Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Andrés Martínez de León, «Oselito» y Miguel Hernández en «Frente Sur»

Rafael Alarcón Sierra

En 1936, Andrés Martínez de León era un conocido «periodista del dibujo», que había publicado sus viñetas y crónicas en El Noticiero Sevillano, El Correo de Andalucía, Blanco y Negro, El Sol, El Liberal, La Unión, La Voz y ABC, entre otros. Había diseñado el escudo de Andalucía, siguiendo las instrucciones de su amigo Blas Infante; había inventado su personaje Oselito, que en los años treinta era tan famoso como el ratón Mickey, había volado hasta Brasil, dibujado en el fuselaje del biplano Jesús del Gran Poder (1929) y había estado a punto de ser llevado al cine. Martínez de León había publicado Álbum de historietas sevillanas (1926), Los amigos del toro (1931) y Oselito en Rusia (1936). También había ilustrado numerosos libros, entre ellos, Juan Belmonte, matador de toros (1935), de Manuel Chaves Nogales -y lo hará, en 1938, con Héroes del Sur (Poesías de la guerra), de Pedro Garfias- (sintetizo lo que he expuesto por extenso en Martínez de León, 2018: 13-100).

Tras el fallido golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Martínez de León se pone al lado de la República. Así consta en las tiras cómicas que publica en La Voz entre julio y octubre. En este mismo mes, un par de dibujos suyos ilustran dos artículos anónimos dedicados a glosar las «figuras» de «el miliciano» y «el moro», con unos trazos más realistas y oscuros que los de sus viñetas (Anónimo, 1936ab). El 14 de febrero de 1937, tras varios meses sin aparecer colaboraciones suyas, el coriano escribe una crónica donde mata a Oselito, seguramente ante la imposibilidad de seguir publicando sus historias (ya sea por la carestía del papel, que hace reducir las páginas de toda la prensa, por falta de pago o por su traslado fuera de Madrid).

En El Sol, por su parte, Martínez de León ilustra con dibujos de aire goyesco (sobre todo, apuntes de milicianos) cuatro artículos escritos por J. Arraco (tres de ellos en diciembre de 1936 y, el último, en febrero de 1937), dedicados a la defensa de los frentes de Madrid, tras la visita que ambos hacen a las trincheras, como expone el primero:

«Es un día de calma absoluta cuando Martínez de León y yo recorremos el sector que defienden los andaluces que forman el batallón Diez y seis de Febrero. De todos los españoles quizá sean los andaluces los que con más experiencia saben lo que vale defender la libertad. Nuestros campesinos, depauperados y ancianos a los treinta años, son el exponente de la esclavitud en Andalucía».

(Arraco, 1936a)



Arraco anota su impresión de que el miliciano, tras la dureza de los primeros enfrentamientos, se ha transformado en soldado. Junto al dibujante, llegan «hasta las mismas avanzadas», de forma que «a no más de 200 metros se encuentra el enemigo, parapetado en unos montículos; a pocos metros de nuestras trincheras vemos un tanque enemigo despachurrado; a su alrededor, unos cadáveres» (Arraco, 1936a). El cronista transcribe un diálogo espontáneo que tiene lugar entre los voluntarios andaluces:

«-¡De aquí, a Sevilla! -nos grita un trianero.

-¡A Córdoba, compadre! -exclama un muchacho que cuando se afeite debe de tener cara de torero.

-¡Y de allí, a la gloria! -corrobora Martínez de León, aclarando-: "A la gloria [de] verdad y única, que tiene que ser Andalucía libre"».

(Arraco, 1936a)



Los periodistas acaban su visita de noche, anotando las difíciles condiciones de vida del frente: «El fango espeso y resbaladizo dificulta el paso hasta hacerlo casi imposible; el frío castellano es para los andaluces una temperatura siberiana». Una vez camino de Madrid, Arraco dialoga con su acompañante:

«-¿Qué te ha parecido la visita? -pregunto a mi compañero Martínez de León.

-¡Cómo relucen los andaluces! -es la contestación de Martínez de León, gran dibujante y exquisito escritor de "andaluz", que me entrega una cuartilla escrita después de la comida, con la impresión de su visita».

(Arraco, 1936a)



Y el texto que Martínez de León escribe, encartado en mitad del artículo, es el siguiente:

«Andaluces en el frente de Madrid.

"¡Cómo reluce la gran calle de Alcalá, cómo reluce, cuando por ella pasan los andaluces!". Lucimiento, garbo andaluz. Caracoles de Chacón. Otra época. Allá lejos, el lucimiento fácil, el contorno garboso. Hoy... pelambre en las caras desaliñadas, gruesos vestidos y zapatones, mantas, correajes, inmovilidad en las trincheras fangosas; y, en las manos, el fusil. Lucimiento hondo, callado, sin la viruta brillante de los "caracoles" de Chacón; lucimiento de seguidilla gitana que no llora su pena frente al enemigo, sino que aprieta los dientes para que no se le escape la queja, curva el cuerpo sobre el parapeto, o entre las pobres casas picadas de viruela, y mira sin pestañear a sus eternos verdugos.

¡Voluntarios andaluces! ¡Cómo relucen!

A. Martínez de León».

(Arraco, 1936a)



El coriano reproduce los versos iniciales de una de las letras más conocidas cantada por Antonio Chacón, y posteriormente, por Chano Lobato o Enrique Morente, entre otros. Son versos que también parafraseará Miguel Hernández en su última obra de teatro, Pastor de la muerte (acto tercero, cuadro primero), puestos en boca de un dinamitero en unas trincheras en los alrededores de Madrid:

«¡Cómo relucen!
¡Entre los olivares,
Cómo relucen
Cuando van a los frentes
los andaluces!
¡Qué bien parecen!
¡Sobre Sierra Morena,
qué bien parecen
con el fusil al hombro
los cordobeses!».

(Hernández, 2010, II: 1439)



En el segundo artículo, «Navidades en el frente. Alegría y vigilancia», el cronista relata cómo vuelven al sector sur del frente de Madrid, defendido por andaluces, estudiantes, vendedores, intelectuales y brigadas de choque, para ver «las posiciones que en estos días se le han tomado al enemigo», a la vez que aprovechan «para saludar a nuestros amigos y entregar a los soldados unos libros», donde no falta Oselito en Rusia (Arraco, 1936b).

El resto de la edición de Oselito en Rusia, Martínez de León la donó posteriormente al Socorro Rojo de España, organización comunista para la que publicará varios dibujos suyos en su revista Ayuda. Semanario de la Solidaridad a lo largo de 1937 (luego serán recogidos en un portafolio: 12 dibujos) y también tres carteles, dos para su campaña de invierno de 1937 y otro al año siguiente. Martínez de León todavía pudo acompañar a Arraco en otras dos visitas al frente, puesto que dibujos suyos vuelven a ilustrar sendos artículos del segundo (aunque en estos ya no se le nombra), «Defensa de Madrid / Los dinamiteros», y «Guerra de trincheras / Los frentes de Madrid / ¡A diez metros del enemigo! / Un solo anhelo: avanzar» (Arraco, 1936c y 1937). En El Sol ya no volveremos a encontrar colaboraciones de nuestro dibujante hasta septiembre y octubre de 1937, cuando, incautado el diario por el PCE, Martínez de León publica una serie de ocho tiras cómicas, con el título de «Oselito, en el campo faccioso», que constituyen una primera versión, incompleta, de su posterior libro Oselito extranjero en su tierra (1938).

