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Dios, mi brazo y mi derecho

Drama en cuatro actos y en verso


Juan de Ariza



PERSONAJES
 
ACTORES
 
DOÑA THEUDA,   infanta de León. DOÑA JOSEFA PALMA.
SANCHO GARCÉS. DON JULIÁN ROMEA.
GARCÉS DE GUEVARA. DON ANTONIO PIZARROSO.
THUDEMIRO,   obispo de Pamplona. DON PEDRO SOBRADO.
EL CONDE GOMEZANO. DON FRANCISCO OLTRA.
VIGILANO. DON JOSÉ PLÓ.
RODRIGO. DON ANTONIO LOZANO.
FORTUÑO. DON PATRICIO SOBRADO.
LUPO. DON JOSÉ SOTOMAYOR.
Damas.
Obispos.
Abades.
Nobles.
Guerreros.
Heraldos.
Pajes.
Cazadores.
Pueblo.





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Acto I

 

Un salón ruinoso de un castillo desmantelado, con una puerta tosca y de una hoja, en el fondo, y una secreta a la derecha, que sirve de entrada a un subterráneo. La puerta del fondo tiene dos grandes armellas, una en el marzo y otra en la hoja, pero carece de barra que pase por ellas.

 

Escena I

 

RODRIGO. FORTUÑO. Cazadores.

 
RODRIGO
Pronto llegará Garcés,
pues aquí nos dimos cita
y poco tardará estando
terminada la batida.
FORTUÑO
Sancho Garcés no se rinde 5
fácilmente a la fatiga;
al javalí cierra el paso
y sigue a la corza herida.
RODRIGO
¡Vive Dios! que es un mancebo
de extremada valentía, 10
y, si bien lanza un venablo,
mejor una lanza enristra.
Mozo de tanto provecho
tener más tierras debía,
más de algún tiempo a esta parte 15
están muy mal repartidas.
Su padre Garcés Guevara,
aunque de ilustre familia,
se encuentra en desgracia desde
que murió el rey don García. 20
FORTUÑO
Cómo ha de ser, si don Gómez,
a quien los cielos maldigan,
a los que bien al rey muerto
sirvieron, oprime y pisa.
En los reinos de Sobrarve 25
y Ribagorza domina,
y sabe el diablo del modo
que administraba la justicia.
Ofrece siempre reunir
concilio, para que elija 30
un sucesor el monarca
que asesinó la morisma;
y con livianos pretextos
o con astucias indignas,
de la augusta ceremonia 35
no deja llegar el día.
RODRIGO
Al fin hará nuestros brazos
que de su intento desista;
pues ¡vive Dios! que ya cansa
su arrogante tiranía. 40
Las aguilas de estas sierras
somos, y aves de rapiña
seremos para arrancarle
la corona que codicia.
Busquen sucesor al rey... 45


Escena II

 

RODRIGO. FORTUÑO. Cazadores. VIGILANO, en traje de ermitaño, por el foro.

