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Cultura y democracia : revista mensual - Núm. 3, marzo 1950

Redacción y Administración: 38, rue des Amandiers

París-XXe

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    En este número:

  • EDITORIAL La bancarrota ideológica del fascismo español
  • *** 8 de Marzo. Jornada Internacional de la Mujer
  • RAFAEL VIDIELLA La lucha del pueblo español contra la guerra de Marruecos
  • M. SÁNCHEZ ARCAS Tres congresos seudocientíficos
  • C. PALOMARES La situación actual de la infancia en España
  • *** El estraperlo franquista
  • *** Noticias de España
  • RAFAEL ALBERTI Coplas de Juan Panadero
  • *** Otro crimen franquista
  • EMILIO G. NADAL Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
  • *** Los presupuestos franquistas
  • *** Cinco Villas
  • *** Madrugada de angustia (Cuento guerrillero)
  • *** La Paz es la Vida
  • JORGE SEMPRÚN Panorama de la Cultura bajo el franquismo
  • F. DE QUEVEDO «Memorial»
  • *** El triunfo de la Democracia Soviética
  • *** Carlos Marx
  • KUO-MO-JO El Frente Único en la Literatura y en el Arte
  • *** Frente del Socialismo y de la Paz
  • *** El modo de vida americano
  • T. SALAZAR Aleluyas antifranquistas
  • Nuestra portada Agustina de Aragón

Precio del ejemplar, 50 francos. - Suscripción anual (Francia) 500 francos.

En las suscripciones para el extranjero y envíos por avión añadir los gastos de franqueo.

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ArribaAbajoBancarrota ideológica del fascismo español

Sigue profundizándose la crisis económica y política que corroe las entrañas del régimen franquista. Y a medida que la situación se torna más oscura y sin salida para él, la ideología del fascismo español, confeccionada con viejos retazos de los programas de Hitler y Mussolini, zurcidos con el hilo negro de la tradición medieval de las castas semifeudales, se desgarra por costuras y costurones.

La evidencia del fracaso, la certidumbre de que su sangriento tinglado se viene abajo, impulsa a Falange a buscar una salida, una tabla de salvación, encargando a sus ideólogos buscar un disfraz «social» para tratar de cubrir su andrajosa vestimenta fascista, y de deslumbrar al pueblo con el oropel de su demagogia aventurera.

Con relación a esto último está la polémica iniciada en su órgano central, Arriba, secundada por Pueblo y otras publicaciones fascistas, donde una serie de sacamuelas, de categoría y fama entre ellos, ofrecen al agónico paciente tan disparatados remedios que algunos los califican de «peor que la enfermedad».

En el orden de las ideas se habla en estos artículos de lo divino y lo humano. Del «anarquismo ibero» y del «anarco-sindicalismo nacional», del «peronismo» y del «titoísmo», del «socialismo liberal», del «comunismo nacional cristiano» y de otras «doctrinas» por ellos etiquetadas, examinándose el pro y el contra   —2→   de la adopción de cualquiera de ellas como ideología oficial del Estado franquista, para tratar de hacer frente «a los avances del comunismo llamado irremisiblemente a triunfar si no se le opone una barrera ideológica eficaz».

Por la forma personal en que transcurre la polémica pudiera creerse, a primera vista, que se trata de una discusión bizantina entre señoritos ociosos, cada uno de los cuales rechaza la fórmula de su oponente para ensalzar las virtudes curativas de su propio ungüento. Sin embargo, basta desbrozar ésta de la intrincada y nauseabunda prosa falangista, propia del delirio de un loco en la agonía, para ver, como dice uno de ellos, Jesús Suevos, que «algo se pudre en Dinamarca cuando todo el mundo abre las ventanas». Y aquí está el quid de la cuestión. La crisis general del régimen franquista, la bancarrota económica, política e ideológica del Estado fascista español, la extensión de las ideas republicanas y democráticas, el reforzamiento de la conciencia de clase del proletariado español, el crecimiento continuo de la influencia del Partido Comunista, guía y alma de la resistencia, cuyo programa por una salida republicana y democrática a la presente situación cala cada vez más hondo, obliga a los sátrapas falangistas a entrar en polémica con el socialismo científico, con el marxismo, con la ideología de la clase obrera, a fin de oponer a ésta, como ellos dicen, «algo que valga la pena».

En honor a la verdad hay que decir que los flamantes polemistas no abrigan muchas ilusiones en el triunfo de su empeño. Uno de ellos, José María García Escudero, dice: «Yo no sé si se podrá contener al socialismo, pero creo que hay que intentarlo». En esta amarga incertidumbre, del náufrago que en la noche oscura busca en vano la tabla de salvación, queda reflejada la completa derrota ideológica del fascismo español.

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Hace 11 años que Franco proclamó reinante en España la paz de los cementerios. Aseguró que la planta de la revolución había sido arrancada en España para siempre, que su régimen imperaría por los siglos de los siglos. Pensaba que con amordazar y encadenar al pueblo pondría fin a la lucha de clases, y así lo propalaron a voz en grito sus propios voceros, que hoy por boca de P. Lamata, apenas sin resuello por el pánico, dicen:

«Tenemos que hallar una fórmula política propia que pueda oponerse al avance incontenido de las doctrinas marxistas».



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¿Qué ha pasado en España y en el mundo para que los fascistas españoles tengan tan amargo despertar de la embriaguez de su temporal victoria conseguida con armas ajenas?

Durante estos años, años de prueba para el pueblo español, no cesaron de trabajar los Tribunales militares, ni los piquetes de ejecución ni los verdugos. La ley de fugas se aplica por doquier, las cárceles y presidios permanecen llenos de patriotas. Se predica el oscurantismo, se fomenta la incultura, se organiza la milagrería, en una palabra, se intenta someter al pueblo por el terror y la corrupción ideológica. Al mismo tiempo, persiguiendo la conquista de una base de masas entre su más irreductible enemigo, la clase obrera, el franquismo puso en juego la más cínica y desaforada demagogia social asimilada de la experiencia de los nazis alemanes, de los fascistas italianos y de la hipocresía social-cristiana del Vaticano. Los señoritos crapulosos se llaman «camarada», los explotadores «productores», familia, sindicato y municipio son declarados «pilares de la sociedad». Se declara instaurado el seguro a la vejez, a la maternidad, se establecen puntos a la producción, se fijan pluses de vida cara y dicen que los obreros participan en los beneficios de las empresas. ¡Qué no habrán declarado los fascistas en el orden social! Y a pesar de esto, la clase obrera les maldice, los campesinos les odian, la pequeña burguesía se aparta de ellos, los intelectuales les reniegan. Y a los 11 años de dominación su base social aparece más reducida e inestable que nunca, ganando el pesimismo y el descontento a muchos de los que en 1936 se alzaron en armas contra la República.

¿Por qué ocurre todo esto? Esto ocurre porque en un país como España, donde la revolución democrática está por hacer, la tierra aparece concentrada, como hace siglos, en manos de un puñado de aristócratas semifeudales, la Iglesia posee un tercio de la riqueza nacional, las nacionalidades son brutalmente oprimidas, la intelectualidad no tiene campo de desarrollo, las mujeres son objeto de la más abyecta discriminación, la clase obrera es víctima de la más desaforada explotación, y el poder está en manos de los círculos financieros, de los terratenientes, de la Iglesia, de los generales, no puede prosperar la demagogia. Las palabras y dulces promesas choran siempre en brutal contraste con la terrible realidad.

Se llamaron nacionales y no son más que serviles mandatarios de la voluntad del imperialismo más fuerte. Se dijeron patriotas y no pasan de vendepatrias. Siendo crueles explotadores se llamaron sindicalistas. Hablaron de engrandecer a España y jamás se vio ésta tan rebajada y humillada como en nuestros tiempos. Clamaron del Imperio y se quedaron en colonia. Se proclamaron cristianos y son verdugos. Dijeron enaltecer a la Iglesia y jamás estuvo ésta tan desprestigiada a los ojos del pueblo.   —4→   Declararon a su régimen «social» y la historia no recuerda tiempos de tanta explotación, de tanta hambre, ruina, miseria y calamidades por parte del pueblo ni tan insultantes beneficios y privilegios por parte de los grandes capitalistas, de los terratenientes, de los generales, de los altos dignatarios de la Iglesia.

Tamaña disparidad entre las palabras y los hechos abrió un abismo entre el franquismo y la inmensa mayoría de los españoles. Mientras tanto, fuera de España, la Alemania nazi y la Italia fascista, nodrizas del franquismo, se derrumbaban bajo el peso de las invictas armas soviéticas, y el fascismo sufría una de las derrotas ideológicas más poderosas que registra la historia. Las fuerzas democráticas y progresivas se lanzaron por doquier a la ofensiva. Creció inconmensurablemente el papel internacional de la URSS como vanguardia de la humanidad progresiva. El mundo capitalista saltó hecho añicos por nuevos eslabones, y desde Albania y el Elba a la inmensa China, el proletariado en el Poder puso al orden del día la construcción de la sociedad socialista. Triunfantes en la práctica, las ideas comunistas prendieron en nuevos millones de obreros, campesinos, intelectuales. Por primera vez en la historia se formó un inmenso frente organizado de los partidarios y defensores de la paz y de la democracia que obstaculizan con su pujante acción los manejos de la reacción imperialista que trata de arrastrar al mundo a una nueva guerra.

Es decir, los aliados ideológicos del fascismo español, los imperialistas, fueron de derrota en derrota, mientras que los aliados naturales del pueblo español, la democracia mundial, con la URSS al frente, van de victoria en victoria.

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Semejantes acontecimientos no tenían por menos que reflejarse en la conciencia del pueblo y de la clase obrera. Bajo la influencia del Partido Comunista, que inspira y dirige la lucha, nuestro pueblo rechazó de plano la pútrida ideología falangista, aprendió a distinguir mejor a sus amigos y enemigos de fuera, la clase obrera fortaleció su fe en la victoria, templa sus armas en la lucha diaria por el pan, se pone en movimiento contra el régimen por la democracia y la República poniendo a la vez en movimiento a todos los descontentos. En estas condiciones comienza a vislumbrarse en España un nuevo ascenso revolucionario confirmándose plenamente, con exactitud científica, la afirmación del Partido Comunista de que el franquismo, habiendo hecho retroceder en España la revolución democrática, pero no estando   —5→   en condiciones, por su composición de clase, de poner fin a las causas económicas que engendran y estimulan ésta, no sería capaz de impedir que la revolución llamara con nuevos bríos en España.

Esto está claro también para los falangistas. Y ellos, que quemaron las obras de los clásicos del marxismo-leninismo para que no quedara en España ni el germen de la doctrina socialista, comprueban con desaliento, no exento de pánico, su continua propagación y pretenden entablar una polémica, que muchos de ellos dan por perdida de antemano, porque ven: que el franquismo se derrumba estrepitosamente, que el porvenir pertenece en España a la democracia y al socialismo, que nuestro proletariado, torturado y encadenado, es más fuerte que el franquismo por cuanto representa el porvenir, la marcha histórica de los acontecimientos, mientras aquél está condenado a perecer, y a no tardar.

