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ArribaAbajo Acto segundo

 

Gabinete elegante: mesa con periódicos; un velador; encima de él una caja de pistolas. Puertas en el fondo, que dan al jardín: puertas laterales.

 

Escena I

 

BEATRIZ, entrando como de la calle. BERNARDO.

 
BEATRIZ
¿En dónde está la señora?
BERNARDO
En el jardín.
BEATRIZ
¿Y con quién?
BERNARDO
¡Buena pregunta!
BEATRIZ
¡Bernardo!...
Punto en boca.
BERNARDO
Callaré.

 (A BEATRIZ que ha puesto su sombrero sobre las pistolas.) 

Cuidado que están cargadas... 5
¡Cómo han de servir después
para el tiro! ¡La Condesa
y el Vizconde, por hacer
algo!...
BEATRIZ
¿Vino lord Seymour?
BERNARDO
¡Si no ha vuelto desde el mes 10
de enero!
BEATRIZ
¡Bernardo!...
BERNARDO
¡Vaya!...
¿Por qué me pregunta usted?
BEATRIZ
Porque me asiste el derecho
de hacerlo, retírese.


Escena II

 

BEATRIZ.

 
BEATRIZ
¡Pobre señora! ¡Empeñando 15
sus alhajas, porque a fuer
de enamorado un galán!...
¡Qué diferencia de aquel
lord Seymour! ¡Un bravo mozo!
¡Tan desprendido!... ¡Un inglés 20
completo! ¡Esta situación
no puede parar en bien!
Ya está su rica pulsera,
como otras dos, en la red
del Monte Pio. ¡Quién sabe 25
si podrán salir las tres!
¡Y es fuerza guardar secreto!
así me lo ha dicho ayer.
¡Pobre ama mía! Tan buena!...
Lo peor del caso es, 30
que su salud se quebranta
con pasmosa rapidez...
Ya viene; enjugo mi llanto...
Y... Dios la proteja, ¡amén!


Escena III

 

HORTENSIA. BEATRIZ.

 
BEATRIZ

 (Dándole tres paquetes de moneda.) 

Aquí tiene usted, señora... 35
en monedas de oro... diez,
veinte, treinta mil reales,
La papeleta... ¡Qué buen
color!
HORTENSIA
Vengo del jardín...

 (Leyendo la papeleta.) 

¡Dentro de un año!...
BEATRIZ
¿Por qué
40
a Italia no nos volvemos?
HORTENSIA
Ya volveremos...
BEATRIZ
¡Pardiez!
Ha de estar nuestra casita
de campo, como un edén
¡Y algo produce! ¡pues no! 45
¡La dote de su merced!
HORTENSIA
¡Soy tan dichosa en Madrid!
BEATRIZ
¡Bah!... Si esto no puede ser!...
Si falta lo principal...
Lord Seymour...
HORTENSIA
No me hables de él.
50
¿Has ido a los Italianos?
BEATRIZ
Ya están pagadas las seis
misas para la madona;
y al capellán le dejé
dos onzas para los pobres 55
de nuestro barrio. ¡Ni el Rey
la caridad ejercita
con tan grande esplendidez!
¡Y al mismo tiempo se empeñan
las alhajas!
HORTENSIA
Déjame.
60
BEATRIZ
No, señora; quiero hablar
y hablar...
HORTENSIA
Por última vez.
BEATRIZ
Si usted desoye el consejo
de mi experiencia...
HORTENSIA
¿Y cuál es?
BEATRIZ
Que abandonemos al punto 65
esta confusa Babel.
Reflexione usted que tiene
pocos recursos; la fe
se acaba, como el dinero;
y desde que Lucifer 70
se entró en casa, y envidioso...
HORTENSIA
¡Beatriz!
BEATRIZ
Su grato vergel
nos brinda Italia; sus aires,
Hortensia mía, te den
salud y, tranquilidad: 75
allí corrió tu niñez
al amor de mi cariño
allí correrá también
tu juventud, y olvidada
de este mundo, en la vejez... 80
HORTENSIA
¡Beatriz, no me hagas llorar!
vivo feliz, desde que
redujo amor al silencio
la lengua del interés.
Si a ser condesa y esposa 85
de lord Seymour me negué,
no atribuyas a demencia
tan honrado proceder;
el honor de mi hombre es oro,
y en trance tal, es de rey 90
que, muestre la desposada
su frente, sin que haya quien
encuentre manchas en ella
del claro velo a través.
Ya volveremos a Italia 95
 

(Aparece ARTURO GARCÉS DE MOYA por la puerta del fondo.)

 
Arturo... Retírate.


Escena IV

 

ARTURO GARCÉS DE MOYA. HORTENSIA.

