Entre el relato policíaco, realista y pseudofolletinesco: «Piedad, historia de una joven desgraciada», de Mariana de Mendoza
Enrique Rubio Cremades
Universidad de Alicante
La lectura de la novela Piedad, historia de una joven desgraciada, de Mariana de Mendoza1, depara una agradable sensación por su buen armazón literario. El bibliófilo, el estudioso en general de la literatura perteneciente al siglo XIX, acostumbrado a leer un copioso número de novelas consideradas auténticas rarezas bibliográficas experimenta también una gran satisfacción cuando encuentra, entre cientos de novelas de escasa calidad, una que contraviene dicha valoración. Este es el caso de Piedad, historia de una joven desgraciada, novela cuyo título nos indujo a pensar que se trataba de un folletín más entre los cientos publicados en la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, conforme nos imbuíamos en su mundo de ficción, el relato nos cautivaba más y hacía difícil abandonar su lectura. Evidentemente se podía deducir que por fin estábamos ante una novela excelente, entre el relato policíaco, realista y seudofolletinesco. Una amalgama de aventuras plasmadas en mil ochocientas dieciocho páginas que lejos de provocar cansancio en el lector produce todo lo contrario.
Piedad, historia de una joven desgraciada inicia su andadura novelesca in medias res. La coincidencia entre un crimen cometido en la calle de Guardia y el suicidio frustrado de dos amantes dan inicio al largo y complejo entramado novelesco que discurre por la ciudad de Barcelona a finales del siglo XIX2. De esta forma Marina de Mendoza entronca con una modalidad novelesca, la policíaca, que obtiene hacia el último tercio del siglo XIX grandes éxitos editoriales. Las denominadas «Causas célebres» o «Crónicas de Tribunales» poblaban también las páginas de los diarios, conscientes los editores de la avidez del público por conocer los hechos de los crímenes cometidos. El crimen de la calle Justa, el del Huerto Francés, el de Don Nilo, el de Vicente Verdier, el del Capitán Sánchez, el de Gádor o el de la Guindalera hicieron furor en su tiempo. No menos significativo sería el famoso crimen de la calle de Fuencarral, portada y objeto de interés en numerosas publicaciones de la época3. En las últimas décadas del siglo XIX las casas editoriales y los propios periódicos publicaron en forma de relato los crímenes cometidos durante estas fechas, conscientes del gran interés mostrado por un específico lector. No es extraño que ante este aluvión de relatos y crónicas Mariana de Mendoza configurara su propia novela, engarzando unas pesquisas detectivescas con los tópicos literarios propios de la novela realista y relatos de corte sentimental. El gusto por lo policíaco, por el relato de crímenes se evidencia en esta época. En fechas anteriores a la publicación de Piedad, historia de una joven desgraciada aparecen en el mundo editorial relatos y crónicas que describen pormenorizadamente las causas del crimen cometido. Cabe señalar en esta segunda mitad del siglo XIX las obras Crímenes célebres españoles4, Crimen, venganza y expiación5, El crimen de Berzocana y causas célebres de la criminalidad6, El Sacamantecas7, El crimen de la calle de Moneada8, El crimen de la calle de San Vicente9, El crimen sacrilego10, El crimen misterioso de Biar11, El crimen de Darío Fal12, El crimen de Talabarte13, El crimen del Halconero14, El crimen de las lomas15... Publicación, igualmente, de obras en varios volúmenes que recogen los crímenes cometidos en España y en el extranjero, como la editada en la conocida imprenta de Gaspar y Roig Anales dramáticos del crimen16. En dicha edición aparecen excelentes grabados intercalados en el texto que representan las vistas y planos de los lugares donde se perpetró el delito y los retratos de los delincuentes y sus víctimas. Traducción, igualmente, al castellano de célebres obras leídas en los años que precedieron a la publicación de Piedad, historia de una joven desgraciada, como las debidas a Eça de Queiroz17, Montepin18 o Richebourg19. Publicación también por estas fechas de obras cuyo contenido revela el furibundo anticlericalismo -Los crímenes del alto clero contemporáneo20 y Procesos que detallan las circunstancias que rodearon al crimen. Los procesos editados en Barcelona por S. Mañero en cuadernillos en 4.