¡Así de inexorable es la dialéctica de los hechos!

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Entre 1939 y 1950 media un abismo de ruina, sangre y miseria entre el pueblo y el franquismo, para que éste pueda revestir atropelladamente el disfraz ideológico que cubra su carroña fascista. Así lo reconoce en Arriba Emilio Romero, cuando escribe:

«Lo malo es que ya estamos sobre los escombros a los cuales se nos exige dar una cimentación y una arboladura socialistas. Los días del capitalismo están contados... Marx, cualquiera que sea su destino en el transmundo, puede estar gozoso de su obra».



Dar una arboladura social al franquismo, tal es el encargo. Pero la cosa no es fácil. Y los ideólogos del régimen se estrujan los sesos esforzándose por parir una ideología cerebral que enfrentar a la ideología proletaria basada en la ciencia. Buscan y rebuscan, consultan a Hegel, manosean los libros de Marx, sin conseguir otra cosa que reforzar su moral de derrota de impotentes condenados. Veamos la opinión de otro abatido polemista, Florentino Embid:

«Discutíamos ayer -escribe éste en Arriba- un amigo y yo sobre cuántas y cuáles son las posibilidades que se abren ante una sociedad cualquiera cuando empieza a quedar claro para todos que ha caducado. Convenimos en que hay dos salidas. Una, buscar en el pasado próximo entre modelos que últimamente   —6→   estaban considerados como trastos viejos, arrumbados para siempre... República democrática... Monarquía constitucional. Otra, abrir un nuevo camino entre la maleza. La primera no nos vale, la segunda es difícil, ya es tarde.

»Llegamos a la conclusión que ante el destino incierto lo único que le queda a una sociedad es mantener su propia personalidad, ya que de todas las maneras truncar ésta equivale al suicidio».



Pero no todos los adalides que toman parte en esta especie de funeral ideológico del falangismo están de acuerdo con la resignación del morir habemos. Gonzalo Torrente Ballester y otros creen que el mejor disfraz para Falange sería hoy el «titoísmo». Después de manifestar la envidia que los falangistas sienten por el fascista yugoslavo, que encontró a tiempo el disfraz que ellos añoran, escribe:

«Tito no podía renunciar al ideal adoptado tan pronto como subió al Poder. Primero tuvo que consolidar su influencia entre el pueblo y sólo cuando consiguió esto dio el viraje. Inteligente hombre es este Tito».



Por la misma razón otros manifiestan su envidia hacia Perón, hacia los laboristas británicos, hacia toda la calaña que logra disfrazarse de amigo del pueblo para una vez afianzada en el poder servir mejor a los explotadores. No falta el que habla del «sindicalismo cristiano», o del «anarquismo ibero» como antídoto al comunismo, habiendo incluso loco de atar que afirma que lo que hace falta «es convencer a los obreros de que socialismo no significa marxismo, que socialista es todo aquel que se interesa por 'lo social', partiendo de lo cual los falangistas son socialistas».

El hombre que rueda por la pendiente hacia el precipicio es capaz de agarrarse a un clavo ardiendo, lo que no impide que se rompa la crisma. Los demagogos falangistas juegan con fuego y no falta entre ellos quien advierta que se están quemando. El ya citado Pérez Embid dice en Arriba: «En la práctica es muy difícil saber si uno mismo está perorando soluciones o ayudando a destruir sillares». Desde luego, en su locuaz verborrea no hay ni puede haber solución alguna. En cuanto a destruir pilares imaginémosnos las tripas de sus partidarios cuando oigan a rabadanes de Falange cual José Luis Arrese decir:

«...el capitalismo está en la agonía. Aún dará coletazos, pero su suerte está echada, el marxismo triunfa en todas partes».



Muchos de éstos, sintiéndose defraudados, abandonan sus filas sembrando el pánico y el desconcierto, lo cual ha llevado a Arriba, órgano central de Falange, a escribir, el 19 de enero, el siguiente epitafio, digno de aquel otro del Templo de Dagón que decía: «Aquí yace Sansón con todos los filisteos».

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«No se trata de adivinar el porvenir y tomar posiciones con arreglo a intereses o afanes personales; de ahí que ciertas actitudes hábiles, como de ratas que quieren abandonar un barco que se hunde, resultan ridículas, ineficaces, porque las ratas se hundirán con el barco».



¡El barco pirata del franquismo se hunde y las ratas fascistas se hundirán con el barco! La confesión no está mal, pero la afirmación de que todos los que abandonan al franquismo perecerán con él, es falsa. Tiende a sembrar el terror entre muchas gentes que engañadas les siguieron, retenerlas de este modo a su lado y prolongar un tanto su agónica existencia. En el naufragio se hundirán los criminales, los torturadores, los bandidos responsables de la ruina de España, del hambre y de los sufrimientos del pueblo. La clase obrera y su vanguardia comunista no ocultan a nadie que luchan por el comunismo, por una sociedad sin clases, por un mundo mejor. Pero el comunismo no llueve del cielo, ni se engendra en la cabeza de los hombres; se edifica con el trabajo abnegado de los pueblos, y antes de llegar a él hay mucho que reconstruir en España. Mucha hambre que aplacar, mucho enfermo que curar, muchas fábricas que construir, muchos campos que roturar, mucho analfabeto que enseñar, muchas libertades que restituir, muchos restos feudales que extirpar. Esto lo debe hacer y lo hará, sin duda alguna, la República democrática, donde si bien la clase obrera jugará, junto a los campesinos, el papel que le corresponde por su lucha, tendrán su puesto también las demás fuerzas democráticas, los patriotas, los españoles honrados. La tarea es unir todas estas voluntades, hundir al barco y a las ratas fascistas con todo lo que ellas representan de viejo y de podrido para sacar a flote a España, para que nuestro pueblo pueda tener una vida de libertad, paz y trabajo.

Ésta es la salida al «Problema de España» que da la clase obrera y que tanto preocupa a los aventureros falangistas enloquecidos por el derrumbamiento de su ideología.

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ArribaAbajoEl plante del cuartel del Carmen

¡Qué entusiasmo despertó entre los jóvenes soldados españoles, como en todo el pueblo, el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre! La efervescencia revolucionaria que cruzaba las fábricas y el campo penetró también en los cuarteles. Recordamos, por su profunda significación, lo sucedido en el cuartel de artillería del Carmen de Zaragoza. En las paredes del local donde estaba el Estado Mayor aparecían diariamente consignas que decían: «Vivan los Soviets», «Viva la Revolución». Atemorizados los oficiales y jefes de dicha unidad artillera decidieron formar en el cuartel a todos los soldados. Estando firmes, un capitán, dirigiéndose a ellos, preguntó que quién pintaba dichas cosas en la pared del local del Estado Mayor. Nadie respondió. A continuación, y en tonos amenazadores, dijo que diera dos pasos al frente el que pintaba tales cosas. Unos segundos de silencio impresionante se sucedieron a estas palabras de dicho capitán, y, automáticamente, como un solo hombre, los 200 soldados avanzaron dos pasos al frente. Aquella manifestación colectiva produjo temor entre la oficialidad de dicha unidad de artillería, la que, al no lograr descubrir quién o quiénes pintaban dichas consignas revolucionarias, se vio en la imposibilidad de poder arrestar y castigar con penas mayores a ningún soldado.

Cuando el régimen franquista de los grandes capitalistas financieros y grandes terratenientes, bajo la inspiración directa de los imperialistas anglo-americanos, realiza una labor encaminada a utilizar los hijos de los españoles en la guerra que prepara contra la Unión Soviética, las democracias populares y el movimiento democrático internacional, el enorme ambiente por la paz que existe en todo el mundo debe penetrar en los cuarteles de España. La lucha por la paz debe ser también una lucha de los soldados españoles junto al pueblo, porque son hijos del pueblo. Y la voluntad de paz y la firme decisión de no hacer la guerra a la Unión Soviética debe solidificarse en la conciencia de cada soldado, seguro de que así es como mejor puede servir a su pueblo, a su Patria y a la independencia nacional de España.

...joven soldado, acuérdate de esto

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Dolores Ibarruri. Secretario General del Partido Comunista de España y Vicepresidente de la Federación Democrática Internacional de Mujeres.




ArribaAbajo8 de marzo. Jornada Internacional de la Mujer

Hace cuarenta años la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague, acordó celebrar cada año el 8 de marzo como Jornada Internacional de lucha de la Mujer.

La bárbara explotación de la mujer en la fábrica capitalista, su carencia absoluta de derechos, dieron pronto a esta jornada un marcado carácter de lucha de las mujeres trabajadoras de todos los países contra la infamia, la bajeza y la abyección de una sociedad que santifica tamaña injusticia.

Ya el 8 de marzo de 1917 las mujeres proletarias de Petrogrado, tras la gloriosa bandera del Partido bolchevique, salieron a las calles a proclamar su lucha por la paz, el pan y la libertad.

La Revolución Socialista de Octubre abrió un nuevo capítulo en la historia de la humanidad y por lo tanto en la historia   —10→   del movimiento emancipador de la mujer. Los explotadores ya no podrán seguir diciendo «así fue y así será». La completa liberación económica, política y social de la mujer soviética se transformó en bandera de combate de las mujeres de vanguardia del mundo entero.

Desde entonces, el movimiento internacional de mujeres fue creciendo de año en año hasta llegar a ser en nuestros días uno de los destacamentos organizados más poderosos del frente mundial de las fuerzas democráticas. Los desastres de la guerra, los ultrajes de la ocupación fascista, el calvario sufrido en los años de la guerra, impulsaron a millones de mujeres de todos los países del mundo a unirse en un frente activo de lucha por el mantenimiento de la paz y la salvaguarda de la democracia, por la conquista de sus derechos. De esta voluntad surgió la Federación Democrática Internacional de Mujeres, que reúne en sus filas 80 millones de mujeres de todos los países de la tierra, férreo eslabón del frente organizado de partidarios de la paz que cierra el paso a los instigadores imperialistas de la guerra.

J. Stalin ha dicho que en la historia de la humanidad no ha habido ningún gran movimiento de los oprimidos en el que no hayan tomado parte las mujeres. La historia de nuestro país confirma esta gran verdad. No hubo movimiento popular contra la tiranía, ni sublevación contra el invasor, ni lucha revolucionaria por una vida mejor, en el que no hayan tomado parte las mujeres españolas.

En los primeros días de nuestra historia vemos a las mujeres de Sagunto y Numancia morir entre calcinadas ruinas defendiendo su ciudad de los colonizadores extranjeros y cartagineses. Más tarde, en el primer cuarto del siglo XVI, María Pacheco hace de Toledo el último bastión de los Comuneros de Castilla, alzados en armas contra el rey en «defensa de los intereses de la nación».