 
VIGILANO
Buscarlo no necesitan
los reinos, pues les da uno
la Providencia divina.
FORTUÑO
¿Quién es, anciano?...
VIGILANO
Su hijo.
FORTUÑO
Tu frágil memoria olvida 50
que no tuvo hijo varón
el muerto rey don García.
VIGILANO
Muy joven eres; no habrán
aun llegado a tu noticia
los curiosos pormenores 55
de una historia peregrina.
Cuando sobre los monarcas,
por una estraña perfidia,
cayó el moro en Lecumberri,
estaba la Reina en cinta. 60
Muchos fieles servidores
formaban su comitiva,
pero muy pocos lograron
huir de la espada homicida.
Tres solos, cuando la noche 65
tendió su negra cortina,
osaron volver al campo
de la atroz carnicería.
Era el uno caballero
de nobleza muy antigua, 70
obispo el segundo, el otro
entendido en medicina.
Revolviendo los cadáveres
hallaron al Rey sin vida,
pero al tocar a la Reina 75
percibiendo que gemía.
FORTUÑO
¿Y la salvaron?
VIGILANO
Escucha.
Sus convulsiones continuas
daban a entender que estaba
muy próxima a la agonía. 80
Agua la echaron al rostro,
y al recobrar habla y vista,
lanzó al mundo el tierno infante
que en sus entrañas traía.
Por su mandato en el hombro 85
del niño trazó una herida,
señal indeleble, el médico;
y entonces la Reina misma,
con una aguja de oro,
sirviendo sangre de tinta, 90
contó en un lienzo la historia,
y al pie le puso su firma.
Doña Urraca, bajo el peso
de sensaciones tan vivas,
al poco tiempo quedó 95
sin habla y desfallecida.
Intentaron sus amigos
a otro lugar conducirla,
mas la hallaron de repente
inmóvil, pálida y fría. 100
RODRIGO
¿Murió?...
VIGILANO
Sí. Con las del Rey
se enterraron sus cenizas;
y ante el trono de Dios juntos
ambos esposos habitan.
FORTUÑO
Nos has contando una historia 105
estraña para creída.
VIGILANO
Aunque es muy estraña, joven,
hay pruebas que la autorizan.
En primer lugar la página
que dejó la reina escrita, 110
y en segundo los tres hombres
que su verdad atestiguan.
FORTUÑO
¿Murieron esos testigos?
VIGILANO
Viven los tres todavía.
FORTUÑO
Sabes Rodrigo, que el cuento 115
la caballera me eriza...
RODRIGO
Tanto como a ti, Fortuño,
me causa pavor y admira.

 (A VIGILANO.) 

Nosotros nacimos nobles,
y odiamos la tiranía 120
de ese Conde Gomezano
que los reinos esclaviza.
Aquí mismo con razones
agrias, fuertes, atrevidas,
condenamos sus escesos, 125
sin parar miente en sus iras.
Seguro en nuestra palabra
y bien probada hidalguía,
los nombres de esos testigos
es preciso que nos digas. 130
VIGILANO
No puedo.
FORTUÑO
Nuestra lealtad...
VIGILANO
Merece toda mi estima;
pero a callaros sus nombres
un juramento me obliga.
FORTUÑO
Lo afirma
mi lealtad.
135
FORTUÑO
¿En qué parage
se oculta?
VIGILANO
En nuestras provincias.
FORTUÑO
¿Qué nombre lleva?
VIGILANO
Callarle
es fuerza
FORTUÑO
¡Fatal enigma!
RODRIGO
¿Sabe su origen?
VIGILANO
Lo ignora.
140
RODRIGO
Buen anciano, más valdría
tu silencio, que dejarnos
con tan escasas noticias.
VIGILANO
Ya sabéis que hay en Navarra,
por descendencia legítima, 145
un natural sucesor
del muerto Rey don García.
RODRIGO
Y ¿qué podremos hacer
en su favor, si te obstinas
en ocultarnos su nombre 150
y el lugar en donde habita?
VIGILANO
Podéis esperar, teniendo
vuestras armas prevenidas.
FORTUÑO
¿Y quién, para manejarlas
será nuestro jefe o guía? 155
VIGILANO
Uno que por su valor
a los más bravos eclipsa.
FORTUÑO
Rompe, anciano, ese misterio
que nos confunde e irrita.
 

(Suena un cuerno de caza.)

 
VIGILANO
No es tiempo, llaman, y Sancho 160
mucho tarda.
RODRIGO
Sí, a fe mía.
VIGILANO
Debéis salir en su busca
por si auxilio necesita.
FORTUÑO
¿Nada más nos dices?
VIGILANO
Nada.
FORTUÑO
Mucho callas...
VIGILANO
Me precisa.
165
RODRIGO
Anciano, guárdate el cielo.
VIGILANO
Que él a todos os bendiga.


Escena III

 

VIGILANO.

 
VIGILANO
Ya era tiempo que quedara
en soledad mi retiro;
pues cerca están Thudemiro 170
y el buen Garcés de Guevara.
 

(Suena otra vez el cuerno.)

