1
Así, Kaufman recuerda que «En situaciones traumáticas, la violencia del acontecimiento, por su carácter de experiencia masiva o inesperada y por la intensidad de estímulos que implica, puede quedar fuera del registro de lo simbólico, de lo expresable. Lo vivido es vaciado de sentido, queda como un hueco, al que no se tiene acceso por medio del recuerdo ni es posible su reconstrucción histórica»
.
2
Pensemos en las dictaduras del Cono Sur durante la década de 1970, que encontraron en las tendencias más conservadoras del catolicismo una poderosa justificación ideológica.
3
Véase la definición del DRAE: «(Del lat. continēre). tr. Dicho de una cosa: Llevar o encerrar dentro de sí a otra. Ú. t. c. prnl. 2. tr. Reprimir o sujetar el movimiento o impulso de un cuerpo. Ú. t. c. prnl. 3. tr. Reprimir o moderar una pasión. Ú. t. c. prnl.»
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4
Derrida define el pharmakon como «ce qui, se donnant pour remède peut (se) corrompre en poison, ou ce qui se donnant pour poison peut s'avérer remède, peut apparaître après coup dans sa vérité de remède»
(144).
5
Véase el ritual descrito en el umbral de la novela: «Un rito áspero, rebelde, primitivo, fermentado en un reniego de insurgencia colectiva, como si el espíritu de la gente se encrespara al olor de la sangre del sacrificio y estallase en ese clamor que no se sabía si era de angustia o de esperanza o de resentimiento, a la hora nona del Viernes de Pasión. [...] Pero la gente de aquel tiempo seguía yendo año tras año al cerro a desclavar el Cristo y pasearlo por el pueblo como a una víctima a quien debían vengar y no como a un Dios que había querido morir por los hombres. Acaso este misterio no cabía en sus simples entendimientos. O era Dios y entonces no podía morir. O era hombre, pero entonces su sangre había caído inútilmente sobre sus cabezas sin redimirlos, puesto que las cosas solo habían cambiado para empeorar. Quizá no era más que el origen del Cristo del cerrito lo que había despertado en sus almas esa extraña creencia en un redentor harapiento como ellos»
(Roa Bastos 2008: 40).
6
Seymour Menton citado por Jacques Joset (51).
7
Véase la discusión por Herlinghaus de la noción de pharmakos como «víctima irónica» en el libro de Frye: «The pharmakos [...] is the ironic victim, as it suspends the element of the 'special', the intelligible case. This figure does not have a distinct tragic identity or character»
(Herlinghaus 22).
8
Según Lienhard (1997: 582), la «curación de Goyo Yic [...] actualiza una práctica azteca descrita, en el siglo XVI, por Sahagún»
.
9
Véase, por ejemplo, el comentario de Gerald Martin acerca de la relación entre el personaje de Nicho Aquino y los ritos dionisíacos (Asturias 1997a: nota 2, p. 361).
10
Véase este comentario de Asturias citado por Harss (109): «Goyo Yic, personalmente sin culpa, lleva en sí la culpa acumulativa de la comunidad. Perdida en la niebla del pasado hay una falta anónima, un pecado original, que le ha abierto los ojos a la desesperación y a la calamidad. Es un hombre después de la caída, privado de su inocencia»
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