11
Otros elementos míticorreligiosos sincréticos serían dignos de estudio. Véase, por ejemplo, el análisis de G. Martin acerca de la relación entre María Tecún, la Virgen María y motivos sagrados mesoamericanos, especialmente florales (Asturias 1997a: nota 14, 346-347). También es interesante al respecto la nota 348 en la que María Tecún se compara con la Virgen de los Dolores.
12
Según G. Martin, se celebra el 3 de mayo y «coincide con el principio de la estación de las lluvias»
(Asturias 1997a: nota 59, 359).
13
Según G. Martin, este pueblo remite a Santiago Atitlán, «pero la inspiración simbólica es, sin duda, Santa Cruz del Quiché, la antigua capital de los maya-quichés. [...] El mismo Popol Vuh fue escrito, según informa Ximénez, en Santa Cruz del Quiché»
(Asturias 1997a: nota 62, 353).
14
«Al centro de tanta alabanza, una cruz de madera pintada al verde y pringada de rojo, simulando la preciosa sangre, y una sabanilla blanca en hamaca sobre los brazos de la cruz, también goteada de sangre»
(113).
15
Véase la «Epístola de Pablo a los hebreos»: «Él, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre»
(Hebreos 10, 12).
16
Esta idea es el núcleo de Oficio de tinieblas de Rosario Castellanos, novela que constituye, según Lienhard (586), un heredero directo de Hombres de maíz de Asturias.
17
He aquí el pasaje completo: «¡Fiesta de Santa Cruz de las Cruces! Por la señal de tus fuegos que llaman el agua que los pitos llevan en sus ojos escrutadores. Por el campesino que en tu día se destierra del suelo y se encarama a tus brazos de mástil, con las velas ensangrentadas, a llamar a Dios»
(123). Martin comenta esta curiosa encantación al relacionarla con la fiesta de tlaxochimaco, descrita por Sahagún: era una fiesta presidida por un «gran árbol enhiesto de veinte y cinco brazas»
, que estaba «atado con muchas sogas de lo alto, como la jarcia de la nao está pendiente de la gavia»
(Sahagún, nota 93, 358) y delante del cual se sacrificaban los cautivos. Martin opina que «[h]aya o no influencia aquí, la idea de la cruz como mástil de la nave de la cristiandad que va navegando por la mar de las dudas, es frecuente en Asturias, siendo la segunda parte de El Alhajadito su mejor instancia»
(Asturias 1997a, nota 93, 358).
18
En la nota 56 ya citada, Martín se refiere a Brinton, quien informa que «el signo de la cruz, sea en la forma con brazos iguales que se conoce como la cruz de San Andrés, sea la cruz latina, con brazos desiguales, había llegado a significar 'vida' en el sistema mexicano de escritura jeroglífica; y como tal, con variantes más o menos similares, se empleaba para significar el tonalli o nahual, el signo de la natividad, el día natal y el espíritu personal»
(citado por Martin, Asturias 1997a: nota 56, 352).
19
Segala recuerda que ya en Las Casas: obispo de Dios (1968) «en pleno periodo de militancia de izquierda [...] reivindica la figura y la doctrina de Cristo como liberadoras -si son correctamente leídas, aplicadas y vividas [...]. Este distinguo entre un ejemplo y un ejemplo (admirables), y una praxis (desvirtuadora) por parte de las instituciones que encarnan en el mundo el mensaje evangélico, es un tema que Asturias retoma y desarrolla en Maladrón»
(Segala 329).
20
«Todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne mortal es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios, ese tal es del Anticristo, de quien habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo»
(«Primera epístola de Juan», IV, 2-3).