 
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Suspende, Hortensia, un momento
por mí, de tu tocador
el grato entretenimiento...
HORTENSIA
¿Qué puede negar mi amor 100
al tuyo? Toma un asiento.
 

(Se sienta. ARTURO se coloca a un lado de pie, apoyándose en el sillón.)

 
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Me encuentro may bien así.
HORTENSIA
¿Qué quieres, Arturo?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Quiero
hacerte un regalo.
HORTENSIA
¿A mí
un regalo?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Es el primero
105
que, amor buscó para ti.
Y como el amor es niño
y va desnudo y con alas,
tuve por mejor aliño
de abril y mayo las galas 110
para mostrar mi cariño;
porque este afán que en la brisa
de tu jardín, los enojos
templa de un alma sumisa,
ya se consuma en tus ojos, 115
ya se alboroce en tu risa,
no ha menester en señal
de la verdad con que siente,
ceñir por gala a tu frente,
ni diamantino cristal, 120
ni ricas perlas de Oriente.
Flores de tintas variadas,
acaso ya marchitadas
de amor al ardiente beso;
flores que fueron cortadas 125
por mí para tu embeleso,
son hoy el mejor tesoro
que puedo, Hortensia, ofrecerte
yo, que hasta en sueños te adoro,
yo, que aspiro a merecerte 130
sin las conquistas del oro.

 (Le da un ramito de flores. HORTENSIA lo toma.) 

HORTENSIA
¡Y yo rindiendo a este don
un tierno homenaje, Arturo,
le estrecho a mi corazón;
y que ha de ser mi pasión 135
eterna, en tus brazos juro!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Hortensia, entonces ¿por qué
te niegas a ser mi esposa?
HORTENSIA
Yo, Arturo mío, lo sé;
respeta la triste losa 140
del cadáver de mi fe.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Ya corrieron hartos días
sin saber la explicación
de tantas melancolías...
HORTENSIA
No insistas...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Por qué razón?
145
HORTENSIA
¡Porque... me despreciarías!...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Hortensia... y si de mi mano,
tal vez por necesidad,
dispone mi padre anciano,
¿Qué podrá mi voluntad 150
en trance, tan inhumano?
¿Cuál mi conducta ha de sor?
De un hijo la obligación
se cifra en obedecer.
HORTENSIA
Pregunta a tu corazón, 155
y él te sabrá responder.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¡Siempre misterios!
HORTENSIA
¡Qué quieres!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Es tan poco lo que valgo
que tu silencio prefieres?
HORTENSIA
¡Si tienes mi amor en algo, 160
no, Arturo, me desesperes!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Y eso es amor?
Eso es...
callar lo que puede herir...
ser mártir, como me ves...
y si eres de otra después, 165
¡callar también y morir!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Hortensia, mi claro día;
Hortensia, escondido cielo
de ese amor y esa alegría,
que busca en su amante vuelo 170
el alma impaciente mía...
¡Por más que quieran torcer
mi voluntad, yo te juro
por mi salvación, no ser
esposo de otra mujer! 175
HORTENSIA

 (Besándole la mano.) 

¡Arturo!... Gracias, Arturo!


Escena V

 

HORTENSIA. ARTURO GARCÉS DE MOYA. LAURENCIO DE PIMENTEL.

 
HORTENSIA
¿Quién es? ¿Usted por aquí,
Laurencio y tan de mañana?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Las dos. ¿Qué te pasa? di...
LAURENCIO DE PIMENTEL
La política inhumana 180
me trae buscándote.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿A mí?
LAURENCIO DE PIMENTEL
¡Usted, como siempre, bella!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¡La política!... Si en ella
no me ocupo.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Ahí verás...
pues, hoy a ocuparte vas 185
por mi diabólica estrella.
HORTENSIA
¿Y qué ha sucedido?
LAURENCIO DE PIMENTEL
Nada.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Refiérenos de tu mal
la causa
LAURENCIO DE PIMENTEL
¿Tengo señal?

 (ARTURO responde que no con un movimiento de cabeza.) 

