Visión empañada por la corrupción y el interés que marca la actualidad de Saavedra, ya que en este sentido parece no existir nada nuevo bajo el sol.
Figura 3
Y en otra empresa, la 7, que tiene como cuerpo a un catalejo bajo la divisa Auget et minuit, afirma la necesidad de ver las cosas como son sin que las acrecienten ni mengüen las pasiones (figura 3). Hay que mirar los objetos y los sucesos siempre con igualdad, a través de los cristales de la razón, para que no nos engañen las cosas como lo hacen cuando las miramos a través de los anteojos de nuestros afectos o pasiones. Esta idea la simboliza en el catalejo que, según por donde se mire, agranda o disminuye el objeto examinado. Síntoma de tiranía es dejarse llevar de furiosas tempestades de afectos, los cuales ofuscan la razón, desconocen la verdad y hacen aprehender las cosas no como son sino como las propone la pasión. El príncipe ha de tener especial cuidado en armarse contra sus afectos porque éstos son más robustos «con las delicias de los palacios»
y, además, son alimentados por los cortesanos que aspiran a ascender en la corte y utilizan constantemente la lisonja y la alabanza interesada. Hay toda una teoría antropológica en este dominio racional de las pasiones:
Nacen con nosotros los afectos, y la razón llega después de muchos años, cuando ya los halla apoderados de la voluntad, que los reconoce por señores, llevada de una falsa apariencia de bien, hasta que la razón, cobrando fuerzas con el tiempo y la experiencia, reconoce su imperio, y se opone a la tiranía de nuestras inclinaciones y apetitos26. |
Pero lo que me interesa aquí no es tanto la teoría antropológica sino más bien las imágenes de la visión y del cambio de perspectiva según miremos por una parte o por otra del catalejo de nuestras pasiones. Este tema conecta la prosa de Saavedra con la búsqueda barroca de la perspectiva en pintura y en el arte en general. El mundo ya no puede ser visto en la época desde un punto de vista absoluto, incondicionado, sino que todo es relativo a la situación desde la que uno mira. En palabras de José Antonio Maravall:
La perspectiva, como manera de darse la realidad ante los ojos del artista, es la noción que informa toda la obra de los pintores del siglo XVII. La perspectiva es la manera en que se asoma al mundo y lo capta la pintura barroca. Y esto que decimos de la pintura es válido para todo tipo de visión: para el arte y para el pensamiento27. |
El barroco es un mundo en crisis, sometido a pluralidad de opiniones y puntos de vista que conducen a multiplicar las perspectivas sobre cualquier asunto, pero especialmente en el ámbito de la política. Y también es consciente de que sin perspectiva no podemos ver nada. La perspectiva es una verdad, ciertamente limitada, que corresponde a un punto de vista, a una atalaya o a un caso o circunstancia determinada. Más allá de esta situación, esa verdad desaparece o se transforma en mera apariencia de verdad, en una máscara. Por ello jugará también tanto la época con las máscaras, con la contradicción entre apariencia y realidad, con ver el mundo por fuera, o desde lo alto como el diablo Cojuelo, o por dentro como quieren Gracián y Quevedo.
La perspectiva no es para Saavedra un término aséptico, sino que está muy cercano al «engaño a los ojos». Con razón se fija Baquero Goyanes en un texto de la República literaria de Saavedra en el que éste crea el término «perspectivos» para denominar a aquellos mercaderes que sabían disponer la luz de sus tiendas de tal manera que hacían más hermosas sus telas. Así pues, la perspectiva es también engañosa: sirviéndose de luces, sombras y espejos -piénsese por ejemplo en Las meninas de Velázquez- crea una ilusión que no se corresponde con la realidad. Baquero Goyanes piensa que Saavedra llegó a ese curioso vocablo «perspectivos» a través de su interés en la pintura de la época. Y añade:
El desplazamiento burlesco que supone servirse de un tecnicismo corriente en las artes plásticas para, en su versión masculina y plural, convertirlo en designación de un estamento u oficio, nos indica, elocuentemente, hasta qué punto para la sensibilidad barroca «perspectiva» rimaba con «engaño». Una hermosa pintura será siempre, como Sor Juana Inés decía, «un engaño colorido»28. |
También Saavedra argumenta que la pintura no es naturaleza pero puede ser tan semejante a ella que engañe a la vista y es menester valerse del tacto para reconocer el engaño. La pintura «no puede dar alma a los cuerpos, pero les da la gracia, los movimientos y aun los afectos del alma. No tiene bastante materia para abultallos, pero tiene industria para realzallos»29
. Tanto valor dado a lo visual o a la perspectiva y, sin embargo, ¿tanto mentir los ojos para engañar el ánimo? -se pregunta retóricamente en otro contexto. El tópico del engaño a los ojos está presente de manera constante en Saavedra, quien dedica toda una empresa a apercibir el príncipe acerca de las mentiras de la imaginación o de las opiniones y de la diferencia entre ser y parecer.
Figura 4
Bajo la divisa Fallimur opinione (figura 4) aparece el remo en el agua que produce el engaño a los ojos al parecernos quebrado:
A la vista se ofrece torcido y quebrado el remo debajo de las aguas, cuya refracción causa este efecto. Así nos engaña muchas veces la opinión de las cosas30. |
El texto continúa con una reflexión sobre los filósofos escépticos y acerca de los engaños en política, expresándose de la siguiente manera:
No deseo que el príncipe sea de la escuela de los escépticos, porque quien todo lo duda nada resuelve, y ninguna cosa más dañosa al gobierno que la indeterminación en resolver y ejecutar. Solamente le advierto que con recato político esté indiferente en las opiniones, y crea que puede ser engañado en el juicio que hiciere dellas, o por amor o pasión propia, o por siniestra información, o por los halagos de la lisonja, o porque le es odiosa la verdad que le limita el poder y da leyes a su voluntad, o por la incertidumbre de nuestro modo de aprehender, o porque pocas cosas son como parecen, principalmente las políticas, habiéndose ya hecho la razón de Estado un arte de engañar y de no ser engañado, con que es fuerza que tengan diversas luces. Y así, más se deben considerar que ver, sin que el príncipe se mueva ligeramente por apariencias y relaciones31. |