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Mariana Pineda.

En 1589 una moza gallega, María Pita, levanta al pueblo de La Coruña y rechaza a su frente un desembarco inglés defendiendo la soberanía patria.

En 1808 el pueblo español se lanza a la lucha por la independencia contra la invasión napoleónica. En primera fila van las   —11→   mujeres. Y son fieras, tituló el gran Goya uno de sus aguafuertes que inmortalizó la bravura de las mujeres españolas en la Guerra de la Independencia. En el Carmen de Zaragoza Agustina de Aragón toma el mando de la pieza de artillería, junto a la cual había muerto su marido, rechazando al invasor. En Madrid, en la Glorieta de Bilbao, la hija del patriota Malasaña, Manuela, hace frente a las cargas de los mamelucos e inflama con su coraje al pueblo...

En 1831, después de ser sometida a tortura ante sus dos hijos, la reacción fernandina condena a muerte a garrote vil a Mariana Pineda por haber bordado la bandera de la libertad.

Con esta tradición de lucha de las mujeres españolas por la libertad y la independencia no es extraño que el movimiento revolucionario de la clase obrera, el más poderoso de todos los movimientos de liberación, diera en el correr de los tiempos hasta nuestros días intrépidas luchadoras y heroínas inmortales.

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Lina Odina.

De las entrañas del proletariado surgió la gran dirigente del Partido Comunista y del pueblo español. Dolores Ibarruri, que es no sólo orgullo del pueblo español y de sus mujeres esperanza de su mañana feliz. Pasionaria es orgullo de las mujeres democráticas del mundo entero, su guía y ejemplo. Desde la dirección de la Federación Democrática Internacional de Mujeres, Pasionaria es uno de los más entusiastas paladines de las aspiraciones de libertad, justicia y paz de millones de mujeres de todos los países y razas. Lanzada al fragor de la lucha en las jornadas de la huelga revolucionaria de 1917, la figura de Dolores Ibarruri se fue agigantando en los rudos combates de la clase obrera, inflamando el corazón de las mujeres trabajadoras españolas, que siguiendo su ejemplo se incorporaron a la lucha por el pan y la libertad, contra el fascismo y la guerra.

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Matilde Landa.

Bajo su dirección e inspiración surge en España la Agrupación de Mujeres Antifascistas en el año 1933, magnífico movimiento que unió y organizó en la lucha contra el fascismo y la invasión a millares de mujeres.

En lucha contra el fascismo, Aida Lafuente sucumbe en Oviedo después de haberse batido bravamente con su ametralladora en las barricadas mineras de Octubre de 1934.

En 1936 se repitieron, multiplicándose, las gestas heroicas de las mujeres de 1808. Fue una gran mujer, Pasionaria, con su Partido, quien alzó al pueblo de Madrid en defensa de su ciudad.

Lina Odena cae en el frente de Granada después de haber luchado contra el enemigo hasta sus últimas fuerzas.

A la causa de la República han rendido tributo de sangre centenares y centenares de mujeres. Es interminable la lista de heroínas y mártires.

Son primero trece muchachas, llamadas las Trece Rosas, que se engalanan cuando van ante el pelotón de ejecución para demostrar que no tienen miedo a la muerte. Es Matilde Landa, ejemplo de abnegación, de fidelidad a la República, que tras largos sufrimientos muere en la prisión franquista de Palma de Mallorca.

Es la valiente campesina gallega Manuela Sánchez, apoyo y aliento de guerrilleros, que cae junto a los muros de su casa cubriendo la retirada de los combatientes de la República.

Son las mujeres del pueblo, las que protestan y luchan contra la miseria de sus hogares, contra el terror y los preparativos de guerra, las que toman parte activa en las huelgas, plantes, en todos los actos de la resistencia.

Su lucha de hoy labra su libertad de mañana. La República, que ha tenido y tiene en las mujeres valientes y fieles defensoras, las elevará mañana al lugar que como ciudadanas les corresponde, que con su conducta abnegada y patriótica han sabido conquistarse.

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Manuela Sánchez.
Su heroísmo inspiró al artista soviético autor de este dibujo.



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ArribaAbajoLa lucha del pueblo español contra la guerra de Marruecos

Por Rafael Vidiella


La guerra de Marruecos ha sido siempre impopular. En realidad, en España fueron y son impopulares todas las guerras de opresión y rapiña.

Sin embargo, donde hay que buscar la impopularidad activa, política, del pueblo español contra las guerras rapaces de la monarquía es en la de Marruecos, sobre todo a partir de 1909 y ello por diversos motivos, derivados de la tremenda crisis política del régimen monárquico que, dilatándose a través de todo el siglo XIX, se agudizó a partir de 1898 con la pérdida del resto de las «colonias» de América y Asia. Porque, aun entre las masas menos preparadas políticamente contra esa clase de aventuras bélicas, ¿qué crédito podían tener una monarquía, unos generales y unos políticos -emanación del régimen feudal agrario- que, habiendo arruinado y desangrado España anteriormente en esa clase de guerras, se disponían de nuevo a empezar?

Por eso, excepto los grupos imperialistas, los logreros, los generales y los «ideólogos» cursis del régimen -especie éstos de falangistas actuales- que afirmaban «no haber desaparecido la virilidad española ni renegado la raza de aquellos heroicos soldados que lo mismo conquistaron imperios en Oriente que en el Nuevo Mundo en América», toda la nación española se levantó contra las nuevas aventuras bélicas proyectadas en Marruecos.

En estas condiciones las potencias imperialistas empezaron a organizar un nuevo reparto de Marruecos y en el cual España, apoyada unas veces por Inglaterra, otras por Francia y las más por Alemania -según soplara el viento de las contradicciones entre éstas- reclamó su botín. Aparte de las riquezas y las posiciones estratégicas que le reportasen, la monarquía española, en su acción en Marruecos, veía una manera de aplazar la ambición de la gran burguesía, buscándole nuevos mercados exteriores que substituyesen los perdidos en América y Asia, y, además, dar «trabajo» y ascensos al copiosísimo número de jefes y oficiales del ejército, hipertrofiado enormemente a través de todo el período de la guerra de la independencia, de las guerras civiles y de la   —14→   guerra de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La monarquía y sus sostenedores pensaban, con razón, que una burguesía sin mercados y unos jefes y oficiales ociosos, sin empleo, sin «gloriosas campañas» y ascensos y sobre todo sin negocios, podían ser elementos de conspiración republicana o carlista contra el régimen.

Es lo cierto que éste, en 1900, obtuvo una faja de terreno en Guinea, además de ampliar sus atribuciones de rapiña en sus posesiones de Río de Oro, y que en octubre de 1904 Maura obtuvo un tratado con Francia -de acuerdo con otro tratado anglo-francés anterior- por el cual se atribuían a España unas zonas en el norte de Marruecos, de las cuales el Rif formaba la mayor parte. Pero el pueblo estaba ausente de esta empresa colonialista, incluso la veía con aversión, puesto que Melchor Fernández Almagro, hombre adicto al régimen, refiriéndose a este tratado tiene que reconocer en su Historia del reinado de don Alfonso XIII: «Muy poco se consiguió, pero no fueron muchos los que se dolieron de que no alcanzásemos más, y aun siendo menos, tampoco habrían sido copiosas las lamentaciones, dada la indiferencia, si no el recelo del país (subrayado por mí) acaso por calcular en más el gasto en dinero y sangre que el rendimiento útil».

Éste y otros despojos del pueblo marroquí fueron dos años más tarde ratificados por la Conferencia de Algeciras, de la que formaron parte, sin excluir, naturalmente, a los Estados Unidos, todas las potencias imperialistas.

A partir de ese momento se intensificaron contra el pueblo marroquí las acostumbradas provocaciones que suelen preceder a la ocupación militar y a la opresión nacional. Además, las mismas potencias colonialistas fomentaban unas contra otras disturbios en las «respectivas zonas de influencia» a fin de que les permitiera «intervenir», es decir, despojar al pueblo marroquí más intensamente. De eso se valió el gobierno Maura, en 1907, para ocupar la Restinga y Cabo de Agua con objeto -decía- de «procurar algún desahogo a Melilla». Y si el pretexto de la guerra de Marruecos de 1859-1860 fue la «ofensa» que los moros infirieron a España «derribando una piedra y destruyendo unos garitones construidos en el campo neutral de Ceuta», el pretexto de la de 1909, que motivó el gran desastre del Barranco del Lobo, fue la «agresión» -seguramente provocada por los mismos colonialistas- que unos moros realizaron a los trabajadores del ferrocarril de la Compañía Norte Africana que explotaba las minas de Beni-bu-Ifrur, en las cuales los obreros mineros dejaban el sudor y la sangre que recogía, trocados en oro, «la patriótica» casa Figueroa (a) Conde de Romanones.

El Gobierno contestó a esta «agresión» con la guerra, pero se halló con la hostilidad del pueblo. De todas partes de España surgieron protestas contra el envío de soldados a la matanza marroquí que pasaron a vías de hecho tan pronto como se decretó la movilización de algunas quintas anteriores. Los soldados llamados a filas eran de los reemplazos de 1905, 1904 y 1903, la mayoría casados y con hijos, lo cual produjo aún mayor indignación, no ya entre éstos y sus esposas y familiares, sino entre las amplias masas del país.

Eso fue lo que desbordó el vaso de la indignación popular que, en Cataluña más que en parte alguna, tomó caracteres revolucionarios. Unas mujeres, con sus hijos en brazos, acudieron al puerto de Barcelona a evitar el embarque de sus maridos, y otras, tumbándose con sus hijos en la vía del ferrocarril, impedían que   —15→   los trenes avanzasen con su carga de carne de cañón para la guerra. Los obreros pararon las fábricas, se echaron inmediatamente a la calle, volaron puentes, cortaron líneas de teléfonos y telégrafos, levantaron barricadas, se tirotearon con la policía y la guardia civil y en todas las ciudades catalanas se contagió el ardor revolucionario.

Fue una semana entera de lucha, de heroísmo de los trabajadores -semana conocida históricamente por «Semana Trágica»-, en la cual el pueblo fue por entero dueño de toda Cataluña, pero sin saber qué hacer de su victoria debido a no poseer entonces la clase obrera una teoría revolucionaria y a que los dirigentes de la grande y pequeña burguesía -la «Lliga» y Lerroux- se pusieron aquélla al lado del Gobierno y éste habiendo huido antes vergonzosamente. En realidad, la burguesía nacionalista catalana, igual que la vasca, habían ya enfriado su «revolucionarismo» desde el momento en que Maura, después de prometerles una nonata ley de Administración local, presentó al Parlamento un proyecto de ley de fomento de industrias y comunicaciones y adjudicó a la Sociedad Española de Construcciones Navales la construcción de tres acorazados, tres destroyers, 24 torpederos y 4 cañoneros por un total de 181.370.000 pesetas. Con lo cual se demuestra que bajo la careta del nacionalismo la burguesía no tenía ni tiene en cuenta la Patria, sino el patrimonio. Y en cuanto a Lerroux, bastaba también que cualquier gobernante le hiciera oler unos billetes de mil pesetas para que se vendiese.

