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Con-ciencia de género: los microrrelatos inéditos de Luisa Valenzuela1

Sandra Bianchi



Y entonces cada punto final que estampamos resulta un engaño.


Los deseos oscuros y los otros. Luisa Valenzuela                







a.m. / p.m.

La hora meridiana es un umbral, una marca límite, y como tal señala rupturas, estados diversos de las cosas y de los seres que transmutan con el paso del tiempo. También establece las continuidades y/o las repeticiones que se registran en ese pasaje. Su «reseteado» a través de la rotación terrestre asegura la circularidad de las coordenadas que se conocen como a.m. / p.m.

Así, apenas esbozada, la rutina temporal que organiza la vida humana parece regularse en torno a tres ejes: ruptura, continuidad y repetición, coincidentemente los mismos que organizan la producción microficcional de Luisa Valenzuela.

¿Debería considerarse la variable a.m. / p.m. para el análisis crítico de su obra breve? Sin temor a forzar analogías, en el caso de la microproducción de nuestra autora, estas siglas se convierten con toda legitimidad, en «antes de la microficción» -a.m.- y «post microficción» -p.m.- porque hay un antes y después en su obra micro, a partir de la toma de conciencia de Luisa Valenzuela de la existencia de este formato como género literario. Entre sus primeras producciones breves y las recientes se inscribe una línea de puntos que divide ambas etapas de creación pero no deja de trazar continuidades y simetrías (una palabra de sobrado peso específico en su poética).

En anteriores trabajos críticos sobre la obra brevísima de Luisa Valenzuela2 seguí la huella de esos puntos invisibles que señalan la travesía física y simbólica de sus microrrelatos, originada en unos textos que parecían emerger sin genética alguna, hasta que se constituyen como tales para la propia autora3.

No me referiré a estos tópicos que ya he visitado, aunque sí quiero destacar la intensidad de estos episodios tan vitales como literarios, o casi viceversa, que tanto forman parte del mundo «real» (o de «la llamada realidad», como dice Valenzuela) como también construyen un relato, el que cimenta/organiza la poética integral de la autora (incluyendo sus novelas, cuentos y ensayos), que habilita a considerarlos cronotopos, noción bajtiniana que alude a aquellos lugares marcados afectivamente por una huella del tiempo. Tan medular es esta impronta cronotópica (la escritura en los bares de Buenos Aires y la biblioteca vandalizada por la propia autora, enmarcadas en los años de plomo) que la autora refiere casi al pasar, otras experiencias previas respecto de la microficción. Cuentículos de magia y otras yerbas, micro radial que produjo en Radio Municipal en los años 60 y el «Concurso Internacional de Cuento Brevísimo» organizado por la revista mexicana El Cuento que ganara en la sexta edición, parecen ser parte de una protohistoria, más bien rastreada por sus entrevistadores y críticos que rescatada por ella misma.

Cuando Luisa Valenzuela escribió sus microrrelatos más conocidos y difundidos en antologías, y tan celebrados por sus lectores, no tenía conciencia cabal de que sus cuentos brevísimos tenían una filiación como tales. Su participación en los congresos que se celebran al respecto, sus reflexiones sobre el microrrelato que cobraron forma de ensayo con el libro Escritura y Secreto (2002), sus cursos y conferencias sobre el género, la publicación de BREVS. microrrelatos completos hasta hoy (2004) y la reciente publicación de Juego de Villanos(2008), un novísimo libro de microrrelatos, reflejan una lectura diferente sobre la propia producción y un giro en su travesía microescritural que reconoce una partición a.m./p.m.




