Recuérdese que el león representa el valor y la virtud del monarca y es de nuevo un símbolo de Hércules, ya que una de las hazañas de éste consistió en vencer al león de Nemea. Por ello insiste Saavedra en la metáfora del príncipe como un león, siempre con la fortaleza de ánimo y la generosa constancia que le caracteriza y espejo en quien se han de mirar los súbditos. Continúa su empresa advirtiendo que los reyes no han de perder su decoro y majestad en las adversidades, de manera que su ánimo no esté sujeto a la variación de la fortuna. La majestad ha de encontrarse siempre entera aunque la inconstancia y envidia del tiempo divida en diversas partes el «espejo de los Estados». Y además el pueblo ha de ver siempre sereno el rostro del príncipe, que no ha de turbarse ante los peligros:
«Por la frente del príncipe infiere el pueblo la gravedad del peligro, como por la del piloto conjetura el pasajero si es grande la tempestad. Y así conviene mucho mostralla igualmente constante y serena en los tiempos adversos y en los prósperos, para que ni se atemorice ni se ensoberbezca, ni pueda hacer juicios por sus mudanzas»15. |
Y no sólo se representa al príncipe como espejo en quien han de mirarse sus vasallos, sino también todo el Estado, que es una idea del príncipe, es concebido asimismo como un gran espejo. Igualmente son «partes de este espejo los Consejos, los tribunales y las chancillerías»
, cada uno de los ministros que le representan y los embajadores que sustituyen la autoridad del príncipe. La metáfora del espejo crece hasta concebir toda la política y el Estado en su conjunto como un enorme y complejo juego de espejos que reciben su luz del príncipe, quien a su vez es un mero espejo o luna receptora de la luz del sol de justicia que es nuestro Dios.
Es necesario no confiar en la prosperidad ni desesperar en la adversidad, aunque el espejo se rompa. Frente a la Fortuna, que se complace y entretiene tanto en ensalzar como en derribar, es preciso conservar un ánimo constante, sin acobardarse ante las amenazas de la mayor tempestad, pues «a veces sacan las olas a uno del bajel que se ha de perder, y le arrojan en el que se ha de salvar»
. Para Saavedra la fortuna adversa se doma mediante el sufrimiento y la esperanza, no cambiando con ella. Hay que saber llevar la nave del Estado -y no hay ningún bajel más peligroso que la corona, expuesta siempre a los vientos de la ambición, a los escollos de los enemigos y a las borrascas del pueblo- también con viento contrario para arribar a puerto venciendo el temporal. En esta línea metafórica de la «meteorología política», que Saavedra utiliza de una manera especial cuando habla de la fortuna, pues no hay que olvidar que una de las acepciones de ésta es la Fortuna marina, podemos leer en la Empresa 36, titulada In contraria ducet:
«Toda la sciencia política consiste en saber conocer los temporales y valerse dellos, porque a veces más presto conduce al puerto la tempestad que la bonanza. Quien sabe quebrar el ímpetu de una fortuna adversa, la reduce a próspera. El que, reconocida la fuerza del peligro, le obedece y le da tiempo, le vence. Cuando el piloto advierte que no se pueden contrastar las olas, se deja llevar dellas, amainando las velas. Y, porque la resistencia haría mayor la fuerza del viento, se vale de un pequeño seno con que respire la nave y se levante sobre las olas. Algo es menester consentir en los peligros para vencerlos. [...] No está la constancia en la oposición, sino en esperar y correr con el peligro, sin dejarse vencer de la fortuna»16. |
De esta manera, la adversidad es siempre advertimiento y enseñanza, siendo los peligros los más eficaces maestros del príncipe, quien ha de hacer rostro esforzadamente a la fortuna contraria: «El valor se extingue si el viento de alguna fortuna adversa no le aviva»17
. Más peligroso es conservarse en la fortuna próspera porque conduce a la ceguera y al engreimiento. Por ello dedica Saavedra la Empresa 96 a recordar que en la victoria hay que mantener viva la memoria de la fortuna adversa, como remedio frente al engreimiento, el orgullo y la soberbia que conducen a no tener en cuenta que puede cambiar la suerte. El mote de esta Empresa es Memor adversa, «En la victoria esté viva la memoria de la fortuna adversa»
, y en el cuerpo podemos ver «una palmera, símbolo de la victoria, y el lago en que se refleja, símbolo de la verdad»
. Aquí el espejo de las aguas refleja la palmera de la victoria, pero nos recuerda que debemos estar siempre preparados para la derrota producida por una fortuna adversa.