La enorme protesta popular, que contaba con la simpatía de los soldados, pues éstos confraternizaron con el pueblo, no fue vencida por las fuerzas represivas del Estado, que temían a los soldados, sino, como dice un historiador, «consumida por sí misma». Y, después de consumida, aparte el grato recuerdo a la gran experiencia práctica de la protesta popular contra una guerra injusta por parte de la monarquía, dejó la triste huella de las hogueras realizadas en conventos e iglesias y el rastro odioso de una represión feroz, cuya víctima más preeminente fue Francisco Ferrer.

Este período de la guerra de Marruecos -guerra que realmente dura desde mediados del pasado siglo-, terminó a fines de 1910 con un nuevo robo de tierras marroquís. Los generales y los señoritos españoles vengaron la «agresión» y «honraron» sus «nobles blasones» con la sangre plebeya de miles de trabajadores. Pero aquel movimiento nos volvió a enseñar la misma lección que extrajo Engels, refiriéndose a los anarquistas de 1873. También los anarquistas de 1909 -esta vez junto con los republicanos- nos enseñaron cómo no debe hacerse una revolución, ya que ésta no fue insurreccional, no se propuso -a pesar de haberlo podido hacer- la toma del poder, pues ya hemos dicho que el ejército fraternizó con el pueblo y éste era dueño absoluto de la situación. Las masas se limitaron a incendiar iglesias y conventos que, con la quema de garitas de los consumos, era por aquel entonces uno de los máximos ideales de acción revolucionaria de algunos dirigentes anarquistas y republicanos.

La monarquía iba a incrementar aún más su aventura de Marruecos. Lo prueban sus mismos gastos en esa guerra: 62.909.275 pesetas en 1909; 82.526.643 pesetas en 1912; 156.346.404 en 1914; 189.693.116 en 1919; y 211.442.397 en 1921, año del trágico desastre de Annual. Pero con la experiencia revolucionaria de 1909, a partir de 1921 también iban a incrementarse en igual proporción el descontento, las protestas y los levantamientos revolucionarios   —16→   de la clase obrera y las clases populares contra la monarquía.

Bien es verdad que para ello no sólo el factor de la guerra de Marruecos intervino; pero aunque no fue el menor, coadyuvó en gran manera con otros dos más fundamentales: la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre, que radicalizó al proletariado y a las masas progresivas, que proclamó y reconoció prácticamente el derecho de los pueblos a su autodeterminación, incluido el de separación, y las numerosas y grandes huelgas que, a partir de la revolución de 1917, estallaron en toda España y que más de una vez motivaron que el poder público estuviera tirado en el arroyo.

El pueblo marroquí luchaba por su independencia y libertad al mismo tiempo que el pueblo español, con la ventaja por parte de aquél de contar con armas, con un jefe como Abd-el-Krim, y de plantear la lucha de manera política e insurreccional por la República del Rif. Porque, en efecto, desde 1921 en que se derrumbó, catastróficamente, la Comandancia general de Melilla, hasta 1923 en que numerosos poblados y posiciones rifeñas habían sido reconquistados por Abd-el-Krim, éste, con sus éxitos, con su guerra justa, había alcanzado suficiente prestigio entre su pueblo y entre las masas populares de España y otros países -radicalizadas, como dijimos, por la Revolución victoriosa de Octubre- para organizar, como así lo hizo, el embrión de su Estado rifeño.

Resumiendo, pues, esta etapa de 1921-1923, en la cual España perdió muchos miles de soldados -sólo la retirada de Annual costó 9.000 muertos y otros miles de prisioneros y desaparecidos-, podemos decir que las protestas del pueblo español contra la guerra de Marruecos y las grandes huelgas económicas y políticas de los trabajadores favorecieron la justa causa del pueblo marroquí; pero la lucha de éste contra la monarquía y las grandes derrotas militares que infligió a los generales monárquicos ayudaron a su vez en gran manera a producir en España el favorable clima revolucionario que, por indecisiones e incapacidades de unos y traiciones de otros, tampoco se supo aprovechar para propiciar un cambio de régimen republicano que, con su pronunciamiento, había de retardar en siete años el general Primo de Rivera.

Este general dio, pues, su golpe de Estado precisamente para aplastar bajo el peso de su dictadura militar el ambiente revolucionario que, en toda España, levantaron la Revolución de Octubre, las grandes huelgas obreras y el clamor popular contra la guerra de Marruecos, sobre cuyos desastres una extensa movilización general exigía responsabilidades al régimen. Tanto fue así que, precisamente veinte días antes del pronunciamiento de Primo de Rivera, el 23 de agosto de 1923, unos soldados, es decir, el pueblo hecho ejército, al mando del cabo José Sánchez Barroso, después de matar al oficial que les mandaba, se sublevaron en Málaga negándose a embarcar para Marruecos, acción que, de momento, hizo que el Gobierno suspendiese todos los embarques y expediciones que se preparaban. Tal era la efervescencia revolucionaria.

Pero si la dictadura pretoriana de Primo de Rivera -apoyada por la gran burguesía y los terratenientes y en cierto modo por los dirigentes socialdemócratas- momentáneamente pudo organizar una brutal represión contra la clase obrera, no logró hacer lo mismo con el pueblo rifeño, bien armado, en pie de guerra y victorioso contra los generales monárquicos, «invictos» sólo cuando luchan contra pueblos indefensos y aun a condición de que les ayuden   —17→   ejércitos extranjeros. Y si no logró acabar con la lucha del pueblo rifeño, quiere decir que tampoco logró acabar con la antipatía y protesta del pueblo español contra la guerra de Marruecos.

Primo de Rivera, pues, continuó esta guerra injusta, a pesar de que dos años antes, siendo capitán general de Madrid, respondiendo demagógicamente a la protesta popular, hizo declaraciones en el sentido de abandonar Marruecos. Y la paliza que recibió por parte de los marroquís fue mayúscula. Él mismo, siendo jefe absoluto del Gobierno, dirigió las operaciones militares como Alto Comisario y General en Jefe del ejército de África. Esta campaña de 1924-1925 costó aún muchos más muertos, heridos y prisioneros que la del desastre de Annual, teniendo que realizar una retirada «estratégica» -Hitler llamó después «movimientos elásticos» a esta clase de derrotas-, en la cual, junto con millares de víctimas, se abandonaron 180 posiciones. Y si después se volvieron a recuperar y conquistar algunas nuevas plazas fue gracias a que, desde mediados de 1925, actuaron juntos contra Abd-el-Krim los ejércitos español y francés.

Así, tan «brillante y pundonorosamente» ganó Primo de Rivera la Gran Cruz laureada de San Fernando y la del Mérito Naval. Con la ayuda del ejército francés pudo vencer al pueblo rifeño, igual que muchos años antes se derrotó al pueblo español con la ayuda de los cien mil hijos de San Luis, e igual que en nuestra época pudo derrotarle Franco con ayuda de las divisiones italo-alemanas.

En esta etapa de la dictadura militar poco pudo, pues, ayudar con su acción nuestro pueblo al pueblo marroquí. Amordazada la clase obrera, perseguidos sus dirigentes y militantes más revolucionarios, sobre todo los de la CNT y los comunistas -éstos, por su reciente creación del Partido, con insuficiente influencia entre las masas-, y con cierta benevolencia de los más caracterizados jefes socialistas hacia la dictadura, la monarquía, a pesar de los reveses sufridos en Marruecos, no encontró en el pueblo la oposición que otras veces. Pero esos mismos reveses, unidos a los anteriores y a toda la política criminal y opresora de la dictadura militar, alimentó e hizo salir a la superficie el descontento y las contradicciones entre las mismas fuerzas que sostenían la monarquía hasta que, al fin, el odio popular determinó un cambio del régimen monárquico al republicano.

Y con la República el pueblo marroquí, como el español, tuvo la esperanza de recobrar su libertad.

***

Ahora no podríamos acabar este breve resumen de la lucha del pueblo español contra la guerra de Marruecos -el limitado espacio de un artículo no permite extenderse más- sin resumir también muy brevemente cuál fue la posición sobre este problema de las fuerzas políticas y sindicales de arraigo popular.

Desde luego el Partido Socialista y la UGT fueron los que más organizada y consecuentemente abogaron contra la guerra de Marruecos. En las manifestaciones -del primero de Mayo, en mítines, declaraciones e intervenciones parlamentarias, aprovecharon siempre la ocasión para agitar contra esa guerra a los trabajadores. Sin embargo, esta propaganda adoleció de dos defectos capitales; que fue casi siempre de un verbalismo formal, aunque por excepción tomara caracteres de violencia- Pablo Iglesias llegó a decir en un mitin a los soldados que «en lugar de tirar   —18→   hacia abajo tiraran hacia arriba» -y que se limitaba a pedir el abandono de Marruecos, sin ver que la lucha del pueblo rifeño por su libertad se fundía con la lucha del pueblo español por su libertad y por la República. Es decir, sin ver que más que pedir el abandono se necesitaba, además de apoyar las reivindicaciones del pueblo marroquí, formar y consolidar un frente común de lucha contra la monarquía opresora de ambos pueblos.

Igual actitud tenían los partidos republicanos, aunque con menos consecuencia que los socialistas en su posición abandonista, puesto que algunos de ellos y aún más la prensa, que en cierto modo influían, a cada nuevo descalabro en Marruecos aparecían sensibles a las apelaciones del Gobierno sobre la necesidad de vengar el «honor nacional».

En cuanto a los anarco-sindicalistas y a los dirigentes de la CNT, sin dejar de aprovechar cualquier coyuntura favorable para movilizar las masas contra la guerra de Marruecos, más bien que centrar sus campañas contra ésta las centraban, y aun sin sistematizarlas, contra la guerra en general, es decir, contra todas las guerras, sin noción alguna de las guerras justas o injustas. Éste era también un rasgo común a los socialistas y a la UGT, el cual explica que fuese abandonista en lugar de apoyar la guerra justa de liberación de los rifeños para que, unida a la lucha por la liberación de España, pudiera el Rif formar con ésta una hermandad de pueblos.

En cuanto al Partido Comunista de España, en la época que describimos, o no existía aún, o tenía que vivir en las dificultades de la clandestinidad que le impuso la dictadura militar. Sin embargo, entre otros hay tres hechos bastante desconocidos, ligados con la propaganda de las teorías de Lenin -no bien comprendidas entonces por sus mismos propagadores- que el Partido Comunista empezaba a hacer entre las masas y que comenzaban a dar una orientación nueva a éstas sobre la guerra de Marruecos y su posible influencia en los acontecimientos revolucionarios de España.

