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ArribaAbajoSoneto


A Clori, histrionisa, en coche simón


ArribaAbajo    Ésa que veis llegar máquina lenta,
de fatigados brutos arrastrada,
que en vano de rigor la diestra armada
vinoso auriga acelerar intenta,

   no menos va dichosa y opulenta,  5
que la de cisnes cándidos tirada
concha de Venus, cuando en la morada
celeste al padre ufana se presenta.

   Clori es esta; mirad las poderosas
luces, el seno de alabastro, el breve  10
labio que aromas del oriente espira.

   Flores al viento esparcen las hermosas
gracias, y el virgen coro de las nueve
y entorno de ella Amor vuela y suspira.




ArribaAbajoRomance


A Geroncio


ArribaAbajo    Cosas pretenden de mí22,
bien opuestas en verdad,
mi médico, mis amigos,
y los que me quieren mal.
Dice el doctor: señor mío,  5
si usted ha de pelechar,
conviene mudar de vida;
que la que lleva es fatal.
Débiles los nervios, débil
estómago y vientre está.  10
¿Pues qué piensa que resulte
de tanta debilidad?
Si come no hay digestión,
si ayuna crece su mal,
a la obstrucción sigue el flato,  15
y al tiritón el sudar;
vida nueva, que si en esta
dura dos meses no más,
las seis facultades juntas
no le han de saber curar.  20
No traduzca, no interprete,
no escriba versos jamás;
frailes y musas le tienen
hecho un trasgo de hospital;
y esos papeles y libros,  25
que tan mal humor le dan,
tírelos al pozo, y vayan
Plauto y Moreto detrás.
Salga de Madrid, no esté
metido en su mechinal,  30
ni espere a que le derrita
el ardor canicular:
la distracción, la alegría
rústica le curarán;
mucho burro, muchos baños,  35
y mucho no trabajar.

    En tanto que esta sentencia
fulmina la facultad,
mis amigos me las mullen
en junta particular.  40
Dicen: ¡Oh, si Moratín
no fuese tan haragán,
si de su modorra eterna
quisiera resucitar!
Él ha sabido adquirir  45
la estimación general,
aplauso y envidia excita
cuanto llega a publicar.
Le murmuran; pero nadie
camina por donde él va,  50
nadie acierta con aquella
difícil facilidad;
y si él quisiera escribir
tres cuadernillos, no más,
¿la caterva de pedantes  55
adónde fuera a parar?
¿Qué se hiciera tanto insulso
compilador ganapán,
que de francés en gabacho
traducen el pliego a real?  60
¿Tanto hablador, que a su arbitrio
méritos rebaja y da,
tiranizando las tiendas
de Pérez y Mayoral?
No señor, quien ha tenido  65
la culpa de este desmán,
si escuchara un buen consejo,
lo pudiera remediar.
Tomasen la providencia
de meterle en un zaguán,  70
con su candil, su tintero,
pluma y papel, y cerrar;
allí, con ración escasa
de queso, agua fresca y pan,
escribiese cada día  75
lo que fuera regular.
¿Emporcaste un pliego? Lindo,
almuerza y vuelve al telar;
come, si llenaste cuatro,
cena, si acabase ya.  80
¿Quieres tocino? Veamos
si está corregido el plan.
¿Quieres pesetas?, pues daca
el Drama sentimental.
Por cada escena, dos duros  85
y un panecillo te dan,
por cada Pequeña pieza
un Vale dinero, y más.
Y de este modo, en un año,
pudiéramos aumentar,  90
de los cómicos hambrientos
el exprimido caudal.
Esto dicen mis amigos,
(reniego de su amistad);
mi suegro, si le tuviera,  95
no dijera cosa igual.

