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El Gobierno republicano de Largo Caballero se había trasladado a Valencia el 6 de noviembre de 1936, ante el riesgo de la conquista de Madrid por el ejército sublevado. La Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura también acabaría trasladándose a Valencia, donde se inauguró, el 4 de julio de 1937, el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura.
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Es de notar la magnífica ironía (y autoironía, al calificarse Oselito mismo de «intelectuá») al jugar con el tópico de aceite de Jaén, cliché que todavía hoy se mantiene vivo, al tratarse de la principal fuente de recursos (agrícola y económica) de la provincia.
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Refranes y dichos populares sobre la mujer y el viento de Jaén los hay desde antiguo, desde el famoso «Tres morillas me enamoran / en Jaén» hasta otros como «Las mocitas de Jaén tienen garbo y calzan bien», o los negativos «De Jaén, ni burra ni mujer, ni aire que venga de él», «En Jaén, aire, frutas, campanas y putas», con su variante «Jaén: aire, campanas, putas y manzanas».
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Oselito emplea un sintagma, «guerra santa», curiosamente próximo al de «cruzada nacional» de los franquistas. No obstante, también Miguel Hernández escribe sobre el «entendimiento místico de la guerra» del pueblo español en su artículo «Sobre el decreto del 8 de abril. El fascismo y España», Frente Sur, I, 9 (18 de abril de 1937), 4.
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El balneario de Jabalcuz era un complejo de baños termales y jardines situado en el cerro de Jabalcuz, a unos 6 kilómetros de la ciudad de Jaén. La presencia de baños termales en Jabalcuz se documenta desde inicios del siglo XVII, aunque la época de máximo esplendor del balneario se produce entre las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del XX. En 1925, el arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta, autor de la Residencia de Estudiantes de Madrid, redacta para su propietario, el ministro José del Prado y Palacio, un proyecto de reforma y ampliación, el cual solo se ejecutó en parte. Los jardines fueron diseñados por el proyectista de la Rosaleda del Retiro, Cecilio Rodríguez Cuevas, e inaugurados junto al casino-restaurante, obra del arquitecto Alberto López de Asiaín, en 1926. Durante su estancia en Jaén, Martínez de León se alojó en las proximidades del balneario.
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La mención a «la cara de Dios» no es baladí, porque en la Capilla Mayor de la Catedral de Jaén se conserva el «Santo Rostro», reliquia que tradicionalmente se consideraba el paño con que Verónica enjugó la faz de Cristo en su camino hacia el Calvario. En realidad se trata de un óleo sobre lino con soporte de madera dorada y plateada, realizado en el siglo XIV, quizá procedente de Aviñón. Al final de la guerra civil fue encontrado en un garaje en las cercanías de París y en 1940 devuelto a la catedral de Jaén.
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«Orsay» (del inglés offside): fuera de juego, aplicado al fútbol.
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Como es sabido, la batalla de Covadonga, en Asturias, que tuvo lugar en el año 722 entre el ejército astur de Don Pelayo y tropas árabes de Al-Ándalus, que resultaron derrotadas, se considera el inicio de la «Reconquista». Paradójicamente, Oselito emplea una comparación bélica similar a la que efectuaba la Iglesia y el ejército franquista, que consideraba la guerra civil como una «cruzada».
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Es una tira cómica de Martínez de León que he localizado en varias publicaciones, redibujadas y con distintos títulos: «Los maestros de la historieta. ¡Cosas de Sevilla!...», El Sol (15 de enero de 1925), 4; «En el barrio de Santa Cruz», Álbum de historietas sevillanas, Madrid, Editorial Páez, 1926, p. 41; «¡Hasta luego!», Frente Sur, I, 22 (30 de mayo de 1937), 3, y «¡Hasta luego!», Frente Extremeño, I, 7 (11 de julio de 1937), 2-3. En la misma, un zapatero remendón, en una calle del barrio de Santa Cruz, saluda a un paseante con un «¡hasta luego!»; este se extraña y enfada, porque no lo conoce de nada, hasta que llega al final de la calle, comprueba que no tiene salida y, efectivamente, pasa de nuevo por delante del zapatero. Esta reutilización de tiras cómicas anteriores, que no tienen nada que ver con la guerra civil, es frecuente en Frente Sur y Frente Extremeño.
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«El camarada Argo»: se refiere al periodista y militante socialista Antonio Morales Jiménez (1907-1939), que popularizó el seudónimo Argos en las páginas del diario jienense Democracia. Durante la contienda fue director del diario La Mañana, subtitulado «Instrumento de defensa de la República» y, a los pocos meses, «Órgano de la agrupación profesional de periodistas al servicio del Frente Popular». Fue uno de los primeros fusilados en Jaén al acabar la guerra civil. Agradezco a Juan Cuevas su ayuda en la identificación del seudónimo.