En los primeros meses de 1937, ante la situación en Madrid, Martínez de León se traslada con su esposa y sus dos hijos a Jaén (su primera crónica en Frente Sur, aparecida el 25 de marzo de 1937, relata su llegada). Posiblemente realice el viaje con los miembros del Altavoz del Frente (si no fue así, lo cierto es que al poco tiempo va a estar trabajando con ellos), encabezados por el comandante Carlos (Vittorio Vidali) y por Miguel Hernández, y donde también se encuentran escritores como José Herrera Petere y Pedro Garfias. Lo recuerda en sus memorias Josefina Manresa (1980: 63), que llega a Jaén el 11 de marzo, tras su matrimonio con el poeta de Orihuela: «Allí conocí a Martínez de León, 'Oselito'; a Pedro Garfias, un hombre con atropello para hablar; a José Petere, el de la 'verde oliva, más que verde plateada'; Martínez Cartón, que cantaba figurando voz de tiple, en aquellos ratos de reunión, y a otros». También rememora los paseos del matrimonio hasta Jabalcuz, donde se instala Martínez de León con su familia al lado del balneario, en la casería de Nuestro Padre Jesús (quizá tras pasar unos primeros días en la sede del Comisariado, en la calle Llana, propiedad incautada, como la casería, a los marqueses de Blanco Hermoso). Allí los visitaron más de una vez (como también hicieron Herrera Petere y su esposa, Carmen Llopis, 2005: 134). A Miguel Hernández le gustaba bañarse en una alberca situada en las cercanías (Manresa, 1980: 63).

En este grupo de escritores va a encontrar la amistad y una familia intelectual con la que sentirse a gusto. Martínez de León trabaja a fondo para el Altavoz del Frente, realizando dibujos, carteles e historietas; las que hace para las hojas volanderas que se reparten entre los milicianos o para los periódicos murales se han perdido, pero conservamos sus entregas publicadas en los periódicos Frente Sur, de Jaén, Frente Extremeño, de Castuera (capital de la Extremadura republicana en la provincia de Badajoz), y Frente Rojo, de Valencia, entre marzo y octubre de 1937, donde no solo publica tiras cómicas y viñetas, sino las crónicas de «Oselito en el Frente Sur» y «Oselito en el Frente Extremeño» (resucitando así al personaje que había «matado» en febrero en La Voz). Son textos que he editado recientemente (Martínez de León, 2018). No hay constancia documental de que Andrés Martínez de León estuviera afiliado al Partido Comunista de España, pero, si no fue así, sin duda fue un extraordinario compañero de viaje, porque prácticamente toda su labor como dibujante y escritor durante la guerra civil fue publicada en medios de comunicación pertenecientes al Partido.

Miguel Hernández llega a Jaén (ciudad a la que se había trasladado el Cuartel General del Sector Sur del Ejército de Andalucía) a principios de marzo de 1937, para incorporarse como comisario, bajo las órdenes de Vittorio Vidali (el comandante Carlos Contreras, miembro de la troika del Komintern en España), a las labores de propaganda del Altavoz del Frente Sur (una de las secciones de la Comisión Nacional de agitación y propaganda del PCE), en la Primera Brigada Móvil de Choque. Allí se aloja en el edificio del Comisariado, el palacio de los marqueses de Blanco Hermoso, situado en el número nueve de la calle Llana (actualmente número once de la calle Claudio Coello). Son bien conocidas las fotografías de Miguel Hernández y Josefina Manresa en la terraza del edificio, pero mucho menos otra existente de Martínez de León realizada en el mismo lugar [Imagen I]. El autor de Oselito recuerda haber conocido al poeta allí, encontrarlo leyendo un día a Quevedo, sentado en un sillón, o conversar sobre su futuro viaje a la URSS, donde Martínez de León ya había estado (Pineda Novo, 1987: 33). La llegada del Altavoz a Jaén, con su trabajo de agitación y propaganda, especialmente en contra de los discursos radiofónicos de Queipo de Llano, refuerza las actividades en torno a la estabilización del frente andaluz («Campaña de la aceituna», batalla de Pozoblanco y toma del Santuario de la Virgen de la Cabeza) y al «rearme interior» de la legalidad y la defensa republicana en la retaguardia. En este sentido, Checa Godoy (2013: 236) y Molina Damiani (2018: 34-39) han señalado su papel en el proceso de unificación del PCE y del PSOE en la provincia, del que se da cuenta en Frente Sur. A ello podemos añadir la operación proyectada por Vicente Rojo para romper el frente de Extremadura, que finalmente no se llevó a cabo.

El 21 de marzo apareció el primer número de Frente Sur. Periódico del Altavoz del Frente Sur, con la portada ilustrada por Martínez de León y un texto anónimo a modo de editorial, «A todos: '¡Salud!», posiblemente escrito por Miguel Hernández. Editado con una calidad de papel y una impresión superior a la habitual (hay dudas sobre la rotativa empleada, que seguramente estaba radicada en Baeza), tiene su redacción y administración en la capital jienense (en la misma calle Llana, 9, según los datos de la mancheta que acompañan al título), y ofrece cuatro páginas (salvo los números especiales) dos veces a la semana (a partir del 1 de mayo de 1938 pasará a ser diario, hasta su desaparición en marzo de 1939), con un precio de quince céntimos y una tirada de 15.000 ejemplares. En la cuarta página del segundo número, fechado a 25 de marzo de 1937, una nota anónima a pie de foto afirma:

«Altavoz del Frente Sur en su actuación, aun corta, puede presentar hoy un gran balance de su trabajo. Hemos abordado -y algunos intensamente- todos los problemas que nos planteábamos como base de nuestro trabajo en el manifiesto de presentación y que fue difundido por toda la Andalucía leal con una tirada de 250.000 ejemplares. Simultáneamente hemos fijado 40.000 carteles. En el frente y en la retaguardia es ya popular nuestro trabajo, que ha abarcado desde mítines, sesiones de cine, conciertos y toda clase de actos, hasta la difusión por medio de grandes tiradas de manifiestos, poesías, canciones y folletos que plantean cuantos problemas son de interés en la lucha que tenemos planteada»1.

Los hechos más relevantes sobre los que tanto Hernández como Martínez de León escriben en sus crónicas son las condiciones del frente y de la retaguardia, el bombardeo de Jaén por aviones franquistas el 1 de abril y la toma del Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar, por las tropas republicanas el 1 de mayo, así como sus frecuentes desplazamientos a la zona extremeña. En su número 17 (20 de mayo de 1937: 2) se lee a modo de balance de la redacción: «Su tirada ha alcanzado hasta los 25.000 ejemplares para abastecer las necesidades de la retaguardia y el frente. En él cuenta con numerosos corresponsales. También cuenta con la colaboración de las mejores firmas entre las que se encuentran: teniente coronel Cordón, Fernández Ballesteros, Pretel, Pasionaria, Virgilio Llanos, Ilia Ehremburg, Carlos J. Contreras, Mije, Herrera Petere, Martínez de León, Miguel Hernández, Pedro Garfias, Martínez Cartón, V. Uribe, A. Machado, etc.». No todos los citados escribirán en el periódico.