    Esto dicen, y en un corro,
siete varas más allá,
Don Mauricio, Don Senén,
Don Cristóbal, Don Beltrán,  100
y otros quince literatos
que infestan la capital,
presumidos, ya se entiende,
doctos, a no poder más,
dicen: Moratín cayó,  105
bien le pueden olear,
no chista ni se rebulle,
ya nos ha dejado en paz.
Su Barón no vale nada,
no hay enredo allí, ni sal,  110
ni caracteres, ni versos,
ni lenguaje, ni... Es verdad,
dice Don Tiburcio; ayer
me aseguró Don Cleofás,
en casa de la condesa  115
viuda de Madagascar,
que es traducción muy mal hecha
de un drama antiguo alemán...
-Sí, traducción, traducción,
chillan todos a la par,  120
traducción... ¿Pues él por dónde
ha de saber inventar?
No señor, es traducción.
Si él no tiene habilidad,
si él no sabe, si él no ha sido  125
de nuestro corro jamás,
si nunca nos ha traído
sus piezas a examinar;
¿qué ha de saber? -¡Pobre diablo!
Exclama Don Bonifaz;  130
si yo quisiera decir
lo que... pero bueno está.
-¡Oiga!, ¿pues qué ha sido? Vaya,
díganos usted. -No tal.
No. Yo le estimo, y no quiero  135
que por mí le falte el pan.
Yo soy muy sensible: soy
filósofo, y tengo ya
escritos catorce tomos
que tratan de humanidad,  140
beneficencia, suaves
vínculos de afecto y paz;
todo almíbares, y todo
deliquios de amor social;
pero es cierto que... si ustedes  145
me prometieran callar,
yo les contara. -Sí, diga
usted, nadie lo sabrá,
diga usted. -Pues bien, el caso
es que ese cisne inmortal,  150
ese dramático insigne,
ni es autor, ni lo será;
no sabe escribir, no sabe
siquiera deletrear;
imprime lo que no es suyo,  155
todo es hurtado, y... ¿qué más?
Sus comedias celebradas,
que tanta guerra nos dan,
son obra de un religioso
de aquí de la Soledad.  160
Dióselas para leerlas,
(nunca el fraile hiciera tal),
no se las quiso volver,
muriose el fraile, y andar...
Digo, ¿me explico? -En efecto,  165
grita la turba mordaz,
son del fraile. Ratería,
hurto, robo, claro está.

    Geroncio, mira si puede
haber confusión igual;  170
ni sé qué hacer, ni confío
en lo que hiciere acertar.
Si he de seguir los consejos
que mi curador me da,
si he de vivir, no conviene  175
que pida a mis nervios más.
Confundir a tanto necio
vocinglero pertinaz,
que en la cartilla del gusto
no pasó del cristus, a  180
componer obras, que piden
estudio, tranquilidad,
robustez, y el corazón
libre de todo pesar;
no es empresa para mí.  185
Tú, Geroncio, tú me das
consejo. ¿Cómo supiste
imponer, aturrullar,
y adquirir fama de docto,
sin hacer nada jamás?  190
Tú, maldito de las musas,
que lleno de gravedad,
de todo lo que no entiendes
te pones a disertar.
¿Cómo sin abrir un libro,  195
por esas calles te vas,
haciéndote el corifeo
de los grajos del lugar?
Y con ellos tragas, brindas
y engordas como un bajá,  200
y duermes tranquilo, y nadie
sospecha tu necedad.
Dime si podré adquirir
ese don particular,
dame una lección siquiera  205
de impostor y charlatán,
y verás cómo al instante
hago con todos la paz,
y olvido lo que aprendí,
para lucir y medrar.  210




ArribaAbajoEpigrama


Irrevocable destino de un autor silbado

ArribaAbajo    Cayó a silbidos mi Filomena.
-Solemne tunda llevaste ayer.
-Cuando se imprima verán que es buena.
-¿Y qué cristiano la ha de leer?




ArribaAbajoInscripción


Para el sepulcro de D. Francisco Gregorio de Salas

ArribaAbajo    En esta venerada tumba, humilde23,
yace Salicio; el ánima celeste,
roto el nudo mortal, descansa y goza
eterno galardón. Vivió en la tierra
pastor sencillo, de ambición remoto,  5
al trato fácil y a la honesta risa,
y del pudor y la inocencia amigo.
Ni envidia conoció, ni orgullo insano,
su corazón, como su lengua puro.
Amaba la virtud, amó las selvas.  10
Diole su plectro, y de olorosas flores
guirnalda le ciñó, la que preside
al canto pastoril, divina Euterpe.




