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En el capítulo II, Ojeada a la época Calomardina, Mesonero Romanos refiere con no poco dolor el estado caótico por el que atraviesa España, atenazada por el absolutismo más obscurantista. Mesonero refiere parte de esta desolación referida a la libertad de prensa en las líneas que a continuación ofrecemos: «Cerraron las Universidades, prohibiéndose rigurosamente la entrada de los diarios extranjeros, y cesó, en fin, la publicación de todo lo que pudiese oler a ilustración y patriotismo» (II, pág. 48)

 

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Fundada y redactada por el conocido escritor costumbrista Modesto Lafuente, Fray Gerundio, de honda formación humanística, teológica y filosófica. Irónico, chocarrero, sarcástico y, en ocasiones, amargo, reencarnó en el sentenciador Fray Gerundio a don Quijote, y en el ladino Tirabeque al buen Sancho. Los diálogos entre el fraile y el lego son aleccionadores, pues mientras Tirabeque habla de la España plagada de defectos, Fray Gerundio se refiere a la España virtuosa, intachable que quisiera conocer. Desde esa perspectiva nace lo mejor de su sátira y lo más cruel de sus ironías, pues se pone en ridículo la venalidad de los políticos que mantienen a España en el marasmo.

 

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Sirva como botón de muestra el párrafo que a continuación extractamos del capítulo Episodios literarios. El teatro y los poetas: «[Carnerero] pudo obtener de Fernando VII el privilegio exclusivo de publicar un periódico o revista literaria, que tituló Cartas Españolas, y que, como buen cortesano, pero bajo el amparo y protección de la Reina María Cristina; y cuando esta augusta señora se encargó de la gobernación del reino, a continuación de la muerte de Fernando VII, Carnerero, obediente como un girasol, fundó la Revista Española, hallando en ella el medio de prodigar el humo de su incienso a los diversos matices políticos que se sucedieron, hasta que en 1838, falto de fuerzas físicas y sobrado de achaques adquiridos en su vida accidentada, arrojó su incensario a las plantas (que no a las raíces) del altísimo Mendizábal» (II, págs. 67-68).

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