Me han dado una bofetada 190
en la lucha electoral.
HORTENSIA
¡Jesús!
LAURENCIO DE PIMENTEL
¡Y buena! según
del público los trasportes...
pero el atrevido... pum!
llevó la respuesta en un 195
abrir y cerrar de Cortes.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Y el lance así terminó,
no es cierto?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
El asunto es grave,
muy serio...
LAURENCIO DE PIMENTEL
¡Pues no, que no!
¡Insolente! Hasta que yo 200
mi afrenta en su sangre lave,
¡no he de jugar por mi fe!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
La cólera hasta ese punto
te ciega?... Dime. ¡Y quién fue
el elector!
LAURENCIO DE PIMENTEL
Un difunto.
205
HORTENSIA
¡Laurencio!
LAURENCIO DE PIMENTEL
Me explicaré.
Entró a votar muy erguido,
de cara redonda lucia
y ademán algo atrevido,
medianamente vestido 210
y la camisa muy sucia,
un elector que decía
llamarse Ramón Cascante...
Solemne superchería
porque el tal es un bergante 215
que ha dos meses me servía.
Y el verdadero elector
era de los principales
del comercio, un buen señor...
¡tan franco!... fue mi acreedor... 220
Yo asistí a sus funerales.
Me opuse a darle un derecho
que es sólo del ciudadano
que paga al estado pecho;
pero el alcalde, a despecho 225
de mi vigor catoniano,
me dijo con voz sonora,
como hombre que reconquista
su autoridad protectora...
«Ramón Castante de Mora, 230
lea usted, está en la lista.
-Sí señor; pero este es caco.-
Señor alcalde, eso no;
Ramón Cascante soy yo.-
Mentira, calle el bellaco.» 235
Y entonces me confirmó.
Al golpe se alborotaron
los electores; corrieron,
en el fondo se agruparon,
y a poco tiempo volvieron 240
después que nos separaron.
-«Insisto, señor alcalde:-
señor elector, no insista;
la ley previene, y en vista
de la ley; todo es en balde, 245
lea usted, está en la lista.»
Callé y salime asombrado
de saber que en un asunto
tan grave para el Estado,
como haya un buen delgado, 250
puede votar un difunto.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Si no remites al cielo
tu venganza, yo no sé
cómo has de salir...
LAURENCIO DE PIMENTEL
¿Por qué?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Formalizarás un duelo 255
con un criado?
LAURENCIO DE PIMENTEL
Sí, a fe.
HORTENSIA
Hará usted mal; ese lance
no puede llamarse afrenta,
por más que después la imprenta...
Es ligero percance 260
electoral, que no cuenta.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Alguno me aconsejó
que a la nobleza conviene
Lord Seymour la culpa tiene.
HORTENSIA
Si ustedes permiten... yo 265
voy a vestirme...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿A qué viene,
Hortensia, ese cumplimento?
LAURENCIO DE PIMENTEL
Si hay en mí merecimiento
y usted acepta mi mano...
HORTENSIA
No pierdo en ello, que gano. 270
LAURENCIO DE PIMENTEL
Adiós; hasta otro momento.

 (La deja a la puerta de su habitación.) 



Escena VI

 

LAURENCIO DE PIMENTEL. ARTURO GARCÉS DE MOYA.

 
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Sabes, Laurencio, que el lance?...
LAURENCIO DE PIMENTEL
Otro al lo más engorroso
te espera a ti.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Qué sucede?
Laurencio, dímelo pronto. 275
LAURENCIO DE PIMENTEL
He recibido una carta
del duque de Montecorvo...
ya sabes... aquel muchacho
de quien... ¡sin pizca de tonto!...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Prosigue...
LAURENCIO DE PIMENTEL
Me dice en ella
280
que tu padre está furioso
contigo, porque te obstinas
en no ser lo que son otros,
miembro de la cofradía
paciente del matrimonio, 285
¡Y en verdad que el pobre viejo
tiene razón!... ¿Estás loco?
La Condesa de Arnadelo
recoge de bienes propios
cien mil ducados de renta... 290
es viuda, de buenos ojos...
cintura leve... Esto nunca
podrá servirte de estorbo...
graciosa, la tez morena...
Y no ha llegado a veintiocho. 295
Cásate, no es cosa de
volver a la suerte el rostro.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Jamás de la de Arnadelo
seré, Laurencio, el esposo.
Algunos criticarán 300
mi proceder.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Y no pocos...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Corriente. Será locura,
pero a este enlace me opongo.
Yo sé que es la de Arnadelo
muy rica, y no desconozco 305
que mi porvenir acaso
por una ventana arrojo;
pero sé que su carácter
no me conviene. De foscos
arranques, de maldiciente 310
condición, fría en el fondo
de su alma, calculadora,
desnuda de ese buen tono
natural, segura prenda
de pergaminos heroicos... 315
la condesa busca en mí
satisfacción a sus odios
y el dardo con que ha de herir
a Hortensia, que es mi tesoro.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Cásate, pues, con Hortensia, 320
y de este o del otro modo
podrás...
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¡Con Hortensia!
LAURENCIO DE PIMENTEL
¿Qué?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Más de una vez, en el colmo
de mi amor, se lo he propuesto...
pero ella...
LAURENCIO DE PIMENTEL
A tus dulces votos
325
se niega?
ARTURO GARCÉS DE MOYA
En su negativa
hay algo de misterioso,
que averiguar no he podido
en mis amantes coloquios.
¿Por qué no ha de ser mi esposa? 330
¿Qué origen tiene ese estorbo
secreto, escondido dentro
del alma que no conozco?
LAURENCIO DE PIMENTEL
¡Caprichos!... Y el caso es
que el viejo... No me equivoco. 335
Hoy mismo llega a Madrid...
Salió de Granada el ocho.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Laurencio, es fuerza evitar
que hable con Hortensia...
LAURENCIO DE PIMENTEL
¿Y cómo?
Tu padre no retrocede; 340
de su autoridad celoso
te hará cumplir la palabra
que él ha dado y que tú has roto.
General, y no de aquellos
que llegan a serio en hombros 345
del cortesano favor
o del descaro notorio
con que en el Congreso venden
su independencia y sus votos,
tu padre conserva aún 350
su antiguo temple y su aplomo.
Él conoce, como yo,
los crecidos desembolsos...
de tus acreedores; sabe
tu amor, que ya se hace histórico, 355
y no extrañaré que quiera
romper tus cadenas de oro,
y armar la de Dios es Cristo...
Duro, altivo, terco y ronco
la tempestad de su genio 360
ya ruge sobre nosotros.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Vamos a buscarle.
LAURENCIO DE PIMENTEL
¿A dónde?
Si no se sabe... ¡El demonio
nos planta al viejo en Madrid!
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Esto ha de ser; reconozco, 365
respeto su autoridad;
mas no he menester, ni compro
encumbramientos futuros,
vendiéndome como otros.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Vamos, pues.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
Por el jardín,
370
es el camino más corto
y está a su puerta mi coche.
LAURENCIO DE PIMENTEL
Ni quito rey, ni lo pongo.