ArribaAbajoSoneto


A Clori, declamando en fábula trágica


ArribaAbajo    ¿Qué acecho de dolor el alma vino
a herir? ¿Qué funeral adorno es éste?
¿Qué hay en el orbe que a tus luces cueste
el llanto que las turba cristalino?

   ¿Pudo esfuerzo mortal, pudo el destino  5
así ofender su espíritu celeste?...
¿O es todo engaño, y quiere Amor que preste
a su labio y su acción poder divino?

   Quiere que exenta del pesar que inspira,
silencio imponga al vulgo clamoroso,  10
y dócil a su voz se angustie y llore.

   Que el tierno amante que la atiende y mira,
entre el aplauso y el temor dudoso,
tan alta perfección absorto adore.




ArribaAbajoEpigrama


A Lesbia, modista

ArribaAbajo    Lesbia, tú que a las bonitas
añadir adornos puedes;
como a todas las excedes,
de ninguno necesitas.




ArribaAbajoEpístola


Al Príncipe de la Paz


ArribaAbajo    Buscando alivio a mi salud endeble,
me vine a guarecer en la aspereza
de estos peñascos, del ardor estivo
que hoy enciende a Madrid. Quietud, silencio,
paz en el alma, soledad quería,  5
frescura y sombras. Encerré con llave
los doctos libros, que el talento ilustran,
y el vigor al estómago destruyen.
Holgar quise y vivir; y apenas llego
a las orillas que fecunda el Arlas,  10
coronada la sien de humildes juncos,
inesperada pesadumbre altera
mis honrados propósitos. ¿Adónde
sabré ocultarme, si habitando ahora
rústico albergue, defendido en torno  15
de precipicios y fragosas cumbres,
aquí me induce a traducir mi estrella?

   Pero en vano será. Como sucede
una vez y otras muchas al cuitado
que no tiene comercio, hacienda, casa,  20
ni oficio, ni pensión, ni renta, y vive
tranquilo; en tanto que la numerosa
turba a quien debe el aire que respira,
se afana en perseguirle. El escribano
le cita, el alguacil le acecha y busca,  25
manda Marquina que sus deudas pague,
y no las paga; al soberano acuden,
manda que pague, y su pobreza extrema
privilegio le da seguro y cierto
de no pagar jamás. Yo, así fiado  30
de la ignorancia que padezco y lloro,
venerando el precepto que me impone
mi generoso protector; me eximo
de obedecerle. Si entender pudiese
lengua que no aprendí, traduciría  35
en culta frase de León y Herrera
los garabatos que del norte frío
vienen al Tajo mendigando ahora
glosa y comentador. O si aspirase
a conseguir, sin merecerle, el nombre  40
de polígloto y helenista insigne
amigos tengo, y con ajenas plumas
me presentara intrépido y soberbio,
y la alquilada erudición pudiera
valerme aplauso entre la plebe osada  45
de los pedantes, cuya ciencia es solo
mentir doctrina, aparentar estudios.

