21
Cualquiera que, sin antecedentes, lea el ejemplo de conjugación que traen Lagunas y Basalenque, creerá que el subjuntivo tiene sus tiempos completos, porque se nota en ellos cierto artificio que puede creerse peculiar de subjuntivo, y consiste principalmente en que el adverbio que le acompaña recibe las terminaciones que marcan las personas. Sin embargo, es fácil convencerse de que esto es inexacto si se reflexiona. Primero, que las terminaciones de los tiempos del subjuntivo (excepto el pretérito imperfecto) son las mismas que las del indicativo, sin más que estar descompuestas de la manera que explicaré en su lugar; segundo, que esa descomposición, o artificio, no es una forma peculiar del subjuntivo, sino de todos los adverbios, y aun de otras partes de la oración, resultando que tanta razón hay para conceder subjuntivo como otros tantos modos, cuantos se pueden expresar con todos los adverbios y demás palabras que tienen la misma propiedad, lo cual luego se conoce que es impropio.
El pretérito imperfecto sí lo tiene el subjuntivo, porque posee para ello una terminación propia piringa, por lo cual el padre Lagunas (y es la mejor prueba de lo dicho) confiesa que «el subjuntivo tiene un tiempo que es pretérito imperfecto; los demás tiempos se usurpan del indicativo» (pág. 21 del Arte) y lo mismo viene a decir Basalenque (pág. 28).
Por razones iguales no admito el optativo, pues su pretérito imperfecto está suplido con la interjección nondiati, ojalá, y la terminación de subjuntivo piringa; y los otros tiempos también con nondiati, y las terminaciones de indicativo. Basalenque confiesa que «este modo optativo y subjuntivo son una misma cosa en los tiempos, sólo se diferencia en las partículas». Si el agregado de un adverbio u otra palabra fuera bastante para formar modos, entonces el tarasco y todas las lenguas tendrían no sólo optativo sino vetativo, afirmativo, etc., con sólo el agregado de una palabra que expresara esos conceptos. (N. del A.)
22
El futuro que pone Lagunas le omito, porque él mismo confiesa que «es compuesto de circunloquios y no propio» (pág. 37 del Arte). Lo mismo puede verse examinando a Basalenque (pág. 32). (N. del A.)
23
Para que se conozca, mejor lo dicho en la nota 21, sobre la inexactitud de conceder todos los tiempos al subjuntivo, y de suponer optativo, obsérvese que ni con los adverbios de subjuntivo, ni con nondiati, puede resultar propia y literal traducción; cuando con el presente de indicativo digo ikicuhchepahaca, o iki pahacacuhche, no se puede traducir propiamente «como nosotros amemos», sino «como nosotros amamos» y lo mismo respectivamente en los demás casos; así es que nondiatirepauaca, que pongo como ejemplo de optativo, tiene por verdadera traducción «ojalá tú llevarás» y no «ojalá que tú lleves». (N. del A.)
24
A esto se reduce, en mi concepto, lo que según los autores es una de las principales dificultades del tarasco. El diccionario del padre Lagunas casi se contrae a explicar el significado de esta especie de verbos, y Gilberti los pone por separado. Respecto al nombre de «preposiciones verbales», que Lagunas y Basalenque dan a las radicales, véase la nota siguiente. (N. del A.)
25
Según Basalenque (pág. 69) «se hallan en el Vocabulario todas las preposiciones necesarias», mientras que Lagunas (pág. 96 del Diccionario) asienta que el tarasco carece de ellas; ni una ni otra aserción me parecen exactas.
Que haya todas las preposiciones se contradice con observar que la preposición a no tiene traducción si no se la considera incluida en alguna partícula componente; que ante está inclusa en verbos, como andangaricuhpeni, estar ante algunos; que hingun es el adverbio o conjunción también, y no la preposición con; que desde no tiene traducción ninguna en el diccionario; que el adverbio iski, así como, suple a según; que pexahcani no es propiamente la preposición tras, sino el adverbio detrás; lo mismo creo que resultaría con las otras palabras que pasan por preposiciones, bien analizadas y bien conocido su origen.
Respecto a lo que dice Lagunas, no hay más que hacer sino refutarle con él mismo, pues en la página 2 del Diccionario opina no que absolutamente deje de haber preposiciones, sino que «en esta lengua hay muy pocas o casi "ningunas"», y en la página 102 del Arte confiesa que himbo es preposición causal de acusativo.
Los mismos gramáticos llaman «preposiciones verbales» a las radicales de ciertos verbos (que expliqué en el § 30), comparándolas con las compuestas del latín an, com, etc., lo cual es tan inexacto como que la radical de los verbos tarascos expresa la idea genérica, modificada por las partículas, mientras que las preposiciones compuestas del latín, castellano y otras lenguas sirven para indicar una modificación del verbo, es decir, lo contrario. (N. del A.)