El primero en data -verano de 1922- fue el gran mitin que la Federación Local de Sindicatos Únicos de Valencia (CNT) dio en la Lonja ante 10.000 personas. En él hablamos Salvador Seguí y yo, y por primera vez, como dirigente cenetista, nos pronunciamos sobre la necesidad de que la CNT interviniera en todas las cuestiones políticas que agitaban al país y que ésta empezara integrando la campaña política general que republicanos, socialistas y comunistas -aunque cada cual por cuenta propia- llevaban contra las responsabilidades de la monarquía referentes a la guerra de Marruecos.

El segundo -febrero de 1923- fue el intento de constitución en Málaga de un Comité de Relaciones de la CNT que entrara en contacto con los nacionalistas rifeños para actuar de común acuerdo. Esta iniciativa partió de un grupo de cenetistas de Valencia, admiradores de la Revolución Soviética y simpatizantes con el Partido Comunista, los cuales estaban en relación con Seguí, quien, por otra parte, preparaba ya su viaje a la Unión Soviética. De este grupo formaba parte Talens, después dirigente del Partido Comunista, gobernador de Almería al final de nuestra guerra y fusilado más tarde por Franco. El viejo conspirador anarquista Vallina, a quien yo trasladé esta iniciativa en Sevilla, la acogió con sumo interés.

El tercero -1924- fue la constitución en la emigración de un Comité revolucionario constituido por la CNT, el Partido Comunista   —19→   y Estat Catalá, el Partido acaudillado por Francisco Maciá. En este Comité revolucionario, que fue combatido por los grupos anarquistas, también se hicieron esfuerzos por entrar en relación con los nacionalistas rifeños -en guerra entonces contra la monarquía- con el fin de ligar su movimiento con el movimiento revolucionario español.

En la actualidad son ya más claras las ideas que sobre el problema de Marruecos tienen la clase obrera y las masas populares de España. Esta claridad se debe a las realizaciones llevadas a cabo por la Revolución Socialista de Octubre en la inmensa cárcel de pueblos que fue la Rusia zarista y a la propaganda ideológica del marxismo-leninismo-stalinismo llevada a cabo por el Partido Comunista de España que, dirigido por José Díaz y Dolores Ibarruri, ha llegado a su madurez política y revolucionaria.

Gracias a ello la clase obrera y nuestro pueblo saben que los intereses del pueblo marroquí son comunes a los de los pueblos hispánicos. Durante nuestra guerra nacional liberadora Franco utilizó marroquís para abatir la República y destruir las libertades populares. Hoy, los marroquís sufren sobre sí el yugo de la dictadura fascista de Franco y son oprimidos, torturados y asesinados por ella lo mismo que lo es el pueblo español.

De esta forma la experiencia se encargó de demostrar a ambos pueblos que siendo su esclavitud y sufrimientos comunes, común ha de ser también la lucha contra el franquismo por la libertad, que sólo podrá ser conseguida en los marcos de una República auténticamente democrática que abra a ambos pueblos ancha vía al bienestar.

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ArribaAbajoTres congresos seudocientíficos

Por M. Sánchez Arcas


La prensa franquista nos da la noticia sobre tres llamados Congresos; de urbanismo y medicina, que acaban de celebrarse, y el de ingeniería, cuya celebración se prepara para el próximo mes de mayo.

No es difícil orientarse sobre los fines que persiguen los fascistas españoles con estas reuniones seudocientíficas, convocadas en un momento catastrófico de la economía española.

Es conocida la ruina del campo, el estado desastroso de los ferrocarriles y de las comunicaciones en general; la crisis en la industria; que no se edifican más edificios que los destinados al ejército, la guardia civil, y la Iglesia; que la construcción de viviendas para los trabajadores está totalmente paralizada porque para las construcciones utilitarias no hay ladrillos, ni hierro, ni cemento, ni transporte. La habitación en cuevas y el hacinamiento en viviendas es un hecho corriente para millones de españoles en la España franquista.

Este estado de cosas explica el apresuramiento de los fascistas en convocar esas tres reuniones seudocientíficas y otras, de las que me ocuparé en otra ocasión.

Pretenden con ello distraer al pueblo de su lucha, confundirle sobre las verdaderas causas de toda esta catástrofe. Mediante estos Congresos el fascismo quiere diluir sus responsabilidades entre los técnicos e intelectuales españoles a quienes obliga a participar en ellos mediante la coacción o el engaño. Con esto se pretende enfrentar a gran parte de los intelectuales con el resto del pueblo, haciéndoles contraer responsabilidades que corresponden exclusivamente al régimen.

Para tener un cuadro completo del significado de estos Congresos conviene recordar las recientes órdenes dadas por los imperialistas norteamericanos a sus vasallos.

En un informe del mes de febrero de este año del tiburón financiero norteamericano, Johnson, Ministro de Defensa de los Estados Unidos, se ordena a los países bajo el control yanqui, a los países marshalizados, describir con todo detalle las ramas de la industria y el sistema de planificación para su movilización industrial con fines guerreros.

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Franco ha recogido esas instrucciones y se ha apresurado a responder al ministro yanqui. Así, hace unos días, el ministro Suances explicaba en una conferencia de prensa el llamado «Plan Nacional de Industrialización», para el bienio de 1950-1951. Al mismo tiempo, y a toda prisa, Franco convoca el II Congreso Nacional de Ingeniería, para el próximo mes de mayo.

Congreso de Ingeniería

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El primer Congreso de Ingeniería se celebró hace 31 años. Después de tanto tiempo, y con toda precipitación, se prepara el II Congreso. En su convocatoria aparecen los siguientes temas:

«...aprovechamiento de la energía en potencia; investigación y explotación industrial de las primeras materias, semi-productos y residuos; la construcción y los transportes...; el intercambio con técnicas y economías extranjeras; el aprovechamiento racional de combustible; la minería, la pesca y los productos del agro considerados como medio de relación económica internacional».



No es difícil traducir el sentido de este programa. Se trata de hacer, rápidamente, el inventario que reclaman la intensificación de la marshalización de España, la entrega total de las riquezas de nuestro país y la movilización industrial del mismo.

Franco cumple las órdenes de Johnson de entregar las riquezas de España a la voracidad de los monopolistas norteamericanos y al servicio de sus planes agresivos. Ese plan significa más hambre para el pueblo, nuevas posibilidades de estraperlo para los jerarcas falangistas, espléndido negocio para los grupos financieros españoles. Y la maniobra criminal del franquismo consiste en pretender descargar su responsabilidad sobre los ingenieros españoles a quienes se les pide su colaboración, engañándoles con la perspectiva de que el plan, «desde el punto de vista patriótico y técnico no puede ser más sugestivo».

Congreso del Urbanismo

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El pasado mes de diciembre se ha celebrado en Madrid un llamado Congreso de Urbanismo. Con palabrería, planos y planes, el embuste y la demagogia, han querido los fascistas ocultar una de las llagas más   —22→   trágicas que ha producido el régimen: el estado espantoso de las condiciones de vivienda en las ciudades que «predispone a toda rebeldía», como señala demagógicamente el obispo de Barcelona, en una reciente pastoral. Las malísimas condiciones de vivienda, junto con el hambre, producen centenares de miles de tuberculosos, de reumáticos y otras enfermedades que van aniquilando físicamente a nuestro pueblo.

El franquismo ha encargado del montaje de esa gran farsa al arquitecto Bidagor, a quien ha conferido el pomposo título de «Jefe Nacional de Urbanismo», título de invención franquista, sin precedentes, y que está de acuerdo con el volumen de la gran mentira que le han encargado cocinar, siguiendo las tradiciones nazis.

En este Congreso se quiere comprometer a un centenar de arquitectos de diversos puntos del país, que por decreto han sido obligados a asistir al mismo.

«...el problema urbanístico -dice el jefazo- tiene su base en un acabado estudio de la vida social y particular de cada ciudad, de cuáles son las principales actividades y medios de vida de sus habitantes...» «...en lo social, el urbanismo, al suprimir todos esos cinturones de los suburbios anárquicos y míseros en sus construcciones, realiza su principal trabajo...»



Aunque parezca increíble, estas palabras fueron pronunciadas por Bidagor a corta distancia de los suburbios de Madrid, en donde más de 400 mil personas viven, a mediados del siglo XX, en cuevas peores que las de los habitantes prehistóricos. Son esas «miserables barracas o cuevas, cavadas en los terraplenes» a las que demagógicamente se ha referido el obispo de Barcelona y que existen en todas las grandes ciudades españolas. No son necesarios grandes estudios de investigación científica para contestar a la pregunta por la que finge interesarse Bidagor: «las actividades y medios de vida de esos habitantes». Es fácil responder las actividades: el paro; los medios de vida: el hambre. Esto es lo que dio Franco a esos españoles, durante «los diez últimos años que en España se lleva a un gran ritmo la ordenación urbanística...», como elegantemente expresa Bidagor la desorganización urbanística franquista.

Se examinaron el margen de posibilidades estraperlistas que puede proporcionar el urbanismo, sentando el «principio» siguiente:

«Toda mejora de nivel económico en la ciudad debe fundarse en el incremento de la renta de la misma; y toda gestión urbanística debe orientarse hacia formas de empresa».



Hablando claro, cargar sobre el pueblo nuevos impuestos y abrir nuevas puertas a los especuladores, o lo que es lo mismo, constituir nuevas empresas donde enchufar a otros tantos estraperlistas falangistas. Al pueblo se le ofrece: «la elaboración de una doctrina social de urbanismo», a parte, claro es, de su participación en el aumento de la renta de la ciudad.

Estas brillantes «conclusiones científicas» fueron elevadas a Franco, «de quien tantos estímulos recibe el movimiento urbanístico nacional». Es decir, quien está a la cabeza de todas las responsabilidades de los crímenes, la miseria, la ruina y la depauperación de los trabajadores que el propio régimen ha engendrado.

La solución para hacer desaparecer esos cinturones de los suburbios de que habla Bidagor, y las cuevas cavadas en los terraplenes de que habla también el obispo, la conocemos todos, y ellos también. Es la República   —23→   democrática con la que los habitantes de esas cuevas, y todo el pueblo trabajador, conquisten sus plenos derechos de ciudadanos, en primer término el de gobernarse por medio de sus auténticos representantes, el derecho al trabajo, el consiguiente de la vivienda y el de impedir todo rebrote de los parásitos, de los enemigos del pueblo.

Congreso de Medicina

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En Málaga se celebró un llamado I Congreso de Medicina del Sur. Las ceremonias de la primera sesión, como es costumbre en la España franquista, han sido más parecidas a un auto de fe que a un Congreso científico. Comenzaron con la misa de rigor y fueron presididas por jerarquías militares, el obispo de Málaga, el jesuita Herrera Oria, y un representante civil de la medicina franquista.