   Nunca, señor, de la impostura el arte
supe adquirir. Mucho talento anuncia,
mucha constancia y dirección prudente,  50
el acercarse de Minerva al templo.
La vida es breve, el límite se ignora
que debió a su Hacedor la siempre varia,
robusta en producir naturaleza.
Las artes que la imitan, aspirando  55
a conseguir la perfección, desisten
a su vista confusas y cobardes
del atrevido intento. Un primor solo,
una sola verdad, a sus alumnos
cuesta prolijo afán, y aquel que logra  60
adelantarse en la difícil vía,
a los que siguen con incierta planta
el mismo generoso intento adquiere
ilustre honor que en las edades vive.
Sabio le llama el mundo, porque en una  65
ciencia alcanzó lo que anhelaron muchos,
no porque en ella al término llegase,
que inaccesible de los hombres huye.
Solo el pedante vocinglero, hinchado
de vanidad y ponzoñosa envidia,  70
todo lo sabe. En el café gobierna
los imperios del orbe, y mientras bebe
diez copas de licor, sorprehende, asalta,
gana de Gibraltar el puerto y muro.
Consultadle, señor, veréis qué pronto  75
cubriendo el mar de naves españolas,
sin fatiga, sin gasto, a Irlanda ocupa,
y los tesoros de Jamaica os pone
en la calle Mayor. ¿Queréis oírle
por tres horas no más? Latín, tudesco,  80
árabe, griego, mejicano y chino,
cuantos idiomas hay, cuantos pudiera
haber, los sabe. Erudición, historia,
náutica, esgrima, metalurgia y leyes:
en todo es superior, único y solo.  85
Poco estima a Mozart; nota con ceño
que Cimarosa en tal o tal motivo
no estuvo muy feliz. Habla y decide
en materia de escorzos y contrastes,
tonos de luz, degradación de tintas,  90
pliegues y grupos. Convulsión padece
con el silabizar de Garcilaso,
¡tan delicado tímpano es el suyo!
Las faltas ve de propiedad y estilo
en que se deslizó la mal tajada  95
péñola de Cervantes... ¡Vive insigne
honor y gloria de la edad presente,
para instrucción común! ¡Esplendorosa
lámpara no te apagues! Yo, que admiro
la vasta enciclopédica doctrina,  100
que ostentas en banquetes clamorosos,
no te la sé envidiar; y si consigo
que alguna vez mi rudo verso escuche
aquel que alivia el grave peso a Carlos
en la dominación de tanto imperio,  105
a más no aspira mi talento humilde.




ArribaAbajoEpigrama


A Lesbia, modista

ArribaAbajo    En la gala y compostura
que a nuestras jóvenes das,
Lesbia, tu invención se apura;
si las dieras tu hermosura,
nunca te pidieran más.  5




ArribaAbajoOda


Los días


ArribaAbajo    ¡No es completa desgracia,
que por ser hoy mis días,
he de verme sitiado
de incómodas visitas!

   Cierra la puerta, mozo,  5
que sube la vecina,
su cuñada y sus yernos
por la escalera arriba.

   Pero, ¡qué!... No la cierres,
si es menester abrirla;  10
si ya vienen chillando
doña Tecla y sus hijas.

   El coche que ha parado,
según lo que rechina,
es el de don Venancio,  15
¡famoso petardista!

    ¡Oh! Ya está aquí don Lucas
haciendo cortesías,
y don Mauro el abate,
opositor a mitras.  20

   Don Genaro, don Zoylo,
y doña Basilisa;
con una lechigada
de niños y de niñas.

   ¡Qué necios cumplimientos!  25
¡Qué frases repetidas!
Al monte de Torozos
me fuera por no oírlas.

   Ya todos se preparan
(y no bastan las sillas)  30
a engullirme bizcochos,
y dulces y bebidas.

   Llénanse de mujeres
comedor y cocina,
y de los molinillos  35
no cesa la armonía.

   Ellas haciendo dengues,
allí y aquí pellizcan;
todo lo gulusmean,
y todo las fastidia.  40

   Ellos, los hombronazos,
piden a toda prisa
del rancio de Canarias,
de Jerez y Montilla.

   Una, dos, tres botellas,  45
cinco, nueve se chiflan.
¿Pues, señor, hay paciencia
para tal picardía?

   ¿Es esto ser amigos?
¿Así el amor se explica?  50
¿Dejando mi despensa
asolada y vacía?

   Y en tanto los chiquillos,
canalla descreída,
me aturden con sus golpes,  55
llantos y chilladiza.

   El uno acosa al gato
debajo de las sillas;
el otro se echa a cuestas
un cangilón de almíbar.  60

   Y al otro, que jugaba
detrás de las cortinas,
un ojo y las narices
le aplastó la varilla.