 (Se retiran por la derecha.) 



Escena VII

 

EL GENERAL GARCÉS. BERNARDO.

 
EL GENERAL GARCÉS
Anúncieme usted.
BERNARDO
¿Y a quién
tendré el honor? No conozco... 375
EL GENERAL GARCÉS
No importa; obedezca y calle;
que cuando mi nombre escondo,
señor criado, tendré
motivos muy poderosos.
 

(Éntrase BERNARDO en la habitación de HORTENSIA.)

 


Escena VIII

 

EL GENERAL.

 
GENERAL
Esta es su rasa; este es 380
el gabinete amoroso
de la nueva Aspasia: aquí
sujeto a sus grillos de oro,
mi hijo, nuevo Alcibiades,
por ella lo olvida todo. 385
¡Qué lujo!... ¡Qué ostentación!
Veremos, si el tal coloso
resiste a mi autoridad...
Cuando yo pinte a sus ojos
el cuadro de su existencia 390
hundida siempre en el lodo,
veremos si al fin se niega
a secundar mi propósito.
 

(Aparece HORTENSIA precedida de BERNARDO: éste se retira por la puerta del fondo.)

 


Escena IX

 

EL GENERAL GARCÉS. HORTENSIA.

 
EL GENERAL GARCÉS
¡Señora!...
HORTENSIA
¿Podré saber
el nombre de quien se anuncia 395
con tal misterio?
EL GENERAL GARCÉS
Su nombre,
sin causa grave, no oculta
un soldado.
HORTENSIA
Aunque respeto
la faja de la cintura,
diré a usted que me enseñaron 400
mis padres desde la cuna
a honrar siempre de las canas
la autoridad inconcusa.
EL GENERAL GARCÉS
Y es mayor su autoridad,
cuando estas canas deslumbran 405
por la honradez de mi vida
que ha sido, señora, mucha.
HORTENSIA
Señor General, parece
que tales palabras buscan
un objeto a quien herir... 410
y frase que envuelve injuria...
EL GENERAL GARCÉS
Guarde usted esa sonrisa
de indiferencia o de burla
para esa generación
que en torno de usted se agrupa 415
HORTENSIA
¡Caballero!
EL GENERAL GARCÉS
Hay en Madrid
un mancebo a quien empuja
el huracán del amor;
alma noble y de profunda
sensibilidad, incauto 420
cedió ha tiempo a la locura
universal y se ha impuesto
de una mujer la coyunda.
Por esta mujer de un padre
se olvidó; por ella cruza 425
de Italia el vergel florido,
del Rhin las selvas oscuras;
por ella ha vuelto a su patria;
por ella, en fin, se sepulta
en los ricos gabinetes 430
de su morada, y se cura
más de su amor, que del bien
de su familia.
HORTENSIA
Concluya
usted.
EL GENERAL GARCÉS
Yo vengo resuelto
a romper sus ligaduras. 435
¿Dónde está?
HORTENSIA
¿Su nombre?
EL GENERAL GARCÉS
Arturo.
HORTENSIA
General, no se renuncia
fácilmente a una conquista...
laureles que se disputan
con tanto afán conservan... 440
a más de que me repugna
ceder, cuando la amenaza
del ruego el lugar ocupa.
Su interés de usted lo exige...
HORTENSIA
¿Mi interés?...
EL GENERAL GARCÉS
Arturo, en suma,
445
debe romper las cadenas
que estorban hoy su ventura,
mi hijo es pobre, señora,
y le ofrece la fortuna
un rico enlace...
HORTENSIA

 (Riéndose.) 

