1
La Barrera (1860) cataloga en torno a los cinco mil títulos. En ocasiones dos o más rótulos corresponden a un mismo drama, pero la relación no es exhaustiva.
2
Las primeras ediciones de las obras de Castro y Salomón aparecieron, como se señala en la bibliografía, en 1961 y 1965 respectivamente.
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Ello no obstante, el propio Salomón (1985: 693 y 711) apuntó cómo el mismo adjetivo cansado se aplica (¿en cuál de sus sentidos?) a la villana Gila de La serrana de la Vera de Luis Vélez de Guevara (vv. 375 y 376):
CAPITÁN¡Oh!, ¡qué cansada villana!GILA¡Oh!, ¡qué fanfarrón judía!
La misma expresión la emplea Fernán Gómez para motejar a los villanos de Fuenteovejuna (v. 999): «¡Qué cansado villanaje!»
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4
Si no se indica lo contrario, para las comedias de Lope acepto las dataciones de Morley y Bruerton (1968).
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Un agudo seguidor de las doctrinas casuistas, como es Márquez Villanueva (1988: 15), confirma este fenómeno en el caso de Lope: «La alta España oficial nunca quiso nada con él, que era un irredimible plebeyo, y ya hizo bastante con no querer darse por enterada de sus flaquezas»
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6
En este artículo no me voy a ocupar de este apasionante aspecto. La presencia relativa de elementos hebraicos en el auto sacramental es muy superior a la que hallamos en los demás géneros y tiene una dimensión de disputa teológica que le es característica. Merece un estudio independiente. Véanse sobre esta cuestión los excelentes estudios de Pollin (1973 y 1992), Delgado (1984), Navarro González (1988), Pulido (1992) y Reyre (1995 y 1998), entre otros.
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Tampoco incluiré aquí las páginas que había dedicado a este asunto, ya que ha quedado explícitamente apartado por el coordinador del curso y del volumen.
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Vid. las razones para la preferencia de los asuntos villanescos en una etapa del teatro áureo en mi artículo sobre las comedias de comendadores (Pedraza, 2000b), pp. 2133-2148.
9
El propio Lope aludió a esta práctica en las dedicatorias de sus comedias y en el epistolario. Teresa Ferrer (1993: 39-93 y 297-392) nos ofreció la noticia y los documentos de una de estas peticiones. En un artículo sobre La tragedia del rey don Sebastián y bautismo del príncipe de Marruecos (Pedraza, 1997) apunté la posibilidad de que la redacción de esta comedia no fuera desinteresada, sino parte de una campaña de promoción personal de Muley Xeque al incorporarse a la sociedad cristiana mediante el bautismo, en el que tomó el nombre cristiano de don Felipe de África. Este personaje, aficionado al teatro y amigo de Lope, que lo recuerda elogiosamente en varias de sus obras, tuvo que exiliarse a Italia a raíz de las disposiciones antimoriscas.
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Márquez Villanueva (1988: 294-331) se ha ocupado de los avatares biográficos y las reacciones de nuestro poeta en esta época en su artículo «Lope infamado de morisco: La villana de Getafe». Ha analizado con detenimiento y agudeza los reflejos del conflicto en el romancero y en la comedia; pero no alude a La hermosa Ester, que podría tener relación con la misma situación.