º demuestran también la avidez del lector por este tipo de hechos. La novelización del crimen es habitual en el último tercio del siglo XIX, de ahí que muchísimos periodistas, deseosos de dinero y fama, se entregaran a esta modalidad literaria. Tampoco se debe olvidar que un buen número de obras debidas a Morales Sánchez21, Pedro Escamilla22, Daniel Freixá y Martí23, Agustín Sáez Domingo24, Juan de la Rosa Guzmán25, Torcuato Tarrago y Mateos26, entre otros, fueron leídas en su tiempo con sumo interés, aunque su fama fue tan fugaz como su éxito. Es evidente, pues, que no se debe afirmar que en España el relato policíaco es prácticamente inexistente. Sería más justo señalar que sí tuvo una fuerte presencia en las fechas indicadas y sólo una profunda revisión de dicho género y el análisis de obras convertidas con el paso de los años en auténticas rarezas bibliográficas, como la debida a Mariana de Mendoza, haría posible juicios de valor contrarios a los dictados hasta el momento presente. Es, en mi opinión, injusto señalar o afirmar que en España no existió el relato detectivesco en la segunda mitad del siglo XIX. Piezas literarias como la perteneciente a Mariana de Mendoza o las debidas a los novelistas ya citados indican todo lo contrario. El vivo interés por el relato policíaco o asuntos relativos a este tema demostrado por el lector medio de la época actúa como un sumando más. No se concibe el interés editorial sin la existencia de un público-lector deseoso de la lectura del relato policíaco en el que las filtraciones del folletín y las tendencias o asuntos propios de la novela realista-naturalista son evidentes, como en el caso de Piedad, historia de una joven desgraciada.
Varios son, pues, los recursos literarios que figuran en la novela y múltiples son, también, los motivos que subyacen a lo largo del relato. Tanto unos como otros están infartados a fin de demostrar la inocencia de una persona acusada de un crimen y descubrir, a través de las pesquisas policíacas, al asesino. Todos los personajes confluyen al final. La autora los guía con hábil mano hacia el desenlace de la novela y, como si se tratara de un rompecabezas, todo encaja a la perfección. Las historias de todos los personajes que aparecen en el mundo de ficción se van ajustando entre sí, como si fuera un cuerpo mecánico cuyo funcionamiento sería posible gracias al engranaje perfecto de sus piezas. Esta es la sensación que el lector tiene una vez leída la novela, pese a ciertos desmayos literarios que no afean, en exceso, al conjunto de la novela.
La protagonista, Piedad, asume como suya propia la determinación de Antonio, el joven enamorado, de suicidarse por amor. Dos jóvenes que deciden acabar con sus vidas ante la imposición de la familia de Piedad en casarla con un rico hombre, Roberto Pelfort. Hasta aquí las filtraciones del folletín son evidentes; sin embargo, en el mismo día del suicido y en viviendas muy próximas se comete un crimen. La víctima será una misteriosa mujer, Violeta. La causa de la muerte la provoca la ingesta de un veneno. Antonio y Piedad al utilizar idéntico medio y sobrevivir a la muerte gracias a una serie de hechos fortuitos, convierten al primero en el sospechoso único del crimen, pues no revela a la policía lo acontecido en el día del crimen por miedo a inculpar a Piedad ante los ojos de la sociedad y evitar así el escándalo. A partir de aquí el relato policíaco inicia su andadura. La justicia comienza sus pesquisas. La corrupción policíaca complica la trama y las investigaciones del juez encargado del caso se ven dificultadas por la maquiavélica manipulación de una bellísima mujer, Estrella, que insiste persistentemente en la culpabilidad de Antonio. Al final y mediante la inteligente labor del policía Cervino, inteligente, sutil y cumplidor de su deber a diferencia de otros compañeros de profesión, restituye la inocencia de Antonio y descubre a los instigadores y cómplices del crimen. El mundo de ficción se divide de esta forma en facciones con dispar criterio sobre la honorabilidad y honradez. Frente a personajes generosos con sus semejantes surgen otros cuya principal virtud es la astucia para conseguir el medro propio, sin importarles en acabar con la vida de quienes se cruzan en su camino. El