 
Me repiten el señal.
Olvidan que vivo alerta.
Antes que empujen la puerta
me hallarán en el umbral 175

 (Cierra la puerta del foro, sujentádola con su báculo y abre la secreta.) 



Escena IV

 

VIGILANO. GARCÉS DE GUEVARA, en traje de guerra. THUDEMIRO, con hábito de monge.

 
GARCÉS
Pasad, obispo. Salud,
Vigilano.
VIGILANO
Guárdeos Dios.
Habéis mostrado los dos
ardiente solicitud.
THUDEMIRO
No hay momentos que perder; 180
y hoy nos hallamos de modo
que es fuerza arriesgarlo todo
para luchar y vencer.
GARCÉS
En tan suprema ocasión,
si mucho el peligro apura, 185
no nos faltará bravura
ya que nos sobra razón.
VIGILANO
Si la empresa no es pequeña,
la buena intención la abona.
¿Venís, padre...
THUDEMIRO
De Pamplona
190
y de San Juan de la Peña.
Cuando yo, de la ciudad
salió el conde Gomezano,
cada vez más fiero y vano
con su inmensa autoridad. 195
Encontré en el monasterio
el lienzo con sangre escrito,
joya de precio infinito
guardada con gran misterio.
VIGILANO
Y, trayéndola con vos, 200
ya la tendréis preparada...
THUDEMIRO
No; mucho mejor guardada
queda en la casa de Dios.
Y pues que a grave querella
el tirano nos provoca, 205
toda precaución es poca
para salir bien en ella.
GARCÉS
Tenéis sobrada razón
para obrar tan precavido.
Yo mi palabra he cumplido, 210
y ahora llego de León.
VIGILANO
¿Traes noticias de interés?
GARCÉS
Muchas y ninguna buena.
Se niega doña Jimena
a secundar a Garcés. 215
Fábula llamó a la historia
que llorando referí;
y, para dudar de mí,
no tuvo en cuenta mi gloria.
Cansada de mi porfía, 220
desdeñosa y altanera,
me dijo: «Soy la heredera
de mi padre don García.
Y sí, aunque de heroico pecho,
por mujer una corona 225
no me ciñen en Pamplona,
traspasaré mi derecho.
De mi hija Theuda la mano
pide, con afán prolijo,
para su heredero e hijo 230
el buen Conde Gomezano.
La demanda admitiré
y, como dote, bizarra,
la corona de Navarra
a doña Theuda daré. 235
Espera, dispersa grey,
para remediar sus daños,
después de veinte y tres años
el pueblo navarro un rey.
Y con fundada alegría 240
proclamará presuroso
rey de navarra un rey.
Y con fundada alegría
proclamará presuroso
rey de navarra al esposo 245
de una nieta de García.»
Así dijo, y con la mano
me mandó al punto salir;
no queriendo permitir
que hablase más de su hermano. 250
Antes de dejar corrido
las montañas de León,
tomé la resolución
de hablar al rey su marido.
Alfonso el Magno tampoco 255
dio crédito a mi relato,
y, llamándome insensato,
me despidió como a un loco.
THUDEMIRO
Poco resultado al fin,
después de fatiga tanta. 260
GARCÉS
Aún hay más; ayer la infanta
pisó el navarro confín.
A su encuentro Gomezano
salió con su corte toda;
en breve se hará la boda, 265
y él reinará soberano.
THUDEMIRO
Bien podemos todavía
poner coto a su ambición,
probándole la traición
que hizo al buen rey don García. 270
A los moros avisó
que en Lecumberri triunfaron;
y si allí nos derrotaron...
GARCÉS
Fue por él; bien lo sé yo.
THUDEMIRO
Con las pruebas del delito 275
el moro lo humilla y goza.
VIGILANO
El walí de Zaragoza
ofrece dar el escrito.
GARCÉS
¿Le habéis visto?
VIGILANO
Sí. También
dice que dará el tesoro 280
por cien mil doblas de oro.
THUDEMIRO
¡Fuerte suma!
GARCÉS
No: está bien.
¿Tenéis más que decir?
VIGILANO
Nada.
GARCÉS
¿Y vos?
THUDEMIRO
Tampoco.
GARCÉS
Sacamos
en claro que nos hallamos, 285
al comenzar la jornada,
si auxilios de León,
sin la prueba del delito:
mas con un sangriento escrito,
fe, derecho y decisión. 290
Fáltanos para tan alta
empresa; en ello convengo...
pero no doy lo que tengo
por todo lo que me falta.
Pues contra dolo y malicia 295
no necesita favor
quien honra tiene y valor,
y sobre todo, justicia.
Vamos a empezar. Soldados
de tal condición debemos 300
tener, que los encontremos,
siempre fieles, siempre osados.
VIGILANO
Ya la juventud guerrera
de estas montañas marcial
solo espera la señal, 305
el caudillo y la bandera.
Aquí mi voz escucharon
sin vacilación ni miedo,
y defender con denuedo
al hijo del rey juraron. 310
GARCÉS
¿Saben su nombre?
VIGILANO
Jamás
lo pronunciará mi boca.
Obrar y callar me toca,
callo y obro, y nada más.
Está tranquilo, Garcés. 315
GARCÉS
Prudente en todo anduviste,
pues deben saber que existe,
sin que adivinen quién es.
Y con tanta precaución
marcharé sobre el abismo, 320
que no ha de saber ni él mismo
su preclara condición.
THUDEMIRO
¿Quieres ocultarle?...
GARCÉS
Sí.
Quiero ocultarle su nombre,
Thudemiro; y no te asombre, 325
porque nos conviene así.
No quiero que contra él
pueda el Conde Gomezano
lanzar dardos inhumano,
hallándose sin broquel. 330
Y hasta de su mismo ardor
quiero librarlo en verdad,
que cuenta muy poca edad
y tiene mucho valor.
THUDEMIRO
¿Tomarás el mando, pues, 335
de la hueste?
La destino
otro jefe.
THUDEMIRO
No adivino
quien...
GARCÉS
Mi hijo Sancho Garcés.
THUDEMIRO
¡Sancho!
GARCÉS
Se apresta a lidiar
con lealtad, con bizarría, 340
por quien del rey don García
el trono debe ocupar.
Y si en el preciso plazo
Dios nuestros planes abona,
al rey Sancho la corona 345
dará que gane su brazo.
THUDEMIRO
Pretendes que con prolijo
trabajo acabe la empresa
quien como galardón...
GARCÉS
Cesa.

