Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

Introducción a los «Tratados militares» de Alonso de Cartagena

Noel Fallows

«No es de pelear con cabeça española
en tiempo de su ira»1.


En los anales de la literatura española, los escritos del obispo de Burgos, Alonso de Cartagena (ca. 1384-1456), constituyen un verdadero puente literario a medio camino entre el escolasticismo de la Edad Media y el humanismo del Renacimiento. La vida, estirpe y obra del insigne eclesiástico burgalés han sido estudiadas con minucioso detalle por Luciano Serrano, Francisco Cantera Burgos, María Morras, Luis Fernández Gallardo, y por el que suscribe estas líneas, en un artículo dirigido al público anglosajón2. Pero a pesar de todo este interés, carecemos en la actualidad de ediciones fácilmente accesibles de muchas obras suyas. Así es que el objetivo de este tomo es presentar al público hispanohablante ediciones fiables en un solo volumen de los tres tratados de doctrina y arte militar redactados por, o atribuidos a, Alonso de Cartagena, a saber: el Doctrinal de los caballeros (ca. 1444), el Tratado de la guerra (ca. 1430-1434), y los Dichos de Quinto Curcio (ca. 1430-1434).

Con respecto al tema de la caballería en el Medievo castellano, hace años ya que la erudición filológica cayó en la cuenta de que los libros de caballerías eran dignos de atención seria, y gracias a este interés contamos en la actualidad con ediciones de los textos más importantes del género además de una respetable cantidad de páginas consagradas al estudio crítico de los mismos. Lamentablemente, los parientes de los libros de caballerías, los llamados tratados teóricos, cuyo tema principal también es la caballería aunque en un sentido mucho más práctico que idealizado, no han gozado de la misma fortuna, y el estudio atinado de estos textos perdidos y olvidados se aplazó hasta las últimas décadas del siglo XX. Efectivamente, en 1986 el profesor Ángel Gómez Moreno publicó un artículo seminal con la admirable intención de recuperar el género del olvido3. Gómez Moreno subrayó con acierto el interés que despertaban los tratados teóricos sobre la caballería a través de Europa en la Edad Media y lamentó la ausencia casi total de ediciones asequibles de la mayor parte de los textos más notables. Poco después de la publicación de este estudio el historiador británico Sydney Anglo, tras comentar también la escasez de ediciones modernas, resaltó sobre todo la importancia de los tratados españoles, tanto en el Medievo como en el Renacimiento, por los datos que estos aportan sobre la ejecución práctica de la caballería4.

En la última década del siglo XX, en una especie de respuesta a los lamentos académicos de Gómez Moreno y Anglo, el Ministerio de Defensa empezó a publicar valiosas ediciones de los grandes manuales teóricos del Renacimiento español en su Colección «Clásicos». Además de esta serie de ediciones, salieron a la luz dos ediciones del Doctrinal de los caballeros de Alonso de Cartagena -el tratado más extenso del género-, una edición crítica del Tratado de la perfección del triunfo militar (ca. 1459) de Alfonso de Palencia, y un estudio magistral escrito por Jesús D. Rodríguez Velasco sobre los manuales de caballería en la España medieval5. En este libro el profesor Rodríguez Velasco sitúa de una vez la rica tradición de la tratadística castellana medieval en su marco europeo. Y, a los albores del nuevo milenio, el mismo Anglo publicó su propio estudio pormenorizado y exhaustivo de los manuales y las teorías sobre el combate cuerpo a cuerpo en la Europa premoderna6. En la actualidad contamos también con dos antologías excelentes de textos castellanos sobre la caballería7.

Según hace constar Rodríguez Velasco, la tratadística castellana estuvo en pleno auge en el siglo XV, siglo en que salió a la luz una plétora de tratados de índole teórica y técnica cuyo tema principal era la caballería, entre ellos, las dos traducciones castellanas del Arbre des batailles de Honoré Bouvet, la una a cargo de Antón de Zorita, redactada alrededor de 1441, la otra emprendida posiblemente por Diego de Valera y redactada hacia 1445, el Tratado de la perfección del triunfo militar (ca. 1459) de Alfonso de Palencia, el Tratado de las armas (ca. 1462-1465) de Diego de Valera, y, desde luego, el Doctrinal de los caballeros (ca. 1444) del obispo de Burgos, Alonso de Cartagena.

Se han atribuido otras dos obras de índole caballeresca al obispo de Burgos, a saber, el Tratado de la guerra (conocido también por el título Dichos de Séneca en el acto de la caballería), y los Dichos de Quinto Curcio. Los dos textos son traducciones de obras latinas anteriores: el Tratado de la guerra es una traducción parcial del Epitoma Rei Militaris de Flavio Renato Vegecio (siglo IV), texto atribuido repetida y erróneamente a Séneca en el Medievo; y los Dichos de Quinto Curcio son una traducción de varias sentencias paremiológicas, extraídas casi todas de las Historiae Alexandri Magni de Quinto Curcio Rufo (siglo I).

