—25→
La primavera turbulenta nos ha traído este otoño congestionado de árboles desnudos y humo de hogueras, después de un verano abierto como la esperanza en el que los pulmones presentían el aire libre, tras una temporada invernal demasiado larga. Con todos sus inconvenientes este otoño nos gusta. No llegaremos a afirmar que este otoño es un otoño ideal, hipócritamente. Es un buen otoño como hay tantos. Creo que era Pío Baroja el que decía que el otoño era la mejor estación del año porque es cuando el hombre siente afirmarse su fuerza frente al decaimiento de la naturaleza que le rodea. El romanticismo reaccionario anda siempre dándole vueltas a la tristeza del otoño. Pero la verdad es que este otoño es alegre. También en esto se equivocan los reaccionarios.
Creo que deberíamos hacer algunas reflexiones sobre esta vocación meteorológica que nos hemos descubierto tardíamente. Quizás se deba a nuestro viejo convencimiento de que todas las cosas tienen su porqué. Unas estaciones engendran otras y de aquellos lodos vienen estos oros. A lo mejor es que la razón humana no es un adorno.
Ha sido precisamente en este otoño, a punto de reventar, cuando se ha planteado la producción del film El buen amor. La historia de esta película, que está realizándose mientras escribo estas líneas en el otoño madrileño, parece en sí demasiado simple; sin embargo, ¡cuántas cosas han debido ocurrir para que haya podido desarrollarse! Otro día contaremos todo, con pelos y señales, toda esta bonita historia apasionante, quizás la historia más apasionante que hemos vivido desde hace muchos años, casi desde que nacimos. Es una historia con historia. Nuestra memoria es fiel y no recordamos nada parecido. Ni siquiera entre las hojas del álbum de los recuerdos alegres, que según los entendidos es el que se conserva en mejor estado. Los periódicos nos dijeron algo, pero suponemos que no todo. Hay cosas que no se pueden decir. Hay cosas que sobrepasan toda nuestra capacidad de comprensión. Hay cosas que ni siquiera son tolerables en los periódicos.
—26→En nuestro número anterior ya dijimos lo que podía significar, a la hora de la verdad, la nueva llegada de García Escudero a la Dirección General de nuestra cinematografía, consecuencia de la llegada de Fraga Iribarne al Ministerio de Información y Turismo. En el pasado verano García Escudero se hizo cargo de la Dirección General y ya tenemos las mejores pruebas de su presencia. Posiblemente la mejor prueba de todas sea la producción de El buen amor, de este «buen amor» de nuestros días, también con Toledo al fondo, también como un desbordamiento que puede hacerse placidez. Es de presumir que después de esta película de la nueva frontera, vengan más. Es totalmente seguro que ésta es la primera de una serie. García Escudero ha insistido siempre en la necesidad de un cine nuevo, de un cine mejor, de un cine distinto. Pero, ¿distinto a qué?, ¿por qué distinto?, ¿para qué distinto?
Parece claro que el cine deseado es distinto al cine que hasta ahora hemos llamado nuestro y al que ahora ya no sé cómo vamos a llamar. Pero un cine distinto al que hasta ahora hemos llamado nuestro es Bienvenido2 en 1952, distinto fue Cómicos en 1953, y más distinto todavía Muerte de un ciclista en el 55 y Calle Mayor en el 56. Convengamos en que el nuevo cine está más cerca de Calle Mayor que de La paz empieza nunca. Repetidas veces se ha afirmado que era necesario abrir la vía a un cine distinto. Pero distinto era La venganza en 1957 y Los golfos en 1960, y Plácido en el 61. Por eso insistimos, ¿distinto a qué? y ¿por qué distinto?
Nos encallamos en los interrogantes. Debemos ir más adelante y coger el guión de Francisco Regueiro El buen amor y leerlo y después hablar con él y oírle contar la historia de su guión que se inició sobre la playa de La Concha de San Sebastián y termina en una conversación con Alfredo Matas, el productor de Plácido. Es necesario oírle contar cómo escribió su guión y salir después a la calle y ver por la Castellana o por la Moncloa las parejas de jóvenes universitarios, ella con el misal en la mano y él con la carta de su padre, donde le habla de oposiciones a un Banco. Y sentir que ya es hora de que aparecieran en el cine con su verdadero rostro, él con su preocupación y ella con su preocupación, y los dos con su amor que se va haciendo deshaciéndose, que ya es hora de preocuparnos, de dejar las fanfarrias y coger la mano de la gente y sentirla y aprender a conocerla. Que no toda la Universidad está debajo de una lona.
Por complejas y evidentes razones ahora podemos empezar a hablar de nueva ola y no cuando intentó descubrirla entre nosotros una periodista desaprensivo. Ahora es como si se hubiera roto un dique empujado por miles de hombres. Como si hubiera dado comienzo la pleamar. En la nueva ola francesa también hubo algo más que unos cuantos films nuevos. Como, en su día señalamos en esta Revista, detrás esta Malraux y al fondo la voluntad del general De Gaulle. Había un decidido propósito de renovación. Los productores también jugaron a la nueva ola. Durante un cierto tiempo fue rentable. Sin embargo, no debemos llevar las analogías demasiado lejos. Cada país tiene sus propias características, como todos los días oímos decir. Nuestra nueva ola, recién estrenada, nos parece para empezar más inconformista que la francesa.
Por lo pronto Regueiro ha venido a hablarnos de dos jóvenes universitarios que se quieren a su modo, de dos jóvenes que no conocieron la guerra y a quienes les gustaría leer un libro como el de Hugh Thomas o así. Dos jóvenes que para su fin de semana no disponen de un descapotable rosa y viajan en un humilde vagón de tercera. En la base del guión hay una encuesta seria llevada a cabo entre universitarios de los dos sexos. De viva voz, una parte, —27→ de ella y, utilizando cartas escritas por universitarias, otra parte. De esta investigación no han salido sólo las principales motivaciones del guión, sino incluso la lengua en que los personajes se expresan. No queremos pensar el resultado al que se hubiera llegado, si se hubiera hecho algo parecido antes de rodar un «San Valentín» cualquiera.
El rodaje se ha preparado con la misma conciencia. No es que se trate de otros métodos. Es que se trata de otra sensibilidad. Se ha ensayado día a día, en un ático de la calle Orense. Buscando un hueco entre todos los trabajos que unos y otros tenían que hacer al margen del cine. Lo que no ha excluido el profesionalismo, que más que un carnet es una moral. Los actores han visitado los lugares de rodaje, previamente localizados, en innumerables viajes a Toledo, por Regueiro. Sobre los mismos escenarios naturales, los actores han ensayado las escenas. La cámara ha recogido estos ensayos, algunos de cuyos momentos recogemos en otras páginas de este número de la Revista.
La elección de actores ha requerido tiempo. Sobre todo la de la chica. Era difícil que ninguna de nuestras jóvenes estrellitas pudiera entrar en la película tal y como la veía Regueiro. Se buscó entre las chicas universitarias y todas rechazaron la propuesta por escrúpulos morales o familiares. Una prueba más de que la película está en lo cierto. Por fin apareció Marta Val, estudiante de Económicas. Ninguna complicación. Ningún impedimento. Durante los ensayos fue descubriéndose a sí misma como una actriz, como una admirable actriz. El chico es Simón Andreu, profesional en el teatro, que en los ensayos ha confirmado las grandes esperanzas que todos habían puesto en él.
Ni que decir tiene que la película es barata. Una pareja y Toledo. Eso es todo. Lo suficiente para poder crear una obra cinematográfica. Ni grandes decorados, ni grandes estrellas, ni grandes presupuestos. Una película humilde que puede ser un camino, y cuyo desarrollo estamos siguiendo metro a metro. No es para menos un film que se hace sin adelanto de Distribución, y que está experimentando la línea de la nueva frontera.
L[UCIANO]. G[ONZÁLEZ]. EGIDO
—28→
ESCENA 1.ª En la estación de Atocha, un muchacho de poco más de veinte años espera impaciente la llegada de alguien. El tren para Toledo está a punto de salir. Al fin una muchacha llega en un taxi y corre hacia el joven que espera. Los dos suben corriendo al tren. Se llaman Mari Carmen y José, y son novios.
2.ª Departamento de tercera clase.
Los novios se estaban besando. La muchacha dijo:
-No, José... en los labios no...
Estaban solos en el departamento. Estaban de pie abrazados. La muchacha llevaba un loden oscuro. El muchacho habló:
-¿Qué dijiste en casa?
-Que comía en la Facultad porque tenía la clase de griego a las dos... y que luego iría a estudiar a casa de unas amigas...
