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«¡Madrid! indicaciones de una española», réplica al «Manual de Madrid» de Mesonero Romanos

M.ª de los Ángeles Ayala


Universidad de Alicante



Entre 1831, fecha de la aparición del Manual de Madrid de Ramón de Mesonero Romanos y 1833, segunda edición corregida y aumentada de dicha obra, se publica bajo el título de ¡Madrid! Indicaciones de una española un curioso libro que se presenta a los lectores como una réplica, comentario y complemento a la obra de Mesonero Romanos.

¡Madrid! Indicaciones de una española (1833) se publicó como obra anónima y aunque los críticos han formulado la hipótesis de que ésta sea originaria del propio Mesonero Romanos, lo cierto es que no contamos con ningún dato objetivo que permita sustentar dicha tutoría. En los estudios dedicados a Mesonero Romanos desde época temprana no aparecen referencias al susodicho libro (Cotarelo, 1925, págs. 155-191, 309-343 y 433-459). Ni siquiera en los Trabajos no coleccionados (1903-1905) publicados por sus hijos en el centenario de su nacimiento se encuentra la más mínima referencia a dicha obra. De igual forma el mutismo que el propio Mesonero Romanos guarda en Memorias de un setentón (1880) es harto revelador, pues ni en los capítulos dedicados al análisis de esta época se menciona [¡Madrid! Indicaciones de una española. Sin embargo A. Palau y Dulcet atribuye a Mesonero Romanos su autoría: «No es imposible que la obra anónima que a continuación describimos ¡Madrid! Indicaciones de una española], crítica del Manual, sea debida al mismo Mesonero. Por más que aparente otra personalidad, ciertas formas de estilo y detalles sobre la preparación de la segunda edición del Manual lo hacen suponer» (Palau y Dulcet, 1956, pág. 135). En el Catálogo (1887) de la Biblioteca Municipal de Madrid, redactado por el propio Mesonero, se atribuye este misterioso libro a un tal padre Amado de la Merced, harto conocido en aquella época por sus ideas furibundas contra la libertad y la ilustración, según palabras del mismo Curioso Parlante.

Del escrutinio realizado en torno a la primera y segunda edición del Manual de Madrid se evidencia la ausencia de las advertencias sugeridas por la autora o autor de ¡Madrid! Indicaciones de una española. Mesonero Romanos no las tuvo en cuenta para su segunda edición repitiendo al pie de la letra lo dicho en la edición princeps. La autora de ¡Madrid! Indicaciones de una española se declara mujer casada y madre de tres hijos, circunstancia que no le impide viajar por Europa -París, Londres, Lisboa- a fin de conocer los usos y costumbres allende los Pirineos y poder así compararlos con los hechos descritos en su libro. Libertad que contrasta enormemente cuando prácticamente al final de su obra afirma taxativamente que «La mujer nació para obedecer y vivir sumisa al hombre, nació para su amor» (págs. 168-169). La atribución al padre Amado de la Merced, por parte de Mesonero Romanos, podría considerarse posible y no sólo por el tono propio de sermón que utiliza frecuentemente la autora o por sus reflexiones y panegíricos sobre el Altar y el Trono, sino también por los elogios desmesurados que dirige a los representantes eclesiásticos y por su peculiar concepto de la moral. La Iglesia unida a la monarquía borbónica será el bastión indeleble de las costumbres patrias, inmersas en su tradicionalismo y en contra de la corrupción moral proveniente del extranjero. Es obvio que nada de lo aquí expuesto se puede identificar con el pensamiento de Ramón de Mesonero Romanos, aunque por motivos distintos censure ciertos aspectos o usos provenientes de fuera de España. Cabe recordar que Mesonero Romanos realiza su primer viaje por Europa durante los años 1833 y 1834, dejando constancia del mismo tanto en la prensa periódica de la época como en su obra Recuerdos de viaje por Francia y Bélgica en 1840 y 1841 (1841). La intención crítica de estos recuerdos o impresiones de viaje nada tienen que ver con lo expuesto en ¡Madrid! Indicaciones de una española, pues Mesonero Romanos dirige su mirada hacia otros asuntos de índole muy distinta, como las nuevas configuraciones urbanísticas francesas, la diversidad de espectáculos en París, las corrientes literarias y principales focos culturales existentes en Francia... Mesonero viaja al extranjero como atento observador, pues prescinde de las reflexiones de tipo ideológico. Su pragmatismo y su afán reformista no es otro que el de adaptar en España los adelantos de su siglo y nada mejor para ello que ajustarse a las recientes reformas comerciales, industriales y urbanísticas efectuadas por los franceses. De igual forma Mesonero es ajeno a la política, situado siempre en segunda fila, convertido en mero espectador, tal como él mismo confiesa, evitando siempre el compromiso político. No se olvide tampoco que su salida de la Revista Española estuvo motivada por el cariz político que dicha publicación había adoptado, circunstancia que le llevó a fundar el Semanario Pintoresco Español, publicación, tal como se señala en el Prospecto o Advertencia de su primer numero, apolítica en su totalidad1.