¿De veras?
450
¿Y en ese enlace se funda
su porvenir?...
EL GENERAL GARCÉS
Sí, señora.
HORTENSIA
Perdone usted, si la duda...
EL GENERAL GARCÉS
Señora, ¿usted desafía
mi condición iracunda? 455
HORTENSIA
¡General!...
EL GENERAL GARCÉS
Yo diré a todos
quién es Hortensia, hija impura,
bastarda de un gondolero;
criada sobre las turbias
aguas del mar de Venecia; 460
nacida en hora infecunda
para el bien, porque no sabe
quién fue su madre, y la tumba
busca en vano en que reposa...
Diré que Hortensia en la furia 465
de su ambición se vendió
a un conde anciano, perjura,
manchando después su honra
ante una corte, que estúpida
la recibió sin examen, 470
la protegió sin cordura.
HORTENSIA

 (Con ironía.) 

¡Es verdad!
EL GENERAL GARCÉS
Que el noble anciano
vertió su sangre caduca
por ella y murió en un duelo...
HORTENSIA

 (Con sentimiento.) 

¡Verdad también!...
EL GENERAL GARCÉS
Que ya viuda,
475
escándalo fue de Italia
padrón de ignominia en Rusia...
cadáver luego vestido
con ricas pieles de nutria,
que un tanto galvanizó 480
de lord Seymour la ternura,
cadáver que arroja al cieno
de mar del vicio a la espuma.
HORTENSIA
Cadáver que se levanta
altivo si se le insulta. 485
¡Nací hermosa, muy hermosa!...
La mano de Dios fecunda
por castigar mi soberbia
me alzó a inesperada altura,
y en ella sentí los dardos 490
de la envidia y la calumnia.
La góndola de mi padre,
que ya por mi mal no surca,
de banderas coronada
la veneciana laguna, 495
mi lecho nativo fue;
y en él mi niñez tan pura
brilló como el sol de día,
como de noche la luna.
Y allí brotaron también 500
del corazón en la urna,
esperanzas y ambiciones,
sombras funestas que cruzan
al ruido de esas baladas
con que el pescador saluda 505
su lecho, cuando se acuesta,
la aurora, cuando madruga.
EL GENERAL GARCÉS
¿Llora usted?
HORTENSIA
¡Bueno es que corran
mis lágrimas una a una!
¡Con ellas doy un recuerdo 510
a mi perdida ventura!
EL GENERAL GARCÉS

 (Dominando su emoción.) 

Siga usted.
HORTENSIA
Con un anciano
me casé, de ilustre alcurnia:
es cierto, y abandoné
por ese enlace mi gruta, 515
entrando en el laberinto
del gran mundo, flor inculta,
que, en él, de tronchar habían
los huracanes que zumban.
Y así fue. Mi aparición 520
provocó una alarma injusta,
y las damas de la corte,
encopetadas y bruscas,
orgullosas con el lustre
del nombre que las encumbra 525
primer juguete que hallaron
al nacer sobre su cuna,
¡mi vanidad encendieron
con su desprecio! ¿Y qué culpa
General, era la mía? 530
¿Haber nacido en oscura
condición? No presentar
a su insensatez absurda
blasones que me escudaran
más tarde, en mis aventuras? 535
Pues que, ¿la hija del pueblo
no puede, si Dios la ayuda,
ceñir feudales coronas,
pisar sobre alfombras turcas?
¿Es nuestra naturaleza 540
tan distinta de la suya?

 (Tose.) 