-¿Estás contenta?
Seguían abrazados y ella le miró muy alegre. Luego le dijo:
-Cochino, no te has afeitado... ni para ir a Toledo con tu novia...
Él la volvió a abrazar. Ella se escondía en su gabardina. Volvió a hablar:
-Cómo me hubiera gustado ir en plan cochambre, en pantalones... este verano cuando vaya a Francia me los tengo que comprar... en la Facultad no nos dejan...
Seguían abrazados y entraron dos señoras de luto y un niño. Dijo una:
-¿Están ocupados estos asientos?
La muchacha se puso colorada. Ninguno de los dos respondió.
Ella cogió el bolso del asiento y los dos salieron del departamento.
3.ª Departamento.
Entraban riéndose. El departamento estaba vacío. Él venía diciendo:
-Mira que si no nos van a dejar tranquilos... Qué cara puso la gorda, como si su marido no la hubiese abrazado en su vida...
La muchacha colgó el bolso en la red. Dijo:
-En segunda hubiéramos venido mejor...
-Ven para acá, cordera... que hace doce horas que no te veo...
La cogió y la volvió a abrazar. Andaban por el departamento abrazados. Le dijo:
-Estamos en la luna de miel... es nuestro viaje de novios... tenemos que colgar un cartel en la puerta de no molesten...
Ella dijo:
-José... que a lo mejor vuelven a entrar...
-¿Quién?
-Otros.
—29→-Llamamos al revisor...
-Eres un gamberro...
-Y tú una gamberra...
La apretó más fuerte:
-José...
-Qué...
-¿No te das cuenta?
-¿Cuál?
-Que el tren está en marcha.
Miraron hacia la ventanilla.
4.ª Madrid, a través de las ventanillas, se aleja. Los novios siguen abrazados y haciendo planes para pasarlo bien en Toledo. Ella insiste en lo de los pantalones y él habla de que su padre le ha escrito hablándole de unas oposiciones a un Banco para cuando acabe la carrera.
5.ª Continúa el viaje. En el departamento va también una pareja de la Guardia Civil. Primera estación: Villaverde Bajo.
6.ª El tren cruza rente al Cerro de los Ángeles. Uno de los guardias habla de que por allí se luchó mucho en la guerra. La muchacha habla de una viaje con las monjas, cuando hacía preu.
7.ª La Plataforma.
-José, que nos ven...
-Calla, bobona, es nuestro día...
En la Plataforma, cerca de una de las puertas de salida del vagón, se estaban besando. Hablaba el muchacho:
-Todo el día juntos, sin que nos vea nadie... Todo el día para nosotros... ni amigos, ni familia, ni patrona... Mari Carmen, ni la patrona... Comeremos juntos... lo que nos dé la gana... como si ya estuviéramos casados...
-José, no... en los labios no quiero...
-Pero, ¿por qué?
-Cuanto más tiempo tardemos en besarnos, más tiempo se tarda en llegar a más...
-Somos novios hace un año...
-Ya sé... si a mí me gustaría, pero no está bien...
-Anda, no te enfades... Hoy no nos tenemos que enfadar... A ver, sonríe... ¿Cómo pone la cara la niña cuando sonríe?
El muchacho le subió la barbilla hacia él y ella se echó a reír.
8.ª En el pasillo del tren, los dos escuchan diversos comentarios de la gente sobre los problemas de la propiedad de la tierra. El tren sigue atravesando la meseta.
9.ª Continúa el viaje. A lo lejos, un pueblo. El paisaje. Alguien canta una canción de legionarios.
9.ª b El cielo se llena de nubes. Otro tren cruza frente a ellos. El revisor pica los billetes y ellos le preguntan la hora del tren de vuelta. Ella insiste en que en segunda hubieran ido mejor.
10. En el departamento hay ahora además de los dos guardias civiles, una joven maestra de pueblo. Una de los guardias hace un crucigrama y pregunta por el nombre de un río gallego de tres letras. La maestra habla con Mari Carmen y le cuenta su opinión sobre muchas chicas que estudian sólo para encontrar novio. Luego le habla de sus ingresos económicos.
11. Vuelve a salir el sol. Un guardia se limpia los dedos manchados de tabaco con piedra pómez. La maestra lee una revista, después se la pasa a Mari Carmen. El muchacho aparece en la puerta y se queda en el pasillo. El guardia le mira las piernas a la maestra. José hace lo mismo.
12. Los novios están muy juntos en la plataforma del vagón, cerca de la puerta de los lavabos. Siguen hablando de sus cosas, de si no se ha afeitado él, de si su padre quiere que haga oposiciones a un Banco...
13. El tren está parado en Aranjuez. El muchacho miraba la estación desde la ventanilla. Una mujer cruzaba la vía. Un soldado estaba asomado a otra ventanilla del tren. Suenan los pitidos de salida y el tren se pone en marcha. En el departamento se habla del tiempo, del frío y de si es conveniente cerrar o abrir la puerta. Los dos novios salen al pasillo.
14. Pasillo del tren.
Entraron al vagón de primera y se quedaron entre la plataforma y el pasillo. El muchacho la cogió de repente y la besó en los labios. Sin miramiento. Fue muy rápido y apenas duró.
La muchacha después quedó como atontada. Fueron unos segundos. Luego se echó a llorar. Él la cogió y la reclinó junto a él. La acariciaba el pelo. Pasaron así un rato. Luego él dijo:
-En ejercicios espirituales un sacerdote —30→ nos dijo que besarse no era pecado, aunque fuera en los labios...
La muchacha seguía llorando. Seguían allí, de pie, y él continuaba acariciándola. Luego le rebuscó en los bolsillos de la falda. Por fin habló ella:
-No está, lo tengo en el abrigo...
Anduvieron dos pasos y se acercaron a la ventanilla, siempre juntos. Preguntó ella:
-¿No tienes tú pañuelo?
Él contestó:
-Está muy sucio.
-¿Nos echarán de aquí?... Es primera...
El muchacho sacó el pañuelo del pantalón y con un pico le quitó las lágrimas de la cara. Dijo:
-Hala... Mira cómo me has puesto la camisa...
En la camisa tenía una mancha de agua. Ella se sorbía. Luego le miró y le dijo:
-Una chica de la Facultad se ha casado en secreto porque sus padres no la dejaban...
Él la acariciaba como si fuera un niño pequeño. Le puso el pañuelo en la nariz y le dijo:
-Anda, suena...
Y ella hizo dos ruidos pequeños. Ahora ya estaba más serena. De pronto le vino un temblor y respiró muy hondo. Luego dijo:
-¿No te da gusto ver que dos personas como Balduino y Fabiola se hayan encontrado? Tienen que ser felicísimos porque los dos son el tipo ideal...
Lo dijo un poco hipando. Él le dijo:
-Eres una niña...
Ella contestó:
-Él, me pega, que debe ser muy comprensivo con ella..., a ella ya se la ve, son el uno para el otro... a ella la quieren mucho los belgas...
15. Ella dejó de llorar. Hablaron de exámenes.
16. Seguían en el pasillo hablando. Él decía: «Yo quiero que estés tranquila... el besarte es una forma de demostrar que te quiero...»
17. Pasillo.
Llovía. El cristal de la ventanilla estaba lleno de puntitos de agua y el pasillo estaba un poco oscuro.
Apenas la separaban unos milímetros de los labios de su novio.
Ella ahora le besó en los labios a su novio. Era un beso largo y tímido.
El tren llevaba su marcha normal. Silbó dos veces.
Separó los labios de los de su novio. Se la quedó mirando como tonto. Ella dijo:
-Estás lelo... ¿No creías que me iba a atrever?
Entonces llegó el revisor: Les dijo:
-¿A ustedes ya les he picado el billete, verdad?
Ellos apenas respondieron y él se marchó. Ella dijo:
-Mira, está lloviendo...
Se pegaron muy juntos a la ventanilla.
18. Seguían en el pasillo. Había dejado de llover. Apareció el Tajo.
19. Todavía en el pasillo. Ensimismados. Ella: «Ahora contigo estoy más unida que nunca... Sin querer nos habíamos distanciado...»
20. La muchacha pasea por el pasillo del vagón de primera. En un departamento ve a un hombre viejo, gordo y calvo que se mira la fiebre con un termómetro.
21. La muchacha recorre el tren, oyendo conversaciones aquí y allí, sobre la guerra, sobre el oro que se llevaron a Rusia...