En este Congreso se trató de «examinar los avances de la medicina española»; no se habló de las causas de las enfermedades que hacen verdaderos estragos bajo el régimen franquista. Se exhibieron, a modo de publicidad comercial, productos farmacéuticos; pero nada se dijo de que esos productos, los específicos y medicamentos más necesitados, sólo son asequibles de estraperlo. Y se habló de centros de sanidad que... van a ser construidos.

Promesas, engaños, más planes y planos para disimular las consecuencias de las terribles plagas que depauperan y aniquilan al pueblo trabajador. Con engaños y coacciones se obliga a participar en estas reuniones a los intelectuales españoles para descargar sobre ellos las terribles responsabilidades del régimen, para romper su unidad con el resto del pueblo laborioso. Pretenden desviarles del camino de la lucha.

A esas maquinaciones del franquismo para encubrir sus traiciones e inmoralidades, todos los patriotas españoles debemos responder desenmascarando sus maniobras criminales, denunciando la culpabilidad del régimen y luchando unidos por el remedio que ha de poner fin al martirio de nuestro pueblo: la República democrática, que es la paz, la independencia de España y el florecimiento de la cultura y del bienestar material.

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ArribaAbajoSituación actual de la infancia en España

Por C. Palomares


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El fascismo español ha originado la ruina de la industria y empobrecido, hasta el límite, la tierra que es santuario y ubre de millares de hogares. Las bases económicas de la vida de millones de familias han sufrido un descenso brutal. Encerrada en ese cuadro de miseria y regresión es inconcebible la idea de la existencia de una infancia y juventud sanas de cuerpo y espíritu, como es imposible plantar un jardín en un pedregal.

El daño que el régimen de Franco ha causado durante los once años de su dominación es incalculable y tiene gravísimas consecuencias para la infancia. No es humano y suficiente pregonar solamente esa verdad incontrovertible; es preciso poner fin al mal.

Desde que la dictadura falangista inició su labor asesinando maestros y catedráticos, cerrando escuelas e institutos o demoliendo la obra de cultura popular que la República había iniciado, ha sido necesario exponer ante las masas y hombres progresistas del mundo lo que la obra del Estado franquista representaba   —25→   para el presente y porvenir de España, y como escarnio ante el mundo civilizado.

En estos momentos, cuando en el mundo entero se desarrolla una campaña en favor de la infancia, es necesario brindar datos para que propios y extraños sepan cuál es la magnitud del drama que vive la infancia española.

En España más de la mitad de su población está diseminada en grandes y pequeñas aglomeraciones campesinas. En ese medio, más de 3 millones de padres de familia están en paro parcial (sólo en Badajoz hay 80.000 parados) y los que trabajan ganan salarios de 10 a 15 pesetas por día, cuando un kilo de pan cuesta 12 pesetas y llega a venderse a 16 y 18 pesetas en el mercado negro.

El mismo Boletín de Estadística de Barcelona reconocía que en 1948 el presupuesto de una familia obrera, compuesta por el matrimonio y dos hijos menores, se elevaba a 2.320,70 pesetas mensuales, y los sueldos de la gran masa de trabajadores oscilan entre 300, 350 a 500 pesetas mensuales. No se precisan más datos para establecer un cuadro general de amplitud del hambre y de la miseria que aquejan al pueblo trabajador, que se traduce en raquitismo, tuberculosis, lepra y otras enfermedades mil que prenden fácilmente en los anémicos hijos de los trabajadores. Las estadísticas oficiales ya se han encargado de precisar que el índice de mortalidad infantil en España es el más elevado de Europa: de cada 1.000 niños que nacen, mueren 99 antes de cumplir el año.

Podía pensarse que, si bien el cuadro de la vida familiar, entre la masa de los trabajadores, es de miseria espantosa, esta situación podría tener un cierto alivio por una protección económica, a través de la escuela. Mirando hacia este lado vemos que un presupuesto que dedica a Instrucción Pública el 4,5% mientras emplea a guerra, represión y gastos improductivos cerca del 80%, no sólo no dispone de fondos adecuados para cantinas y roperos escolares, sino que no asegura, ni en precario, la vida de la escuela misma. Ese cuadro de abandono se hace altamente ostensible cuando se observan las plantillas del cuerpo médico-escolar. En muchas provincias no existe ni una sola plaza para este tipo de profesional, tan necesario en la escuela de hoy.

En estas condiciones la propia escuela es un medio de difusión de la tuberculosis y de otras enfermedades sociales. Estadísticas oficiales afirman que el 75,6% de los niños de 5 a 12 años que frecuentan las escuelas públicas están afectados por la tuberculosis en cualquiera de sus grados. Por otro lado, son las revistas médicas editadas en España las que no se recatan en reconocer que el 60% de los jóvenes españoles son tuberculosos.

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El contagio, las condiciones de salubridad y habitación, unidos a una alimentación insuficiente, dan ese   —26→   monstruoso huracán devorador de vidas infantiles.

El problema de la mendicidad entre la infancia es algo tan ostensible que no sólo los periodistas y visitantes extranjeros lo han notado, sino que la misma prensa falangista no lo trata de ocultar.

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El periodista M. Aynon, a su regreso de España, escribió hace unos meses en un periódico francés: «Yo he visto el niño esclavo. En Valencia dibujando con tiza en las aceras siluetas de boxeador, mientras que algunos céntimos caían sobre el suelo. En Alicante tratando de colocar sobre la solapa de la chaqueta de los paseantes, o en los vestidos de las señoras, una flor a cambio de una limosna. En Toledo como guía. En Murcia vendiendo cigarros sueltos. En Barcelona pregonando billetes de lotería. En Madrid los he visto a las puertas del 'Metro' gritando ¡agua fresca! Por donde quiera que fui, vi en España niños miserables implorando la caridad».

El abandono escolar y la falta de protección de la escuela por el Estado falangista denuncian la desaparición de más de 10 mil escuelas de las que ya existían en 1939, pues de las 68.892 escuelas primarias que funcionaban con la República hoy existen 58.621, mientras la población ha sufrido un aumento de 5 millones de habitantes. De los 3.968.816 niños registrados como en edad escolar en 1948-49, sólo 2.446.131 señalan los franquistas como matriculados en las escuelas, y más del 50% de los niños, en poblaciones como Madrid y Barcelona, no tienen escuela a la que asistir.

La falta de escuelas repercute principalmente sobre los niños de las familias humildes, pues la escuela franquista es antidemocrática, no sólo por su contenido y orientaciones, sino porque las posibilidades de asistir a ella no son iguales para todos los niños.

Hace más de cien años Marx y Engels dijeron ya que: «Las clases dominantes tienen en sus manos no sólo el poder y los bienes materiales de la sociedad, sino también la instrucción pública que ellos orientan según su interés».

El interés del franquismo no es, ni mucho menos, el extender la cultura entre el pueblo.

Los franquistas blasonan de que ninguna ley impide a todos los niños, sin distinción, el acceso a la escuela. No es necesario. El coste de la vida, los libros, la miseria, el pan de cada día, que en muchos casos es preciso que el niño gane a partir de los 10 a los 11 años, son suficientes.

La educación de la infancia no está tampoco separada de los medios y posibilidades que se ofrecen al maestro, y a este respecto basta transcribir lo que la Asociación Católica de Maestros ha señalado en un documento dirigido a Franco hace dos meses. En él se dice: «Los sueldos actuales debieran ser 4 veces y media   —27→   mayores que en 1936, es decir, si el sueldo de entrada era entonces de 3.000 pesetas, debiera ser ahora de 13.500». La realidad es que hoy es de 7.200 pesetas, con aplicación de descuentos. Resultado, cientos de escuelas que figuran en el papel pero están cerradas, y un 45% de maestros que han abandonado el ejercicio de la profesión.

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He ahí un mínimum de antecedentes sobre el origen y causas del crecimiento arrollador del analfabetismo, que ha pasado en 10 años del 25% al 45%.

En la fábrica de fórmulas demagógicas, que por intermitencias brinda el franquismo para pretender seguir engañando, no ha dejado de ser la menos curiosa y manoseada la de liquidar el analfabetismo. Se ha querido poner el dedo sobre la llaga en cada ley sobre educación de las que se han cocido en el horno franquista en estos últimos 5 años. Hoy es el Frente de Juventudes quien arma ruido y hace demagogia alrededor de este problema del analfabetismo. Una vez más podemos vaticinar que toda esa alharaca no dará nada práctico y concreto en beneficio de los iletrados.

Al analfabetismo se le combate con asignaciones presupuestarias para dicho fin; con un trabajo dirigido y apoyado en los profesionales de la enseñanza, en los padres de familia, en las organizaciones de masas y en el pueblo en general; cuestiones todas ellas que el Gobierno franquista omite.

En la Unión Soviética se liquidó el analfabetismo dando a todos cuantos sabían leer la oportunidad de enseñar al que no sabía. En los países de democracia popular los sindicatos, las fábricas, los campesinos y el pueblo en general apoyan y contribuyen al trabajo de alfabetización.

La línea política del franquismo es, por el contrario, invertir más millones en capítulos de guerra y represión, abrir cárceles y cuarteles, pero quejarse mucho de que no hay medios económicos para que el Estado resuelva el problema de los que no saben leer y escribir.

Las medidas concretas son del tono del bando publicado por el alcalde de Teruel con motivo de la campaña, en el cual se «multa con 5,10 pesetas o un día de cárcel a los padres cuyos hijos no se matriculen en la escuela». El hecho que brinda tal bando, junto a otros, indica un estado de rebeldía general y desasosiego de la mayoría del pueblo. Para contraste con el citado bando y conocimiento concreto de la realidad, se brindan a continuación unas líneas de una carta llegada recientemente de uno de los pueblos de esa provincia:

«Ha llegado al pueblo un maestro soltero y reunió a los padres para decirles que si no le pagaban 15 pesetas mensuales por cada niño no se quedaría en el pueblo, pues el hospedaje le costaba más de lo que ganaba. Los padres aceptaron para evitar que los niños anden apedreando perros». No son los padres los causantes del analfabetismo   —28→   entre los niños, sino el Estado falangista. Las disposiciones demagógicas y bandos autoritarios no son argumentos, ni formas de liquidar la plaga de los analfabetos.

La demagogia falangista recorre todos los escalones y habla de la prohibición del trabajo entre los niños para la industria, pero no niega que sí pueden hacerlo en la agricultura. Miles de niños de 8 a 14 años están obligados a trabajar en el campo, ayudando a sus padres o como domésticos, por salarios de 1,50 a 2 pesetas por día y, en muchas ocasiones, por la comida solamente. Las tarifas franquistas fijan el salario de esos niños en 4,50 pesetas, a todas luces insuficientes para vivir, y que los patronos no respetan con la complicidad de los franquistas. El mismo sindicato falangista ha debido reconocer que hasta en el fondo de las minas los niños trabajan.