En el número 5 de Frente Sur (4 de abril de 1937) se incluye un breve artículo sin firma, titulado «Atención a Extremadura», en el que se afirma que el equipo del Altavoz del Frente Sur había visitado recientemente este sector, siendo testigos presenciales de un ataque de las tropas franquistas en la zona de Medellín. Estos episodios bélicos hacen que Miguel Hernández exalte la resistencia republicana el 8 de abril en su artículo «En el frente de Extremadura», crónica que se cierra con un «Atención a Extremadura» y que recuerda al artículo anterior. Estas noticias permiten ubicar al poeta en la región durante los últimos días de marzo y principios de abril de 1937. Se puede deducir también de la carta enviada a Josefina Manresa desde Jaén con fecha de 7 de mayo: «[...] salimos el domingo para Castuera, ese pueblo de Extremadura desde el que yo te telefoneaba la otra vez. Casi todo el Altavoz se traslada allí» (Hernández, 2010, II: 1656-1657). Una segunda estancia en Extremadura se produjo durante la segunda quincena de mayo (como indica en la carta anterior a Josefina y en la del 11 de mayo: «[...] casi todo el Altavoz se traslada a Castuera» (Hernández, 2010, II: 1658), y recuérdese la famosa fotografía de Hernández recitando a los soldados en el frente extremeño aparecida en ABC de Madrid el 20 de mayo de 1937, junto al artículo «Miguel Hernández, poeta y soldado» y su poema «Sentado sobre los muertos». Un tercer viaje tuvo lugar entre el 14 de junio y finales de este mes (lo confirman las cartas enviadas a Josefina desde Castuera los días 14 al 19 de junio: Hernández, 2010, II: 1662-1665). También Martínez de León dedica varias crónicas de Oselito a estos viajes (véanse sus entregas del 1 y 8 de abril, del 27 de mayo, 27 de junio y 26 de agosto -pero fechada en junio- en Frente Sur, así como las cuatro que publica en Frente Extremeño y, con retraso, las que aparecen los días 14 y 21 de julio de 1937 en Frente Rojo). Este traslado del Altavoz a Extremadura quizá se relacione con la operación militar que pretendía dividir en dos la zona franquista. Miguel Hernández llega el 1 de julio a Valencia, para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, y ya no regresa a tierras extremeñas.

Frente Extremeño. Periódico del Altavoz del Frente de Extremadura, por su parte, se publicó en Castuera entre el 20 de junio y el 25 de julio de 1937, dos veces por semana. En teoría salieron once números, cada uno de cuatro páginas, pero solo se conservan diez. Miguel Hernández fue probablemente su codirector, junto a Herrera Petere. Ambos publican en el boletín, junto a Pedro Garfias y Martínez de León como figuras destacadas. No son los únicos en repetir fuerzas: por ejemplo, un magnífico dibujo de Alberto Sánchez, donde los milicianos avanzan con la bayoneta calada y distintas banderas aparece tanto en Frente Sur, I, 8 (15 de abril de 1937), 1, como en Frente Extremeño, I, 8 (15 de julio de 1937), 1. Finalmente, Frente Rojo. Órgano del Partido Comunista (SEIC) se publicó diariamente en Valencia entre enero de 1937 y enero de 1939. El número normal también constaba de cuatro páginas. Ni Miguel Hernández ni Martínez de León tuvieron nada que ver en su creación, al contrario que en los dos casos anteriores.

De la estrecha relación de trabajo y amistad que se estableció entre Martínez de León y Hernández da cuenta el artículo de este «Los evadidos del infierno fascista», publicado en el número 3 de Frente Sur el 28 de marzo de 1937 (y republicado en Ahora de Madrid el 4 de abril de 1937), donde el oriolano no deja de citar al dibujante, al que identifica con su personaje Oselito:

«El 4.° Batallón de la Brigada opera en uno de los frentes andaluces.

Lo componen hombres de Extremadura en su mayoría.

Andamos bajo una lluvia apenas perceptible. A la boca de un nido cubierto de ametralladoras veo extrañado un cencerro que pende de una cuerda y tiene el badajo atado a otra. No puedo menos de reír. Dicen que los centinelas lo hacen sonar para despertar, en el momento preciso, a los hombres que se ocupan del funcionamiento de la máquina cantora casi cacareante. Oselito advierte que en cuanto Queipo de Llano oiga este cencerro vendrá a la querencia boyunamente».

(Hernández, 2010, I: 811)



En reciprocidad, Martínez de León le dedica la mayor parte de la crónica «Oselito en el Frente Sur» publicada en el número 7 de Frente Sur (11 de abril de 1937), donde comenta con humor su poema «Aceituneros» y hace un certero retrato del poeta en el mismo acto de recitar su composición:

«Migué Hernánde, er fuerte poeta que ha parío er pueblo en este parto de sangre, resitaba su poema dedicao a Jaén, "Asituneros":

Andaluses de Jaén

asituneros altivos

pregunta mi arma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?


Er poeta resitaba de pie, impasible, sin gesto, pero sus ojos redondo y asules como bolillas de gaseosa, se fijaba insistentemente en mí desde el pan moreno de su cara, como si fuera el único de la reunión capás de responderle».

La presencia del coriano también es recordada en la correspondencia que Hernández establece con su esposa. El 19 de abril, Josefina Manresa marcha a Cox para cuidar de su madre, que muere a los pocos días. En las cartas que le escribe el poeta, este no deja de citar a Martínez de León, de nuevo mimetizado con el nombre de su personaje. Así sucede en la fechada en Jaén el 7 de mayo de 1937: «Salimos, cuando yo termino de hacer las cosas mías, de paseo y hemos estado merendando varias tardes en casa de Oselito» (Hernández, 2019, II: 1657). En otra, fechada en Castuera el 19 de junio de 1937, el poeta muestra su sintonía con el dibujante: «Trabajo muy poco y me aburro mucho. Oselito está también aquí, y él es quien hace que de pronto suelte yo la risa a borbotones» (Hernández, 2019, II: 1665).

Martínez de León publicó trece crónicas en Frente Sur, entre el 25 de marzo y el 26 de agosto (la primera de ellas fue repetida en el número 80 de la madrileña Ahora, el 31 de marzo de 1937) y otras trece tiras cómicas, más una viñeta sin título; cuatro textos en Frente Extremeño, entre el 27 de junio y el 18 de julio (y otras cuatro historietas, tres de ellas ya aparecidas en Frente Sur y que, al igual que las de la publicación jienense -salvo en el caso de la viñeta citada-, no aluden a la guerra, e incluso muchas ya habían sido publicadas previamente, aunque ahora las redibuje); y cuatro crónicas también en Frente Rojo de Valencia, entre el 9 de junio y el 21 de julio (más nueve tiras cómicas en fechas posteriores, cuya temática sí alude a la guerra civil). Mientras que las historietas las rubrica con sus apellidos, sus crónicas siempre llevan la firma de Oselito, mostrando así su diferente estatuto. Además, los artículos se superponen cronológicamente en las tres publicaciones. Pero las relaciones entre ellos todavía son mayores: las últimas dos crónicas publicadas en Frente Sur ya no se titulan «Oselito en el Frente Sur», sino «Oselito en el Frente Extremeño» (y están fechadas en Castuera), mientras que, de las publicadas en Frente Rojo, dos se titulan «Oselito en el Frente Sur» y otras dos «Oselito en el Frente Extremeño», y las cuatro llevan subtítulo. Además, la primera, sobre la toma del Santuario de la Virgen de la Cabeza, repite el contenido (pero no la escritura) de la publicada en Frente Sur, I, 16 (16 de mayo de 1937), 3, y la última, subtitulada «Una batalla», repite literalmente la de Frente Extremeño, I, 7 (11 de julio de 1937), 4.