 (Abre la puerta del foro y toca un cuerno de caza.) 

Llegó el solemne momento 350
de obrar.
VIGILANO
Ha llegado, sí.
GARCÉS
Sancho Garcés hará aquí
franco y formal juramento.


Escena V

 

VIGILANO. GARCÉS DE GUEVARA. THUDEMIRO. SANCHO GARCÉS, en trage de caza y con un grueso venablo en la mano.

 
SANCHO
Padre, vuestra mano. Y vos

 (Besa las manos de los tres.) 

también, noble Vigilano. 355
Y vos, venerable anciano,
digno ministro de Dios.
THUDEMIRO

 (Bendiciéndole.) 

El derrame todo bien
sobre ti, desde su altura,
y a la débil criatura 360
alce y engrandezca...
SANCHO
Amén.
GARCÉS
Sancho, a tu noble ardimiento
ancho campo se prepara.
SANCHO
Soy hijo vuestro y Guevara.
Mandadme.
GARCÉS
Escucha un momento.
365
Cuanto prometas aquí,
sobre el corazón la mano,
¿cumplirás como cristiano
e infanzón navarro?
SANCHO
Sí.
Y nunca con más conciencia 370
cumplirá Sancho Garcés;
porque respeta en los tres
sangre, religión y ciencia.

  (A GARCÉS.) 