26
Por hallarse en el silabario mixteco, que se ve al principio del catecismo de este idioma, las letras g, r, l, observaré aquí: que en el idioma puro de los antiguos mixtecos jamás se usó la r, como se prueba con las siguientes palabras del padre Reyes: «En Texupa usan de la r, sin que se halle en otra parte de la Mixteca, y allí afirman los naturales antiguos ser introducción nueva en aquel pueblo que antes que viniesen españoles no se hablaba ansí».
Respecto a la g he dicho que sólo en un vocablo se encuentra, y por lo que toca a la l veremos, al hablar de los dialectos, que sólo se usa en Mictlantongo, todo lo cual es conforme al citado autor, al que nos debemos atener, en todo lo que sea conforme a razón, porque trató el idioma mixteco en su pureza, según nos lo da a entender con las palabras siguientes: «Poniendo (en este arte) los vocablos y modos de hablar al uso antiguo de Tepuzculula, y como hoy día hablan los viejos que tienen más noticia de la lengua».
Aun respecto de la h el mismo autor observa: «Sólo se puede saber acerca de innumerables vocablos, que por más claridad se escriben con h antes de vocal, y no por eso se ha de entender que es aspiración, sino que la pronunciación ha de ser de tal suerte que parezca dejar la vocal sola [...] por la mesma razón se escribe mejor con h al principio de parte como huahi, y si se escribiese con v los que no supieren de la lengua, entenderían que se había de pronunciar como consonante». De esto se infiere, primero: Que en muchas palabras mixtecas se usa inútilmente la h, o por v. Segundo: Que la v se pronuncia como h con vocal al menos algunas veces. Esto último lo explico en el texto, pero lo primero no es fácil de remediar, porque no lo es adivinar hoy dónde se usa malamente la h, y así prefiero dejarla donde la encuentro.
Aunque de algunas explicaciones del padre Reyes parece que no hay d sola, sitio nd, de sus mismos ejemplos resulta que no falta aquélla, como se ve en los pronombres doho, duhu, y demás que se anteponen, solos o compuestos (capítulo 3.º); los pronombres di, do, y todos los que se posponen, sí se ve que al componerse con otras voces (lo que siempre sucede) se convierten en ndi, ndo, etc., por lo cual así los llamaré. (N. del A.)
27
Esto es lo que resulta de los ejemplos que pone Reyes, a los cuales me atengo mejor que a sus explicaciones. En éstas dice «que hay ciertas partículas o silábicas adjecciones que sirven como de artículos, o relativos, que se ponen en lugar de pronombres. Que se consideren como artículos no es propio, porque el artículo sirve para determinar los nombres camuñes, y las partículas mixtecas van aun con nombres propios. Que se pongan en lugar de pronombre, y de consiguiente del nombre, tampoco es exacto, hablando en general, pues si bien vemos de ello ejemplos, como cuando se usa la partícula daku en lugar del sustantivo kuachi, muchacho, lo general es que las partículas acompañen el nombre, y no que se pongan en su lugar. No deben, pues, confundirse de una manera absoluta con las partes de la oración que conocemos en nuestras lenguas; son sui generis; así es que el padre Reyes se expresa con más exactitud cuando dice: «Las más de las relaciones aquí puestas no tienen dependencia de vocablos, ni correspondencia a cosa que se les parezca». Con lo único que acaso pudieran compararse dichas partículas es con ciertas terminaciones del chipeway de que habla Du Ponceau (Memoria, pág. 171 y 190). (N. del A.)
28
Aunque el padre Reyes pone como modos del verbo mixteco el subjuntivo, optativo e infinitivo, no es cierto que propiamente haya tales modos, pues para formarlos tiene que hacerlo por medio de perífrasis (como veremos después), lo cual no es otra cosa sino suplir lo que falta a la lengua, y esto es tan cierto que el mismo escritor confiesa que «esta lengua es imperfectísima en estos modos optativo y subjuntivo, que casi se vienen a expresar ambos con esta partícula tana, que quiere decir si; solamente en el optativo se antepone esta ha». Respecto al infinitivo, gerundios, etc., se suplen con el futuro, como el mismo Reyes explica, y de consiguiente ninguno de estos modos debe figurar en la conjugación. No cuento entre los tiempos el pretérito imperfecto, como lo hace Reyes, porque no le hay sino suplido, como más adelante veremos. (N. del A.)
29
A éstos llama el padre Reyes neutros pasivos, según parece, porque neutros se llaman los que no tienen voz pasiva, y de consiguiente deben llamarse lo mismo los pasivos que carecen de activa. Pero luego se ve cuán distinto es carecer accidentalmente un verbo de voz activa, como acontece en mixteco, que carecer esencialmente de pasiva, como sucede a los neutros en todas las lenguas; que el verbo pasivo mixteco tenga activa propia, tácita o suplida es posible; pero que un neutro tenga pasiva es imposible en toda lengua. La consecuencia del padre Reyes es, pues, falsa, y el nombre que da a dichos verbos, impropio. (N. del A.)
30
Esto es realmente lo que resulta de lo que dice Reyes en el cap. 6, aunque su explicación es diferente. (N. del A.)