aguisó su facienda          cuanto podió mejor,
fízose a la casa          traer del confesor;
empezó a rogarlo          a una grand dulzor
que quisiese por elli          rogar al Criador.

392 Si por elli rogase          credié bien firmement
que li darié consejo          el Rey omnipotent;
empezó a plorar          tan aturadament
que facié de grand duelo          plorar toda la gent.

393 Hobo duelo del conde          el confesor honrado,
que vedié tan grand príncep          seer tan aterrado;
tornó a su estudio          que habié costumnado,
rogar a Jesu Cristo          qui por nos fue aspado.

394 Cuando hobo orado,          la oración finada,
mandó traer la agua          de la su fuent honrada;
bendíjola él misme          con su mano sagrada,
en cascún de los ojos          echó una puñada.

395 La virtud de los cielos          fo luego y venida,
cobró la luz el conde          la que habié perdida;
fo luego de la cara          la tiniebra tollida,
non la hobo tan bona          en toda la su vida.

396 Ufrió buena ofrenda,          buen present e granado,
rendiendo a Dios gracias          e al sancto prelado;
como qui su negocio          ha tan bien recabdado,
pagado e alegre          tornó a su condado.

397 Fizo otro miraclo          esi claro barón,
en que trabajó mucho          por una grand sazón,
faciendo gran jejunio,          cutiana oración,
sufriendo en su cuerpo          muy grand aflictïón.

398 Era un homne bono          de Gomiel natural,
Garci Munoz por nomne,          habié un fiero mal;
prendielo a las veces          una gota mortal,
homne qui esa vío          non vío su egual.

399 Solielo esta gota          tomar al corazón,
tollieli la memoria,          fabla e visïón;
non habié nul acuerdo          nin entendié razón,
vivién todos por elli          en grand tribulatión.

400 La gota maleíta          de guisa lo prendié
que de todos los sesos          ninguno non sintié;
lo que peor lis era,          unos gestos facié
que tenién muchos homnes          que demonio habié.

401 Era la cosa mala          de tan mala natura
que li facié torvar          toda la catadura;
facié el homne bono          tanta desapostura
que todos sus amigos          vivién en grand ardura.

402 Eran de su salud          todos desfeüzados,
tanto vedién en elli          signos desaguisados;
si lo toviesen muerto          non serién más plagados,
ca se tenién por ello          todos por deshonrados.

403 Oratión nin jejunio          no li valieron nada,
nin escantos nin menges          nin cirio nin oblada;
por ninguna manera          nol trovaban entrada,
nuncua vidieron homnes          cosa tan entecada.

404 El enfermo él misme          querrié seer más muerto
ca a parte ninguna          non trovaba confuerto;
si non porque la alma          prendié en ello tuerto,
por lo ál más querrié          colgar en un veluerto.

405 El confesor caboso,          pleno de caridad,
oyó decir por nuevas          d'esta enfermedad;
hobo ende grand duelo,          pesol de voluntad,
dicié: «Aÿ, Señor,          tú fes y pïadad.»

406 Envïó su mensaje,          su carta seellada,
a parientes del homne          de la vida lazrada,
que gelo adujiesen          fasta la su posada,
podrié seer bien lieve          sano a la tornada.
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