61
Véase La mujer de Ojeda, pp. 193-195.
62
Diario de Alicante, 25 de enero de 1908.
63
Recogida por Vicente Ramos en Gabriel Miró, pp. 145-146.
64
Ibid., pp. 179-180.
65
En carta a Jorge Guillén y Juan Guerrero Ruiz de 30 de noviembre de 1926, recogida en Jorge Guillén, En torno a Gabriel Miró. Breve Epistolario, Madrid, Eds. Arte y Bibliofília, 1970, p. 120.
66
Tal viene a ser la opinión de Eugenio G. de Nora, La novela española contemporánea, I, Madrid, Gredos, 1963, pp. 431-466.
67
Véase el artículo de Julio Matas, «Gabriel Miró y su novela de la sensibilidad poética», en su libro La cuestión del género literario, Madrid, Gredos, 1979, pp. 232-253.
68
Bruce Stein, «Edipo en Las cerezas», en Estudios Ibero-Americanos, Río Grande do Sol, Brasil, VI (1980), pp. 73-82.
69
James H. Hoddie, «Ensayo de aproximación a Las cerezas del cementerio de Gabriel Miró», en Revista de Estudios Hispánicos, Río Piedras, núm. 11 (1984), pp. 163-185.
70
Cito con este título la traducción castellana de la obra de Nietzsche Die Geburt der Tragödie por ser la versión que figura en la biblioteca de Miró; la que en la actualidad solemos manejar es la traducción de Andrés Sánchez Pascual El nacimiento de la tragedia. El escritor alicantino tenía encuadernado en un solo volumen El origen de la tragedia junto con El Anticristo, ambas traducidas por Luis J. García de Luna, Madrid, B. Rodríguez Serra, Editor, s. a. Disponía también en su biblioteca de ejemplares de El crepúsculo de los ídolos (Madrid, 1900) y La gaya ciencia (Madrid, s. a.); véase I. R. Macdonald, Gabriel Miró: His private library and his literary background, Londres, Tamesis Books, 1975, pp. 209-211. Raymond Vidal, en su Gabriel Miró. Le style. Les moyens d'expression (Bordeaux, Féret, 1964), p. 26, menciona la existencia de una edición francesa de Así hablaba Zaratustra, de donde cita una frase en Los pies y los zapatos de Enriqueta.