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Dejamos para una investigación posterior el estudio profundizado de las relaciones entre esta dinámica neobarroca de la imagen literaria y lo que G. Didi-Huberman llama la «imagen abierta»
(L'image ouverte. Motifs de l'incarnation dans les arts visuels, Gallimard, 2007).
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Según Imberty, la caballera flotante de Animanta remite a Rimbaud, autor del epígrafe que encabeza el texto asturiano: «El mito rimbaudiano de Ofelia aflora a la superficie del texto de Asturias»
(312). La polisemia de este texto es potencialmente infinita.
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«Y esa isla... esa isla de muertos y cristo... Anti-manta... la mujer de los cabellos con ojos. En cada cabello un rosario de pupilas»
(12).
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Sin embargo, hace falta matizar el mestizaje presente en esta imagen de Cristo-pulpo. Un estudio genético para el cual no disponemos aquí del espacio necesario podría mostrar que Asturias tendió, a lo largo de las distintas versiones del cuento, a eliminar los elementos explícitamente vinculados con la cultura maya (por ej., p. 130), manteniendo otros. El elemento más importante sería el árbol cruciforme, recurrente en la iconografía de los códices (Janquart en Asturias 262).
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Por esta razón, resulta ocioso preguntarse, en el caso de El árbol de la cruz, qué dictador representa Anti. Limitémonos a recordar que entre 1970 y 1974, el coronel Carlos Arana Osorio es presidente de Guatemala. Entre 1951 y 1991, no hay «passation démocratique du pouvoir»
(Le Bot 31). Sin embargo, es interesante saber que defensores de la teología de la liberación fueron activos en la insurrección en Guatemala: «La jonction de l'EGP [Ejército guerrillero de los pobres] et de fractions importantes des communautés indiennes s'est amorcée [...] par le biais des catéchistes porteurs de ce néo-catholicisme qui a été l'humus de la théologie de la libération. Elle s'est consolidée et approfondie lorsque les guérrilleros entreprirent d'intégrer des éléments de discours religieux à leur propre discours. [...] Des intellectuels, des théologiens, gagnés à l'idéal et à l'action révolutionnaires et entrainant dans leur sillage de jeunes militants, en majorité ladinos et citadins, ont joué les médiateurs. C'est en bonne partie grâce à eux que l'EGP a trouvé ou élargi ses bases. [...] Mais il s'agissait aussi de convertir les 'pauvres' à la nouvelle doctrine et de les engager dans une voie politique décidée, en-dehors d'eux et en leur nom, par des organisations révolutionnaires»
(277).
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Remitimos aquí al apartado «Tyrant as Martyr, Martyr as Tyrant» de la monografía de Benjamin.