A vos debo, padre mío,
ce antigua estirpe el honor, 375
la vida, el poco valor
que han llamado heroico brío.
Me enseñasteis la pujanza
a domeñar de un corcel,
a sostener un broquel 380
y a blandir bien una lanza.
Vuestro incansable cuidado
me hizo aprender con esmero
cuanto cumple a un caballero
y necesita un soldado. 385
Esto hará que bien me cuadre
conservar en la memoria,
que si gano alguna gloria
la debo toda a mi padre.

 (A THUDEMIRO.) 

Vos me enseñasteis piadoso 390
con las más fuerte corazón
debe ser más religioso.
Y no habéis grabado en vano
en mi corazón de acero,
que cumple al buen caballero 395
ser generoso y cristiano.

  (A VIGILANO.) 

Vos me alzasteis de la ciencia
a las remotas regiones,
y encontré en vuestras regiones
un tesoro de prudencia. 400
Por ello no olvidaré,
lo juro a fe de hidalgo,
que es vuestro cuanto yo valgo,
que os debo cuanto yo sé.
Juzgad si al mandato vuestro, 405
podrá faltar quien venera
al padre que el ser le diera
al sacerdote, al maestro.
GARCÉS
Bien, Sancho. Has correspondido
a nuestros afanes hoy 410
como esperábamos.
SANCHO
Soy,
ante todo, agradecido.
GARCÉS
Tú sabes que don García,
rey digno de mejor suerte,
en Lecumberri la muerte 415
encontró en aciago día.
SANCHO
Lo sé.
GARCÉS
Sabes que dejó,
con circunstancias estrañas,
un hijo y que en las montañas
un hidalgo lo crió. 420
SANCHO
Lo sé.
GARCÉS
El conde Gomezano
oprime a la monarquía,
desde que su alevosía
dio la muerte al soberano.
SANCHO
Lo sé.
GARCÉS
Sabes que ambiciono,
425
siendo la lealtad mi ley,
al hijo de nuestro Rey
asentar sobre su trono.
SANCHO
Sé que esperáis la ocasión
de combatir.
GARCÉS
Ha llegado.
430
SANCHO
Yo seré el primer solado.
GARCÉS
Serás nuestro campeón.
SANCHO
No os comprendo...
GARCÉS
Tú serás
el caudillo armipotente,
que conduzca nuestra gente 435
a la victoria.
SANCHO
¡Jamás!
GARCÉS
¡Sancho!
SANCHO
A mi padre me humillo,
mas resisto con dolor,
que en donde estéis vos, señor,
vos seréis siempre el caudillo. 440
GARCÉS
¿Y si yo le exijo?
SANCHO
Puedo
a mi pesar enojarte...
¿Mas cómo habré de mandarte?
GARCÉS
Para obedecerme.
SANCHO
Cedo.
Mas perdona mi porfía 445
y sin con ella te aflijo,
¿por qué no nos manda el hijo?
del muerto Rey don García?
Tú, señor, me has enseñado
que, para su tierra y ley 450
defender bien, debe un Rey
antes que Rey ser soldado.
Y no le estará bien, no,
al que ha de ser de Pamplona
Rey, llevar una corona 455
que haya conquistado yo.
GARCÉS
Sancho, cesa en tu porfía,
que un Guevara te asegura
del honor y la bravura
del hijo de don García. 460
Muchos le verán bizarro
hacer de valor alarde...
No diera yo un rey cobarde
al noble pueblo navarro.
SANCHO
En mi filial humildad, 465
hijo sumiso, respeto
vuestro importante secreto,
cumplo vuestra voluntad.
Mis instrucciones de vos
esperaré resignado. 470
GARCÉS
El juramento, prelado,
tomadle en nombre de Dios.
THUDEMIRO
¿Prometes, con bizarría,
con firmes y heroico pecho,
mantener siempre el derecho 475
del hijo de don García?
SANCHO
Lo prometo.
THUDEMIRO
¿Con gran fe,
lanza un ristre, espada en mano,
contra el conde Gomezano
combatirás?
SANCHO
Lidiaré.
480
THUDEMIRO
¿Darás protección y auxilio,
aun a riesgo de tu vida,
a la nobleza reunida,
según el fuero, en concilio?
SANCHO
Sí haré.
THUDEMIRO
En tu razón seguro
485
y en Dios, obligado estás
a cuanto has dicho. ¿Lo harás,
Sancho Garcés?
SANCHO
Yo lo juro.
THUDEMIRO
Dios, que nos oye, testigo
de tu juramento es. 490
Si cumples, tendrás, Garcés
premio; si faltas, castigo.
SANCHO
Amén.
GARCÉS
Mucho de tu brazo
esperan: mecho tu nombre
promete.
SANCHO
Haré cuanto un hombre
495
pueda hacer.
GARCÉS
Dame un abrazo.
Ese túnico destierra
para vestir la coraza.
Hoy entrégate a la caza,
desde mañana a la guerra 500
 