Microrrelatos con-ciencia

El «Taller de escritura breve», la segunda parte del libro Escritura y Secreto dedicada a reflexiones diversas sobre esta modalidad textual, y la publicación de BREVS son los textos que producen una inflexión significativa en su poética microficcional: el conocimiento del marco de lectura -escritura gravita a partir de entonces en su proyecto de escritura breve. Según mi lectura anterior, BREVS se configura como un «armado»4 , para el cual la autora relee y reescribe su producción: edita y pone en serie las microficciones que provienen de sus mencionados libros, que organizadas por proximidad semántica y estilística articulan isotopías que dejan leer zonas de condensación de sentido; y con cada serie de microtextos construye unidades autónomas que se interrelacionan. Las microficciones de BREVS funcionan como pequeñas piezas con las que cada lector puede armar un guión.

Durante 2008 la Editorial Thule de España publica Juego de Villanos. En tanto nuevos y casi desconocidos aún por estas latitudes, sus últimos microrrelatos mantienen el carácter de inéditos que propone el título de este trabajo y que como tales he leído y analizado5. Pero es importante destacar que la publicación del libro hizo que mi lectura crítica realice el movimiento pendular entre el archivo Word de los inéditos (con el que ya había comenzado a trabajar) y esta nueva colección de breves que presenta el libro.

Sin anunciarse como tal, el volumen es una suerte de «obra completa» de sus microrrelatos, si esta afirmación fuera posible: sabemos que los stops temporales son inconcebibles en el universo literario de Valenzuela. Pero una lectura del índice señala una puesta al día -en más de un sentido- de su obra microficcional. En una entrevista que le hiciera por la aparición de sus Cuentos completos y uno más (1999) Valenzuela decía que tener frente a sí toda su obra «Significa poner las cosas en su lugar» y acerca del modo en que impactaba en sí misma ese volumen, expresaba: «cuando vi tantos textos juntos… me provocó la sensación de que hay una verdad en ellos»6.

Tal vez, buscando la verdad que depara el «poner las cosas en su lugar» en este formato que desconocía cuando comenzó a practicarlo y que fue haciendo consciente, o tal vez, como dijo en una de sus últimas conferencias: «Hay hallazgos voluntarios y los hay involuntarios, y hay maneras y maneras de acceder a ellos, o descubrirlos como la veta de mineral en medio de la montaña, o mejor las pepitas de oro en la arena del río, usando el cernidor»7 se explica un índice como el de Juego de Villanos que ordena cronológicamente sus brevedades: tamiza los microrrelatos que están incluidos en sus libros de cuentos, desde el primero Los heréticos (1967) hasta el último BREVS (2004) y organiza así seis secciones, que contienen por supuesto a los mencionados, a El gato eficaz (1972) y a Simetrías (1993). En la séptima sección, bajo el subtítulo «Microrrelatos nuevos» (2006-2008), presenta su flamante producción.

De este modo, en Juego de Villanos se consuma una ruptura respecto de la estrategia anterior, para la edición y montaje de sus textos, puesto que hay en el libro actual un recorte diferente con el que posiciona e historiza su producción breve. Pero, como en una cinta de Moebius, la ruptura halla su contracara en la continuidad y la repetición, la de su performance creativa: Valenzuela construye su obra no sólo en la escritura, sino además, y «muy además», en la lectura de sus propios textos, como autora-lectora y reescritora de su propia obra. No sólo expresa sus meditaciones críticas en el formato ensayístico de Escritura y secreto, sino que realiza con el conjunto de sus microrrelatos una suerte de práctica curatorial -tengamos en cuenta que la edición es una forma de curaduría y viceversa- entendida también como un texto narrativo que produce un nuevo conocimiento, o una toma de conciencia, que fusiona la teoría con la praxis.

Con ese criterio, otorguemos a BREVS. microrrelatos completos hasta hoy el status de una exposición temporal, desde lo conceptual hasta en el guiño que propone el subtítulo. En tanto Juego de Villanos presenta una muestra retrospectiva de sus microrrelatos, y en la última sala, sus creaciones recientes.