22. Continúa el viaje. En una estación ven cómo se despiden unos novios.
23. Vuelve a aparecer el Tajo y luego Toledo a lo lejos. La joven maestra se va del departamento. José tenía medio abrazada a Mari Carmen. La maestra cargó con todos los bultos y se fue. José le ayudó a sacar la maleta. Mari Carmen se enfada porque cree que con el comportamiento de José todos los del departamento han comprendido que querían estar solos. Efectivamente están solos. Pequeña riña por ese motivo. Llegan a Toledo.
24. Estación de Toledo.
La estación se iba quedando vacía de gente. Había dos soldados de la Legión y uno de Regulares.
José estaba solo, esperando. Tenía la gabardina puesta. Pasó la maestra joven.
Era muy bajita y marchaba cargada de cajas, bultos y maletas. Iba decidida.
—31→Luego pasaron los guardias civiles. Se saludaron.
El muchacho seguía allí. Se acercó uno. Le saludó:
-Hombre, José... ¿Pero tú no eres de Valladolid?
-¿Cómo estás?... Sí, es que vengo de turista... a ver el Greco, muchacho...
-¿Sigues en Derecho?
-A ver qué vida... A ver si les da la gana de que apruebe... ¿Tú ya acabaste, no?
-Estoy con económicas ahora...
-Ya...
-Te he visto con una chica en el tren... ¿Tienes novia?
-Ah, no... es una chica de aquí, de Toledo... nada, del viaje...
-Bueno... si quieres quedamos a tomar café.
-No, déjalo, no te molestes... A saber si me vuelvo en el tren de la una... Hasta luego, ya nos veremos en Madrid... Si quieres me llamas a la pensión...
-Chao...
-Adiós...
Mari Carmen venía a lo lejos. Fuera de la marquesina de la estación el suelo estaba mojado. Traía el pelo suelto, arreglado.
José volvió a mirar a su amigo y ya salía hacia afuera, hacia la salida.
Mari Carmen venía de los urinarios.
Venía siseando una canción: «Scubidubidua». Al llegar le dio el misal. Le dijo:
-Toma, me pesa..., aguántalo tú un poco... ¿Sabes lo que me dice mi padre de lo de Francia? Que vamos a ver lo que no debemos... Hijo, las mujeres estamos a vénganos el tu reino... y ahora con el misal todo el día... es que si lo meto en el bolso se estropea el bolso...
Se pusieron a andar. Salieron hacia lo de los billetes. Él le dijo:
-¿Estás mala?
-No, que va, tonto... ¡Uy, echa a andar!... Te tengo que subir esa gabardina, que te está muy larga... Sin nosotras no valéis nada... Y ya te estás afeitando en la primer barbería que encuentres...
-¿A que no sabes quién me ha saludado? José María, el del Opus...
-¿Se ha metido ese chico en el Opus Dei?
-¿No lo sabías? Hace uno o dos años...
-¿De los que se casan o de los otros?
-No se lo he preguntado, maja...
-Pues cuidado que era guapo... Sólo se meten los guapos...
-Ahora hace Económicas y después Periodismo y luego lo que le dé la gana.
-¿No sabías que yo, precisamente aquí en Toledo, tengo una amiga religiosa? No sé, teresiana o de las teatinas... Me gustaría visitarla... estudiamos juntas hasta sexto... Se llama Visitación... Ahora, ya no sé...
-Espera... vamos a esperar un poco... no tengo ganas de encontrarme con ese, que aquí en seguida se piensa mal...
-Genial, ahora escribo una postal a Mari Tere... es la única que sabe lo nuestro...
La muchacha se dirigió hacia el quiosco de revistas y José se acercó a la ventanilla de billetes. Al fondo volvió a aparecer el soldado de Regulares.
-Me hace el favor, ¿a qué hora sale el último tren para Madrid?
-A las seis cincuenta.
-¿Se pueden sacar ahora los billetes?
-Hasta una hora antes de la salida.
El muchacho se alejó unos pasos. Miró hacia el techo. El techo era un magnífico artesonado, imitación al mozárabe.
Venía ya Mari Carmen. Venía muy contenta. Dijo:
-¿Tú sabías lo del Greco? ¿Lo del astigmatismo?... A mí me sucede lo mismo, todas las caras las veo alargadas... ¿Dónde se echa esto?... ¿Quieres escribir algo?
-Hemos podido sacar billete de ida y vuelta, nos hubiera salido más barato...
-Pienso que nos podríamos hacer una foto aquí en Toledo... Guapo... Cielo... Majetón... que eres tú más guapo que todos los del Opus Dei juntos... Aun con esas barbas, haragán...
Llegaban ya cerca de la puerta de la calle. Mari Carmen se paró. Dijo:
-¡Mira qué día!... Ha dejado de llover... Hasta en esto tenemos suerte... Venga... Vamos... Vuela...
25. Puente de Alcántara. A lo lejos ven el Alcázar. Atraviesan el puente corriendo. Ella dice que si pierden el tren de vuelta, pueden quedarse allí a dormir. Él contesta: «¿Seguro?» Y ella le llama ¡Bestia!... Después comentan los datos históricos y turísticos del puente.
—32→26. Escaleras frente al puente. Desde allí dominan una parte de Toledo: el Castillo de San Servando, ahora del Frente de Juventudes o de la Sección Femenina... otra vez el Alcázar... La muchacha dice: «Yo no conocí nada de la guerra... Nací en mil novecientos cuarenta y uno...»
27. Siguen subiendo las escaleras. El Tajo. Un castillo a lo lejos, una fábrica de harinas, una arboleda. Por las escaleras bajaban cuatro cadetes de la Academia de Infantería.
28. Paseo del Miradero. El paisaje se agranda. Los dos novios hablan del futuro profesional, de los sueldos, de los retiros, de las oposiciones a un Banco, de las dificultades que les esperan. Deciden, en broma, y en vista de lo que les espera en la vida, quedarse a vivir en Toledo.
29. Barbería. José se afeita. Hojea el misal de su novia. El barbero comenta la utilidad de las maquinillas eléctricas. Se habla de las inundaciones.
30. Plaza de Zocodóver. José anda por los soportales viendo a la gente de pueblo por allí. Vio cruzar la plaza a su amigo José María con tres muchachos jóvenes. José se escondió. Eran las doce menos diez.
31. Sacristía de la Catedral. Mari Carmen mira una enorme vitrina con vestiduras religiosas. José la sigue sin que ella se dé cuenta. Juega como al escondite con ella entre las vitrinas de los ornamentos religiosos.
32. Sacristía, donde está el cuadro El expolio de El Greco. Una monja explica a unas niñas de preu lo que es el cuadro. Después les habla del techo de la sacristía pintado por Lucas Jordán. Todas miran al techo.
33. Reja de Villalpando. La monja sigue explicando. Mari Carmen habla con una de las niñas que es coja; hablan de lo guapo que es José, de que al verano irá a Francia. Mientras tanto la monja hace una cita de Castelar.
34. Tesoro Mayor. Mari Carmen sigue hablando con la chica coja de José, de los novios universitarios. Solo, distraído, por allí, anda José. Alguna de las chicas de preu le mira.
35. Capilla de Álvaro de Luna. La monja continúa su lección. Mari Carmen y José se cogen de la mano. Las chicas del preu ven cómo se cogen de la mano.
36. Campanario de la catedral.
Iban por el claustro que daba al campanario. Se oía de abajo que alguien partía leña y resonaba. Venía muy contenta Mari Carmen.
Venían cogidos de la mano y casi corriendo. Ella decía:
-A mí me caen mal los chicos que prefieren las chicas gordas, me pega que son poco espirituales, ¿no?... Quiero decir... imponentes...
Ahora se puso a hablar más alto:
-... Digo que me parece muy bien que se enamoren de ese tipo de chicas, pero no sólo físicamente... ¿Me entiendes?...
Él la cogió más fuerte y la quería llevar a más velocidad. Él se iba riendo y le dijo:
-... No... no entiendo, no te oigo nada...
Entraron por una puerta de herradura y empezaron a subir escaleras de caracol. La claridad disminuyó. Cada vez se hacía más oscuro. Él se puso a hablar como cantando:
-La campana de Toledo coge siete sastres y un zapatero, la campanera y el campanero...
Cambió de tono y siguió hablando:
-Pesa un millón de arrobas que a once kilos y medio hacen dieciocho millones de toneladas... ella solita... y tiene cincuenta metros de circunferencia... Seguían subiendo escaleras y ahora se hacía más claro. Ella decía:
-No subas tan de prisa, jolines... Estás hecho un auténtico gamberro...
Él llegó a una especie de tramo, de descansillo. Por una tronera se veía Toledo allá abajo. Él miró hacia la ciudad y esperó a Mari Carmen. Ella apareció jadeante y se le echó en los brazos. Miró por una de las troneras y sin apenas respiración y sin apenas poder hablar, dijo:
-Mira, el Alcázar... qué bien se ve...
