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Modernismo, noventayochismo y novela: España y Europa. Ensayo de literatura comparada, Berna, Peter Lang, 2014.

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Pérez Ferrero, M., Ramón Pérez de Ayala, Madrid, Publicaciones de la Fundación Juan March - Guadarrama, 1973, p. 72. En 1923 escribía rememorando su impresión juvenil: «Yo recuerdo, siendo estudiante en la Universidad de Oviedo, cuando leí la primera obra de Valle-Inclán, Sonata de otoño. Para mí fue una revelación, un como dolor en la retina, por deslumbramiento», «Valle-Inclán. El hombre gráfico», en Divagaciones literarias, Obras Completas, recogidas y ordenadas por J. García Mercadal, Madrid, Ed. Aguilar, 1963, t. IV, p. 980.

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En carta de 22 de enero de 1906 informa a su amigo Miguel Rodríguez Acosta: «a medida que escribo [Tinieblas en las cumbres] voy concibiendo un vasto plan, lógico, interesante y no ayuno de trascendencia, que he de ir realizando en obras sucesivas», Cincuenta años de cartas íntimas (1904-1956) a su amigo Miguel Rodríguez-Acosta, Edición de Andrés Amorós, Madrid, Castalia, 1980, p. 60.

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«Gabriel Miró. Del Vivir (1904) y su ruptura con la convención novelesca», Revista de Literatura, t. LXVII, n.º 134 (julio diciembre de 2005), pp. 483-500.

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5

Ruiz Castillo, J., «Hilván de escenas, por Gabriel Miró», Helios, n.º VII (octubre 1903), p. 372.

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Cambia este título por el de Tomás Rueda en 1941 introduciendo importantes cambios, y así aparece en sus Obras Completas de Aguilar. Tanto en las Obras Escogidas (t. II, Espasa-Calpe, 1998), como en Novela Completa I, (Madrid, Fundación José Antonio de Castro, 2011), se ha restablecido la versión de 1915 y se ha recuperado su primer título.

Para la objetivación del lector-escritor en los personajes literarios -y a propósito de este ente cervantino-, son interesantes las palabras que Unamuno escribió en el «Prólogo» a sus Tres novelas ejemplares (1920), teniendo en la memoria, sin duda, este libro de Azorín: «Porque sabido es que el que goza de una obra de arte es porque la crea en sí, la re-crea y se recrea con ella. Y por eso Cervantes, en el prólogo de sus Novelas ejemplares, habla de "horas de recreación". Y yo me he recreado con su Licenciado Vidriera, recreándolo en mí al re-crearme. Y el Licenciado Vidriera era yo mismo» (Obras Completas, Madrid, Escelicer, 1966, p. 974). Azorín se re-creó, se contempló, en ese personaje.

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Contemplar el mundo desde fuera, como si se tratara de una representación de títeres; recordemos las palabras de Don Estrafalario: «Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos», Martes de Carnaval, Edición de Ricardo Senabre, Madrid, Espasa-Calpe, 1990, p. 114.

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8

«El día de Ramón Pérez de Ayala», ABC, 23 de noviembre de 1930, pp. 3-6.

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Con Tigre Juan y El curandero de su honra había cosechado un gran éxito de crítica y de público: ganó el Premio Nacional de Literatura; se lanzaron cinco ediciones de la novela en dos años (lo que es sorprendente en una obra como esta, de notable carga intelectual), y fue objeto de una adaptación teatral, realizada por Julio de Hoyos, que se estrenó en 1929.

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Calvo, L., art. cit., p. 5.

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