EL GENERAL GARCÉS
Señora, cálmese usted...
Esa tos... se me figura...
HORTENSIA
No importa. Desde ese día
mi orgullo emprende otra ruta. 545
El número de mis trenes
a aquellas gentes asusta;
las fiestas que doy asombran,
mis aderezos ofuscan.
Convierto mi casa en punto 550
de reunión, en tertulia
general: artes y ciencias
riquezas, literatura,
gloria y poder, cuanto el mundo
respeta, aplaude y adula, 555
todo allí, como a su reina,
holocausto me tributa.
Aquellas altivas damas
que me cerraron adustas
sus alcázares, se vieron 560
aisladas, porque la turba
de sus galanes corría,
olvidándolas, en busca
de la humilde gondolera,
de la niña, de quien turbias 565
las aguas del mar Adriático
columpiaron la falúa.
EL GENERAL GARCÉS
Siga usted.
HORTENSIA
No satisfecha
de herirlas en lo que abulta
su insensata vanidad, 570
clavé la acerada punta
del hierro de mis venganzas
en su corazón... Astutas
virtud mentían, y yo
de toda piedad desnuda, 575
sus amantes las robé
y asesiné sus venturas,
matando a la par mi honra
en esta difícil lucha.
Súpolo el Conde, el anciano 580
más noble en su desventura
que yo a mis deberes fiel,
por su honor la espada empuña,
se bate y muere, y su muerte
el sol de mis glorias nubla. 585
¡Qué hacer, señor General!
Me vi sola, sin fortuna;
con un gran nombre, perdida
en la opinión que me acusa;
sin freno ya la pasión 590
del lujo, sin fe ninguna...
¿Qué hacer? Me arrojé resuelta
del mundo en la barahúnda,
y no queriendo perder
magnificencias futuras, 595
ni mi grandeza presente,

 (En voz baja.) 

ceñí, cortesana impúdica,
esa corona de flores,
llena de espinas que punzan,
escondiendo en el misterio 600
la verdad de mi conducta,
tranquila al ver que en el mundo
por apariencias se juzga.
EL GENERAL GARCÉS
¡Hortensia!...
HORTENSIA
Verdad horrible
¿no es cierto? ¡Existencia inmunda!... 605
¿No es así? ¡Pero existencia
que corre ahogada en la lluvia
de mi llanto, hirviente lava
del cráter de mis angustias!
¡Padezco, señor, de día! 610
¡Lloro en las horas nocturnas
del sueño!... Por más hermosas
que sean las vestiduras
de mi cuerpo y más brillantes
las piedras que me circundan, 615
no me atrevo muchas veces
a alzar mi frente en la duda,
por el temor de que alguien,
si la examina, la escupa.
EL GENERAL GARCÉS
¡Me inspira usted compasión!... 620
¿Cómo es que usted no renuncia
a esa vida?
HORTENSIA
¡He renunciado
por su amor!... ¡Su amor me impulsa,
me purifica, la hiel
de mis recuerdos endulza! 625
EL GENERAL GARCÉS
Mas él por usted, en cambio,
leyes del honor abjura...
y no se acuerda de mí,
que soy su padre... y le abruman
por usted cien acreedores... 630
HORTENSIA
¡Mentira!...¡Torpe impostura!

 (Se dirige a un armario pequeño, le abre y saca de una de sus gavetas algunas papeletas del Monte de Piedad. Se las enseña.) 

Vea usted... Yo no he querido
más que su amor y me injuria
villanamente quien diga,
quien imagine o presuma 635
que el interés... Lea usted...
Esta es de hoy... quien me acusa,
miente... La mujer altiva,
señor general, que juntas
mano y riquezas devuelve 640
a lord Seymour, no calcula.
EL GENERAL GARCÉS

 (Enternecido.) 

Enjugue usted esas lágrimas
que sus mejillas inundan...
En nombre de ese cariño,
en nombre de mi ternura 645
paternal, deshaga usted
tan vergonzosa coyunda.
HORTENSIA
¡Tal sacrificio!... No puedo.
EL GENERAL GARCÉS
No desoiga usted mi súplica:
su matrimonio es la dicha 650
de sus padres y la suya.
HORTENSIA
¡Señor, me voy a morir!
EL GENERAL GARCÉS

 (Toma una de sus manos con cariño y se arrodilla.) 

Amores el tiempo cura...
HORTENSIA
¿Qué hace usted?
EL GENERAL GARCÉS
Arrodillarme...
rogar a usted que sacuda 655
el yugo que la esclaviza...
¡Así mis votos se cumplan,
y logre usted de una madre
hallar la ignorada tumba!
¡Por su sagrada memoria!.. 660

 (Aparte.) 

¡Qué agitación!
HORTENSIA

 (Aparte.) 

¡Su figura
de mi padre me recuerda
las venerables arrugas!
EL GENERAL GARCÉS
Ceda usted...
HORTENSIA
¡Es un anciano!
¡Riega mis manos convulsas 665
con su llanto!... ¡Es el primero
que invocó la sepultura
de mi madre! ¡Y dice usted
que esa unión es su absoluta
felicidad, que esa unión 670
su porvenir asegura!
EL GENERAL GARCÉS
Sí, Hortensia...