Él la miraba cómo empezaba el sofoco a llenarle las mejillas.
Ella volvió y le miró. Él la fue a besar. Ella se retiró.
Él se quedó un momento indeciso. Luego se volvió a acercar. Ella dijo:
-No...
—33→Cambió de expresión y empezó a subir escaleras. Antes dijo:
-Venga, a ver quién llega primero...
Ella subía sola. Empezó corriendo, pero al ver que no subía José fue más despacio. En otro de los tramos había un cartel. Decía:
«Se prohíben inmoralidades, aguas mayores y menores, bajo la multa de 25 a 100 pesetas».
Se quedó mirándolo. Luego subió despacio. Cada vez se veía Toledo más pequeño. Llegó a la campana. Era fabulosa de grande. Se acercó a los balcones de las cuatro paredes. Saltaba de uno a otro. Se veía un panorama inmenso. El Tajo daba una vuelta completa a la ciudad y luego se iba hacia el oeste.
37. Campanario. José sigue subiendo, mientras ella contempla el gran badajo de la campana. En el patio del claustro ven una vieja partiendo leña. Tiran un billete del tren que baja bamboleándose. Ella se queja de frío en el vientre y dolor de cabeza. Él continúa enfadado. Ella habla de sus amigas, de una que tenía novio y lo tuvo que dejar, porque él no se sabía dominar. Vuelve a quejarse de dolor de cabeza. Se pusieron a andar.
38. Sala del Claustro. Hablan con la mujer del portero del coro, que le da un caldo a Mari Carmen para que se le pase el dolor de cabeza. Después les enseña los gigantones de Toledo y la Tarasca. Al final les pide una propina, después de embromarle a él con la cabeza de un dragón.
39. Claustro Catedral. El cielo se había anubarrado y las nubes daban sombra a las arcadas. Había ropa de cama a secar, colgada.
Iban separados. Ella detrás. Ella, de vez en cuando, le miraba y se reía.
Él volvía la vista y ella no se podía contener y se reía abiertamente.
Él dijo:
-Tú, a veces, Mari Carmen, con tus consabidos detallitos de mal gusto...
-¿Bueno? ¿Qué te he hecho yo? ¿No dijiste que habías estado dos veces en Toledo? Estás tonto...
Quiso volver a reírse pero ya no pudo.
Luego lo pensó y dijo:
-José, es que lo que has dicho es una estupidez...
-Pues las tuyas son de concurso...
-¿Es que te he hecho yo algo? Me lo dices y en paz...
Ahora dejaron de mirarse.
El muchacho iba muy serio. Se paró y se agachó para atarse un zapato. Ella le adelantó y seguía andando. A cinco metros miró hacia atrás. Se plantó. Él terminó de atarse el zapato. Se puso a andar. Ella también continuó. Iba a su lado. Le dijo:
-Hijo, si no sabes aguantar una broma... Además no sé por qué te pones así conmigo porque yo no te la he gastado... ¿Es que te quieres enfadar?
Seguían andando. Él no contestó. Seguían andando como tontos. Habló él. Con despecho:
-A la niña le da vergüenza besarse con su novio.
Y la miró. Ella no contestó. Él volvió a hablar:
-Pero tú, ¿a qué has venido a Toledo? Dímelo, por favor... ¿No decías hace un momento que habláramos? A ver, háblame... Venga, contéstame...
Ella se enfadó. Se puso a andar a más velocidad. Él se paró y la miró. Echó a correr y la cogió por los brazos. Le dijo:
-¿No fue idea de los dos lo de venir a Toledo? Por favor, contéstame, no te pongas así...
Se quedó como esperando a que le respondiera. Luego siguió:
-¿No estábamos hartos de que nos vigilaran, de no encontrar un rato a gusto, de estar un día completamente solos, sin la familia, ni vecinos, ni nadie? ¿No estamos solos ahora? ¡Di, por favor!... ¡¡Háblame!!...
Ella se desprendió y se puso a andar. Ahora iba detrás de ella, a unos tres pasos.
Ella sacó el pañuelo. Seguían andando. La puerta estaba cerrada.
No tenía salida. La muchacha se paró. Tuvo un momento de duda. Quiso volver. Pero luego se arrepintió. Se quedaron allí parados.
Ella le daba la espalda. Él no quiso acercarse. Al fin ella preguntó, sin volverse:
-¿A qué hora salía el primer tren?
Él contestó de mala gana:
-A la una...
—34→Luego dijo:
-Estás tonta...
Se volvió y miró el reloj. El muchacho también miró la hora. Eran las dos menos veinte.
41. Claustro Catedral. Las dos y cinco. Ella seguía en el mismo sitio. Él intenta establecer una conversación. Ella no contesta. Salieron de allí.
41 b. Calle Mayor. Él sigue intentando hacerla hablar, pero ella le contesta con gestos de los hombros. Por fin se van a comer.
42. Restorán. Él poco a poco acerca su mano a la de ella; empiezan a jugar con sus manos, acariciándose a la vez. Siguen sin hablarse, pero a ella se le va pasando el enfado. Traen la comida. Se miran. Se le cae a él un tenedor; los dos se agachan a cogerlo. Se miran debajo de la mesa. Ella le dé a él la comida de arroz con el tenedor. Bromean.
43. Ella está eufórica. Han terminado de comer. Él le sirve vino constantemente. Ella habla, habla, habla, feliz, dicharachera, un poco bebida. Han puesto una conferencia con su casa.
44. Restorán. La conferencia tiene mucha demora. Lo dejan. Ella sigue feliz y bebida. Dice: «El vino lo cura todo».
45. Se levantan. Toman café en otra sala al lado. Ella, cada vez más feliz y más inconsciente, exclama: «Si se enteran en mi casa por lo menos vamos a pasarlo bien... ¡Que se mueran todos!»
46. Restorán. Ya han tomado café. Hablan de José María, el del Opus Dei. Al fondo de la sala unos hombres juegan al dominó.
47. Restorán. Fuera amenaza lluvia. Ellos hablan de las oposiciones al Banco: sueldo, dos mil pesetas al mes...
48. Restorán. Llueve. Los dos están un poco amodorrados. Se quejan de que parece un domingo en Madrid. Temen que se enteren en casa de ella. Se acarician y él la besa en la nariz.
49. Restorán. Siguen haciendo la digestión. Él se levanta al water. Ella le lee una carta de su amiga Mari Tere, en la que le habla del matrimonio, de problemas de casados, de unas novelas de Viky Braum que le parecen «muy fuertes», de un libro de medicina que ha leído sobre casos sexuales anormales...
50. Restorán. Él intenta curiosear en el bolso de ella, pero ella no le deja, con mucho susto. Tiene allí cosas íntimas de mujer.
51. Santo Tomé. Frente al cuadro del Entierro del conde Orgaz, ella sigue amodorrada y comenta que a lo mejor se enterarán en su casa del viaje a Toledo. No se encuentra bien. Le suenan las tripas. No debió lavarse la cabeza esta mañana y lo hizo. Las cuatro y cuarto. Buscan el rostro del Greco en el cuadro. Le encuentran parecido con el portero de la Catedral.
52. Casa del Greco.
Estaban en la alcoba del Greco. Donde él durmiera. Se oía la radio local que venía de abajo, de la portería. Él la estaba besando. Nos fuimos acercando, poco a poco a ellos. Él la besaba con mucha ternura, como a un niño pequeño. Le daba besos muy cortos y repartidos, por los párpados cerrados, por la frente, por las sienes, por la barbilla, por los labios.
Ella seguía medio dormida. Estaban de pie y la tenía sujeta por el cuello, con las manos, como si tuviera un cuenco de agua. Ella hablaba como una tonta:
-... yo no sé si lo mío es astigmatismo o miopía, pero ahora todo lo veo como El Greco... Todo lo veo como entre nieblas... como con muchas nubes... Si a ti no te veo... ¿Dónde estás, José? ¿Estás conmigo o con quién estás? ¿Y que yo no sé por qué te quiero a ti? ¿Por qué te quiero, a ver? ¿Por qué me gustas?... Al principio creí que los chicos guapos eran todos unos tontos... Yo creo que te quiero porque eres un fanfarrón... sí, y un pedante, que no dejas hablar a la gente... y todo lo tuyo es lo mejor...
Él se la quedó mirando y dejó de besarla. Ella abrió los ojos. Le sonrió. Dijo:
-¿Llevas el misal?