Existen otros aspectos meramente literarios analizados en ¡Madrid! Indicaciones de una española que en nada se adecuan a lo escrito por Mesonero, como la animadversión manifiesta que la autora experimenta por Moratín, autor elogiado por Mesonero en numerosas ocasiones. Tanto su obra poética como sus comedias fueron a juicio del El Curioso Parlante modélicas, especialmente El sí de las niñas. La semblanza que Mesonero traza de Leandro Fernández de Moratín en el Nuevo Manual de Madrid contradice lo expuesto en ¡Madrid! Indicaciones de una española: «Durante los años desde 1795 a 1807 dio al teatro, en distintos intervalos, sus cinco comedias de El Viejo y la Niña, El Barón, El café o la Comedia Nueva, La Mojigata y El sí de las niñas, que fijaron el gusto del teatro moderno español y produjeron en el público un entusiasmo indecible. Hoy son, a pesar de las variaciones de tiempos y costumbres, consideradas justamente como las obras más perfectas de nuestro teatro» (Seco Serrano, 1967, pág. 216). Por el contrario, para la autora de ¡Madrid! Indicaciones de una española Moratín es un afrancesado, postura política que invalida sus indiscutibles aportaciones en el campo de la dramaturgia: «Mas los que no hayan conocido a Moratín, y no transijan por ningún mérito literario con los relacionados en aquellos atentados revolucionarios, tendrán por patrañas todas las razones que se aleguen para cohonestar aquella expatriación en compañía de los ejércitos sostenedores de una usurpación sangrienta, la cual jamás olvidarán, ni dejarán de aborrecer los verdaderos españoles» (pág. 36).

