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Citaré por la edición siguiente: Maladrón (Epopeya de los Andes Verdes), Madrid, Alianza Tres/Losada, 1984. La novela se publicó inicialmente en Losada (Buenos Aires 1969).

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«En el baño no nos decimos ahora estoy sumergido en agua celeste, ligera, tenue, agua del vientre de la madre común, la madre dulce; no nos decimos, mi cuerpo se ha consustanciado con ella, mis brazos, mis piernas, mis pies, mi cabeza son parte de su cristal y su pompa luminosa, porque mientras nos bañamos bajo las estrellas a medianoche, lejos de estar dentro de nosotros, estamos fuera, pensando en las batallas, en los flecheros, en las saetas y púas envenenadas» (Ibidem, p. 48).

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3

«Perdieron la huella de sus compañeros, sus caballos y aparejamientos, por haberse apartado de ellos en la más ambiciosa de las incursiones: descubrir el sitio por donde se podía pasar navegando de un Océano a otro» (Ibidem, p. 61; cfr. también pp. 38-39 y 97).

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4

Véase al respecto el Prefacio de Asturias a Hammond Innes, Les conquistadores, Bruselas, Elzévir-Séquoia, 1971 (ed. orig. de 1969), pp. 14-15.

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5

Cfr. Anne-Claire Hury-Gilson, «Notes sur la langue de Miguel Ángel Asturias dans Maladrón», en Histoire et imaginaire dans le roman hispano-américain contemporain, Paris, Presses de la Sorbonne Nouvelle (América. Cahiers du CRICCAL, N.º 12), s. f., pp. 197-201. En el mismo volumen, Dorita Nouhaud destaca que Asturias «pratique une mimésis narrative qui consiste à raconter (à lire) les images-hiéroglyphes [de los códices mayas], dynamisant ainsi la description», y cita el pasaje siguiente: «Hombres ocultos en caparazones de tortugas, tortugas con cara humana, y otros aún más extraños ahorcajadas sobre venados monstruosos [...]. Batalla de estampa. Lámina de códice» (Maladrón ou la magie des trois moitiés, p. 175).

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6

Según Bellini, quien se refiere a una conversación privada con M. Á. Asturias (Giuseppe Bellini, Mundo mágico y mundo real. La narrativa de Miguel Ángel Asturias, Roma, Bulzoni, 1999, pp. 168-169). No he podido localizar el pasaje en la Historia de los heterodoxos españoles (Madrid, CSIC, 1947, 3 vols.; reed. de 1992), pero es cierto que Asturias llegó a presentar a Menéndez Pelayo como «un des Maîtres à penser de ma jeunesse» (véase el citado Prefacio, p. 14). Por otra parte, aunque he recorrido las estanterías de la Biblioteca Real de Bruselas, no he encontrado huella de dicha herejía. Sobre el personaje histórico y la genealogía de su correspondiente ficticio en la obra de Asturias, véase Aline Janquart, «Maladrón ou la longue gestation de Gestas», en Histoire et imaginaire..., cit., pp. 203-210.

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7

Por ejemplo: «Poema narrativo extenso, de elevado estilo, acción grande y pública, personajes heroicos o de suma importancia, y en el cual interviene lo sobrenatural o maravilloso» (DRAE).

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8

Respectivamente en la reseña de Sur (septiembre-octubre de 1969, N.º 320, pp. 93-95), en «Maladrón: réflexions sur un détournement culturel» (en Histoire et imaginaire..., cit., pp. 183-196, especialmente pp. 188-190) y en Epopeya, elegía y reivindicación del paraíso. El espejo de Lida Sal y Maladrón (Ibidem, pp. 155-173).

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9

Ibidem para los dos primeros, y, para la última, en «Imaginaire et histoire dans Maladrón (Epopeya de los Andes Verdes) de M. Á. Asturias: une exploration du diable», en Histoire et imaginaire..., cit., pp. 149-156.

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10

Desde este punto de vista resulta extraña la razón que aduce Amos Segala, y que repercute en Bellini, para explicar el subtítulo: «como para pedir un suplemento de libertad» (G. Bellini, op. cit., p. 158).

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