Él bajó una mano y se golpeó el bolso de la gabardina. Ella le abrazó por la espalda y dijo:
-Anda, bésame... me gusta mucho...
Él la dio un beso muy fuerte. Al fin separaron los labios y él dijo:
-Es un asco los domingos en Madrid... —35→ Yo también prefiero los días de diario... Así me quedaría toda la vida...
Ella se refugió en su gabardina. Hurgaba con las narices, como los gatos. Luego le dio un apretón muy fuerte con los brazos. Ahora se empezó a escuchar al guía turístico, por bajo, por otras salas:
-... son inconfundibles los cuadros del Greco por dominar en ellos las tintas carminosas y azules, aunque sin estridencias...
53 y 54. Casa del Greco. Continúan visitando las salas de la casa. Se oyen los comentarios del guía. Unos turistas filipinos recorrían la casa a las órdenes de un guía. Los novios en la escalera, se besan. Siguen visitando la casa.
55. Una calle.
La muchacha venía corriendo muy alegre. Venía sola.
Por la puerta del Greco, apareció José con el guía. Decía José:
-Sí, sí... muchas gracias... Buenas tardes...
-Con el mismo billete pueden entrar en el Tránsito...
-Sí, gracias...
La muchacha se volvió y vio venir a su novio. Se estaba riendo. Dijo el guía:
-A ustedes... al final de la calle, aquélla es...
-Gracias...
El muchacho salió corriendo. Ella también se echó a correr. Luego se paró. Dándole la espalda, a unos ocho metros, dijo sin volverse:
-¿Has visto tú la Venus del espejo, en el centenario de Velázquez?
El muchacho se paró. Luego tomó carrera, corrió hacia ella, llevaba la mano abierta, y la estampó un azote en el trasero.
Él se quedó seco al verle la cara. Se quedaron los dos parados.
El muchacho miró hacia el fondo y vio al ordenanza tomando el sol a la puerta del museo. Le había visto.
Ella, de pronto, empezó a respirar agitadamente. El sofoco le vino a la cara y movía las aletillas de la nariz. Ya no le miraba. Ahora se echó a andar.
El muchacho se quedó parado. No sabía qué hacer. La muchacha se alejaba hacia la sinagoga, al fondo de la calle.
Él se puso a andar. Iba despacio, muy cohibido. Volvió a mirar hacia atrás y todavía se veía al ordenanza. Siguió andando, despacio. Llegó a la sinagoga y se metió dentro.
56. Sinagoga del Tránsito.
Eran cuatro paredes blancas y altas. Un guía explicaba a una pareja la historia de la hermosa Raquel... El muchacho miró al techo y cuando bajó la vista Mari Carmen había desaparecido.
57. El muchacho venía corriendo. Miraba por las calles paralelas. No veía a nadie.
A lo lejos, en línea recta, vio a alguien sentada en un banco. José se había parado y ahora se echó a correr. A los cien metros volvió a pararse. La reconoció.
Era Mari Carmen la del banco. Volvió a correr.
Llegó hasta ella. Se quedó a su lado sin sentarse. Ella miró hacia otro lado, por donde había venido él. Él quiso hablar, pero desistió. Él, ahora, miraba por donde ella. Luego, como con vergüenza, se sentó. Volvió a mirarla. Ella le volvía la vista. Le cogió la mano. Ella se soltó. Él hizo un gesto y dijo:
-Mujer... si fue una broma...
Ella empezó a morderse el labio inferior y a quitarse hilos de piel. Él seguía justificándose:
-... palabra que no lo hice con intención de ofenderte... ¿Te dolió?
La miró y ahora ella se enfadó más. Le miró al muchacho y luego volvió la vista. Él dijo:
-Perdóname, Mari Carmen...
Ella seguía sin hablar. Él se acercó hasta ella y dijo:
-No lo vuelvo a hacer, ha sido sin intención... se me escapó la mano... Bueno, ¿qué quieres que haga?, dímelo, dí...
Él ahora se enfadó y dijo:
-Mira, Mari Carmen, no nos vio nadie... si quieres enfadarte, enfádate... haz lo que quieras... Pero esto es una tontería, que conste... Además, me molesta... Soy tu novio, no uno que pasa por la calle... Además si todo te va a molestar me lo dices...
Ella seguía igual. Él hizo ademán de pararse. Luego siguió. Dijo:
-... perdona, pero eres una niña... Una niña tonta... ¿De verdad no quieres hablarme?...
—36→Se quedó un momento callado. Luego muy decididamente dijo:
-¿No quieres hablarme?
Y seguidamente:
-Pero tú eres tonta, ¿qué quieres conseguir con esto? ¡Dímelo, por favor! ¿Que nos tiremos toda la tarde así? Ya llevamos con éste cuatro enfados... ¿Seguimos hasta diez? ¿Es lo que quieres? Contesta... contesta, por favor... si quieres, si te da la gana, si te apetece, mona... ¿No quieres hablarme?
Se paró y dijo:
-Te espero a las siete en la estación... Ella seguía andando. Él dijo:
-Si quieres vas y si no, ahí te quedas, maja...
No sabía qué camino tomar. Luego, enfadado, dijo:
-¡Bueno, hija, anda que te den morcilla!...
Ella iba andando en dirección de la carretera.
Escenas 58 a 65.
José, cuando Mari Carmen se ha ido, no sabe qué hacer. Al fin da una vuelta por la ciudad y luego invita a una muchachita de unos dieciséis años, costurera-bordadora, a ir al cine. Allí la besa y la acaricia. Al fin la deja y la invita a comer polvorones. Desde la tienda de ultramarinos ve pasar a Mari Carmen y sale corriendo detrás de ella. La alcanza en la Plaza de Zocodóver.
Escena 66. Plaza de Zocodóver.
José echó a correr y la cogió de la mano. Ella quiso soltarse, pero no pudo. Él la llevaba de la mano con las dos suyas. Ahora la fue empujando hacia los soportales y ella se oponía. Subieron a la acera.
De debajo del Ayuntamiento, en los soportales, se abría como un balcón, hacia afuera. No había nadie. La empujó hacia la barandilla. Una vez allí, bien sujeta, le dijo:
-Hola, fea... ¿qué hay?
Ella no le contestó. Quiso escaparse:
-Quieta, fiera... Sin arañar... Ojito...
Ella se quedó parada. Dijo él:
-He dicho hola...
Ella se puso a mirar hacia la derecha. Él volvió a hablar:
-¿No se te ha pasado el enfado?
Ella hizo ademán de escaparse, pero él la arrinconó. Dijo:
-No, no... no... está prohibido... está el guarda... no tiene usted edad...
Ella seguía igual. Él puso la voz muy ronca y dijo:
-Artículo doscientos once del Código Civil. La tutela legítima de los menores no emancipados corresponde únicamente: Primero... al abuelo paterno y, en su defecto, al materno... Segundo... a las abuelas por el mismo orden... Tercero... al mayor de los hermanos de doble vínculo, y falta de éstos, de los consanguíneos o uterinos... Yo aquí soy todos hasta tu abuelo...
Cerca, en una escalera, un matrimonio de labradores estaban sentados. Ella le ayudaba a colocarle una venda en un ojo. Mari Carmen se puso más seria y dijo:
-No me haces ninguna gracia... si es que te lo crees...
Él, contento:
-Hombre, ya habló la muda... Milagro... Señores, milagro...
Ella le habló:
-Mira, José, tú eres un fresco... Además no te necesito para ir por Toledo... Me basto sola...
-Ya está la niña... Las mujeres sois las buenas, las santas y las puras... y las sensibles... Se basta sola...
El muchacho se enfadó. Descuidó la guardia. Pero ella ya no se movía. Él se puso a hablar, con diferente tono:
-El domingo nos lo pasamos en el metro porque hacía frío, porque estábamos hartos de ir a cafeterías y a cines... Y hoy que estamos solos me haces esto...
-José, te lo dije en el tren... Cuanto más tiempo se tarda en hacer ciertas cosas más tiempo se llega a lo demás...
El muchacho se quedó helado. Ella salió del rincón y se acercó a los soportales. El muchacho se volvió y dijo:
-¡Un azote, Dios mío!...
Se fue acercando hasta ella. Volvió a decir:
-¡Qué pecado!...
Ella dijo:
-¿Pero tú qué te has creído, que vas a hacer tu santa voluntad?... No he debido dejar que me besaras... Tú eres un fresco... Y en la misma calle...
-Mari Carmen, por favor... ¿Lo dices en serio?...