La brutalidad aplicada a los niños ha llegado hasta construir cárceles para ellos. El periódico falangista Sevilla escribía recientemente: «En la sección del Viejo Hogar de San Fernando, que está separada del resto del edificio (que los falangistas titulan albergue), existe una sección relativamente grande en la cual se guardan en reclusión especial cerca de 200 niños de ambos sexos, esperando un mejor arreglo correccional del edificio».

Establecimientos de ese tipo existen en casi todas las capitales de España y a ellos se envían a los niños mendigos y delincuentes como consecuencia de la miseria y corrupción creadas por el régimen. A estos millares de niños se añaden los de los hijos de antifranquistas encarcelados con sus madres.

La situación de la infancia es tan grave que el suicidio infantil es un hecho que un periódico franquista, El Diario de Barcelona, se ha visto obligado a reconocer diciendo: «Es doloroso que tengamos que hablar de suicidio entre los niños. Hasta nuestros días -confiesa el periódico- no se había conocido una cosa tan monstruosa».

Los datos que se han brindado sobre los daños que se originan en las filas de los futuros ciudadanos de España es algo más que un toque de atención a los sentimientos humanos; debe ser también un llamamiento a la conciencia patriótica de cualquier español honrado.

Todos los datos que anteceden, más el contenido fascista de la enseñanza que se da en las escuelas, dejan marcados con trazos negros los daños que se originan en las filas de los futuros ciudadanos de España. Esto es algo más que un toque de atención a los sentimientos humanos, es un llamamiento a la conciencia patriótica de los españoles honrados que no sólo deben denunciar el monstruoso crimen que el franquismo comete con la infancia, sino contribuir con todo su esfuerzo a la lucha por la destrucción del oprobioso régimen fascista que padece España, por la República democrática, única capaz de poner fin a estas y otras muchas lacras que la afligen.



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ArribaAbajoEl estraperlo franquista

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Difícilmente se puede hallar hoy en España un vocablo tan popular como el de «estraperlo». ¿Cómo es posible que esta palabra que no tiene significado en sí haya pasado, por la frecuencia de su empleo, a ocupar un puesto de honor en el rico vocabulario español? Se trata de que actualmente la palabra «estraperlo» es sinónimo de malversación, corrupción, agio, y en su forma adjetiva de jerarca, falangista o beneficiario del régimen con cargo o valía en el aparato del Estado.

Esta circunstancia colocó en un aprieto, aún no hace mucho tiempo, a los padres de la Iglesia, a los nobles y advenedizos que hoy se sientan en la Real Academia de la Lengua. Se trataba de incluir o no la palabra «estraperlo» en el Diccionario de la Academia. Y puesto el caso a votación se acordó que el vocablo «estraperlo» no podía ser reconocido oficialmente por la Academia por ser «una palabra infamante». Y aunque lo infamante en todo caso no es el significado de una palabra en sí, sino la acción que representa, lo cierto es que ésta permanece fuera del diccionario mientras que la práctica del estraperlo pasa a ser la doctrina moral oficial del régimen franquista.

La actividad del estraperlismo oficial u oficialmente protegido no reconoce fronteras. Lo mismo se hace fortuna especulando con el pan que se roba al pueblo, con el Centenario de la Marina de Castilla o con la venta de recomendaciones.

En este mar de corrupción se baña toda la familia Franco. Nicolás, embajador del régimen en Lisboa, transformó la Embajada española en una verdadera cueva de contrabandistas. Haciendo uso de la inmunidad diplomática introdujo en Portugal millones de metros de tela blanca que vendió allí de «estraperlo». Conocido es también el escandaloso soborno realizado por la empresa constructora «Agromán». En ocasión de la presentación en sociedad de Carmen Franco, la empresa acordó «regalar» a la hija del verdugo 200 millones de pesetas en acciones liberadas. A cambio de esto, «Agromán» recibió la contrata de las obras militares, aeródromos, puertos, fortificaciones, etc., que la permite, entre otras cosas, acaparar parte de los materiales de construcción y revenderlos de estraperlo, ganando, como vulgarmente suele decirse, ciento por uno.

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Sigue a ésta la familia del general Saliquet, especulador de harina y de jabón. Los Muñoz Grande, reyes del estraperlo algodonero; los Correa y Pla, parientes del Cardenal Primado Pla y Deniel, que han hecho del mercado catalán coto de sus fechorías especulativas; los Moscardó, cuya inmensa fortuna se basa en la práctica del estraperlo con las apuestas en las carreras de galgos y de caballos y en los partidos de fútbol. Carceller, rey del petróleo, que antes de la sublevación fascista no contaba más que con un empleo de 60 duros al mes en la Campsa y hoy es el propietario de todos los surtidores de gasolina de España. Rein Segura, oscuro funcionario de la Arrendataria de Tabacos y hoy magnate omnipotente de la Tabacalera. Así podríamos seguir citando nombres de jerarcas falangistas, en la seguridad de que cada uno de ellos está ligado a la práctica del estraperlo en gran escala.

A su lado, organizando el hambre y la carestía con su abominable práctica especulativa, está el generalato y el cuerpo de oficiales, las grandes compañías, los altos funcionarios del Estado y de la Iglesia, las congregaciones religiosas y las comandancias de la guardia civil. La Fiscalía de Tasas y la Comisaría de Abastos, los gobernadores, toda la España oficial, corrompida hasta los tuétanos, que parece no tener otra misión que enriquecerse a costa de los sufrimientos del pueblo y aplastar con saña la airada protesta que surge de la martirizada España contra esta trinca de ladrones.

He aquí algunos de los últimos estraperlos, de los múltiples que a diario se practican.

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Dos millones de pesetas en un mes

Esta suma «ganó» recientemente el gobernador de Álava, Martín Ballesteros, al comprar 100.000 litros de aceite a 5 pesetas y revenderlos de estraperlo en la provincia de su feudo a 25 pesetas. Para esto lanzó a la jauría de agentes de la Fiscalía de Tasas a limpiar el mercado de peligrosos concurrentes que vendían el aceite a 15 pesetas litro, es decir, a 10 pesetas menos que el gobernador estraperlista.

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Los milagros de la Intendencia

La fábrica «Textil San Antonio», de Vergara, sirvió recientemente a la Intendencia de la Región Militar 10.000 metros de tela caqui para uniformes. A los pocos días fue devuelto a la fábrica todo el pedido para que se tiñera de azul. Después, la Intendencia Militar lo vendió de estraperlo, como tela para buzos de obreros, a 25 pesetas el metro.

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El negocio de las inmobiliarias

En España falta medio millón de viviendas. La construcción está semiparalizada, pero las compañías inmobiliarias abundan y prosperan. No importa que no posean terreno y que sus capitales se inviertan en cualquier cosa, menos en la construcción. El caso es que estas compañías reciben carta blanca para la adquisición de toda suerte de materiales de construcción, de los que hay gran escasez, que después revenden de estraperlo, repartiéndose fabulosos dividendos. Por este procedimiento la Inmobiliaria Urbis, cuyas acciones poseen no pocos jerarcas falangistas, «ganó» varios centenares de millones de pesetas en un breve período de... actividad.

El abono y la ceniza

Uno de los estraperlos más desvergonzados de todos los tiempos se acaba de descubrir en el Ministerio de Agricultura, que a través de las Hermandades de Agricultores vendió a los campesinos millones de kilos de «abono mineral», que no era otra cosa que ceniza. La protesta de los campesinos vilmente estafados ha sido ahogada. Uno de los «cenicientos» estraperlistas resultó ser el Ministro de Agricultura.

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Mientras el estraperlo oficial encarece la vida y proporciona miles de millones a los jerarcas del régimen y a los grandes capitalistas que de él se benefician, la guardia civil y la policía armada, como chacales que se nutren de los despojos dejados por otras fieras más poderosas, andan al acecho y a la caza, por trenes, mercados y cruces de caminos, decomisando los productos alimenticios que los trabajadores de la ciudad adquieren directamente de los campesinos, acusándoles de estraperlistas, cuando no hacen más que intercambiar su propia miseria causada por el estraperlismo franquista, que condena por infamante la palabra «estraperlo» y hace de su práctica la moral suprema de su corrompido Estado.



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ArribaAbajoNoticias de España

Ecos de la lucha


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La conspiración del silencio tejida por el franquismo, en complicidad con las agencias de información extranjeras al servicio del imperialismo, no es capaz de impedir que el eco de la heroica lucha del pueblo español por el pan, la paz y la libertad, contra el franquismo y por la República, trascienda cada vez más.

Los hechos de lucha y resistencia que damos a continuación demuestran que, pese al terror, nuestro pueblo no se resigna a la muerte por hambre que el franquismo le depara y lucha enérgicamente contra él por todos los medios a su alcance.

8 noviembre 1949.- Huelga de los mineros del pozo Santa Bárbara (Asturias) en protesta por la muerte de un compañero en un accidente de trabajo. Exigen garantías de seguridad en la mina.

22 diciembre.- En Faces (Orense) el pueblo se manifiesta contra el sistema de requisas impuesto por el régimen y las brutalidades de la guardia civil.

23 diciembre.- Plante de los futbolistas del deportivo Córdoba que se niegan a jugar si la directiva fascista del Club no les abona las mensualidades atrasadas y las primas correspondientes a los partidos ganados.

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24 diciembre.- En las proximidades de San Nicolás (Sevilla) se libra un violento encuentro entre un destacamento guerrillero y la guardia civil. Los patriotas rescatan un guerrillero herido que había sido hecho prisionero.

2 enero 1950.- Huelga general de 24 horas de los taxistas madrileños en señal de protesta contra la elevación del precio de la gasolina y la reducción del racionamiento.

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3 enero.- Las vendedoras de verduras de Irún no acuden al mercado en protesta contra el aumento de los arbitrios municipales.

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14 enero.- Los heroicos guerrilleros entablan combate con fuerzas muy superiores de la guardia civil en Sierra Cañada del Hornillo. Cercados por las fuerzas represivas mandadas por el coronel jefe de la Comandancia de Granada de la guardia civil, los patriotas lograron romper el cerco causando al enemigo un muerto y varios heridos. Los guerrilleros malheridos que quedaron en el caserío fueron asesinados por la guardia civil.

15 enero.- Manifestando su indignación contra los intentos de la dirección de la empresa «Constructora de El Ferrol» de reducir los pluses, los obreros de esta empresa abandonan el trabajo dejando los grifos del agua abiertos, estropeándose los moldes de fundición.

-Los obreros de una fábrica importante de Mataró hacen un plante de protesta oponiéndose a que les sean descontadas 6 horas, durante las cuales las máquinas estuvieron paradas a consecuencia de «un corte» de electricidad.

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16 enero.- Los vecinos de Dozón (Pontevedra) se manifiestan a la llegada del gobernador falangista contra el hambre y el régimen.

10 febrero.- Los taxistas de San Sebastián declaran la huelga general por causas similares a las de sus compañeros de Madrid.