También es distinta la relación de las crónicas con las viñetas en los tres periódicos: en Frente Sur (salvo en una ocasión), las crónicas van encabezadas por una viñeta en la que se ve a Oselito paseando, con su elegante vestimenta habitual y una mano metida en el bolsillo (en la primera, se ve al fondo a una gitana de espaldas, con su «churumbel» a la cintura, y una ventana enrejada con geranios o gitanillas, acompañamiento que desaparece en las siguientes. En la republicación de Ahora no aparece ninguna viñeta, solo el texto). En Frente Extremeño, las crónicas van acompañadas siempre de la primera viñeta que encontramos en Frente Sur, gitana y reja incluidas. En Frente Rojo no aparece la viñeta inicial, sino que cada artículo se ilustra con tres viñetas intercaladas (con la firma de Martínez de León), alusivas a lo que se relata en los mismos, y con una frase del texto principal repetida en negrita bajo el dibujo.

De esta forma, las imágenes pueden enriquecer la lectura del texto o ser observadas como chistes gráficos (semi)independientes, de forma análoga a lo que sucedía en las entregas periodísticas de Oselito en Rusia. Los trasvases entre tiras de viñetas y crónicas escritas son normales en Martínez de León: puede contar por escrito lo que antes ha expuesto mediante dibujos -por ejemplo, una anécdota similar a la de su tira cómica «¡No digas más! / Oselito, miliciano», La Voz (24 de septiembre de 1936), 3, reaparece en «Oselito en el Frente Sur / Los gitanos en la guerra», Frente Sur, I, 11 (25 de abril de 1937), 3, o hacer mención en el artículo a chascarrillos e historietas que ya ha contado gráficamente: así sucede con la referencia a «er sapatero de mi cuento», una de sus tiras cómicas publicada en varias ocasiones, mencionada en «Oselito en el Frente Extremeño / ¡Hasta luego!», Frente Sur, I, 28 (27 de junio de 1937), 3.

Por otro lado, en Frente Sur aparece con cierta regularidad una breve columna con pequeños comentarios humorísticos sobre hechos diversos, «Cominitos del Sur», y en Frente Extremeño otra de las mismas características, «Pin, pan, pun», en ambos casos sin firma, que, por los temas tratados y ciertas expresiones, pudieran estar escritas también por Andrés Martínez de León, aunque no se pueda afirmar con plena certeza.

A continuación, hago una síntesis de cada una de las crónicas escritas por Andrés Martínez de León en Frente Sur, que siempre son relatadas y firmadas por su personaje, Oselito, en primera persona:

  1. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 2 (25 de marzo de 1937), 3.- Oselito es recibido en Jaén como un héroe, ya que viene de Madrid. Tranquiliza a todos los que le preguntan por la capital, donde «ha pasado to lo que tenía que pasá, menos los fasista». Pese a los ataques de «los hijos de» Mahoma, Hitler, Portugal, el Tercio y todos los señoritos y privilegiados del mundo, Oselito presenta jocosamente a Mussolini como benefactor y proveedor del ejército republicano, tras la derrota de sus tropas en Guadalajara y el gran abandono de material bélico. También hay un primer «pellizco» hacia la pasividad de retaguardia republicana, la misma que Miguel Hernández desarrolla en artículos como «Defensa de Madrid: Madrid y las ciudades de la retaguardia», Al Ataque, 2 (16 de enero de 1937), «La ciudad bombardeada», Frente Sur, 7 (11 de abril de 1937), 4, «La vida en la retaguardia» Frente Sur, 9 (18 de abril de 1937), 2 (firmado con el seudónimo de «Miguel López»), o en «Los sentados», de su Teatro en la guerra (1937).
  2. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 4 (1 de abril de 1937), 3.- Al contrario que en las trincheras de Madrid, donde hay que andar agachado, porque están a dos pasos del enemigo y todo parece una guerra europea («sivilisá», escribe irónicamente), en Andalucía, cuando las hay, están a kilómetros del enemigo y hay mucha extensión sin fortificar. Presenta la anécdota de que al ver una valla de alambre Oselito pregunta que si es para las cabras y le dicen que son fortificaciones. Miguel Hernández muestra una preocupación análoga en los textos arriba citados, y cita a Oselito como su compañero (y una anécdota similar) en la visita al frente de su artículo «Los evadidos del infierno fascista», publicado en el número 3 de Frente Sur el 28 de marzo de 1937.
  3. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 6 (8 de abril de 1937), 2.- En un viaje por los pueblos del frente, Oselito siente miedo cuando le dicen que el frente es poroso y se pueden encontrar de improviso al enemigo. Al ver a unos soldados le dicen que son de Cartón (el mayor de milicias) y él dice, haciendo un cómico juego de palabras, que se ha quedado «de piedra». Miguel Hernández publica en el mismo número «En el frente de Extremadura», que seguramente corresponde a un desplazamiento realizado en común por varios miembros del Altavoz hacia la zona de Medellín entre finales de marzo y comienzos de abril.
  4. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 7 (11 de abril de 1937), 2.- Oselito retrata a Miguel Hernández recitando «Aceituneros» y le responde que los olivos son de los jienenses, que incluso viven en ellos como si fueran su casa (es una crítica análoga a la de Miguel Hernández en «La ciudad bombardeada»). Al final, hace un breve comentario sobre el bombardeo de Jaén: «es er clásico corte de cara der matón».
  5. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 9 (18 de abril de 1937), 3.- Oselito exalta, con términos taurinos, la victoria republicana en Pozoblanco, gracias a la serenidad de los milicianos frente al «toro del fascio» y gracias a los «juguetes» que han recibido: los aviones y tanques rusos. Al final, con alegría, los soldados gritan «¡A tomá Porcuna!» (palabras que pudo pronunciar Miguel Hernández2) y que Oselito malinterpreta jocosamente como una expresión escatológica.
  6. «Oselito en el Frente Sur / Los gitanos en la guerra», Frente Sur, I, 11 (25 de abril de 1937), 3.- Crónica en alabanza de los gitanos en la contienda que engarza varias anécdotas: primero, retoma lo ya expresado en una tira cómica: están encantados de poder disparar contra los «sivilitos con tricornio», sin temor ninguno a «jueces, fiscales y abogaos». Cuando Pedro Garfias se propone organizar un cuerpo de gitanos, estos le piden con humor que sea de caballería, por su querencia hacia los cuadrúpedos. Acaba echando la buenaventura al gitano (al que califica de «er tipo más maravilloso del mundo» por actitud, dignidad, aristocratismo y espíritu) que participa en la «lucha».
  7. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 16 (16 de mayo de 1937), 3.- Uno de los mejores textos: Oselito cree que la toma del Santuario de la Virgen de la Cabeza ha sido una mala idea. Una vez que España volviera a ser libre, se podía haber convertido en un «parque temático» o zoológico, «en sentío comercial, turístico y de propaganda» de la España más carpetovetónica: «sivilitos auténticos», curas trabucaires y campesinos analfabetos engañados por el cacique, que un cicerone, tras una valla, iría enseñando y explicando a los turistas extranjeros como si se tratara de los últimos ejemplares de una especie antediluviana desaparecida por la evolución. Incluso el palacio de Lugar Nuevo sería el hotel del Patronato Nacional de Turismo. Puede confrontarse la diferencia tonal con las conocidas crónicas escritas por Miguel Hernández sobre la toma del Santuario.
  8. «Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 17 (20 de mayo de 1937), 3.- La España fascista es una torre de Babel donde alemanes, italianos, portugueses y españoles no se ponen de acuerdo; son como una jauría de perros que quieren comerse a España, cada uno mordiendo y tirando para su lado (introduce la imagen comparativa del amigo arañado «por el gato» -una mujer- y de los perros de Maquedano -una tienda sevillana-). Nada que ver con las «pequeñas disensiones» de la España republicana, según el narrador (en lo que parece una alusión velada a los sucesos de mayo en Barcelona). Por eso «er día menos pensao er patio de enfrente se vendrá abajo», no porque lo diga Oselito, que solo «peso cuarenta kilo con carcetines y to», escribe con humor, sino porque lo ha dicho el camarada Prieto, «que pesa mucho».
  9. «Oselito en el Frente Sur / Corriendo la línea», Frente Sur, I, 19 (27 de mayo de 1937), 4.- Oselito viaja desde Jaén a Castuera y vuelve por la línea del frente, desde la exuberancia forestal de Sierra Morena (propicia al idilio con la camarada que le acompaña) a la tierra reseca de Extremadura, como un linier de fútbol. Hace una broma sobre Castuera: habría que enviar las moscas y mosquitos al frente para ganar la guerra. Según el narrador, la línea está muy bien y hay que ganar el campeonato. Recordemos que casi todo el Altavoz se trasladó a Castuera en la segunda quincena de mayo.
  10. «Oselito en el Frente Sur / ¡Ha sonao un timbre!», Frente Sur, I, 22 (6 de junio de 1937), 2.- Oselito se burla de sí mismo: tiene que hablar tras Pasionaria en un mitin de la Conferencia Provincial del Partido Comunista celebrado en Jaén el 30 de mayo de 193. Es la primera vez que lo hace en público; cuando le toca, suena un timbre de alarma y a Oselito se le atraganta el discurso y ya no puede «sacarlo». Luego pasea «por las bonitas callesillas de Jaén» reflexionando con humor sobre «la horrible tragedia del hombre que se tragó un discurso».
  11. «Oselito en el Frente Sur / Carne fresca», Frente Sur, I, 24 (13 de junio de 1937).- 3. Es el único texto que no va a compañado de viñeta. Nuestro cronista relata su viaje a un cortijo donde el ganado bravo es sacrificado para que los heridos, los niños y los soldados del frente puedan comer carne fresca. Su afición a la lidia hace que tenga un sueño donde imagina que torea garbosamente a un morlaco negro y empitonado, del que despierta de repente con el ruido que hace una cabra al tirar el cubo al pozo. Hay referencias jocosas a Queipo de Llano, a su rechazo del trabajo y al comportamiento temeroso de sus acompañantes. El hecho que relata Martínez de León quizá coincidiera con la toma de la famosa foto en la que Miguel Hernández posa cerca de un toro bravo, seguramente en los términos de La Carolina o de Andújar (sobre la fotografía, véase Balcells, 2017: 359-362).
  12. «Oselito en el Frente Extremeño / ¡Hasta luego!», Frente Sur, I, 28 (27 de junio de 1937).- 2. Oselito se despide de Jaén ya en Castuera, donde fecha la crónica. Se burla cariñosamente del gran tópico de toda la provincia: «Soy el único gran escritó que se va de Jaén sin contarle a los jaeneros que tienen olivos, que el olivo da asituna, la asituna aceite, y que este en la ropa se conserva muy bien». Esto revela, dice su «genio» de «intelectuá». Hasta el alcalde le dice: «Ha hecho bien en callarte. Aquí sospechábamos to lo del aceite». Se queja de que la guerra le ha impedido escribir sobre otros dos temas de Jaén: la mujer, a la cual piropea comparándola con las lomas que constituyen la ciudad («tantos parmitos bonitos llenos de lomas donde cuarquiera perdería la vida por tomarla») y el viento, «de lo mejó que se despacha», hasta el punto de que se podría hacer negocio como si se tratara de una atracción de feria: «Jaén. Toma de aire. Espesialidá en vuelos libres». Tanto, que podría llevarse volando hasta «la cara de Dios» (no por casualidad, en la catedral se conserva el «Santo Rostro»). También se burla de su estancia en Jabalcuz, a las afueras de la ciudad: «es un barneario que no sé si quita el reúma, pero darlo, lo da, y der bueno». Finalmente, pese a la falta de comunicaciones y a ser «la meno conosía de las provinsias andalusas», ahora «es Jaén nuestra Covadonga pa librá a Andalusía de las patas groseras del fasio». Se despide pero promete seguir «mandando cosillas» a Frente Sur.

No me detengo ahora en el resto de las crónicas, dedicadas al frente extremeño (incluida la última de Frente Sur: «Oselito en el Frente Extremeño / ¡Aviación! ¡Aviación!», Frente Sur, I, 44 (26 de agosto de 1937), 4). Todavía en la décimo quinta, «Oselito en el Frente Extremeño / De Jaén a Castuera», Frente Extremeño, I, 4 (1 de julio de 1937), 3, el personaje reitera la broma del aceite en Jaén (añade la dedicatoria que le iban a poner en una calle: «A Oselito, el único personaje que pasa por Jaén sin hablarnos del olivo. La siudá, agradesía...») y luego sus dos viajes de Jaén a Castuera. Y en la décimo octava, «Oselito en el Frente Sur / ¡Una gran pérdida!», Frente Rojo, I, 120 (9 de junio de 1937), 3, repite la jocosa crónica aparecida en Frente Sur sobre el parque temático que se podría haber organizado en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, aunque reescrita y con alguna novedad.

Estos artículos son crónicas de viaje, de actualidad y de guerra (en la retaguardia pero también en el frente); en primera persona, describe lo que ve y experimenta, siempre con humor: su llegada a Jaén y a Castuera, su contraste con Madrid, un mitin donde interviene Pasionaria, un recitado de Miguel Hernández, los soldados y los gitanos en el frente (con Pedro Garfias), los viajes del frente andaluz al extremeño, la impresión que le producen los pueblos por los que pasa, las escaramuzas bélicas, etc. En un par de ocasiones, emplea el motivo tradicional del sueño y en otros dos, la invención delirante: el «parque temático faccioso» del Santuario de la Virgen de la Cabeza y la toma de Sanlúcar por la «Colurna Oselito pro Sanluca» (en una de las cuatro crónicas que aparecen en Valencia: «Oselito en el Frente Sur / La toma de Sanlúcar», Frente Rojo, I, 122 (11 de junio de 1937), 3.

En otros lugares he estudiado las características de la crónica periodística, que también comparten las presentes (Alarcón Sierra 2000: 14-31, y 2010). Son breves comentarios sobre hechos inmediatos, relacionados con la actualidad, desde el punto de vista de una conciencia creadora, que aprovecha la periodicidad regular de su espacio textual en el periódico (repetición de una escritura, una firma, un título y una localización) para fundar un yo crítico (una primera persona que es a la vez testigo, narrador y protagonista), una perspectiva inédita, un estilo personal y un lugar de enunciación.