Figura 4. Saavedra Fajardo, número 96 de las Empresas políticas: En la victoria esté viva la memoria de la fortuna adversa
Alcanzada una victoria, suele el general quedar fuera de sí, envanecido con la gloria, perturbado por la alegría, divertido con los despojos y desprecia al enemigo cuya sangre acaba de verter. Pero la fortuna próspera se quiebra fácilmente si la victoria en las armas no se acompaña con la victoria sobre uno mismo, pues no debe dejarse llevar por la soberbia, sino prepararse para un posible cambio de la fortuna:
«Por ello, conviene que después de la victoria entre el general dentro de sí mismo, y con prudencia y fortaleza componga la guerra civil de sus afectos, porque sin este vencimiento será peligroso el del enemigo [...] Una batalla ganada suele ser principio de felicidad en el vencido y de infelicidad en el vencedor, ciego éste con su fortuna, y advertido aquél en mejorar la suya»18. |
Para Saavedra, la prudencia es la regla y medida de las demás virtudes, áncora de los Estados, aguja de marear del príncipe, con la que la nave del Estado puede surcar los mares procelosos, y alma del gobierno. La representación de la prudencia señalando los tres tiempos de la política ya aparecía en la Alegoría del buen gobierno, pintada entre 1338 y 1339 por Ambroglio Lorenzetti para la Sala de los Nueve del Palacio Público de la ciudad de Siena. Otra forma de simbolizar la prudencia consiste en presentarla con un doble rostro de Jano, mirando al pasado y al futuro, o con tres rostros diferentes, cada uno para una de las facetas del tiempo. Y por último, la prudencia se nos muestra frecuentemente en la tradición iconográfica con un espejo en la mano mirándose a sí misma, o viendo el reflejo del transcurso del tiempo o contemplando la figura de la muerte en el espejo. La célebre Iconología de Cesare Ripa recoge y sistematiza todos estos elementos, describiendo a la Prudencia de una manera que se convertiría en canónica:
«Mujer que tiene dos rostros a semejanza de Jano. Ha de estarse mirando en un espejo, viéndose una serpiente que en su brazo se envuelve. Los dos rostros significan que la Prudencia consiste en una cierta y verdadera cognición, mediante la cual se ordena y se dirige cuanto se debe hacer, naciendo tanto de la atenta consideración de las cosas pasadas como de las futuras. La excelencia de esta virtud es tan elevada e importante, porque con ella se recuerdan las cosas del pasado, se ordenan las presentes, y se prevén las futuras, a tal punto que el hombre que de ella carece no podrá recobrar lo que perdiere, conservar lo que posee, ni alcanzar finalmente cuanto espera. El mirarse en el espejo significa en este caso la cognición de sí mismo, no siéndonos posible regular nuestras acciones sin tener el debido conocimiento de nuestros defectos»19. |
Ripa prosigue explicando el simbolismo de la serpiente y su raíz en la frase de la Biblia «Sed prudentes como las serpientes»
y se refiere también a otros elementos que aparecen representados en la figura siguiente:
Figura 5. La prudencia en la Iconología de Cesare Ripa, edición de 1613 en Siena
De la extensa tradición iconográfica sobre la Prudencia con sus rostros, sus espejos y su dominio sobre los tiempos, quiero presentar muy brevemente sólo otros cuatro ejemplos:
1) La prudencia señalando los tres tiempos de la política -pasado, presente y futuro- es una figura central en la representación de las virtudes políticas en la compleja «Alegoría del buen gobierno» pintada al fresco por Ambroglio Lorenzetti entre 1348 y 1349 para la Sala de los Nueve del Palacio Público de la ciudad de Siena.
Figura 6. Detalle de la virtud de la Prudencia en la «Alegoría del Buen Gobierno» de Ambroglio Lorenzetti (Siena, 1348-49)
2) Los tres tiempos del gobierno de la prudencia, por Tiziano. En la inscripción superior se puede leer: EX PRAETERITO (izquierda) PRUDENTER AGIT (centro) NI FUTURU(M) ACTIONEM DETURPET (derecha): «Desde pasado actúa con prudencia
[en el presente] para no dañar la acción futura»
. Los tres rostros, posiblemente el del propio Tiziano, el de su hijo Horacio y su sobrino Marco, junto con las tres cabezas de animales (lobo, león, perro) señalan los tres tiempos que han de ser gobernados por la prudencia20.
Figura 7. Tiziano, El tiempo gobernado por la prudencia, London, National Gallery
3) Una de la múltiples representaciones de la prudencia debida a Marcantonio Raimondi lleva un doble rostro: por un lado, una muchacha joven y hermosa (la belleza espiritual de la prudencia) que se mira en un espejo sostenido respetuosamente por Cupido; por otro, un varón viejo y con barba que mira hacia atrás, hacia el pasado que ya no puede volver.