La muchacha miró a la plaza. Ya iba —37→ oscureciendo. Se oía el ruido del motor de un coche. Como si no arrancara. De algún garaje. Mari Carmen miró hacia los aleros de las casas. Luego hacia la izquierda -subía una calle hacia el Alcázar-. Mari Carmen se volvió y miró a su novio. José volvió a preguntarle:
-Mari Carmen, por favor... ¿Lo dices en serio?...
Ella ahora no le miró. Él se puso impaciente. Dijo:
-Contéstame...
Siguió preguntándole:
-¿De que no te debía haber besado?
Ella, ahora, le metió la mano en el bolsillo de la gabardina y le sacó el misal. Hubo un momento de silencio. Se empezó a oír la respiración agitada del muchacho. Por fin dijo:
-¿Pero tú, quién te crees que eres?
Estaba excitado. Decía las palabras en tromba, a saltos, muy nervioso. Continuaba:
-¿Es que no voy a poder tocarte?... ¿Es que eres de cera?... ¡Tú tienes miedo a todo!... ¿Pero sabes quién soy yo? A ti, ¿cómo te han educado?... Vamos a ver... Pero, ¿a ti qué te dice tu familia?...
La señora de pueblo miraba hacia ellos. Ahora el matrimonio estaba merendando. El coche arrancó. Él miró a Mari Carmen. Él no paraba de hablar:
-... ¡Dime!... ¡Contéstame!... Por favor, soy tu novio... ¿Sabes qué es eso?... ¡Pero qué quiere tu familia!... ¿No tiene su hija?... ¿Con quién me voy a casar yo, contigo o con tu familia?...
Alguien al pasar se les quedó mirando. El muchacho se volvió un poco, no la hablaba ahora directamente a ella. Alguna vez volvía la cara y la miraba a ella:
-...Tú, ¿por qué estudias? ¡Dímelo!... A Francia... ¡Si todos los veranos te pasa lo mismo! ¡Te quedas en casa!... ¡Que si tus tías opinan, que si tu madre!... ¿Es que te van a comer en Francia? ¿O crees que vas a venir con un hijo?... Qué va a ser de ti si no te echas novio...
Se fue hacia el fondo, hacia la barandilla. Iba diciendo:
-Perdóname, ya no sé lo que digo... Perdóname...
Parecía como si llorara. Puso los brazos en la barandilla y se agachó tocando el hierro con la barbilla:
-... Es verdad... Si es que llevamos un año así... Luego os casáis y no tenéis ni idea de nada... Si sale bien es un milagro...
El muchacho se iba calmando, pero no dejaba de hablar. Ahora más despacio. Con más suavidad, como recordando:
-De todas formas, perdóname... Yo te quiero... Te quiero mucho... De verdad, Mari Carmen... Te quiero mucho... Me gustaría casarme contigo... Al principio ganaré poco dinero, pero si me quieres ayudar seguiré estudiando... Conocerás a mi madre... no es nada extraordinario, pero mi padre y ella han trabajado mucho...
Ahora se calló. Se quedó mirando los tejados de las casas, desde allí, desde la baranda de hierro. Se puso normal, elevó el cuerpo.
Escenas 67 a 74. Se reconciliaron por el Paseo de la Rosa. Oyeron los pitidos de un tren. Todavía en el Puente de Alcántara, ella intentó apurar la felicidad de estar en Toledo con su novio, de detener el tiempo. Se besaron de nuevo sobre el Puente. Al fondo, el Alcázar la ciudad. Corrieron hacia la estación. Cogieron el tren por los pelos, de vuelta a Madrid.
FIN
—38→
Conocer el cine del mundo socialista forma parte de la cultura del hombre moderno. Negarlo o ignorarlo es una actitud provinciana que no sirve para nada, al menos para nada positivo.
¿Qué características tiene el cine de los países del bloque socialista?, ¿cómo evoluciona?
Los festivales cinematográficos son una manera -para los que asisten a ellos- de conocer el desenvolvimiento del cine. Los países socialistas, por diferentes razones, suelen exhibir en los festivales occidentales cierto tipo de films que representan sólo una pauta, según mi opinión no la más característica, de su producción. Pues en definitiva, lo que muestra la madurez de un cine es ver en qué condiciones está de enfrentarse con la realidad actual -la de su lugar y tiempo-, investigarla, profundizarla. Películas como La balada del soldado, Romeo, Julieta y las tinieblas (premiada en el Festival de San Sebastián), Estrellas, Sor Juana de los Ángeles, etc., no exponen del todo esta madurez, a pesar de su indiscutible valor.
En Karlovy Vary y en Moscú (los dos festivales más importantes del campo socialista) se exhiben films que tratan -no todos, claro- de las contradicciones y de los problemas del mundo socialista. Hay que admitir que este tipo de films constituyen aún una pequeña parte de la producción, tanto en la Unión Soviética como en los demás países de su bloque. Sin embargo, es en estos films donde hay que buscar el signo definitorio de la cinematografía socialista actual.
Aparte de la ausencia de excesos exhibicionistas, caracterizan estos festivales las discusiones públicas que se entablan entre los participantes y que son una valiosa aportación al estudio de la teoría del cine.
—39→Un punto candente en estas discusiones es el estudio de la función social del cine.
La mayoría de los cineastas y críticos de los países socialistas profesan una abierta concepción realista del cine y defienden su función social. Ven al cine como un medio de análisis, donde un proceso puede mostrarse no sólo en sus diferentes fases, sino también en su movimiento, en su transformación. Creen además -es su aportación al concepto de realismo- que pueden inmiscuirse con sus obras en esta transformación, colaborar en ella, conducirla. Es decir, que, en última instancia, el cine, como el arte en general, la ciencia y el trabajo, serían instrumentos con que el hombre participaría conscientemente en su propia historia.
Esta concepción se interpretó, en una época determinada, como si el cine tuviera que cumplir una función pedagógica, y también -ahí estaba su principal fallo- simplificadora. Se trabajaba con fórmulas -dogmas- sacados de manuales filosóficos.
La superación de este cine «explicativo» y «ejemplarizante», y el logro de un cine dialéctico, más profundo, se está llevando a cabo actualmente.
Este proceso empezó con el film de Chujrai El 41 (1956) y cuenta con películas importantes y se desarrolla en diferentes direcciones:
-por un lado, las películas de guerra, decididamente pacifistas: Kanal, Wajda, 1959; Destino de un hombre, Bondarchuk, 1959.
-por otro lado, obras literarias famosas llevadas a la pantalla, la mayoría de las veces con dignidad. La dama del perro, de Chéjov, por Chejfij; El abrigo, de Gogol, por S. Batalov; Profesor Mamlok, de F. Wolf, por su hijo Konrad Wolf.
-en tercer lugar films sobre un pasado inmediato: Cenizas y diamantes, Wajda, 1958; Crueldad, Schkrubin, 1959.
-finalmente, films sobre la actualidad socialista, en los que cabe distinguir:
-comedias, casi siempre de pésima factura, con algunas excepciones pasables: Eva quiere dormir, Chmielewski, 1960; La procesión de la Virgen María, Jasnij, 1962.
-retratos poéticos, que se resienten aún de cierto lirismo ingenuo; El sol sale para todos, Voinov.
-y films que llamaríamos de realismo investigador. De este grupo hablaré más detenidamente.
Se ha dicho que el neorrealismo italiano ha influido en el nuevo cine socialista. Sin que esto sea del todo falso, es necesario comprender que el cine socialista está planteado sobre bases distintas a las del neorrealismo, el cual simplemente describía la realidad. Tal vez exista influencia en la forma, en la depuración del lenguaje narrativo, en el lento abandono a la retórica desbordante típica de los films rusos. Pero por otro lado es preciso señalar que parte de este cine socialista está empeñado en una búsqueda frenética de nuevas formas, que no siempre produce buenos resultados.
Algunos principios del cine que llamamos dialéctico, son:
1.- afirmación de una voluntad de realismo y preocupación por temas de la actualidad.
2.- definición de la realidad como algo en constante cambio. Implacable desmixtificación de la realidad.
—40→3.- creencia de que el cine es un instrumento de transformación y no simplemente de representación de la realidad.
4.- el trabajo es el aspecto esencial de la vida social del hombre. Investigación de los problemas morales planteados en las nuevas relaciones individuo-trabajo-colectividad.
5.- ilimitada libertad del artista en el uso de formas en que expresarse, respetando siempre la síntesis orgánica de contenido y forma.
6.- mayor atención a los conflictos personales, al individuo, a sus problemas.
Estas líneas están contenidas implícitamente en algunas de las realidades de estos últimos años (1956-1962), sin que jamás se hayan presentado como el programa de un grupo.