   Ya mi bastón les sirve  65
de caballito, y brincan;
mi peluca y mis guantes
al pozo me los tiran.

   Mis libros no parecen,
que todos me los pillan,  70
y al patio se los llevan
para hacer torrecitas.

   ¡Demonios! Yo que paso
la solitaria vida,
en virginal ayuno  75
abstinente eremita.

   Yo, que del matrimonio
renuncié las delicias,
por no verme comido
de tales sabandijas.  80

   ¿He de sufrir ahora
esta algazara y trisca?
Vamos, que mi paciencia
no ha de ser infinita.

   Váyanse enhoramala;  85
salgan todos aprisa;
recojan abanicos,
sombreros y basquiñas.

   Gracias por el obsequio
y la cordial visita;  90
gracias, pero no vuelvan
jamás a repetirla.

   Y pues ya merendaron,
que es a lo que venían,
si quieren baile, vayan  95
al soto de la villa.




ArribaAbajoEpístola


El filosofastro


ArribaAbajo    Ayer Don Ermeguncio, aquel pedante
locuaz, declamador, a verme vino
en punto de las diez. Si de él te acuerdas,
sabrás que no tan solo es importuno,
presumido, embrollón, sino que a tantas  5
gracias añade la de ser goloso,
más que el perro de Filis. No te puedo
decir con cuántas indirectas frases,
tropos elegantes y floridos,
me pidió de almorzar. Cedí al encanto  10
de su elocuencia, y vieras conducida
del rústico gallego que me sirve,
ancha bandeja con tazón chinesco
rebosando de hirviente chocolate
(ración cumplida para tres prelados  15
benedictinos), y en cristal luciente
agua que serenó barro de Andújar,
tierno y sabroso pan, mucha abundancia
de leves tortas y bizcochos duros,
que toda absorben la poción süave  20
de Soconusco, y su dureza pierden.
No con tanto placer el lobo hambriento
mira la enferma res, que en solitario
bosque perdió el pastor; como el ayuno
huésped el don que le presento opimo.  25

   Antes de comenzar el gran destrozo,
altos elogios hizo del fragante
aroma que la taza despedía,
del esponjoso pan, de los dorados
bollos, del plato, del mantel, del agua;  30
y empieza a devorar. Mas no presumas
que por eso calló; diserta y come,
engulle y grita, fatigando a un tiempo
estómago y pulmón. ¡Qué cosas dijo!
¡Cuánta doctrina acumuló, citando  35
vengan al caso o no, godos y etruscos!
Al fin, en ronca voz: ¡Oh, edad nefanda,
vicios abominables! ¡Oh, costumbres!
¡Oh, corrupción! Exclama; y de camino
dos tortas se tragó. ¡Que a tanto llegue  40
nuestra depravación, y un placer solo,
tantos afanes y dolor produzca
a la oprimida humanidad! Por este
sorbo llenamos de miseria y luto
la América infeliz, por él Europa,  45
la culta Europa, en el oriente usurpa
vastas regiones; porque puso en ellas
naturaleza el cinamomo ardiente;
y para que más grato el gusto adule
este licor, en duros eslabones  50
hace gemir al atezado pueblo,
que en África compró, simple y desnudo.
¡Oh! ¡Qué abominación! Dijo, y llorando
lágrimas de dolor, se echó de un golpe
cuanto en el hondo cangilón quedaba.  55

   Claudio, si tú no lloras, pues la risa
llanto causa también, de mármol eres;
que es mucha erudición, celo muy puro,
mucho prurito de censura estoica
el de mi huésped; y este celo, y esta  60
comezón docta, es general locura
del filosofador siglo presente.
Más difíciles somos y atrevidos
que nuestros padres, más innovadores,
pero mejores no. Mucha doctrina,  65
poca virtud. No hay picarón tramposo,
venal, entremetido, disoluto,
infame delator, amigo falso,
que ya no ejerza autoridad censoria
en la Puerta del Sol, y allí gobierne  70
los estados del mundo; las costumbres,
los ritos y las leyes mude y quite.