Estas crónicas son un ejercicio de sobreescritura: interpretan la información, narran sucesos a la vez que juzgan lo narrado, de forma que el comentario del narrador les confiere un nuevo significado, una reflexión que abre nuevas perspectivas. En este lugar textual, a través de la intermediación subjetiva del articulista se transfiere una interpretación de una parcela de la «realidad» a los lectores del diario. A la visión que realiza el cronista le acompaña su propia presencia. El instrumento de análisis, que es su conciencia, su experiencia, su ideología, y toda su persona, modifica aquello que analiza. La crónica es una escritura heterogénea, fugaz y fragmentaria, dotada de unidad y sentido por la conciencia seleccionadora y el estilo del escritor.

La brevedad de la crónica hace que, para ser más efectiva, desarrolle un único tema, una idea o tesis. Oselito suele contar alguna peripecia basada en su experiencia inmediata, lo que le ha pasado, introduciendo diálogos, historias, bromas o chascarrillos que vienen al caso. El personaje y narrador mantiene un punto de vista extraterritorial, porque siempre se siente «fuera de lugar», lo que le permite observar la realidad «desde fuera», creando de este modo un extrañamiento humorístico muy original y valioso: es un trianero que está fuera de su barrio y de Sevilla, que llega a Jaén desde Madrid, y a Castuera desde Jaén; que nunca viste de miliciano o de soldado, sino «de civil», y de civil elegante, puesto que sigue llevando su traje ajustado y su sombrero habitual. Este «descolocamiento» continuo de Oselito ante su nuevo entorno hacen de él un «espíritu libre», lo que suele provocar asombro y perplejidad (al protagonista, a los que lo rodean y al propio lector), desembocando en unas situaciones y una escritura jocosas.

Oselito se burla de sí mismo (su aversión al trabajo, su fingimiento ante situaciones que le vienen grandes, su carácter enamoradizo, su miedo a la guerra, a cruzar la línea enemiga o incluso a dar un discurso ante los suyos), pero también se burla de su propio bando (la diferencia entre las trincheras de Madrid y las del frente sur; los olivos, el aceite y el viento en Jaén; los chistes o juegos de palabras que hace con los nombres propios del mayor de milicias Cartón, del camarada Prieto, del general Miaja, o con la expresión «¡A tomá Porcuna!» que, en otro contexto, serían «inapropiados») y, por supuesto, del bando contrario (Mussolini, tras su derrota en Guadalajara, es un benefactor de la República; las distintas nacionalidades del campo enemigo no se entienden entre sí y solo crean el caos; con los facciosos se podría hacer un parque temático en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, etc.).

Su comicidad es alegre, amable, no acre ni amarga, ni siquiera contra el enemigo, lo que muestra la inteligencia de su escritura. En esta, su humor es tanto verbal como de situación. Utiliza los juegos de palabras, dobles sentidos, equívocos o paradojas, pero también la descripción de sus sueños o aparentes propuestas insensatas. Sus crónicas están adobadas de diálogos reales o figurados, chistes, chascarrillos, refranes, juegos de sentido, y metáforas taurinas o futbolísticas. Este registro desenfadado, directo, coloquial, lleno de vulgarismos, expresiones hechas, giros populares y una dicción que trata de reproducir el habla sevillana, les otorga una grata impresión de espontaneidad e inmediatez. De este modo, Oselito consigue hacerse cómplice de su lector. Siempre mantiene un propósito de animar al triunfo republicano y de situarse al lado del sacrificado soldado o campesino que sufren y viven la guerra día a día.

No solo ve la guerra «desde fuera», con una posición excéntrica, sino también «desde abajo», al lado de los humildes. Por más que llegue a «codearse» con los cargos políticos o militares, casi siempre con resultado humorístico (como en el mitin de Pasionaria), nunca se siente parte de los de «arriba», sino de los de «abajo».

En este aspecto coincide con Miguel Hernández. Sus crónicas tienen, además, una estrecha relación con las suyas: ambos comparten medios de publicación, experiencias, viajes y ciudades, y escriben en ocasiones de los mismos temas y con ideas o expresiones parecidas (como la falta de fortificaciones y trincheras en el frente andaluz, el temor y la inactividad de la retaguardia en Jaén o los viajes al frente extremeño), además de que Oselito hace una de las primeras descripciones del recitado del poema «Aceituneros» por parte del oriolano, y un atinado retrato suyo.

El humor en los medios escritos durante la guerra civil es habitual. El uso del humor para combatir las tragedias es un remedio conocido desde la antigüedad. La risa, el humor (con sus componentes de sátira, de parodia y de ironía), es una estrategia popular y cotidiana de resistencia contra el dolor, el miedo, la guerra y la muerte. Es el arte del débil, del que está abajo, del que no tiene otra escapatoria. La risa es una pasión que produce placer, representa la cara festiva y vital del mundo, es libre e igualitaria, disuelve las distancias, desvela las apariencias, denuncia la desigualdad, la injusticia y la hipocresía, tiene un carácter utópico y regenerador, y expresa el triunfo de la vida sobre la muerte.

Además, la risa en común (cuyo origen sería la risa ritual del folklore) hace sentir al individuo parte de un grupo. Entronca con la cultura carnavalesca del «mundo al revés», teorizada por Mijaíl Bajtín (2003). La risa supone también introducir un cambio del punto de vista sobre lo que sucede: el cambio de posición modifica el objeto, el estado de ánimo modifica la realidad: lo antes insoportable se vuelve risible, el miedo se disuelve, el drama se vuelve cómico, la tragedia, parodia. No es raro, por tanto, que las crónicas y viñetas de Oselito, que son de este tipo, sean útiles, y hasta terapéuticas, durante la guerra civil.

Todavía Andrés Martínez de León y Miguel Hernández se cruzarían tras su estancia jienense. A mediados de 1937, el dibujante marcha con su familia a Valencia, donde permanecen hasta el final de la guerra. Allí se reúne con escritores y dibujantes en el café Ideal Room (donde no falta Miguel Hernández, en ocasiones con la compañía de Pedro Garfias, Moreno Villa o Josep Renau).

Al acabar la guerra y no poder salir de España, Martínez de León y su familia regresan a Madrid. El 8 de noviembre de 1939 es detenido. Los agentes disponían de sus escritos en los periódicos «rojos» de Madrid, Jaén y Badajoz, «de gran efecto entre la chusma marxista». Es acusado de la publicación de Oselito extranjero en su tierra, «una diatriba furibunda contra la supuesta invasión de la Zona Nacional por alemanes, italianos y moros»; la ridiculización de «la recia figura del Caudillo y del General Jefe del Ejército del Sur, Don Gonzalo Queipo de Llano», y la confección de carteles y la edición de libros contrarios al Movimiento Nacional. En su defensa, Martínez de León negó haber ofendido ni injuriado a nadie. Para acreditar su «buena conducta» cita los nombres del cineasta Antonio Fernández Román, Rafael Olivares (hermano del conde de Casillas de Velasco) y el torero Manuel Mejías Bienvenida.

Tras las primeras diligencias, se establece su prisión provisional sin fianza. El 2 de octubre de 1941 se celebra el Consejo de Guerra. Por el «delito de adhesión a la rebelión militar» fue condenado a veinte años y un día de reclusión mayor y accesoria legal. Martínez de León transitó por varias cárceles madrileñas tras la del Cisne, como la de Conde de Toreno o la de Porlier (lo que los presos llamaban irónicamente «turismo carcelario»).