Con-ciencia y más

Todo ese recorrido -que quizá era un «saber no sabido», expresión que utiliza en Los deseos oscuros y los otros (2004)- funciona como el hojaldre y sus capas, que dan espesor a su poética del microrrelato en particular y, en general, a su vasta obra. Sus microproducciones últimas no sólo están escritas con la ciencia, maestría, con que ejerce su oficio, sino también desde un saber -ahora sabido- con el que puede establecer otra sintonía de complicidades, como con el lector de microficciones, un digno partenaire de esta literatura, cuyas acciones refiere en «Uno de misterio» (p. 103)8, texto con el que traza una poética de la microficción.

Más allá de la interlocución que establece con su lector, sus «Microrrelatos nuevos», que son los inéditos a los que se refiere el título de este trabajo, se dirigen a otros destinatarios, significativamente, actores del campo de la microficción. Escuché decir a Valenzuela, tanto en conversaciones informales como en conferencias, que gracias a la Dra. Francisca Noguerol advirtió la existencia de este género. ¿Será por este motivo que le dedica un microrrelato titulado «Inicio» (p. 79)? Un micro que en clave humorística retoma los tópicos de la creación y por qué no, de la iluminación entendida como vía de acceso al conocimiento.

Más allá del gesto cómplice y cordial, este tipo de dedicatorias nos permiten hacer otras lecturas. Puesto que la microficción es un género que, a pesar de su legitimidad todavía argumenta por el reconocimiento de su estatus y especificidad en el campo de la literatura, es posible pensar que al igual que otros movimientos o generaciones literarias, la búsqueda del posicionamiento -no de los escritores pues todos ellos cuentan con trayectorias muy prestigiosas- sino de esta modalidad textual se canaliza en algunas estrategias discursivas.

Las dedicatorias personales no sólo distinguen a un sujeto en particular como destinatario del texto sino también instalan el halo de su presencia.

Valenzuela también dedica una serie de microrrelatos a David Roas, «Serie 201» (p.113) que se originó como respuesta literaria a una anécdota compartida entre ambos escritores), a Irene Andrés Suárez, a José María Merino y a David Lagmanovich. En todas ellas hay referencias más menos explicitas al anterior Congreso Internacional de Minificción, celebrado en 2006 en Neuchâtel, Suiza. En esos textos se pueden leer los guiños que hacen a la intimidad de un grupo y a un clima de pertenencia que se ha gestado. Un ejemplo visible puede leerse en «Contaminación semántica» (p. 111), dedicado a José María Merino. El escritor español no demoró en devolver el gesto, para continuar una suerte de diálogo en su micro «Sorpresa peligrosa»9.

En una conferencia que Valenzuela pronunció en 2007 en el Colegio de México, refiere a esta suerte de contrapunto que establece con sus pares: «Cuando Ana María Shua leyó en público su Tarzán hamletiano10, no pude contener las carcajadas. Cuando más tarde le comenté que su frase ‘Tarzán, condenado al infinitivo’ me había parecido un hallazgo de los más felices, ella me hizo ver que nuestros indígenas estaban condenados al gerundio. Por esta microinformación le dedico ahora «Revancha»: Huinca muriendo. Indio bailando en una pata. Huinca habiéndole cercenado la otra de un sablazo.»

El título de la citada conferencia es «Los microrrelatos y la secta», y su tema alude, con el humor e ingenio que distinguen a Luisa Valenzuela, a este reconocimiento recíproco que va instaurando una conciencia colectiva de grupo: «A esta secta nuestra ya muy máxima del mini se va entrando casi sin querer, sin proponérselo»11 . Del mismo modo, «sin proponérselo» Valenzuela ha ingresado en esta micro-secta -que técnicamente tiene su lugar en el campo intelectual- en la que ya «estaba ingresada» por su práctica escritural aunque no tuviera conciencia del formato (a.m.) y actualmente lo está, desde la conciencia del género que practica (p.m.).