   Próculo, que se viste y calza y come
de calumniar y de mentir, publica
centones de moral. Nevio, que puso  75
pleito a su madre y la encerró por loca,
dice que ya la autoridad paterna
ni apoyos tiene ni vigor, y nace
la corrupción de aquí. Zenón, que trata
de no pagar a su pupila el dote,  80
habiéndola comido el patrimonio
que en su mano rapaz la ley le entrega,
dice que no hay justicia, y se conduele
de que la probidad es nombre vano.
Rufino, que vendió por precio infame  85
las gracias de su esposa, solicita
una insignia de honor. Camilo apunta
cien onzas, mil, a la mayor de espadas,
en ilustres garitos disipando
la sangre de sus pueblos infelices;  90
y habla de patriotismo... Claudio, todos
predican ya virtud, como el hambriento
don Ermeguncio cuando sorbe y llora...
Dichoso aquel, que la practica y calla.




ArribaAbajoEpigrama


A un comerciante que puso en su casa una estatua de Mercurio

ArribaAbajo    Si al decorar tus salones,
Fanio, a Mercurio prefieres,
tienes a fe mil razones:
que es dios de los mercaderes,
y también de los ladrones.  5




ArribaAbajoEpístola


A un ministro sobre la utilidad de la historia


ArribaAbajo    Ya el invierno de nubes coronado,
detuvo en hielos su corriente al río:
      brama el Boreas. Felices
campos, adiós, y tú, valle sombrío,
a los placeres del amor sagrado,  5
Venus hoy te abandona y los amores,
y el sol, cercano al capricornio frío,
de la noche los términos dilata.

   No toleremos, no, que voladora
así pase la edad, si los mejores  10
      instantes que arrebata,
negamos del estudio a las tareas.
      Por él, mi dulce amigo,
      la razón conducida,
recibe del saber altas ideas.  15
En la carrera incierta de la vida
dirigir puede al hombre, y enemigo
del ocio torpe y la ignorancia oscura,
       o le presta consuelo
en la adversa ocasión, o le asegura  20
       el favor de la suerte;
justa obediencia y justo imperio enseña.

   Si a ti benigno el cielo
miró al nacer y hoy colma de favores;
pues no a las letras proteger desdeña  25
       tu mano generosa,
ellas su auxilio deben ofrecerte.
      Que no siempre de flores
       la senda peligrosa
de la fortuna encontrarás cubierta,  30
ni el timón abandona el marinero,
por más que el viento igual, propicio espire.

   Docta la historia, ejemplo verdadero
       a tu razón presente,
de lo que habrá de ser en lo que ha sido.  35
Mira en ella los pueblos más famosos
que redimen sus fastos del olvido,
si políticos ya, si belicosos,
a tanta gloria, a tal poder llegaron;
       si en ellos se admiraron  40
justicia, humanidad, costumbres puras;
si fue de la virtud asilo el trono;
si la ignorancia, las venganzas duras,
el ocio corruptor, el abandono,
dieron causa a su estrago.  45

   Ya no existís, naciones poderosas,
vuestra gloria acabó. Tiro opulenta,
Persépolis, y tú, fiera Cartago,
enemiga del pueblo de Quirino,
ya no existís. Dudoso el caminante  50
       en hórrido desierto
       os busca, y el bramido
de las fieras le aparta. La corriente
sigue al Eúfrates que tronando suena,
      y el lugar desconoce  55
donde la asiria Babilonia estuvo
que al héroe macedón miró triunfante.
Hoy cenagosos lagos, corrompido
       vapor, caliente arena,
áspera selva, inculta, engendradora  60
       de monstruos ponzoñosos
encuentra solo; y la ciudad que pudo
      del vencedor romano
el yugo sacudir, Palmira ilustre,
      yace desierta ahora;  65
sus arcos y obeliscos suntüosos,
montes son ya de trastornadas piedras,
       sus muros son rüinas.
Hundió del tiempo la invisible mano
entre arbustos estériles y hiedras,  70
       los pórticos del foro
en columnas de Paro sostenidos,
basas robustas y techumbres de oro
donde el arte expresó formas divinas...
¡Memorias de dolor! Allí apacienta  75
su ganado el zagal, y absorto admira
cómo repite el eco sus acentos,
por las concavidades retumbando.