En la cárcel de Conde de Toreno, en el verano de 1940, compartió un tiempo celda con Miguel Hernández, al que realizó varios dibujos (en uno de ellos, pintado sobre una tablilla, por una cara aparecía el retrato del oriolano y por la otra el de Oselito). Miguel Hernández, por su parte, le dedicó a Martínez de León varios poemas; tanto los dibujos como los textos están hoy en paradero desconocido3. Según varios testimonios, siempre llevaba encima una fotografía de Hernández dedicada, recitando sus poemas a los milicianos del frente, y otra suya en la terraza del edificio del Altavoz en Jaén (Pineda Novo, 1987; Martínez de León, 2018: 88-91).

Sus destinos se separan aquí, con resultados muy distintos: Martínez de León fue indultado en 1947, pudo rehacer su carrera profesional y vivió hasta 1978. Miguel Hernández, como sabemos, no abandonó nunca la prisión y murió en condiciones lamentables en 1942 (Ferris, 2016).

Bibliografía

  • ALARCÓN SIERRA, Rafael (2000). Manuel Machado, Impresiones. El modernismo (Artículos, crónicas y reseñas, 1899-1909). Valencia: Editorial Pre-Textos.
  • —— (2010). Una rana viajera: las crónicas y libros de viaje de Julio Camba (Camba en quince lecciones). Sevilla: Renacimiento.
  • ANÓNIMO (1936a). «Figuras. El miliciano» [Dibujo de Martínez de León], La Voz (10 de octubre), 4.
  • —— (1936b). «Figuras. El moro» [Dibujo de Martínez de León], La Voz (13 de octubre), 4.
  • ARRACO, J. (1936a). «Los voluntarios andaluces. Con el batallón Diez y seis de Febrero, que defiende Madrid», El Sol (20 de diciembre), 2.
  • —— (1936b). (Con cuatro «apuntes» de Martínez de León), «Navidades en el frente. Alegría y vigilancia», El Sol (28 de diciembre), 2.
  • —— (1936c). «Defensa de Madrid / Los dinamiteros», El Sol (30 de diciembre), 2.
  • —— (1937). «Guerra de trincheras / Los frentes de Madrid / ¡A diez metros del enemigo! / Un solo anhelo: avanzar», El Sol (8 de febrero), 6.
  • BAJTÍN, Mijaíl (2003). La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais. Madrid, Alianza Editorial.
  • BALCELLS, José María (2017). Nacido(s) para el luto. Miguel Hernández y los toros. Jaén: Universidad de Jaén.
  • CHECA GODOY, Antonio (2013). Historia de la prensa en Jaén, 1808-2012. Jaén: Asociación de la Prensa de Jaén.
  • FERRIS, José Luis (2016). Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta. Sevilla: Fundación José Manuel Lara.
  • HERNÁNDEZ, Miguel (2010). Obra completa. Madrid: Espasa-Calpe, II vols.
  • MANRESA, Josefina (1980). Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández. Madrid: Ediciones de la Torre.
  • MARTÍNEZ DE LEÓN, Andrés (2018). Las crónicas de Oselito en Frente Sur, Frente Extremeño y Frente Rojo. Ed. Rafael Alarcón Sierra. Madrid: Guillermo Escolar Editor.
  • MOLINA DAMIANI, Juan Manuel (2018). Viento del frente, pueblo del sur: Miguel Hernández en Jaén (1937). Jaén: Ayuntamiento de Jaén.
  • PÉREZ ORTEGA, Manuel Urbano (2010). Ruiseñor de fusiles y desdichas. Jaén en la vida y obra de Miguel Hernández. Jaén: Instituto de Estudios Giennenses, Diputación Provincial de Jaén, 2010.
  • PINEDA NOVO, Daniel (1987). «Poeta y dibujante pertenecían al mismo regimiento / Miguel Hernández y Martínez de León, más que amigos / Convivieron 32 meses durante la guerra», El Correo de Andalucía (29 de noviembre), 33.
  • SOLER, Carmen (2005). Buceando en mis recuerdos (Memorias de amor, guerra y exilio). Guadalajara: AACHE Ediciones.

Apéndice documental

«Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 7 (11 de abril de 1937), 2.

Migué Hernánde, er fuerte poeta que ha parío er pueblo en este parto de sangre, resitaba su poema dedicao a Jaén, «Asituneros»:

Andaluses de Jaén

asituneros altivos pregunta mi arma: ¿de quién, de quién son estos olivos?

Er poeta resitaba de pie, impasible, sin gesto, pero sus ojos redondo y asules como bolillas de gaseosa, se fijaba insistentemente en mí desde el pan moreno de su cara, como si fuera el único de la reunión capás de responderle.

-Haré por enterarme -le dije- y si averiguo argo te lo diré.

Dejé ar poeta riendo como a un niño, al aire el sierre de blanca doble de sus diente4.


Ya está to descubierto, amigo Migué. Mira. Esto olivos son de quien tú quería: der pueblo, der pueblo de Jaén, de los andaluses de Jaén. ¿Ve? Cada uno ha cogío uno. Asituneros no sé si son, y altivos tampoco, pero aquí están, mejor dicho, aquí estamos. Yo he requisao uno presioso, con dos brasos y una copa como para llenarla toa entera de vino de mi tierra. Ar prinsipio vi negosio y quise quedarme con un lote de veinte o treinta olivo pa arrendarlo por mi cuenta, pero no me han dejao. Una verdadera lástima, amigo Migué, pues ya tenía hecho unas «pancartas» presiosas donde desía: «Se alquila olivo número 20, con dos brasos hermosísimos, quinse metro de sircunferensia de copa, seis ramas habitable y agua corriente en toda la casa. cuando llueve. Capás pa familia numerosa. Dan rasón en er primé olivo de la izquierda conforme se entra. Preguntá por Oselito». De toas manera, da gusto ve esto, amigo Migué. Un vesino mío ha puesto en su olivo un carté que dise: «Serrao de una a tré», que es la hora de su siesta. Otro, una barbería; otro vende porvo pa los diente, etc., etc. Casi to se marchan a Jaén de noche; yo me quedo.

La otra noche se cayó un vesino mío de «la cama» y nos dio er susto. Sentimo er ruío y creímo que. Te arvierto que ha hecho un hoyo en er suelo, pue dormía en una rama mu arta. En fin, amigo Migué: Que los andaluses de Jaén han tomao el olivo y ya pueden dormir tranquilo sabiendo de quien son. Salú.


«A Jaén no la bombardean» -desían- «La gente exageran mucho. ¿Qué gusto van a sacá matando mujeres y niños? ¡Exagerasiones!».

Hasta que habló er fasismo trasando sobre Jaén de punta a punta su firma roja. Es er clásico corte de cara der matón, der «guapo». Es er fasismo. Es que ¿podía nadie esperá otra cosa?5

OSELITO


«Oselito en el Frente Sur», Frente Sur, I, 16 (16 de mayo de 1937), 3.