lector descubre con el correr de los hechos las intenciones bastardas de ciertos personajes que, bajo una capa de falso pudor o apariencia fingida, engañan con su actitud al propio lector. De esta forma desvelamos, de sorpresa en sorpresa, la verdadera personalidad de los personajes, sus intenciones, sus pasadas frustraciones, sus angustias y maquiavélicos pensamientos. En la ficción representada por los personajes virtuosos o, simplemente, honrados, encontramos a Antonio, el infeliz enamorado de Piedad, que sólo ve en el suicido la posibilidad de poner punto final a su miserable existencia. La falta de dinero y posición social, unido al inmediato enlace matrimonial de Piedad con otro hombre, desencadena en la víspera de la boda la firme determinación del suicidio. Un suicidio contemplado siempre con dignidad, como si estuviera inmerso en la mente de Mariana de Mendoza el mundo clásico, pagano. Dignidad para morir y para silenciar una prueba a la sociedad y a los representantes de la ley. Antonio, de tez afeminada27, comparte con Piedad la misma idea del suicidio como liberación del mal y solución a las desavenencias familiares y sociales. La segunda tentativa de suicidio de Piedad, provocada por la muerte aparente de Antonio, es juzgada por la sociedad barcelonesa como un acto de valentía, con gran dignidad y arrojo28. Mujer que sufre la incomprensión paterna y que se ve obligada a casarse, precisamente, con un personaje sin escrúpulos, antónimo de la virtud y asesino de la misteriosa mujer envenenada en la calle de la Guardia. Las pesquisas policiales logran ubicar a cada personaje en su lugar y Piedad consigue aglutinar todos los esfuerzos para que se descubra la verdad y Antonio sea puesto en libertad.
Las mutaciones de carácter y cambios de personalidad se producen tanto en una facción como en la otra. Mariana de Mendoza dota siempre a la mujer de un halo misterioso y sorpresivo a fin de provocar en el lector el suspense. Tal es el caso, por ejemplo, de Estrella, o de la mujer asesinada, Violeta. Incluso la pusilánime Piedad, heroína de la novela, se convierte, una vez casada, en una mujer de carácter, temperamental y capaz de doblegar a su marido gracias al nuevo cambio de actitud que se ha operado en su personalidad. En todo caso Mariana de Mendoza moldea siempre a sus heroínas de forma peculiar, pues no son nunca seres pasivos, sino todo lo contrario. Ellas son inteligentes, astutas y sutiles, capaces de dominar la situación y doblegar a sus enemigos mediante el engaño. Estrella se muestra ante el lector de múltiples maneras. Sus cambios de personalidad causan estupor y asombro. En un primer momento aparece como una mujer pudorosa, recatada y respetada por la burguesía barcelonesa. A sus reuniones y fiestas acude lo más granado de la sociedad, desde personajes pertenecientes a los más altos puestos de la magistratura hasta hombres cuyos negocios nos trasladan a los medios bursátiles o a la pujante industria catalana. Joven, rica y hermosísima viuda que deslumbraba a la sociedad catalana cuando iba al Parque, a la Rambla, o al Paseo de Gracia montada en sus carruajes fabricados en los más lujosos talleres de París. Admirada por el gran mundo se ofrece ante sus coetáneos de esta guisa. Sin embargo, conforme avanza la acción y frente a esta capa o barniz social, surgen los peores atributos que se le pueden achacar a un ser humano: la carencia de escrúpulos. Su turbio pasado se entrecruza con el presente a fin de demostrar su perversidad y maldad. Mediante la inteligente forma de utilizar Mariana de Mendoza el suspense, este personaje se convierte en un ser misterioso pues, si bien en un principio nada tiene que ver con el crimen de la calle de la Guardia, en posteriores hechos se demuestra su implicación en el vil asesinato. En todo este largo recorrido Estrella de Guzmán se desdobla en múltiples personalidades que provocan en el lector continuas sorpresas. Mujer en definitiva que no sólo lleva la iniciativa amorosa con sus amantes y se entrega a báquicas fiestas29, sino que también los arruina y los abandona a su suerte30. Pese a todo ello, lo más perverso de su conducta no engarza con estos hechos, pues será su persistente fijación de culpar a un inocente del vil crimen cometido lo más execrable de su conducta.