Antes de proseguir debemos indicar también que el llamado cine del bloque socialista no forma, ni mucho menos, un todo compacto. Al contrario, son cinematografías completamente diferenciadas, cada una de las cuales tiene su personalidad propia. No puede, por tanto, aplicárseles lo que venimos diciendo de una manera indistinta, sin precisar mucho más las características propias de cada país y de cada realizador. No es aquí el lugar para hablar de estas diferencias. Nos interesa sólo exponer las características generales que vemos en cierto tipo de cine que se realiza actualmente, y al que nosotros damos mucha importancia.
Señalados los puntos generales analicemos brevemente tres películas que, a mi juicio, los sintetizan.
-Poema del mar. Argumento y guión, Dovjenko; dirección, Solnzewa; cámara, J. Jegiasarov. Intérpretes: B. Andreiev, B. Liwanov, S. Kirijenko, etcétera. 1959.
Poema del mar es el último film de Dovjenko. Pocos días antes de empezar su rodaje, moría el gran realizador. Su esposa, Solnzeva, hizo la película siguiendo fielmente el guión escrito por su marido.
La película es una crónica de Ucrania, de sus hombres y de su desenvolvimiento. Sigue la línea lírico-épica característica de Dovjenko, e intenta expresar la síntesis dialéctica de pasado, presente y futuro, determinante de todo momento histórico, tomando para ello un episodio del desarrollo de su tierra natal, Ucrania.
En Kajovca se construye una presa gigante que formará un mar artificial. Bajo las aguas de este mar ha de desaparecer el viejo pueblo. Sus habitantes construyen otro nuevo pueblo donde poder trasladarse.
Un soleado día de verano se reúnen los habitantes de Kajovca con los que, nacidos allí, están dispersos por todo el país. Generales, ingenieros, soldados, obreros, campesinos; hombres, mujeres, viejos, jóvenes se encuentran representando al país, sus conquistas, sus contradicciones, sus problemas.
Lo nuevo frente a lo viejo, en un entretejido de conflictos personales, en un renovado canto a la tierra y al trabajo, al hombre y a su fuerza creadora, constituye el meollo del film.
Dovjenko presta especial atención a las relaciones humanas, a las relaciones individuo-colectividad, sobre todo en su aspecto moral.
Investiga los principios que deben configurar todo esta fuerza transformadora del hombre, acusa sus aspectos caducos y señala audazmente los nuevos, siempre dentro de un amor por el hombre, en una confianza absoluta en su destino y en su fuerza.
—41→«Si somos capaces de hundir al hombre en la suciedad, ¡para qué diablos necesitamos el mar!», dice un personaje. Dovjenko pone de manifiesto la estrecha relación que existe entre la necesidad de construir -en este momento la presa- y la elevación moral del hombre. El mar es necesario, es el ímpetu creador del hombre en cuanto colectividad. Pero, ¿y el hombre como individuo? La felicidad individual no está en contradicción con los intereses de la colectividad. Al contrario. «Amad el trabajo, la tierra, si no vosotros y vuestros hijos no encontraréis la felicidad en ningún planeta», dice otro personaje.
El trabajo es el lugar donde el hombre se integra a la colectividad y donde la colectividad necesita estar formada por un conjunto de individuos altamente calificados, no sólo técnicamente, sino moral e intelectualmente.
La destrucción de lo viejo es dolorosa, pero la felicidad que proporciona el nacimiento de lo nuevo compensa ese dolor. Por esto el mar triunfa y en él el hombre creador.
Este film, de complicadísima construcción, es un esfuerzo enorme para captar una sociedad en movimiento, desde un estilo épico-lírico. Monólogos, alegorías, sueños, ironías, recuerdos, expresados por la palabra, la imagen y la banda sonora, ensamblados en un montaje cuidadosísimo (contrapunto, líneas convergentes, líneas paralelas, etc.), crean ese todo vivo que es el film.
-El ingeniero Bajiriew. Dirección W. Bassow, según una novela de C. Nicolaieva.
Esta es una película mediocre desde el punto de vista formal. Sería seguramente más justo analizar la novela. Pero por ser la película la que ha llevado a millones de espectadores el tema de la novela, despertando un interés extraordinario en el público, hablaremos de la película y no de la novela.
El estilo es sencillo, poco unitario, y no aporta nada nuevo. El tema del film sí es importante. Y hay que reconocer que la película lo transmite, si bien sin brillantez, al menos con eficacia.
La responsabilidad frente al trabajo, la honradez consecuente y activa, la participación del hombre en el proceso productivo, y sobre toda la insobornable fidelidad a la verdad, la destrucción incansable del mito, son analizados dentro de una situación, un ambiente, unos personajes elevados a la categoría de lo típico. El realismo crítico se convierte en un realismo investigador, en el que coinciden los dos aspectos, el crítico y el esclarecedor: el análisis y la síntesis. La investigación no agota el objeto en el presente, sino que lo deja abierto hacia el futuro, y no tanto como posibilidad, sino como necesidad.
¿Hasta qué punto un espectador que desconoce la sociedad en que estos problemas se plantean puede comprender la importancia de este film? Es difícil precisarlo. Cierto es que esta película está obteniendo un éxito extraordinario en los países en donde se ha exhibido. Países que son parte del mundo analizado en el film. Pero más importante aún han sido las discusiones que ha despertado en todas partes, la furia iconoclasta que ha desencadenado en todas partes. Bajiriew se ha convertido en un símbolo del nuevo tiempo. El tiempo de la desestalinización, del deshielo.
Bajiriew es el nuevo ingeniero-jefe de un importante fábrica de tractores de Moscú. El puesto es magnífico. Su esposa está satisfecha con la nueva colocación, con los nuevos ingresos de su marido, con la posibilidad de vivir en Moscú. La fábrica cumple regularmente su plan, está considerada como empresa modelo. Las primas de producción son abundantes. El director general, héroe de la revolución, es hoy un héroe del trabajo. Estos son los mitos.
—42→Pero la realidad es muy distinta. Y va a ser Bajiriew quien, como un perro sabueso, la descubrirá destruyendo los mitos. El plan se cumple, pero a costa de la calidad de los tractores; la magnífica fábrica está basada en métodos antiguos y las iniciativas de los obreros no encuentran eco; el director conoce sólo su despacho y las oficinas del Ministerio. Los talleres y los hombres que en ellos están le son casi desconocidos. Incluso el amor se verá conmovido por el vendaval. Será precisamente Bajiriew mismo quien descubrirá que él también había construido un mito: su esposa, que en los momentos difíciles claudica.
Bajiriew tiene que luchar. Es destituido de su cargo, se le intenta alejar de la fábrica. Se le amenaza con represalias políticas. Se le acusa seriamente. Pero él sigue y triunfa.
Sólo en el amor no triunfa Bajiriew. En esta lucha desesperada ha nacido entre él y una colaboradora un amor, que pone ante los dos en evidencia el mito de sus respectivos matrimonios. Ambos son casados con seres a los que no quieren. Ambos se quieren. Pero renuncian uno al otro. Por los hijos de Bajiriew. ¿Otro mito? ¿El amor entre ellos podía convertirse en un mito que negase la realidad? Esta pregunta queda para el espectador.
«El trabajo no ha de ser más una maldición para el hombre, sino la maravillosa necesidad de crear», es el principio en nombre del cual Bajiriew lucha. Este principio exige una pureza moral, es decir, un saber ver la realidad tal como es. Alcanzar esta «altura» moral es una necesidad para la sociedad de Bajiriew, como lo era en Dovjenko, en cuanto el trabajo y su resultado, no son ya «extraños» al hombre, sino que le pertenecen.
Nueve días de un año. Dirección: M. Romm. Cámara: Lawrow. Guión: Chrabrowizki. Intérpretes: Alexei Batalov, T. Lawrowa, Smoktunowski, N. Plotnikov. Obtuvo el primer premio en Karlovy Vary en 1962.
Es una película de «científicos», sobre la ciencia como instrumento para la paz o para la guerra.
En un instituto de investigación nuclear un científico sufre un accidente mortal. Su ayudante, herido levemente, prosigue las peligrosas investigaciones hasta sufrir un nuevo accidente, esta vez mortal.
Romm toma nueve días de un año de la vida de este joven científico. Nueve días escogidos aparentemente al azar. El primer accidente, la declaración de amor, el matrimonio, los pequeños conflictos conyugales, el trabajo, las discusiones con los compañeros, los éxitos, los fracasos, el accidente fatal. Todo narrado con un cierto humor, en estilo clásico, lento, sobrecargado con extensos diálogos que son imprescindibles.