Es evidente que la obra anónima ofrece el suficiente material noticioso y descriptivo como para poder afirmar que se trata de un estudio adscrito al costumbrismo propio de las primeras décadas del siglo XIX cuando el género todavía no ha alcanzado su madurez e independencia en la prensa y donde los rasgos formales del género no siempre aparecen de forma sistemática. No obstante en las Advertencias preliminares la autora desvela el significado del libro que da a conocer a los lectores. Al utilizar la palabra Indicaciones la autora va a definir, como otros muchos escritores del momento, el costumbrismo como género idóneo para poner de relieve cosas sabidas, desde descripciones de lugares comunes y conocidos por todos hasta la denuncia de «males morales y de sus alivios relativos» (pág. XIII), asegurando la veracidad de las noticias y comentarios que se incluyen en su obra. Para la autora la descripción objetiva del Madrid de la época no es lo primordial, pues tal como ella misma confiesa ha escrito ¡Madrid! Indicaciones de una española con la finalidad de contribuir a la regeneración de la patria: «[...] volver a expresar que el remedio fácil y seguro de los males que por las luces del siglo aquejan a la patria consiste en parapetarnos en el catolicismo y en la soberanía monárquica de nuestros dueños legítimos: averiguar el tanto de corrupción moral que nos apesta: conocer su procedencia Y determinar el modo de desterrar el daño con sus causas a todo trance» (pág. 211). Estamos, pues, ante un costumbrismo donde lo puramente literario se supedita a una intencionalidad ejemplarizante. El análisis que la anónima autora realiza no ofrece el mismo interés que lo descrito por Mesonero en su Manual de Madrid. Los puntos en que se sustenta ¡Madrid! Indicaciones de una española son los habituales entre los costumbristas como, por ejemplo, la xenofobia, el elogio a lo tradicional, la añoranza del tiempo pasado, digresiones relativas al tema tratado, descripción sucinta de tipos con los correspondientes oficios y profesiones... Todo ello embadurnado y enmarcado con arreglo a los principios morales, religiosos y monárquicos propugnados por el autor o autora del libro. La parcialidad de lo aquí descrito es patente. Así su insistente monomanía en censurar todo lo francés por el mero hecho de provenir de fuera de nuestras fronteras. El libertinaje, la corrupción moral y la funesta educación que recibe la juventud no son sino males que aquejan a España por culpa de Francia. La figura del gabacho aparece desmesuradamente acrecentada, único culpable de los males que sufre la monárquica y católica España. Igualmente señala que las costumbres de nuestros antepasados se ven sometidas al yugo de las modas innecesarias y superfluas. Lo tradicional se erige de esta forma como elemento vital frente a los desmanes corruptores de la moral cristiana. Los maestros del costumbrismo sienten especial querencia por lo tradicional, pero no por ello desdeñan lo extranjero por el mero hecho de serlo. En el caso de Mesonero Romanos es claro y contundente, pues tal como se percibe en la ya citada obra Recuerdos de un viaje por Francia y Bélgica, su intención no es otra que denunciar la desidia de los españoles, proponiendo una serie de reformas encaminadas al bienestar social de una España anclada en modelos desfasados y vetustos. El elogio sincero de la sociedad francesa es evidente en la obra. Asimismo, cuando los costumbristas denuncian la corrupción de las costumbres españolas por culpa de las obras literarias francesas, como en el caso de Mesonero, lo hacen convencidos y con no con pocos argumentos. No olvidemos que en los escenarios de la época era frecuente ver emotivas escenas de amor protagonizadas por amantes adúlteros. El público embelesado ante tal escena idílica se exasperaba e indignaba frecuentemente con la aparición de las respectivas familias de los amantes, formadas siempre por venerables ancianos, modélicas esposas y jóvenes en edad de recibir los consejos de un padre.

En el Manual de Madrid de Mesonero Romanos se perciben ciertas censuras dirigidas contra los tipos populares. Mesonero, al igual que Larra, nunca mostró su beneplácito hacia estos tipos. Sin embargo, la visión que El Curioso Parlante ofrece del Madrid popular no es, a nuestro juicio, ofensiva, simplemente describe los usos, ademanes y peculiar registro de voces con la objetividad que le permiten sus conocimientos sobre dichos tipos. Aun así la autora manifiesta su indignación, convencida de la crasa injusticia cometida por Mesonero Romanos, pues, a su juicio, ellos, los tipos del Barquillo y Avapiés, fueron los únicos que se sublevaron contra el invasor francés, motivo suficiente para que la autora replique con vehemencia contra lo apuntado por Mesonero: «Todo el párrafo de la siguiente pág. 56, relativo a la última clase popular madrileña, debe suprimirse por calumnioso, en alto e injusto grado infamante a dicha clase... ¡Las mujeres de esta clase son desenvueltas, prostitutas y sobre todo alevosas!!! ¡Y sólo en fuerza de la extremada vigilancia del gobierno se contienen los hombres y las mujeres de ella en ciertos límites!!! ¡Y esto lo dice un madrileño en Madrid, en una obra de mérito y con licencia! [...] En primer lugar debo recordar que Madrid se honra justísimamente con el reconocido dictado de muy heroico, que al merecimiento de este ha contribuido todas sus clases, y la última, si no más, no menos que las otras» (págs. 43-44). Las tenues censuras que Mesonero realiza sobre las corridas de toros y sus protagonistas indignan, igualmente, a la autora del libro, convencida de que tamaña censura no sólo afea nuestras tradiciones, sino que denigra a los afamados toreros que ponen en peligro su propia existencia.