En la misma sintonía lúdica, en clave de complicidades y reconocimiento al grupo de pertenencia puede leerse la «Serie Tito» (p. 110), tres microrrelatos que recrean tanto al célebre «El dinosaurio» de Monterroso, como a una ya considerable tradición que lo glosa, lo parodia, y le rinde homenaje.

Desde la «in-conciencia» a la «con-ciencia» su narrativa breve experimenta cierto cambio de tono. Su literatura confronta con el discurso del poder: Valenzuela escribe para tratar de entender y narrar los mundos del horror. Sus primeros libros y consecuentemente BREVS, ficcionalizan el clima de época de los años de plomo. Si bien en muchas de sus brevedades los referentes son ambiguos, metafóricos, y opera el desvío como mecanismo articulador para borrar las huellas que los identifiquen, los indicios y los guiños nos hacen saber que se alude a esos años y por ende, a las diversas formas de violencia.

En sus nuevos microrrelatos se observa un cambio de tono, marcado sin duda por el cambio de contexto. En estos breves no se impone la crueldad de una realidad política siniestra como en sus anteriores libros de cuentos, que reflejan los durísimos años de plomo de la Argentina. Si bien se percibe la impronta de Walsh, cuyo consejo es una marca de agua en su escritura12 Valenzuela revisita lo siniestro y lo inquietante no ya desde una realidad política amenazante sino desde los misterios que habitan la vida cotidiana13. Para el caso vale mencionar «Afirmaciones peligrosas» (p. 102), «Expeditivo» (p. 88) o «Hay amores que matan» (p. 89). En este último microrrelato se presentan gradualmente los elementos que construyen un locus amoenus: el paisaje, los sentimientos de los enamorados, el pedido imposible de la dama. Pero el corolario reescribe la frase hecha del título: el amor no mata a uno de los integrantes del idilio, como sugiere la cristalizada significación. Lo sublime y lo inefable enmarcan la muerte real de un tercero, un alpinista. Mediante un desvío, la ficción hace literal lo metafórico y reconvierte la metáfora, presentando a la vez, de modo inquietante, la pertinencia del código amor-muerte.

En estos nuevos breves sigue funcionando la condensación como estrategia de base para abrir las palabras al juego de los significantes y su capacidad polisémica de generar nuevos sentidos, sólo que ahora se pueden nombrar los referentes omitidos -innombrables- en sus libros anteriores, como se lee en «Desaparecido»14: Se fue sin decir adiós y nunca más lo vimos. Se fue sin cerrar la puerta. La cerraron los otros de la primera patada.

Un recorrido integral por la escritura de los breves de Luisa Valenzuela permite leer las continuidades, rupturas e isotopías que trazan un arco entre diversos puntos de su producción, casi como el del reloj que señala el cambio de hora meridiana, que dialoga además, con toda su obra y que sitúa a los lectores tanto en un jardín de senderos que se bifurcan como en una rayuela. Una escritura, que más allá de su derrotero y de los mecanismos que realicen su práctica, alienta y convoca con plena conciencia y con-ciencia a participar en la otra cara de la ficción, en la tarea lectora- recolectora del huidizo Secreto.






Bibliografía

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  • Valenzuela, Luisa. 2008aJuego de Villanos, Barcelona, Thule Ediciones.
  • Valenzuela, Luisa. 2008b Tres por cinco Madrid, Páginas de Espuma.
  • Valenzuela, Luisa. 2004. BREVS. microrrelatos completos hasta hoy. Córdoba. Ed. Alción,
  • Valenzuela, Luisa. 2002a Escritura y secreto, México, Ariel.
  • Valenzuela, Luisa. 2002b Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de Nueva York. Buenos Aires, Ed. Norma.
  • Valenzuela, Luisa. 2001. Peligrosas palabras, Buenos Aires, Temas.
  • Valenzuela, Luisa. 1999. Cuentos completos y uno más, México, Alfaguara.


 
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