 (Con un grande esfuerzo, levántase el GENERAL

HORTENSIA
Pues... ¡libre está!
¡y Dios clemente me acuda!
EL GENERAL GARCÉS
Hortensia...
HORTENSIA
Nada de gracias...
EL GENERAL GARCÉS
En pago de esa conducta... 675
HORTENSIA
Un silencio sepulcral...
Que nunca, Arturo, que nunca
de este sacrificio sepa
la causa... ¡Y Dios me confunda
si no es mi vida su amor! 680
EL GENERAL GARCÉS
Tanta aflicción, aunque justa...
¡Hermoso lirio entre zarzas!
HORTENSIA
¡Oh, General! ¿Qué locura!...
Si no soy más que un cadáver
envuelto en pieles de nutria, 685
cadáver que arroja el cieno
del mar del vicio a la espuma.
EL GENERAL GARCÉS

 (La estrecha las manos y se las besa.) 

Perdóneme usted, Hortensia...
mi agradecimiento supla....
HORTENSIA
¡La gratitud de un anciano 690
compensa mis amarguras,
y el rocío de sus lágrimas
acaso lave mis culpas!
 

(HORTENSIA se separa violentamente del GENERAL, enjuga sus lágrimas y tira de la campanilla; BEATRIZ aparece por una de las puertas laterales.)

 


Escena X

 

HORTENSIA. EL GENERAL GARCÉS. BEATRIZ.

 
HORTENSIA
Beatriz, mi chal, mi sombrero
y un carruaje de alquiler... 695

 (Se va BEATRIZ.) 

¡Valor!... ¡Si al cabo ha de ser,
corazón, lo que yo quiero!
¡Hecha pedazos la palma
de mi amor en un momento!
EL GENERAL GARCÉS
¿Llora usted?
HORTENSIA
De sentimiento
700
¡Le adoro con toda el alma!
EL GENERAL GARCÉS
Oculte usted un dolor...
HORTENSIA
Si no le quiero ocultar.
¡Ojos que saben llorar
nacieron para el amor! 705

 (Se sienta y escribe. Coloca, sobre la mesa el ramo de pensamientos.) 

EL GENERAL GARCÉS
Será sacrificio en vano
si Arturo llega a saber
HORTENSIA
Yo sé lo que debo hacer
y no me tiembla la mano.
Juramento que se dio 710
se cumple y pues yo le di...

 (Aparte.) 

Que me desprecie eso, sí:
¡que me aborrezca, eso no!
Desde hoy, por Dios, no ha de haber
quien ponga tacha en mi vida 715
amada o aborrecida
hoy muere en mí la mujer.
Yo le amaré de tal suerte
que nadie señor lo vea,
ni él mismo, como no sea 720
en la hora de mi muerte.
Cuando ésta llegue, señor,
déjele usted que acompañe
mis restos y que los bañe
con el llanto de su amor. 725

 (Se levanta, dejando sobre la mesa, la carta escrita.) 

BEATRIZ

 (Aparece con un chal y un sombrero en la mano.) 

Señora el coche ya espera.
HORTENSIA

 (Se pone el sombrero y toma el chal de manos de BEATRIZ.) 

Tu, Beatriz, vienes conmigo...

 (BEATRIZ se pone su sombrero.) 

EL GENERAL GARCÉS
Si el brazo de un buen amigo...
HORTENSIA

 (Rehusando.) 

Mil gracias.
EL GENERAL GARCÉS
Como usted quiera.
¿Noticias de usted aguardo? 730
HORTENSIA
Sí, General: esta noche.


Escena XI

 

HORTENSIA. EL GENERAL GARCÉS. BEATRIZ. -BERNARDO.

 
BERNARDO
Señora, abajo hay un coche...
HORTENSIA
Lo sé... Ven acá, Bernardo

 (Hablando al criado.) 

BENARDO
Muy bien.
HORTENSIA

 (Aparte.) 

Mi valor se acaba.
Adiós.
 

(Se encamina precipitadamente a la puerta del foro, seguida de BEATRIZ; se detiene repentinamente; su agitación es extraordinaria; retrocede, se dirige a la mesa y toma el ramo de flores: el GENERAL la observa con inquietud.)

 
EL GENERAL GARCÉS
¡Si se arrepintió!
735
HORTENSIA

 (Al GENERAL con sentimiento y amargura.) 

De las joyas que el me dio
la mejor se me olvidaba.
Son flores de mi jardín,
que, como su amor, tuvieron
oriente cuando nacieron, 740
y hoy como él, tendrán su fin.
 

(Desaparece con BEATRIZ por el foro.)

 


Escena XII

 

EL GENERAL GARCÉS. BERNARDO, algo retirado.