El Doctrinal de los caballeros

  • Manuscritos8:
    • Siglo XV
      • Escorial, Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, ms. h-III-4
      • Madrid, Biblioteca del Museo Lázaro Galdiano, ms. 474
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 27, fols. 1r.-157r.
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 6.607
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 6.609, fols. 16r.-332v.
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 10.107
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 12.743
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 12.796
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 18.061
      • Madrid, Biblioteca de Palacio, ms. 1.305
      • Madrid, Biblioteca de Palacio, ms. 2.906
      • Madrid, Real Academia de la Historia, ms. 9/712
      • Nueva York, Hispanic Society of America, ms. B2.704
      • Oxford, Bodleian Library, ms. 597, fols. 112v.-337v.
      • Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. 1.767
      • Sevilla, Biblioteca Colombina, ms. 7-5-29
    • Siglo XVI (mss. incompletos)
      • Copenhague, Det Kongelige Bibliotek, ms. Gaml. Kongl. Saml. 2.219, fols. 5r.14v.
      • Madrid, Biblioteca de Palacio, ms. 11/758, fols. 17r.-22v.
    • Siglo XVII (ms. incompleto)
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 7.365, fols. 56r.-59r.
    • Siglo XVIII
      • Madrid, Biblioteca de Palacio, ms. 11/727, fols. 338r.-349v. (ms. incompleto)
      • Madrid, Biblioteca de Palacio, ms. 1.272
    • Siglo XIX (ms. incompleto)
      • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 7.345, fols. 299r.-307r.
  • Incunables:
    • Doctrinal de los caballeros (Burgos: Friedrich Biel, 1487)
    • Doctrinal de los caballeros (Sevilla: s. i., 1492) (paradero actual desconocido)
    • Doctrina e instrucción del arte de la caballería (Burgos: Juan de Burgos, 1497)

El texto del Doctrinal de los caballeros que se presenta en este volumen sigue el incunable húrgales de 1487- Según consta en el colofón de este incunable -y no veo ningún motivo para dudarlo-, fue copiado directamente del manuscrito autógrafo de Cartagena cuando dicho códice se conservaba en la Capilla ele la Visitación de la Catedral de Burgos con otros papeles y documentos pertenecientes al insigne obispo. Por ende, a pesar de la distancia cronológica entre la fecha de composición de! texto y la fecha de publicación cid incunable, esta edición es el codex optimus del Doctrinal de los caballeros.

La verdad sea dicha, el Doctrinal de los caballeros no es sino un compendio jurídico. Todos los estatutos y leyes que se incluyen en el libro fueron copiados textualmente de códigos legales anteriores. El mismo Cartagena confiesa esto en el Prólogo al Primer Libro: «Y en el tenor de las leyes no mudé palabra alguna, mas puse las palabras materiales en que ellas están escritas, porque la escritura que no solamente vale por razón, mas aun por autoridad de quien la compuso, no se debe mudar». En el texto Cartagena siempre indica la procedencia exacta de las leyes que copia. Se sirve sobre todo de Las Siete Partidas y del Fuero Real, redactados ambos durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), y del Ordenamiento de Alcalá, promulgado en 1348 durante el reinado de Alfonso XI. Huelga decir, pues, que solamente los prólogos a los cuatro libros, las introducciones a los diversos títulos dentro de cada libro, los varios «items» y la conclusión del Doctrinal de los caballeros son creación propia de Alonso de Cartagena9. Es en los prólogos e introducciones donde se aprecia la fecundidad de la erudición de Cartagena, quien conocía no solamente las leyes de Castilla tocantes a caballeros e hidalgos y a los vasallos de estos, sino también el Corpus Iuris Civilis y el Corpus Iuris Canonici, es decir, los grandes códigos de derecho civil y canónico, además de la Biblia, la Ética a Nicómaco y la Política de Aristóteles, y la obra de Cicerón, Séneca, Lucano, y Valerio Máximo. También conocía, tal vez a través de su estudio atinado del Decreto de Graciano, los escritos de san Jerónimo, san Agustín, san Isidoro, santo Tomás, y un largo etcétera de autores y textos clásicos y contemporáneos. De ahí que el Doctrinal de los caballeros, compilación de textos legales de la alta Edad Media encabezados por prólogos e introducciones que a veces sorprenden por su carácter inequívocamente humanístico, sea una de las obras más representativas del estilo -al parecer contradictorio- de Alonso de Cartagena10.