To er mundo está contentísimo con la toma de Santa María de la Cabeza6: Oselito Garsía, no. To er mundo cree que hemos ganao una gran batalla: yo creo que hemos perdío una gran ocasión. ¿Cuándo vamos a tené otra como esta? ¿Cuándo vamos a reuní nosotros un grupo de sivilitos auténticos y unos curas de armas tomar en un sitio tan pintiparao como un santuario en lo arto de un picacho serrano? ¿Se habéis dao perfecta cuenta de la valía de estos documentos vivos de la España que desaparese? Dentro de poco vardrá un auténtico siví fasista o un cura con dos pistolas, to er dinero que se quiera pedí. ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo satisfacer la natura curiosidá de los turistas que nos visiten una ves pasao er presente nublao? Bien que a las mujeres y a los niños los salvemos y separemos porque ar fin y ar cabo la mujé es un elemento productó y el niño la rama que al tronco sale, ¿pero a los sivilitos y los curitas trabucaire?... ¡No! ¡De ninguna manera! Cuarquiera otra nasión con más sentío práctico que España hubiera explotao estos elementos no por medio del mortero o del cañón, sino en sentío comercial, turístico y de propaganda.

Parese que lo estoy viendo. Una alta valla de alambres rodearía er santuario y el Serro Chico7. Dentro, siviles y curas, estarían a sus anchas. Aeroplanos nuestros le arrojarían to los días la comida, las municiones... lejo de esta valla, otra, aseguraría la integridá de los espectadores. «Lugar Nuevo» sería hotel del Patronato Nasioná der Turismo8. De esta manera los turistas gosarían, sin peligro arguno, der tremendo placer de sentirse atacados por curas de sotanas arremangá y sivilitos de tricornios torsío. Los cabezas de familias indígenas, de la España saturada ya de libertades y justicia terrena -porque la justicia divina hemos quedao tos en que tenemos que esperá a morirnos, ¿no?- enseñarían, tras la valla, a sus crío: «Mira, hijo mío. Aquer tipo raro de sombrero de hule que carga er fusí pa dispará contra nosotros, es un pobre campesino anarfabeto -como puede ve por su cara y su tipo- a quien er casique -otro tipo que ya verás en otro museo- armaba y dirigía contra er pueblo de cuyo sudó se mantenía. Hisimos lo que pudimo y lo que no pudimo por atraerlo ar pueblo de donde salió separándolo der casi que enemigo, pero el hule der sombrero le había enfriao er cerebro y er correaje amarillo borrao la sangre roja. Por eso es de luto er capotón que lo envuerve. Más allá, aquel hombre ensotanao que bendise la ametralladora ante de dispararla, es un cura que ya que no pudo sé a imagen y semejansa de Dio, quiere hasé un Dio a imagen y semejansa suya. Estos que ve, son los tipos más principales de una España que existió hace no mucho tiempo, pero que parece borrá ya por siglos. Fartan mucho más: Doña Urraca Pastó, Gil Robles, Lerrú9, damas catequistas, reyes, marquesas, condesas, lacayos... Fue una pena que desaparesieran; fue una pena porque nasión arguna de la tierra ha tenío una colesión más completa que España».

Esto dirán los cabezas de familia indígenas a sus hijos y esto explicarían los siserones a los turistas. «Señoras y señores: -gritaría er guía con su bosina desde lo arto del autocar repleto de cotorras de to los países-. Ese que está ahí es er célebre siviliti casiquiqui, terror de los antiguos labriegos españoles, y ese de más allá que ahora sube al arbo, er ferós curiti ibéricu, único en su clase10. Señoras y señores. No teman. Así como están no muerde».

De esta manera er santuario sería er primer centro turístico der mundo, er turismo dejaría un río de oro, ese oro serviría para reconstruir tantos publesitos españoles destruío por la aviación fasista y... sivilitos y curas de armas tomar habrían servío, ¡una vez siquiera!, pa argo bueno.

¡Cuánto pierde España por no dejarse guiar por hombres originales como por ejemplo!

OSELITO

Jaén, mayo.


«Oselito en el Frente Extremeño», Frente Sur, I, 28 (27 de junio de 1937), 2.

¡Hasta luego!

Me voy de Jaén orgulloso, como er que después de someterse a dura prueba sale de ella con la lu der triunfo en los ojos. No es pa meno. Soy el único gran escritó que se va de Jaén sin contarle a los jaeneros que tienen olivos, que el olivo da asituna, la asituna aceite, y que este en la ropa se conserva muy bien (Si arguien dudara de mi genio de escritó este solo detalle bastaría pa pedí mi evacuasión a Valencia por intelectuá11).

Ha sío un caso maravilloso de intuisión. No sé por qué me figuré enseguía que los jaeneros tenían que sabé poco más o meno esto. Me callé y aserté. Así, cuando los amigos me estrechaban la mano en despedida, sus ojos se humedesían de agradesimiento. Fue el arcarde er que habló en nombre de la siudá.

-Grasia, Oselito -dijo el arcarde amigo, abrasándome-. Ha hecho bien en callarte. Aquí sospechábamos to lo del aceite12.

En cambio se me ha quedao en er tintero dos cosas: la mujé y er viento13. La guerra, aun siendo esta guerra santa der pueblo españó contra er señoritismo nasioná y extranjero14, es una cosa mala, y ella me ha impedío dedicarle a la mujé de Jaén un montón de croniquillas, siempre menos que ella se merese. Ya es tarde pa eso y por otro lao la guerra continúa y la atensión a la guerra es pa mí cosa sagrá. De verdá lo siento. Hubiera echao el resto describiendo tanto parmitos bonitos llenos de lomas donde cuarquiera perdería la vida por tomarla.

El otro tema: er viento. Er viento de Jaén es, sin despresiá a nadie, de lo mejó que se despacha. Muchas veces me he preguntao: ¿Cómo es que no anunsian esto? ¿Cómo no llena er mundo de carteles disiendo: «Jaén. Toma de aire. Espesialidá en vuelos libres. Inúti agarrarse a las ventanas. Plomos espesiales pa niño y adultos de menos de cuarenta kilo de peso». Porque er viento en Jaén no es una casualidá, sino una cosa pensá y hecha con toa las de la ley. Un día paseando por Jabarcú lo descubrí. (Jabarcú es un barneario que no sé si quita el reúma, pero darlo, lo da, y der bueno)15. Pué -como iba disiendo- un día paseando por Jabarcú lo descubrí to. Jaén está colocao precisamente a la salía de una profunda cañá donde el aire en trombra arranca embalao desde er kilómetro ocho embistiendo con ira la siudá con fuersa suficiente pa llevarse por delante hasta... la cara de Dios16. Y una de dos: o Jaén está colocao así pa que se la lleve el aire, o esto es un negosio que se pensó y que está todavía por hasé. ¿Es o no es lo que yo digo?

He conosío Jaén por primera ve en mi vía. No sé qué casique esaborío dejó a la siudá en «orsai» respecto a comunicaciones, condenándola a sé la meno conosía de las provinsias andalusas17. Seguramente er casique tendría una calle. Era costumbre. Sin embargo, hoy -¡las cosas der mundo!- es Jaén nuestra Covadonga pa librá a Andalusía de las patas groseras der fasio18.

¡Hasta luego! Como dijo er sapatero de mi cuento19. Er mundo es muy chiquetillo y como no tiene salía nos veremos muchas veces má. De cuando en cuando, desde Castuera, rodeao de moscas y sigüeñas, continuaré mandando cosillas. Un saludo a mis compañeros en la Prensa por conducto der camarada Argo, el hombre que más tiempo conserva la barba20.

¡Salú!21

OSELITO

Castuera, junio.