¿Qué finalidad tiene la ciencia?, ¿debe contribuir a la posible destrucción del mundo?, ¿tiene derecho el hombre a poner en peligro su vida?, ¿puede la ciencia servir a la sociedad? Tales son las preguntas que plantea el film.
Este se decide indiscutiblemente por la ciencia como instrumento de progreso. La guerra no tiene sus causas en la ciencia; al contrario, la ciencia y los científicos pueden contribuir a combatirla.
«¿No será en vano que has descubierto todo 'esto'?», pregunta el padre del científico, un viejo campesino. «No, algún día la humanidad ha de agradecérnoslo», responde éste, ya enfermo.
¿Agradecerlo? ¿O maldecirá la hora en que nacieron todos los científicos?
Es evidente que el tema no es sencillo y que las respuestas están determinadas —43→ por la ideología del realizador. Pero el film expone un conflicto real, una polémica encarnada en dos científicos jóvenes, y que preocupa a los habitantes de nuestra tierra de una manera vital. Y plantea la polémica no de una forma maniqueísta, sino mostrando lo complejo de la situación, lo difícil del momento actual. ¿Será el hombre capaz de no malversar el poder que la ciencia pone en sus manos? ¿Estará el hombre a la «altura» que el desarrollo de la ciencia impone? Como se observa, de nuevo la cuestión moral, de principio. El hombre no puede impunemente avanzar en la conquista del mundo sin elevar al mismo tiempo su conciencia, su sentido de la responsabilidad. En Rocco y sus hermanos, Ciro dice al pequeño Luca que Simón ha olvidado sus deberes. Este es el terrible peligro. Para Romm la cuestión se plantea en un plano superior. Sus hombres están creando numerosas cosas, extraordinarias cosas, y están imperiosamente llamados a crear juntamente la superioridad moral del hombre, necesaria a estas cosas y a la sociedad que las crea.
La misma pregunta que encontrábamos en Dovjenko y en Nicolaieva.
MARCEL PLANS
Agosto, 1962.
—44→
Lo malo que tienen los Festivales de Cine -lo hemos dicho en más de una ocasión- es que son demasiados. Lo malo también, por eso precisamente, es que son iguales unos a otros. Por eso citando un nuevo festival irrumpe en el mundo competitivo del Cine nadie le hace caso, o a lo sumo con miradas furtivas, por si de casualidad hay alguna sorpresa. Lo bueno es cuando esta sorpresa se produce. Y si es en nuestro país, mucho mejor.
La sorpresa esta vez ha llegado de Canarias. España por tanto, y casi en silencio. Frente a tamo Festival insulso, artificial y pedantuelo, nos alegra que este que se ha celebrado en Las Palmas del 15 al 22 de noviembre pueda ser una excepción. Queda bien claro que no he dicho que lo sea. Porque una primera edición es como un tanteo de fuerzas antes de iniciar el combate. De este tanteo positivo, por ahora vamos a limitarnos a confiar en que la ruta establecida sea buena -los propósitos son claros- y que lo que este año se ha apuntado sea el esbozo de algo muy concreto, interesante y nuevo.
Una escasa publicidad a este Certamen ha sido la causa de que muchos «nuevos valores» hayan estado ausentes. Valores que, sin duda, habrían preferido darse a conocer en un Festival creado para ellos, donde al menos se les intentaría comprender, que en cualquiera de los veteranos jugando con desventaja frente a los «maestros». Cierto que por ahora le falta renombre internacional, pero para ello le valdrá mucho el «palmarés» de este primer año, con títulos que ya garantizan una seriedad y madurez de inteligencia de quienes lo organizan.
Es significativo que este nuevo festival -que a la vez es festival «nuevo» no aburguesado y viejo como otros muchos que hacen-, haya sido pensado y realizado por jóvenes. Y todavía más, por universitarios: los componentes del Cine-Club del S. E. U. de Las Palmas.
Se ha hablado muchas veces de la importancia de ganar a la Universidad —45→ para el cine. Se ha hablado y se ha escrito, pero siempre inútilmente. Los pocos intentos serios -las «Conversaciones de Salamanca» y alguno otro de cineclubs de Madrid, Sevilla y la propia Salamanca- fueron gritos inútiles en un ágora de sordos e inconscientes. El año pasado se creó en Valladolid una cátedra de Cine, esta vez con el espaldarazo oficial y en el seno de la Universidad. ¿Por qué al mismo tiempo que se establece su creación no se prevé un profesorado a tono con el tiempo en que vivimos, joven (al menos en sus ideas) y aficionado al cine? ¿Por qué esa cátedra no funciona todavía? ¿Por qué los viejos intelectuales continúan mirando por encima del hombro a los «locos» que pretenden hacerles creer que el cine es algo importante?
Aunque sea de forma indirecta, la Universidad española -téngase en cuenta que la Universidad la hacen también los universitarios- se ha metido de «rondón» (como antes lo hiciera en las revistas, y como va haciéndolo en la profesión a través de la Escuela Oficial de Cinematografía) en este mundo «banal», «frívolo» y tan desprestigiado como el mismo cine, de los Festivales. Destaquemos que es el primer Festival que no organizan los productores, o las agencias de turismo, o las revistas de «starlets», o las industrias del acero, o algún club deportivo, sino los universitarios. Jóvenes para los que el cine se presenta con sus dimensiones reales, con su importante trascendencia social, política, artística, moral y -¡por qué no!- comercial.
Si este Certamen logra mantener sus manos limpias, su corazón intacto, su mente serena. Si logran hacer prevalecer la meta señalada en un principio de postura al servicio de unos «valores nuevos» que siempre existirán, para descubrir, para estimular, para canalizar corrientes renovadoras del cine, formal e ideológicamente; si consigue avanzar en la línea que arranca del punto cero de noviembre de 1962, podremos sentirnos satisfechos.
Hasta que pueda cotejarse el futuro con este recién pasado, cualquier comentario al Certamen y a lo que fueron sus películas tendrá un valor muy secundario.
El lote ofrecido -diecisiete títulos en total-, teniendo en cuenta las limitaciones de un primer año, y otras trabas de tipo comercial, administrativo, etcétera, ha sido ejemplar. A lo sumo tres títulos eran claramente inadecuados para un festival internacional: Un perro en un juego de bolos (francesa), La jaula de cristal (americana), El autobús no para (húngara)... Todo lo demás era válido. Unas veces porque era importante en sí -Cléo de 5 a 7, Una storia milanese, Jules et Jim-; otros, porque, pese a sus defectos, eran claras muestras de intentos rebeldes frente a las normas caducas -La fille aux yeux d'or, Thérèse Desqueyroux, Cuando estalló la paz-, o bien porque a la hora de tener que completar un programa era preferible un film ya conocido por nuestro público, pero de gran categoría, como Jazz en un día de verano, a cualquier otro film desconocido de algún oportunista. Por supuesto que, pese a nuestra disconformidad con el film de Resnais L'Année derniére à Marienbad, estuvo acertada su inclusión, incluso para sesión inaugural. Por lo menos sirvió para que el espectador pudiera darse cuenta de la nefasta influencia de este cine, de preciosismo formal, de pretenciosa y pedante temática, de absoluta inutilidad, sobre algo de lo que se vio después, como fue el argentino La cifra impar. Resnais ha conseguido un film de bellísima factura, pero se pierde en un callejón sin salida. La cifra impar sale difícilmente de ese callejón y además ramplonamente. Quizá Resnais y su posible escuela francesa -¿es coincidencia encontrar una misma preocupación en la casi totalidad de las películas presentadas?- sea también culpable de la obsesión —46→ por la forma, que se observa en la obra de los nuevos realizadores, cosa que resulta molesta en extremo, sobre todo si llega a los extremos de retorcimiento del film de Albicocco. Quizá el film más sereno -pese al desequilibrio de construcción- sea el italiano Una storia milanese, del novel Eriprando Visconti, con una temática al mismo tiempo importante, como es la de una juventud fracasada por falta de entendimiento, una generación aislada, sin conexión con la sociedad, con nada, ni siquiera con ese leve nexo que haga de la generación unidad. La película obtuvo muy justamente el segundo premio, es decir, el «Can de Plata», ya que el «Oro» fue asignado a la película de Agnès Varda Cléo de 5 a 7, que, si bien poseía un tema menos original, la superaba en tratamiento, equilibrio y realización. Cléo obtuvo además el premio de la Federación Nacional de Cine-Clubs y el de la revista italiana Maschere. Como aclaración final, diré que Jules et Jim, soberbio film francés de François Truffaut, no obtuvo premio alguno al ir fuera de concurso.
JOSÉ LUIS HERNÁNDEZ-MARCOS