Galería de personajes femeninos cuyo eje vertebrador es la víctima del crimen de la calle de la Guardia. Una misteriosa mujer, Violeta, que cobra con el correr del tiempo un protagonismo que nada tiene que envidiar al de las dos heroínas que le han precedido en estas líneas. Nada hace prever en un principio que esta mujer esté ligada al destino de Estrella. Su muerte no altera la apacible vida barcelonesa. Se trata de una mujer de dudosa profesión, de alegre vivir y aparentemente amancebada con personajes de misteriosa procedencia. La víctima, de por sí, no interesa a la opinión pública. Es, en apariencia, un crimen pasional o, simplemente, un suicidio. Se trata de archivar con prontitud el caso. Violeta, la víctima, es una desconocida. Sin embargo, conforme avanza la acción Mariana de Mendoza ofrece tal cantidad de datos sobre su pasado que la convierte en protagonista de numerosos capítulos. Ella es el eje esencial de la acción. Todo se desarrolla en torno a su persona, a su pasado, a sus amistades. Conforme avanza la acción estas tres mujeres que en apariencia no tienen ningún nexo de unión entre sí, ven cómo sus destinos están en íntima conexión. El móvil del asesinato, el descubrimiento del mismo aportará la luz suficiente a una causa criminal que inculpa a un inocente y libera del justo castigo a una mujer perversa. Al descubrirse el móvil del crimen de la calle de la Guardia -un documento que prueba la culpabilidad de Estrella en la muerte de su esposo, el adinerado terrateniente cubano Aguilar- el complicado laberinto de especulaciones y hechos en torno a dicho crimen va cobrando una nueva perspectiva, una nueva luz que posibilita el engarce de las personas que en un principio nada tenían que ver entre sí. Se juega con el misterioso origen de las dos heroínas de ficción implicadas en una misma historia. Estrella y Violeta tienen un pasado común. Violeta sufre hasta la saciedad la cruel persecución de Estrella, arrebatándole a su protector e impulsándole a la total indigencia. La mendicidad y prostitución serán los únicos medios que Violeta tendrá a su alcance31 para subsistir. El azar hará posible que estas mujeres, instaladas en Barcelona, se encuentren de nuevo entre sí. Violeta pese a llevar una vida nada ejemplar es noble de carácter, fiel a la amistad y honrada consigo misma. Estrella sólo desea su muerte, pues es la mano acusadora del crimen cometido en el pasado. Éste es el móvil, ésta es la línea que atraviesa el complicado laberinto de hechos y que gracias a una inteligente y sutil acción policíaca va cobrando sentido. Al final la colocación de las piezas que forman la acción encaja con total perfección. No existe el pie forzado, todo parece natural y lo que antes parecía un crimen insignificante, sin repercusión alguna, alcanza su mayor grado de interés al final del relato. El suspense está garantizado y hasta bien avanzada la acción novelesca, el lector no percibe con nitidez el desenlace. Tres heroínas de ficción con sus respectivas vivencias, tristezas y amarguras. Mujeres de una gran complejidad y carácter. Heroínas orgullosas, independientes y capaces de llevar su penosa existencia sin necesidad de depender del hombre según lo establecido en el contexto social de la época. El esposo o el amante es para ellas un medio para sus fines. La muerte, la venganza o el bienestar social se adquiere mediante el dominio del hombre, de ahí que la mujer en su novela sea siempre inteligente, astuta, fuerte, ingeniosa, hábil. Conjunto y armonía de los mismos conceptos para conseguir sus fines. Estrella se valdrá de Roberto Pelfort, pretendiente de Piedad y admirado personaje que da soporte económico al bobalicón Fermín Soler, padre de Piedad. Pelfort será quien ejecute las órdenes de Estrella, llegando incluso a cometer el execrable crimen32. Estrella se valdrá también del juez encargado de la causa criminal a fin