(SANCHO besa las manos de los tres y sale por el foro.)

 


Escena VI

 

VIGILANO. GARCÉS DE GUEVARA. THUDEMIRO.

 
GARCÉS
¿Quedáis satisfechos?
VIGILANO
Sí;
y ese paladín brioso,
que, para gloria del reino,
es de virtudes tesoro,
nos mantendrá sus promesas 505
y cumplirá nuestros votos,
haciendo que la justicia
torne a esta tierra su rostro.
THUDEMIRO
Dios, que a los buenos ampara,
que al débil presta socorro, 510
y a los humildes remonta
casi al nivel de su trono:
Dios, que la loca soberbia
abate del poderoso,
y las torres de su orgullo 515
convierta en ceniza y polvo,
dará a la humildad de Sancho
tanta protección y apoyo,
que los más altos se humillen
ante su nombre glorioso. 520
Dios hará que a los guerreros
infunda su ánimo heroico,
siendo ligera la carga
para sus robustos hombros.
Cuando me besó la mano, 525
llanto vertieron mis ojos,
y si a mi corazón sigo
ante sus plantas me postro.
El triunfará el tirano
que nos oprime, lo abono; 530
que a quien Dios proteje triunfa,
y Dios está con nosotros.
GARCÉS
Fe tenéis, fe tengo; Dios
que nos ve desde su solio,
conoce nuestro derecho, 535
ve la maldad de los otros;
pero en Dios nuestra esperanza,
debemos buscar los modos
de unir al favor del cielo
esfuerzos grandes y propios. 540
Vos, Thudemiro, a Pamplona
marchad, y poned estorbos
de la infanta de León
al tratado desposorio;
porque si el hijo del Conde 545
logra llamarse su esposo,
bien podrá de la corona
conseguir el alto logro.
Tú, Vigilano, discurre
medios de arrancar al moro 550
de la más negra traición
el patente testimonio,
aunque nos cueste de sangre
cuanto nos pide de oro.
Yo, en las escabrosas sierras, 555
con los seculares troncos
improvisaré murallas;
y al son del clarín sonoro,
a los bravos montañeses
agruparé de mí en torno, 560
dándoles el entusiasmo
en que yo mismo rebozo.
Sus graves cantos de guerra
repitan los ecos roncos,
mezclados a los relinchos 565
del no bien domado potro.
y yo, a la faz de los cielos,
también a mi vez abono,
que nuestra será la palma
estando Dios con nosotros. 570
THUDEMIRO
Guerra santa yo proclamo.
VIGILANO
Guerra proclamados todos.
GARCÉS
¿Sentís un caballo?
Sí.
THUDEMIRO
Nos buscan.
GARCÉS
Vámonos pronto.
 

(Se van por la puerta secreta.)

 


Escena VII

 

DOÑA THEUDA. SANCHO, que dice los primeros versos antes de salir a la escena. DOÑA THEUDA trae el rostro cubierto con el velo.

 
SANCHO
Descabalgad, señora: sobre el hombro 575
de un montañés leal poned la mano.
 

(Entran.)