El Doctrinal de los caballeros es en verdad una compilación definitiva, y tanto lo sustancioso del contenido como la maestría en la utilización y ordenación de las fuentes garantizaron el éxito singular del texto como obra de referencia esencial en cuestiones de doctrina militar, no solo en el siglo XV, sino también posteriormente en el siglo XVI y hasta en el siglo XVII.

El Tratado de la guerra

  • Manuscritos (todos del siglo XV):
    • Escorial, Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, ms. T-III-4, fols. 213r.-225r.
    • Escorial, Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, ms. T-III-7, fols. 234r.-242r.
    • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 8.188, fols. 214v.-222v.
    • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 8.830, fols. CCCCXVIv.-CCCCXXVIv.
    • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 9.613, fols. 285v.-296v.
    • Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 17.803, fols. 111v.-116v.
    • Madrid, Palacio Real, ms. 11/1842, fols. CCLVIr.-CCLXIIv.
    • Salamanca, Biblioteca Universitaria, ms. 1.813
    • Santander, Biblioteca Menéndez y Pelayo, ms. M97
    • Valladolid, Biblioteca de Santa Cruz, ms. 338, fols. 180v.-199v.

La edición que se presenta a continuación se basa en el texto contenido en el ms. T-III-4 de la Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, que, como ya han señalado Olga Tudorica Impey, Tomás González Rolán y Pilar Saquero Suárez-Somonte, constituye el testimonio más completo y fidedigno11.

Consta que la autoría del Tratado de la guerra se ha puesto en tela de juicio precisamente porque sorprende que Cartagena confundiera a dos autores tan distintos como son Vegecio y Séneca. Empero, es un hecho digno de no poca curiosidad que de todas las fuentes del Doctrinal de los caballeros, tratado militar por antonomasia, aparezca el nombre de Vegecio una sola vez, en una ley copiada directamente de Las Siete Partidas12. Es más, en su propio Prólogo al Segundo Libro del Doctrinal de los caballeros, el obispo atribuye una máxima («la esperanza del galardón solaz es del trabajo») a Séneca, aparentemente sin darse cuenta de que la cita se encuentra no en las obras de Séneca, sino en el Epitoma Rei Militaris de Vegecio. Es decir, que Cartagena conocía el Epitoma Rei Militaris de Vegecio, pero se equivocó de autor. Hay otra equivocación del mismo tipo en el Doctrinal de los caballeros, donde, a pesar de su enorme erudición, Cartagena atribuye el Fuero Real al rey Alfonso VI de Castilla en vez de a Alfonso X13. Teniendo presentes estos descuidos, y dado también que en la tradición manuscrita el Tratado de la guerra se incluye siempre en el mismo volumen que otras traducciones de obras de Séneca, traducciones que en definitiva se han comprobado son las de Alonso de Cartagena, no me parece tan sorprendente que fuese el obispo de Burgos el traductor del Epitoma Rei Militaris de Vegecio, aunque atribuyera el texto erróneamente a Séneca. Solo resta decir, en palabras del mismo Tratado de la guerra, que: «Muchas veces entre los que saben acaece algún error»14.

Los Dichos de Quinto Curcio

  • Manuscrito único (siglo XV):
    • Escorial, Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, ms. T-III-4, fols. 308r.-v. (olim fols. 306r.-v.)

En la presente edición de los Dichos de Quinto Curcio, reproduzco el texto del único manuscrito.

Los Dichos de Quinto Curcio son únicos en el sentido de que se colocan como apéndice al final de un solo códice: el ms. escurialense T-III-4. Al igual que en el caso del Tratado de la guerra, se suscita de nuevo la cuestión de la autoría. La fortuna de las obras de Quinto Curcio Rufo en la España medieval ha sido estudiada en detalle por Antonio Bravo García15. Tanto Bravo García como Vittorio Zacearía, T. González Rolán, A. Moreno Hernández y P. Saquero Suárez-Somonte16 hacen hincapié en la correspondencia que Alonso de Cartagena mantuvo en el siglo XV con el humanista italiano Pier Candido Decembrio -este sí, sin lugar a dudas, traductor de Quinto Curcio, y también de Plutarco- acerca de cuestiones de traducción, pero no hay referencias concretas ni a las Historiae Alexandri Magni ni a los Dichos de Quinto Curcio en las cartas que intercambiaron los dos eruditos. Tampoco hay menciones directas a estos dos textos en otras obras de Cartagena. Solamente se puede decir con toda seguridad que los Dichos de Quinto Curcio se asociaban con Alonso de Cartagena ya en el siglo XV, pues el texto se halla encuadernado en un grueso volumen consagrado exclusivamente a traducciones emprendidas por el obispo de Burgos, y no por otra razón que esta, me ha parecido apropiado incluirlo en el presente volumen.