 
EL GENERAL GARCÉS
¡Por Dios, que me ha enternecido!
¡Y es muy honda su pasión!
¡Se ve, se toca!... Su ardiente
mirada... ¡Su parda voz 745
que al resonar se conoce
que sale del corazón!...
Y su alma! ¡Qué generosa!
¡Qué altiva se rebeló
cuando mi labio imprudente, 750
fundándome en la opinión
general!...¡Muy duro estuve!
Por demás,... ¿Quién era yo
para decir?... Sociedad,
fatal preocupación, 755
he aquí tu obra!... ¡Al pantano
del vicio echaste esa flor!
Se sacrifica por él...
¡Pobre Hortensia!... ¡Y renunció
por él de un lord de Inglaterra!... 760
¡Pues no merece su amor
Arturo!... ¡Valiente ingrato!
¡Me ha de oír, y mi perdón
no espere quien de sus padres
tanto tiempo se olvidó!... 765
Los viajes habrán cambiado
su primera condición...
¡Será un muchacho del día!...
¡Será un diestro tirador...
buen jinete... hablará ruso 770
por que ha vivido en Moscú...
inglés porque estuso en Londres...
francés porque lo aprendió
en París, y jugará
sabiamente la bouillote 775
y nada más!... Y aquí dentro...
ni fe, ni piedad, ni honor!...
Yo le juro que ha de oír
de mí , lo que nunca oyó!...
Bernardo, ven.
BERNARDO
Su Excelencia
780
mandar puede a su sabor
en casa: así me lo ha dicho
la Condesa.
EL GENERAL GARCÉS
Y yo le doy
las gracias por esta prueba
de alta consideración. 785
Di. ¿Conoces al Vizconde
de Villalpando?
BERNARDO
¡Pues no!...
¡si viene todos los días!...
EL GENERAL GARCÉS
Escucha entonces: yo soy
su padre.
 

(Un gran campanillazo.)

 
BERNARDO
El Vizconde llama.
790
EL GENERAL GARCÉS
Guarda silencio, por Dios,
y no le digas que oculto
en esa cámara estoy.


Escena XIII

 

ARTURO GARCÉS DE MOYA. BERNARDO. EL GENERAL GARCÉS, oculto.

 
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Y la Condesa?
BERNARDO
No está.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Algún recado dejó? 795
BERNARDO
Ninguno.
ARTURO GARCÉS DE MOYA
¿Y adónde ha ido?
BERNARDO
No sé.


Escena XIV

 

ARTURO GARCÉS DE MOYA. EL GENERAL GARCÉS, oculto.

 
ARTURO GARCÉS DE MOYA
A mi mal humor
faltaba su ausencia. ¡Tiempo
perdido! Nadie razón
me ha dado de su llegada. 800
¡Mi padre!... ¡Se equivocó
grandemente! Aunque me cueste
su cariño, en esa unión
no consentiré jamás.
¡Hortensia mía!... ¡Valor! 805
Cederá; es mi padre y pronto
se pasa una explicación.
 

(Se sienta junto al velador, ve la carta de HORTENSIA: la toma y se levanta.)

 
¿Qué es esto? Una carta aquí.
¡De Hortensia!... ¡Si la escribió
para decirme!... Eso es... 810
¡Ángel mío!

 (Recorre con la vista la carta: la descomposición de su fisonomía revela la profunda agitación de su alma.) 

¡Maldición
sobre ella!... ¡Tal vez mis ojos
se han engañado!... La voz
me falta y apenas puedo...
¡Prudencia!... ¡Siento un calor 815
que me sofoca! ¡Imposible!
Leeré con más atención
su carta... ¡Serenidad!

 (Leyendo.) 

«Arturo, voy a revelarte la verdad; me pesan las cadenas de tu amor; he sido y quiero ser una mercancía que se compre. Hoy rompo los alambres de mi jaula, porque no comprendo la felicidad sin la riqueza. Tú eres pobre, muy pobre, y yo quiero ser feliz, muy feliz. No des valor ninguno a las lágrimas que mojan este papel; lloro de alegría, como llora el preso cuando recobra su libertad. Eres joven, goza del mundo; las pasiones no son de este siglo metalizado. El amor emponzoña la vida, y la sociedad en que vivimos se burla de él, cuando no le escarnece o le calumnia. Olvídame, porque me espera una vida sembrada de placeres. -Adiós. - Hortensia.»

¡Hortensia!... ¡Me causa horror!
¡Maldita mil veces sea! 820

 (Viendo la caja de las pistolas y tomando una.) 

¡Maldito mil veces yo!
En ella me he de vengar...
 

(Aparece el GENERAL.)

 
¡En ella, nunca!... Señor,
 

(Monta la pistola, al ir a dispararla ve a su padre y se arroja en sus brazos.)

 
en mí Padre mío!...
EL GENERAL GARCÉS
¡Hijo de mi corazón! 825


 
 
FIN DEL ACTO SEGUNDO