 
No sollocéis así; cese el asombro,
que os guarda ¡vive Dios! un buen cristiano.
DOÑA THEUDA
Agradezco el favor.
SANCHO
Favor empeño.
Os vi en poder de moros; vos cristiana 580
sois, señora; a cumplir más arduo empeño
mi obligara mi fe, pues sois mi hermana.
DOÑA THEUDA
Más arduo empeño no; vuestra potente
diestra, como el alud que rueda y choca,
hizo rodar sobre la mora gente 585
de áspera breña desgajada roca.
Aprovechando su pavor, sañudo
probáis en ellos la sin par pujanza,
y el firme pecho presentáis desnudo,
vuestro venablo convertido en lanza. 590
Muerden los bravos por do quier la tierra;
huye el encuentro quien temió cobarde;
y al torrente que baja de la sierra
no hay quien resista, quien sin miedo aguarde.
Dueño del campo, merecida fama 595
ganáis, laurel de inmarcesible gloria;
aunque tanto valor sólo una dama
tenga por galardón de la victoria.
SANCHO
Honráis, señora, como a heroico brío,
el cumplimiento de un deber sagrado, 600
que supiera ganar el lauro mío
en la misma ocasión cualquier soldado.
Ahora mandad que vuestros pasos guíe
quien defender sabrá vuestra persona:
y, mas tranquila, en mi lealtad confíe 605
quien temió con razón.
DOÑA THEUDA
Voy a Pamplona.
SANCHO
Marchemos.
DOÑA THEUDA
Esperad. El audaz hombre
que deberes tan altos ha cumplido,
debe llevar, por su familia, un nombre
digno de su valor, esclarecido. 610
Sepa, quien debe a su bravura tanto,
nombre que abono por hidalgo luego.
SANCHO
Poco importa mi nombre.
DOÑA THEUDA
Importa cuanto
pueda valer mi agradecido ruego.
No pretendo pagar deuda tan grande 615
que no puede jamás ser bien pagada...
Y, pues puedo mandar, haréis que os mande...
¿Qué tenéis que oponer?...
SANCHO
Señora, nada.
Sancho Garcés me llamo; dio a mi cuna
de Guevara el blasón honrosa sombra; 620
y al pequeño escabel de mi fortuna
lauros de mis mayores dan alfombra.
Sangre vertieron los que honor dejaron
y yo a su amparo protector acudo.
Mis glorias son los timbres que grabaron 625
en los rojos cuarteles de su escudo.
DOÑA THEUDA
Sancho Garcés, la sangre no desmiente
de abuelos tan ilustres vuestro brío.
SANCHO
Quien a vuestro mandato fue obediente...
DOÑA THEUDA
Pretenderá saber el nombre mío. 630
Sancho Garcés, es justo. Real corona
es el noble blasón de mis abuelos
que presta dignidad a mi persona.
Theuda soy, de León infanta...

 (Se alza el velo.) 

SANCHO
¡Cielos!
DOÑA THEUDA
¿Os sorprende mi rango?
SANCHO
No me espanta
635
del rey Alfonso el Magno la grandeza,
ni rindo culto a tan ilustre infanta.
DOÑA THEUDA
¿Pues qué os suspende así?
SANCHO
Tanta belleza.
 

(Pausa.)

 
Señora, perdonad. Águila altiva
de estas montañas, sin sufrir enojos 640
en el disco del sol, en su luz viva,
una vez, otra y mil clavé los ojos.
Pero la luz de vuestros ojos bellos
rayos tan vivos, tan ardientes lanza,
que a impávida sufrir tantos destellos 645
del águila la vista ya no alcanza.
¡Oh! si al lanzarme al desigual combate
hubiera adivinado los tesoros
que ocultaba ese velo...
DOÑA THEUDA
¿Qué?
SANCHO
A mí embate
cómo cedieran en tropel los moros. 650
DOÑA THEUDA
Basta, Sancho Garcés.
SANCHO
Debiera mudo
quedar, señora, en mi solemne pasmo:
mas perdonad, pues la razón no pudo
en prisiones guardar el entusiasmo.
No sé mentir; turbados mis sentidos, 655
repite el labio cuando el alma siente:
como el eco repite los bramidos
que lanza entre las peñas el torrente.
Señora, perdonad si este insensato
el esplendor no ve la corona. 660
Pronto estoy a cumplir vuestro mandato.
Es preciso marchar hacia Pamplona.
 