Pueriles argumentos se deslizan página tras página en un libro que pretende ser no sólo réplica al de Mesonero Romanos, sino guía de forasteros recién llegados a la corte -al igual que en el incipiente corpus costumbrista del siglo XVII2- y documento histórico que describe con exactitud la realidad material, artística, científica, política y moral del Madrid de la época. Ya desde las primeras páginas de ¡Madrid! Indicaciones de una española su autor o autora postula la conveniencia de que escritores juiciosos tracen un cuadro de la sociedad contemporánea «representando al natural los usos y costumbres de cada época» (pág. 20), con el fin de formar unas colecciones que permitan al estudioso y moralista establecer mediante un estudio comparativo el avance o retroceso de la humanidad. Ellas podrían señalar el origen, relación y consecuencias de factores del pasado que repercuten en la sociedad presente, facilitando asimismo el fomento o extirpación de los mismos y contribuir de esta forma al perfeccionamiento de la sociedad. Esta última finalidad que la autora percibe en las obras costumbristas la encontramos de nuevo expuesta, bastante años más tarde, por Nicolás Díaz de Benjumea en el prólogo de Los Hombres Españoles, Americanos y Lusitanos pintados por sí mismos3», colección costumbrista publicada en 1882. ¡Madrid! Indicaciones de una española es un farragoso libro que si bien representa una peculiar modalidad de entender el costumbrismo nada aporta al mismo, sólo ligeros destellos nacidos a la sombra del Manual de Madrid de Mesonero Romanos.






Bibliografía

Anónimo, 1833. ¡Madrid! Indicaciones de una española sobre inmoralidades y miserias presentes y su remedio; a cuya redacción ha dado margen el Manual de Madrid, descripción de la Villa y Corte. Año 32 del siglo XIX (Vulgo) siglo de las luces, Madrid, Imprenta de D. Eusebio Aguado.

Anónimo, 1807. Viaje de un curioso por Madrid, Madrid, Fuentenebro y Cía.

s. a. [1882]. Los Hombres Españoles, Americanos y Lusitanos pintados por sí mismos. Colección de tipos y cuadros de costumbres peculiares de España, Portugal y América, escritos por los más reputados literatos de estos países, bajo la dirección de don Nicolás Díaz de Benjumea y don Luis Ricardo Fors, ilustrada con multitud de magníficas láminas debidas al lápiz del reputado dibujante don Eusebio Planas, Barcelona, s.a.

COTARELO, Emilio. 1925. «Elogio biográfico de don Ramón de Mesonero Romanos», Boletín de la Real Academia Española XII, págs. 155-191, 309-343 y 433-459.

LÓPEZ SOLER, Ramón, 1833. Curso completo de Gramática Parda (dividido en quince lecciones en las que se dan reglas fijas para que cualquiera pueda vivir sin tener necesidad de trabajar) Madrid, Imprenta de don Tomás Jordán.

MESONERO ROMANOS, Ramón. 1831. Manual de Madrid. Descripción de la Corte y de la Villa. Comprende su historia, blasones, hombres célebres, tipografía, costumbres, instrucción a los forasteros para vivir en ella. Va adornada con cinco estampas finas y un plano, Madrid, Imprenta de D. M. de Burgos.

——1841. Recuerdos de viaje por Francia y Bélgica en 1849 y 1841, Madrid, Imprenta de M. de Burgos.

——1880. Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid, escritas por don Ramón de Mesonero Romanos, Madrid, Oficinas de la Ilustración Española y Americana, Imprenta Aribau y Cía.

——1903-1905. Trabajos no coleccionados, publicados por sus hijos en el centenario del natalicio del autor, Madrid, Imprenta de los Hijos de M. G. Hernández, 2 vols.

PALAU Y DULCET, Antonio. 1956. Manual hispanoamericano. Bibliografía general española e hispanoamericana desde la invención de la Imprenta hasta nuestros tiempos con el valor comercial de los impresos descritos por..., Barcelona, Libreria Palau, vol. IX.

PÉREZ ZARAGOZA GODÍNEZ, Agustín. 1821. Historia de los Zorrastrones o descubrimientos interesantes de las finas y diabólicas astucias de los caballeros de industria, rateros y estafadores, Madrid, Imprenta que fue de García.

RUBIO CREMADES, Enrique. 1995. Periodismo y Literatura: Ramón de Mesonero Romanos y el Semanario Pintoresco Español, Alicante, Generalitat Valenciana-Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert».

SECO SERRANO, Carlos (ed.). 1967. Obras de Ramón de Mesonero Romanos, vol. I, (B.A.E. III), Madrid, Atlas.



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