   De tal desolación la causa mira,
no tanto en los opuestos elementos  80
       embravecidos, cuando
al austro oscuro el aquilón compite,
y Jove en alto carro conducido
fulmina a los alcázares centellas;
o cuando en las cavernas oprimido  85
del centro de la tierra, el fuego brama
       con rumor espantoso,
y en su reventación muda los montes,
       ciudades arrüina,
       hierve el mar proceloso,  90
y arde en sus ondas la violenta llama.
Que el hombre, el hombre mismo,
       si a la maldad declina,
desconociendo términos, excede
a las iras del cielo y del abismo.  95

   Triunfó insolente la impiedad, faltaron
las leyes, el pudor, y los robustos
       imperios de la tierra
debilitó cobarde tiranía;
las delicias funestas enervaron  100
el amor de la paria, el ardimiento,
la disciplina militar, y el día
llegó terrible de discordia y guerra,
que al orgullo mortal previno el hado,
para ejemplo a los siglos espantoso.  105
       Y como desatado
suele el torrente de la yerta cumbre
bajar al valle, y resonando lleva,
roto el margen con ímpetu violento,
árboles, chozas, y peñascos duros,  110
rápido quebrantando y espumoso
de los puentes la grave pesadumbre,
y la riqueza de los campos quita,
y soberbio en el mar se precipita;
así, bárbaras gentes, descendiendo  115
del norte helado en multitud inmensa
contra la invicta Roma, estrago horrendo,
muerte y esclavitud la destinaron;
y al orbe que oprimió dieron venganza.
      Así, en edad distinta,  120
osado el Trace, sin hallar defensa,
excediendo el suceso a la esperanza,
trastornó los imperios del oriente,
el trono de los césares, la augusta
       ciudad de Constantino.  125
       Grecia humilló su frente;
el Araxes y el Tigris proceloso,
       con el Jordán divino
que al mar niega el tributo,
las Arabias y Egipto fabuloso,  130
       en servidumbre dura
cayeron y opresión. Gimió vencida
la tierra que llenó de espanto y luto,
de sus vagos ejércitos impíos
       la furia poderosa.  135

   Mas como suele en los despojos fríos
que al sepulcro voraz lleva la muerte,
buscar alivios a la frágil vida
      la física estudiosa;
tú así, en la edad pasada examinando  140
de tantos pueblos la voluble suerte,
las causas de su gloria y su rüina;
propio escarmiento harás la culpa ajena,
       experiencia el aviso,
y natural talento la doctrina.  145
Verás entonces que el que sabe impera,
y en medio de las dichas preparando
      el ánimo robusto
contra la adversidad, o la modera,
o la resiste intrépido. Que el mando  150
es delicioso, si templado y justo
       la unión social mantiene,
los intereses públicos procura,
la ley se cumple, y ceden las pasiones.
Que el poder no en violencia se asegura,  155
ni el horror del suplicio le sostiene,
      ni armados escuadrones,
pues donde amor faltó, la fuerza es vana.

   Tú lo sabes, señor, y en tus acciones
ejemplo das. Tú la virtud oscura,  160
tú la inocencia amparas. Si olvidado
el mérito se vio, tú le coronas;
las letras a tu sombra florecieron,
el celo aplaudes, el error perdonas,
y el premio a tus aciertos recibiste  165
en placer interior que el alma siente.

    ¡Oh! Pues tan altos dones mereciste
al numen bienhechor, que generoso
igualó con tus prendas tu fortuna;
roba instantes al tiempo presuroso,  170
       ilustrando la mente
con nuevas luces si te falta alguna.




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A Gerongio

ArribaAbajo    Pobre Geroncio, a mi ver
tu locura es singular:
¿quién te mete a censurar
lo que no sabes leer?