(Se dirigen hacia la puerta.)

 


Escena VIII

 

DOÑA THEUDA. SANCHO GARCÉS. El CONDE GOMEZANO con la espada desnuda y en la mayor agitación.

 
GOMEZANO
¡Socorredme!
DOÑA THEUDA
¡Señor!
GOMEZANO
¡Libre la infanta,
las cadenas rompió del moro fiero!
¿Quién consiguió acabar empresa tanta? 665
DOÑA THEUDA
El corazón audaz de ese guerrero.
GOMEZANO
Riquezas te daré...
SANCHO
No eres hidalgo
cuando lo estimas en tanto tu tesoro.
Para pagar a quien se tiene en algo
es vil escoria el rutilante oro. 670
GOMEZANO
¿Quién eres, pues?...
SANCHO
Quien en nobleza y brío
a nadie el lauro de victoria cedo.
GOMEZANO
Perdona.
SANCHO
Sí. Atentaste el honor mío,
porque embargaba tu razón el miedo.
Socorro demandabas: ¿te seguía... 675
GOMEZANO
En confuso tropel, morisma airada.
SANCHO
Fuerza es salir de aquí.
GOMEZANO
Mancebo, guía.
SANCHO
A la infante sostén. Dame esa espada.

 (Se apodera de la espada del CONDE; sale a la puerta y retrocede.) 

Deteneos: hacia aquí la gente mora
se dirige.
DOÑA THEUDA
¡Gran Dios!...
GOMEZANO
Cierra el camino.
680
SANCHO
Mi venablo coged. Valor, señora.
Aquí se cumplirá nuestro destino.

  (Al CONDE.) 

Aquí lidiando en desigual pelea
conquistemos los dos eterna gloria...
Os salvasteis.
GOMEZANO
¿Qué tienes?
SANCHO
Una idea
685
que Dios trajo sin duda a mi memoria.
Infanta de la sangre de Navarra,
No se ha cumplido de tu vida el plazo.
Cierra esta puerta...

  (Se dirige al foro y cierra la puerta.) 

GOMEZANO
Sí.
SANCHO
No tiene barra.
¿Qué importa? Buena barra es este brazo. 690

  (Mete el brazo en las almellas.) 

DOÑA THEUDA
¿Qué pretendéis hacer?
SANCHO
Salvar la vida
de la infanta: salvar vuestro honor puro.
No hay tiempo que perder. Una salida

  (Al CONDE.) 

encontraréis en ese tosco muro.
 

(Los moros empujan la puerta.)

 
Buscad, buscad. No vaciléis. La puerta 695
empuja el moro con esfuerza vano.
La salida buscad. ¡Ah! Ya está abierta.


Escena IX

 

SANCHO en su posición. DOÑA THEUDA. El CONDE GOMEZANO. VIGILANO, que aparece en la puerta secreta. El CONDE y la INFANTA retroceden a su vista.

 
SANCHO

 (A VIGILANO.) 

Sálvalos.
VIGILANO

 (Señalando con la mano al CONDE.) 

Es el Conde Gomezano.
SANCHO
¡El Conde! Sálvalos.
VIGILANO
El enemigo
es que oprime a los reinos con su planta. 700
SANCHO
Sálvalos. Tiempo habrá para el castigo.
VIGILANO
Es el Conde, Garcés.
SANCHO
Y esa es la infanta.
VIGILANO
Un juramento...
SANCHO
Pagaré mi deuda.
 

(La puerta se estremece.)

 
Que vacila la puerta, Vigilano.
VIGILANO
Vamos.
SANCHO

  (Al CONDE.) 

Debéis la vida a doña Theuda,
705
pero esa vida os quitará mi mano.
 

(VIGILANO, el CONDE y DOÑA THEUDA se van por la puerta secreta, que se cierra tras ellos. SANCHO continúa sosteniendo la puerta del foro que se medio desploma.)

 


 
 
FIN DEL ACTO I
 
 


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