-Los pescadores de Bermeo (Vizcaya) se niegan a salir al mar en protesta contra el aumento del precio de la gasolina. Hechos parecidos se producen en otros puertos.

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22 febrero.- En Venta del Moro (Valencia) los guerrilleros imponen una multa de 200.000 pesetas al coronel de infantería Antonio del Amo, que se había destacado como fascista y enemigo del pueblo.

-Los campesinos de Mogente (Valencia) se amotinan contra los saqueadores de las requisas que iban a clausurar el molino maquilero, impidiendo con su actitud resuelta la práctica de la brutal medida. Un hecho parecido se repitió en el pueblo de Navalón.

-En Enguera (Valencia) los campesinos hacen frente a la Comisión de Requisas y se niegan a entregar el cupo de aceituna, protestando así contra el robo y el estraperlo de los organismos franquistas.



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ArribaAbajoUn presupuesto contra el pueblo

Se suele decir que el presupuesto de un Estado, la forma de obtener los ingresos y la distribución de los gastos, es el fiel reflejo de la política que siguen los gobiernos.

Un gobierno auténticamente democrático, popular, basa sus ingresos en el impuesto progresivo sobre la renta, de manera que el ciudadano que más ingresos tiene más paga. Y destina sus gastos principales al desarrollo y fomento de la economía, de la sanidad y seguros sociales, de la cultura...

Un gobierno al servicio de los grandes banqueros y terratenientes, del generalato y de la Iglesia basa los ingresos del Estado en los impuestos sobre la población trabajadora, sobre los obreros, los campesinos, intelectuales, pequeños comerciantes e industriales. Y los gastos al financiamiento de los preparativos de guerra, al mantenimiento de un enorme aparato de fuerzas represivas, a la subvención de los grandes monopolios y compañías, al mantenimiento de una inmensa burocracia. Esto es, precisamente, lo que hace el régimen fascista de Franco en grado superlativo.

***

Los ingresos del Estado franquista se basan sobre todo en los impuestos directos e indirectos que graban a la población. Los directos, particularmente, a los campesinos, industriales, pequeños comerciantes y profesiones liberales. Los indirectos elevan los precios de los artículos de consumo de primera necesidad, las franquicias de correos, los medicamentos, etc., y, por consiguiente, recaen sobre los trabajadores y sus familiares que componen la mayor parte de la población española. Los ingresos conseguidos por los beneficios de los monopolios del Estado, del tabaco, petróleo, del alcohol, etc., son arrancados asimismo de los bolsillos del pueblo.

La parte del león del presupuesto se destina a los gastos de guerra y represión. Pero incluso aquellas sumas asignadas a los ministerios «económicos», Agricultura, Trabajo, Industria y Comercio, Educación Nacional, etc., se destinan en su mayor parte al pago de la burocracia falangista, a subvenciones a la Iglesia, etc., etc.

¿De dónde sale y adónde va a parar el presupuesto franquista? Esto es lo que muestra, a grandes rasgos, el gráfico, que publicamos en este número.



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ArribaAbajoCoplas de Juan Panadero

Recopiladas y ordenadas por R. Alberti


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Aunque con algún retraso, debido a las dificultades de comunicación que impone la distancia, hemos recibido del Uruguay el primer trabajo de colaboración de nuestro gran poeta Rafael Alberti. Se trata del «Saludo de Juan Panadero al camarada Stalin en su 70 aniversario», que entrará a formar parte del II Libro de Coplas de Juan Panadero, recopiladas y ordenadas por Rafael Alberti.

¿Quién es este Juan Panadero? Permítanos el lector presentarle a este nuevo personaje de la poesía popular por medio de la pluma de Rafael Alberti quien, en el I Libro de sus coplas, dice de él lo siguiente:

«No conozco a Juan Panadero, aunque él, por la alusión que hace a mi nombre en una de sus coplas, quizá me haya visto en algún momento y quién sabe si hasta cruzado su palabra con la mía. Lo que sí puedo afirmar, con certeza, es que este Juan andaluz, poeta popular de estos años terribles, soldado del ejército republicano, combatiente de los gloriosos días del Cuartel de la Montaña, ha andado peregrinando por América, emigrado político, al igual que tantos otros españoles desterrados de nuestra patria después de casi tres años de guerra. Como coplero que gusta de lo autobiográfico, hallo inútil en esta breve nota anticipar nada de lo que él mismo revela de su vida, no muy diferente, por otra parte, de la de cualquier español leal, batallador y sufriente de la España antifranquista. Sería difícil, aun a pesar de lo que él nos cuenta como individuo, determinar el rostro físico de este poeta, quien al escoger para sí un nombre como el de Juan está ya confundiéndose con el rostro del pueblo. Pero algo nuevo se desprende de las coplillas que casi siempre, en forma de soleares para guitarra, viene esparciendo en periódicos y papelillos, tanto de fuera como de dentro de nuestra Península: su universalidad, su internacionalismo. Juan Panadero es también, como su autotítulo, un gran poeta paisano suyo, un andaluz universal, un poeta no sólo de su pueblo, sino de todos los del mundo.

»'La tierra se llama Juan', ha escrito Pablo Neruda. Así, el   —36→   alma de Panadero, siendo una llanísima expresión del pueblo a que por nacimiento e idioma pertenece, se desvive y desvela por la suerte de los demás, haciendo suyos los castigos que los lastiman, las victorias que los conmueven, su calvario por la justicia, su combate por la paz y la libertad.

»Aunque Juan Panadero no es otro que el propio Juan Soldado, Juan Sin Miedo, y hasta en algunos momentos Juan el Zorro y demás Juanes de la Tierra, tiene a Juan de Mairena, el doble sentencioso castellano-andaluz de Antonio Machado, por maestro inmediato, aspirando, si no en lo filosófico, a su severidad de medios expresivos, su claridad, su concisa, desnuda pobreza. Así lo anuncia al hablar de su poética.

»Digo con Juan de Mairena: 'prefiero la rima pobre', esa que casi no suena.

»Pero el acento de Juan Panadero, poeta de la calle, no suele ser el sereno y pensativo de la creación culta del ejemplar lírico de Castilla. Por algo pienso que a su nombre añadió el de un oficio, haciéndolo seguramente en recuerdo de aquella anónima copla llamada de 'Ay, Panadera', que como los del Provincial y Mingo Revulgo trajeran a mediados del siglo XV muchas desazones a más de un poeta conocido, dándonos así a entender su condición de poeta social y político, su entronque con la más dentelleante tradición quevediana, esa luz y esa sombra, ese hedor y perfume que de manera extraña poseen tantos grandes poetas españoles...»

Hecha la presentación de Juan Panadero, veamos ahora una muestra de su poesía popular.




Saludo de Juan Panadero al camarada Stalin en su 70 aniversario



1

Juan Panadero quisiera
hoy una copla tan grande
que ni en el canto cupiera.


2

Copla que no la cantara
más que la mar porque tiene  5
la voz más honda y más clara.


3

Hay nombres, palabras solas
que sólo pueden cantarlos
la multitud de las olas.


4

¡Las olas! ¡La multitud!  10
Olas que vienen y llevan
la voz de la juventud.
—37→


5

Voz profunda, van tan alta...
La voz que a Juan Panadero
hoy para cantar le falta.  15


6

Pero se la presta el mar,
el mar de España, y se pone
Juan Panadero a cantar.


7

Empieza Juan Panadero:
Canto a un hombre, pero canto  20
en él un canto al acero.


8

¡Oh varón de la entereza!
(Pero al acero la luz
le relumbra en la corteza).


9

¡Varón de la mano dura!  25
(Pero el acero en su sangre
corre también la ternura).


10

Varón, te canto en tu edad.
(Pero el acero levanta
por años la eternidad).  30


11

Varón si fuerte en la guerra,
más fuerte en la paz que pide
gritando toda la tierra.


12

Se ven en ti los obreros,
se miran los campesinos,  35
soldados y marineros.


13

Mariscal de mariscales,
¿qué hazaña no hay en tu vida
que dé en tu vida señales?


14

Eres la Revolución,  40
los días duros y amargos,
los años de la prisión.


15

Eres la fe sin frontera,
la acción que nunca descansa,
el viento de una bandera.  45


16

El sueño de Octubre, el sueño
que encendió Lenin y fuera
por ti ya un mayo risueño.
—38→


17

¡La guerra! Que nadie diga
que eres la guerra... ¡Más ay  50
del que busque tu enemiga!


18

¡Del que se atreva a verter
sangre de tu pueblo! ¡Ay
del que ya olvidó el ayer!


19

Que eres el hondero fuerte,  55
la tierra arrasada, el palmo
seguro para la muerte.


20

El flechero sobrehumano,
el insomne, el repentino
rayo que suelta una mano.  60


21

¡El héroe! ¡Tu pueblo entero!
El que dio a mares la vida
por no morir prisionero.


22

¡El héroe! ¡El primer soldado!
Canta tu nombre en el mundo  65
la estrella de Stalingrado.


23

Cantar su honor, tu gloriosa
firmeza, tu inexpugnable,
bella patria victoriosa.


24

Maestro de pueblos, Guía,  70
los ojos siempre prendidos
del alba abierta del día.


25

Constructor de la más sana
Era, alfarero de hombres,
arquitecto del mañana.  75


26

Tu nombre es candela; es sombra;
temor para el que te calla,
valor para el que te nombra.


27

Tiembla el dinero en la mano
del que quiere que hasta el sol  80
nazca norteamericano.


28

El banquero desentierra
su bolsa, por si la paz
puede robarle la guerra.
—39→


29

Y anda planes planeando  85
y -¡plan, plan, racataplán!-
anda con Marshall marchando.


30

Mira el mapa y se acongoja
viendo tanta geografía
ya escrita con tinta roja.  90


31

Y piensa en bombas y grita
soltando truenos de uranio
y cometas de trilita.


32

Pero tú serenamente
fumas tu pipa y sonríes  95
soñando para otra gente.


33

Que hoy, en tu robusta edad,
se cumpla tu sueño y cante
por toda la Humanidad.


34

Envío:  100
Juan Panadero le envía,
Mariscal, en estas coplas
todo lo que España ansía.


35

Te manda Juan Panadero,
con su saludo, la España  105
grande de los guerrilleros.


36

No la de la División
Azul, sino la que tiene
tu nombre en el corazón.


37

La España del campesino,  110
la España obrera, la España
que sabe bien su camino.


38

La que muere y que trabaja,
la que vive y combatiendo
hila a Franco su mortaja.  115


39

Deja que en estos cantares
te mande un ramo de olivo
y una rama de azahares.


40

Una lámpara minera,
una paloma del monte  120
y una estrella marinera.


41

Juan Panadero levanta
el puño, porque ya el canto
no le cabe en la garganta.


42

Y grita Juan Panadero,  125
puño en alto: ¡Viva Stalin!
...Y se oye en el mundo entero.



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