de doblegar su voluntad y cambiar de esta forma el curso de las investigaciones. Pese a ser un honrado juez sus sentimientos pesarán más que la objetividad de los hechos que inculpan a Pelfort en el crimen de la calle de la Guardia. Estrella se vale de él hasta el final de la novela al incumplir sus deberes como magistrado y preparar su huida del penal33. Mujer que, incluso en su mocedad, se sirve de los hombres con el fin de afirmarse y conseguir poder. Su matrimonio con el rico hacendado Aguilar y su muerte a manos de Estrella para conseguir la herencia es una prueba más de su maldad. Otro tanto sucede con su relación con Cosme de la Pezuela, sobrino del hacendado Aguilar y convertido en amante de Estrella. Personaje sin escrúpulos y sin honor que está en perfecta consonancia con su amante.
Violeta contará con la protección desinteresada de Sebastián Rull, honrado capataz de Aguilar. Tras caer en la prostitución en Cuba se valdrá de distintos hombres para salir de la miseria y llevar una vida desahogada. Sus amantes no son un dechado de virtud. Entre ellos se encuentra el propio Pelfort y un representante eclesiástico, el padre Ventura, que se sirve de su condición de sacerdote para estafar y llevar una vida antónima a la virtud. La máxima latina do ut des se cumple a la perfección en estos casos. Sin embargo no sucede lo mismo con la heroína Piedad que es ayudada por una serie de personajes de forma indirecta y cuyo único deseo es salvar a su verdadero amor, Antonio. Pese a ello, una vez casada con Roberto Pelfort, se las ingeniará para arruinar su vida y salvar el honor de su familia. Se puede identificar con claridad los personajes que militan en esta facción: el buen inspector Cervino, el honrado barquero Beltrán Casales que libra a Piedad de una muerte segura en su segundo intento de suicidio, Celestino Puig, honrado y acomodado personaje consciente de la inocencia de Antonio y de la culpabilidad de Pelfort y del corrupto policía Mauricio.
La acción novelesca se enriquece continuamente con nuevos aportes noticiosos referidos al peculiar comportamiento de los personajes, desde sus complejos o temores hasta sus pensamientos más secretos. De esta forma y a través de tímidos monólogos interiores, ayudados por el recurso del autor omnisciente, el lector conoce al personaje con total perfección. Circunstancia que, en ocasiones, convierte a un determinado héroe de ficción en protagonista de una historia que podría desgajarse de la propia novela, sin que ésta sufra merma alguna desde el punto de vista argumental. Se trata de historias o relatos breves que están en consonancia con el género cuento, como si se incrustaran o infartaran en la novela. Así, por ejemplo, el episodio de Violeta y su padre o el de Estrella con los gitanos. Dos historias encartadas en la propia novela. Otro tanto sucede con el episodio de la propia Estrella con el amante inglés o la historia de Sebastián Rull. Incluso, a lo largo de la novela encontramos cuentos cuyo protagonismo lo ocupa un objeto, en consonancia con la rica tradición cuentística del siglo XIX, como los excelentes ejemplos de Alarcón -La corneta de llaves, Novela natural, El clavo...-, Eusebio Blasco -El pañuelo-, Juan de Ariza -El manguito-, E. Pardo Bazán -Las medias rojas, El pañuelo, La guija, El guardapelo, El camafeo, El abanico, El gemelo...- Pérez Galdós -La mula y el buey- Fernaflor -La carta, La diadema, etc. Mariana de Mendoza engarza la acción novelesca con historias que al igual que en el anterior caso pueden desgajarse de la acción y figurar, por ejemplo, en una antología de cuentos, como el capítulo treinta y uno titulado La fortuna de Beltrán. En una subasta de muebles el honrado y humilde barquero barcelonés compra un destartalado piano de mesa en la creencia de que el sonido metálico que emiten sus cuerdas es el reflejo de una fortuna allí escondida. Dichoso, feliz y contento se lo regala a Luisa, su novia, convencido, durante el camino, de que dicho objeto podía cambiar el curso de su vida. Una vez rota la cerradura que oculta el secreto del sonido, sólo encuentra el infeliz Beltrán una infinidad de cuerdas metálicas en su mayor parte rotas. El seguimiento que Mariana de Mendoza lleva a cabo en su novela sobre la compra de un mueble que esconde documentos pertenecientes a Estrella y papeles de vital importancia, así como el trasiego de lugares y vicisitudes por las que atraviesa el mencionado objeto, lo convierten en el auténtico protagonista de las pesquisas detectivescas, al igual que unas botellas de vino cuya identificación puede resolver el enigmático crimen de la calle de la Guardia. El veneno mezclado con el vino es el objeto primordial de dichas investigaciones policiales, al igual que el citado relato alarconiano El clavo, cuyo objeto encontrado en un cráneo delata las intenciones homicidas de una persona. También alcanzan el rango de protagonista la carta autógrafa que implica a una persona de haber cometido un crimen o el documento bancario, pues su poseedor es sospechoso de un robo y de estar implicado en el crimen. Son, en definitiva, hilos conductores que engarzan diversos aspectos de la acción y posibilitan la unión de personajes que a simple vista, se desconocen entre sí. Los protagonistas o los personajes secundarios pasan entonces a un segundo plano y los objetos cobran un papel vital, convirtiéndose en no pocas ocasiones en los auténticos ejes que mueven la acción, pues el móvil del crimen se puede descifrar mediante el hallazgo de documentos que esconden revelaciones de sumo interés.
La novela de Mariana de Mendoza encierra en su conjunto una rica y variada gama de recursos, matices y motivos literarios que de por sí sólo posibilitarían nuevos estudios, diferentes a los aquí apuntados. Hacemos referencia, por ejemplo, a las acertadas referencias literarias, pictóricas, musicales y científicas que salpican la novela y que dan a entender una vasta erudición. El simbolismo de un cuadro, de una escena pictórica o la referencia a una pieza dramática para describir el comportamiento de un personaje corrobora su amplia formación literaria. Temas como el celestinismo, el amor pasional, el adulterio o aspectos imbricados con la gran novela de la segunda mitad del siglo XIX figuran en un lugar privilegiado en su mundo de ficción. La lectura de la novela indica también el talante liberal de la escritora, su actitud negativa ante la venalidad de la justicia y corruptelas de la policía. El patente anticlericalismo se evidencia de forma clara y contundente a través del sacerdote Ventura, amante de la mujer asesinada y hombre sin escrúpulos. No se trata de un estereotipo sino de un representante eclesiástico bien concebido y sin el barniz propio de las novelas de corte folletinesco. La visión negativa del sistema penitenciario, las críticas a las sociedades filantrópicas y la curia en general evidencia una línea ideológica y literaria muy del gusto galdosiano. No faltan tampoco descripciones propias de la novela erótica, en la línea de Zamacois o Trigo. No se debe olvidar tampoco la colección Galante, fiel reflejo de los gustos eróticos de la época. Amalia, Violeta y Piedad son modelos elegidos por la autora. Mujeres bellas y amantes apasionadas cuyos cuerpos semidesnudos o desnudos provocan la admiración del lector. Tempo lento y morosidad descriptiva que nada envidian a los maestros de la novela erótica. Ecos también de la novela médico-social e incidencia, igualmente, de los recursos propios de la novela realista-naturalista en la presentación de los hechos y en el engarce de los personajes con el contexto urbano. Relato, en definitiva, que utiliza todas las tendencias narrativas de la época para novelar una historia cuyo principal interés es la aclaración de un crimen.